Wolves in the Throne Room han vuelto, ahora qué

¿Es Thrice Woven suficiente argumento para volver a interesarnos por ellos?


Uno de los movimientos más relevantes en el mundo metal de este último mes ha sido el regreso con todas las de la ley de Wolves in the Throne Room con el lanzamiento de su disco Thrice Woven (Artemisia, 2017), un trabajo puramente WITTR que nos sumerge de nuevo en ese black metal bonito marca de la casa que ha creado escuela.

Las pautas del álbum se marcan de manera clara desde ‘Born from the Serpen’ts Eye’ y nos son bastante familiares: comienzo folk que abre paso a esas guitarras black cargadas de emoción desatada, desarrollos bien llevados y una soberbia ejecución de la pieza. Justo lo que cabía esperar de ellos.

Quizá demasiado.

Es indudable la calidad técnica de WITTR en esta obra, con composiciones bien hiladas y sobradamente bien tocadas, casi lo mismo que dejaron atrás hace seis años con Celestial Lineage (Southern Lord, 2011), su última referencia si no contamos el experimetal y electrónico Celestite (Artemisia, 2014).

Podríamos hablar de una mayor exploración folk que se detallan en temas como ‘The Old Ones Are with Us’, pero en el cómputo global obtenemos un disco que, de inicio a fin, nos muestra el ABC de la banda. Un buen disco, que duda cabe, ya que no hay melodía mal trazada ni momentos demasiado planos o aburridos, pero siempre con la sensación de que no hay sorpresa a la vuelta de la esquina.

Sin embargo, aunque a lo largo del disco haya momentos y riffs muy satisfactorios y buenos, pocos son extraordinarios. Y es que no es sólo encontrar algo que pierde a los puntos con su trayectoria previa, sino que tampoco sobresale contra la ingente cantidad de grupos de black metal que han salido estos seis años, muchos manejándose en ese estilo tan suyo y que logran unos niveles muy similares a los de este álbum.

Ya digo que, como oyente, disfruto escuchando Thrice Woven, porque es un buen disco de black metal actual. Tiene buenos momentos, la ejecución y sonidos son notables y sus 42 minutos no sobrecargan en ningún momento. Pero como ya digo, nada especialmente remarcable en el panorama, nada que le haga destacar contra otros espectaculares trabajos dentro del género y que nos devuelva por completo la pasión y el interés por la marca de Wolves in the Throne Room.

Y si ya no les queda eso, ahora qué.

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