Woods: repaso discográfico a uno de los mejores grupos de hoy (¿y siempre?)

Woods

Déjemonos de mucha historia: Woods llevan 13 años de vida y se han convertido en uno de los mejores grupos estadounidenses. Su camino les ha llevado desde el garage-rock a la psicodelia folk en una discografía sin tacha, con una cantidad de cumbres impresionante y la sensación de que siempre que están colaborando con alguien, consiguen ser aún mejores, como en el caso, en 2019, de Purple Mountains.

Así que hoy decidimos poner orden a todos sus discos, hacerlos sonar del tirón y ver qué. Lo que sale, claro, derrite hasta el corazón más helado. Sordos del mundo, penitenciagite.

How To Survive + In The Woods (2006)

How To Survive + In The Woods (2006)

Al frente de Woods se sitúa Jeremy Earl, gurú del actual Garage Rock norteamericano y dueño del sello discográfico Woodsist, por el que ha pasado lo más granado de la escena. Desde Thee Oh Sees hasta Vivian Girls pasando por Crystal Stilts o Tim Presley, también conocido como White Fence. Hace no demasiado tiempo, Earl vivía obsesionado por la baja fidelidad y las cintas de casete.

Y el sonido de los primeros Woods, grupo formado a mediados de la pasada década que debutó con How To Survive + In The Woods (2006, Fuck It), bebía tanto del Lo-fi Indie como de la ola de psicodelia garagera que en los sesenta explotó en Estados Unidos tras la Invasión Británica. La antítesis del sonido limpio y producido con esmero.

En How To Survive + In The Woods, Earl y el resto de componentes del grupo, optaban por el Folk soleado y de registro muy casero. Por características podrían haber caído en el terreno farragoso de Phil Elverum y sus Microphones, pero Woods no habían venido al mundo para llorar y sí para cantar sobre el sol y la felicidad.

How To Survive + In The Woods es un disco lejos de los momentos más brillantes que la banda alcanzaría posteriormente. No obstante, hay unos cuantos momentos que aventuraban lo mucho que Woods podían crecer en el futuro. El más evidente es el golpe inicial que supone ‘Holes’: guitarras alegres, el falsete de Earl acompañado de otra voz más grave de fondo y melodías despejadas y veraniegas.

La simpleza de ‘Holes’ no marca por defecto el resto del disco: Woods siempre ha sido un grupo capaz de disfrazarse de avant-garde y experimentalismo, especialmente en sus inicios, y canciones empapadas en ácido y sudor como ‘How To Survive In’ dan fe de ello. A mitad de camino entre el Folk de autor (‘8–5 5–10’) y la demencia ruidosa y carente de sentido (‘God Hates The Faithless’), How To Survive + In The Woods es hasta la fecha su disco más irregular. Lo cual, ahora, visto en perspectiva, es estupendo.

At Rear House (2007)

Woods - At Rear House

Siempre hemos asociado a Woods con la felicidad, la juventud y el fulgor del verano. Y lo hemos hecho con razón: la mayor parte del fundamento sonoro del grupo radica ahí, en torno a esas virtudes que en otras manos, y con tanta frecuencia, tornan en defectos. Pero Woods también han sabido abrazar una oscuridad moderada y una melancolía que tenía poco de eufórica y frugal. At Rear House (2007, Shrimper) es su disco triste. Un año después del alborotado How To Survive + In The Woods, Jeremy Earl y compañía se embarcaron en un viaje más seguro, en un buque más firme y menos dependiente de las oscilaciones del mar.

En román paladino: Woods optaron por un término medio entre las canciones de clasicismo más Folk y la experimentación psicodélica. Hay mucho menos aquí de la segunda que del primero, y cuando se funden lo hacen con mayor sentido que en su anterior trabajo. En general, At Rear House es un disco donde el peso eléctrico se destina a la exposición emocional, lacrimógena, y no a la lisergia surrealista (‘Be Still’).

Lo mejor de At Rear House es que las canciones de corte no experimental eran cada vez más firmes y redondas. Sólo hay que pensar en los punteos encendidos de ‘Hunover’ o en el rasgueo continuado de la guitarra acústica de ‘Don’t Pass On Me’ para apreciar un salto de calidad desde How To Survive + In The Woods. O en el aire Dylan pero tremendamente personal de ‘Ring Me To Sleep’, con la característica voz de Earl relegada a un segundo plano. Incluso los aires kraut de ‘Night Creature’ o la maraña de ruido indescifrable de ‘Walk The Dogs’ se aupaban muy por encima de las composiciones del primer disco.

Woods se habían comprendido mejor a sí mismos y su mensaje, aunque todavía no codificado a la perfección, comenzaba a perfilarse mucho mejor. At Rear House consistió en seguir viviendo en la baja fidelidad para depurar los errores del pasado, y funcionó.

Songs of Shame (2009)

Woods - Songs of Shame

¿Qué hubiera sido de Woods si en vez de Songs of Shame (2009, Woodsist) hubieran publicado, por ejemplo, Family Perfume? ¿Qué camino hubiera tomado el grupo si en vez de un espaldarazo definitivo y soberbio a su propuesta hubieran firmado un disco de nuevo irregular, con lagunas, feliz pero apenas un poco por encima de la media de sus compañeros de generación? Son preguntas que no tienen respuesta pero en las que podemos derrochar horas y horas de imaginación.

Para Woods, Songs of Shame no sólo supuso el reconocimiento más o menos general de la prensa especializada sino también, y esto es mucho más importante, el salto cualitativo necesario a partir del cual virar hacia otros terrenos muy alejados de cualquier otra cosa que nadie estuviera haciendo en ese momento. La historia que importa de Woods nace aquí: en las tres canciones inapelables, canónicas y memorables de Songs of Shame. La maravillosa ‘To Clean’ ya era mejor que sus dos discos anteriores juntos.

Woods dieron en el clavo en su tercer disco, quizá el momento en el que un grupo se define a sí mismo para el resto de su vida. Una decisión tan acertada como ‘To Clean’ venía acompañada por ‘The Hold’ y ‘The Number’, la psicodelia frugal bajo control y la sinceridad Folk con la emoción a flor de piel. Todos los devaneos previos de Woods convergieron en Songs of Shame de forma perfecta.

Este fue el disco que cerró su etapa puramente Lo-fi. Más tarde canciones de diez minutos de progresión Krautrock como ‘September With Pete’ no tendrían un peso tan específico en sus trabajos. Más tarde el sonido se limpiaría poco a poco, pero de forma obstinada. Más tarde Woods serían aún mejores. Pero Songs of Shame siegue siendo su disco canónico, el que quizá podría definir su propio género. Y qué mejor prueba de todo ello que la estupendísima ‘Military Madness’.

At Echo Lake (2010)

Tras cinco años de andadura, dos discos titubeantes pero plagados de momentos deliciosos y un tratado sobre la psicodelia garagera, Woods se plantaban en la década que ahora vivimos en pleno estado de gracia. Tras Songs of Shame (2009, Woodsist) llegarían los más elevados momentos de inspiración del grupo. Poco a poco, Woods irían despegándose del sonido Lo-fi y ampliando sus horizontes. La decisión les alejaría del purismo de sus inicios, y por qué no decirlo, de la pátina de grupo diminuto y de corto recorrido de la que se habían vestido, pero también les acercaría con mucha mayor claridad a su máximo desarrollo como artistas. Woods, y ya podemos decirlo, son mucho mejores ahora, lejos del ruidismo Lo-fi, que hace nueve años. Han sabido mutar a mejor. No es algo de lo que todos los grupos, hoy en día, puedan presumir.

At Echo Lake (2010, Woodsist) marca el punto de inflexión definitivo en el trayecto de Woods. Songs of Shame, ya lo hemos dicho, era un disco estupendo, pero no representaba la elevación a los altares de su propuesta artística. At Echo Lake supone el punto y final a una etapa y la apertura esplendorosa de otra. Por un lado, sublimó hasta cotas raramente vistas en los últimos años el Folk y la psicodelia garagera. De algún modo cerró la fase más puramente Lo-fi de Jeremy Earl como compositor principal y comenzó a adentrarse en terrenos más soleados, obligatoriamente sonrientes pero con un punto de envidiable melancolía juvenil. Y por otro, At Echo Lake dio paso a los Woods ya experimentados que comprendieron que su propuesta primigenia había sido perfeccionada a un nivel imposible de superar. A los Woods que cada vez más miraban hacia Neil Young y The Byrds. A los Woods de hoy en día.

Sin embargo, del proceso posterior que nos ha traído a los Woods actuales se intuía poco en At Echo Lake, que hace cuatro años remataba el idealismo de baja fidelidad del grupo y suponía su verdadero canto de cisne. At Echo Lake es psicodelia y Garage Rock en píldoras empapadas en ácido. Desde las guitarras de ‘Blood Dries Darker’, que van tanto desde Bob Dylan hasta J Mascis, hasta la, por fin, extravagancia en su punto exacto de ‘Deep’. Todo funciona a las mil maravillas en At Echo Lake. No sólo se trata del mejor himno pop que Woods han fabricado hasta el momento, ‘Suffering Season’, sino también de la balada triste pero luminosa de ‘Death Rattles’ y del corazón encogido en un puño en los menos de dos minutos de ‘Mornin’ Time’. Woods crearon uno de los discos esenciales de la década. Hicieron de su propuesta estilística un puñado de canciones vitales, inolvidables, emocionantes. Y se abrieron las puertas de su propio firmamento.

Sun & Shade (2011)

Conscientes del valor generacional e histórico de At Echo Lake, un disco, no me cansaré de repetirlo, que merece todos los elogios imaginables, Woods optaron por levantar el pie del acelerador. De su acelerador metafórico que les había llevado a la cima de su ideario sonoro. Dado que era imposible hollar una cima más alta que At Echo Lake sin perecer en el intento, Woods decidieron relajar su sonido y su propuesta psicodélica y de baja fidelidad a parámetros más convencionales. Un paso comprensible que, ahora sí, anticipaba lo que estaba — lo que está — por venir. Extraña que haya quien se sorprenda de ‘Leaves Like Glass’ cuando todo lo que contiene esa canción ya existía en ‘Who Do You Think I Am?’, un alegato acústico y precioso que rompía con la tradición ruidista de la banda. Sun & Shade (2011, Woodsist) escondía millares de detalles parecidos, convirtiéndose en un disco de deliciosa transición.

Pese a todo, Woods seguían siendo capaces de emocionar hasta la médula desde el Garage Rock. Eso es, siendo exactos, ‘Pushing Onlys’. El corazón volando, a dos palmos del suelo. También ‘Be All Be Easy’, muy deudora de At Echo Lake, o ‘Any Other Day’. Sun & Shade es un disco relajado, hecho por y para el hedonismo y la felicidad. En este contexto, no extraña que Woods coquetearan de nuevo con las canciones de más de siete minutos, preñadas de experimentalismo y aspiraciones kraut, en ‘Out Of The Eye’ y ‘Sol y Sombra’. Lejos del conformismo pero sin soltar la directa, Woods fabricaban canciones/himnos sin aparente esfuerzo: se suceden ‘Hand In Out’, ‘To Have In The Home’, ‘What Faces The Street’ o ‘White Out’ y, sí, en proporción a At Echo Lake no cabe sino pensar en un disco menor. Pero qué clase de disco menor sería este, cuyas canciones menos inspiradas se colocarían en las vitrinas de oro de tantos y tantos grupos.

Bend Beyond (2012)

Quienes habíamos seguido la trayectoria de Woods no nos sorprendimos demasiado cuando sonaron las primeras notas de ‘Bend Beyond’, o cuando la escandalosa progresión final alcanzaba su punto máximo. Woods sonaban más certeros y grandes que nunca, pero a ninguno de sus seguidores pareció importarnos demasiado. Y se trataba de una jugada de amplio riesgo: hasta la fecha, Woods se había caracterizado por ser un grupo de sonido pequeño, delgado, fino. Bend Beyond (2012, Woodsist) irrumpió en nuestros oídos con una fiereza al margen de sus anteriores incursiones en el Folk Rock. El sonido de Woods había crecido hasta un punto en el que la feérica ilusión de At Echo Lake o el minimalismo caseo de sus primeras grabaciones era una mero recuerdo al que no merecía la pena aferrarse. Es lo mejor de todo: el cambio les sentó de maravilla. Echar de menos a los anteriores Woods era, en resumen, perderse a estos fabulosos Woods.

Ya imbuidos del Folck Rock y portando la bandera del Fifth Dimension y del Rust Never Sleep, Woods cuadraron un disco fabuloso. Sensacional. Otra joya más en la colección. Otro trabajo por encima del notable, y para entonces eran ya cuatro discos seguidos los que podían presumir de tal estatus. Tras la barbaridad de ‘Bend Beyond’, Earl y compañía recorrieron antiguos terrenos igual de soleados pero menos ensimismados (‘Is It Honest?’), la inspiración de Death Rattles preñada de mandolinas (‘Back To The Stone’) y guitarras incendiarias que ya no se buscaban entre los sótanos de California (‘Find Them Empty’). Con una recta final escandalosa (‘Size Meets The Sun’, ‘Impossible Sky’ y ‘Something Surreal’), Woods hacían de Bend Beyond su confirmación como grupo al que le quedaban pequeñas las etiquetas del Garage Rock y la psicodelia artesanal.

With Light and Love (2014)

Resumido en los maravillosos, perfectos, brillantísimos tres minutos y medio de ‘Leaves Like Glass’, hojas de cristal que se lleva el viento, With Light and With Love es un disco que suena eterno y pequeño, universal y propiedad individual de cada uno. Tan proyectado hacia el futuro como enraizado en el espíritu feliz y melancólico de Woods. Tan repleto de dicha y buenos momentos como incondicional e irracional es nuestro amor por ellos.

Woods vuelven a fluir con rejuvenecedora sencillez en ‘Shining’. Despojados de los ropajes que les convertían en el buque insignia de la baja fidelidad, las grabaciones caseras y la feroz independencia al margen de la industria musical, Woods siguen siendo un grupo más interesante por lo que dicen que por lo que dejan de decir. A semejanza de Bend Beyond, el enorme mérito de With Light and With Love es convertir en salvavidas a los que aferrarse en cualquier tormenta canciones que pretenden ser mucho más que juguetes de habitación. No importa que Woods sean de repente un grupo capaz de deleitarse en nueve minutos de fervor controlado y repentina experimentación adulta: a la vuelta de la esquina siempre esperarán canciones como ‘Shepherd’, vigías para cuidar el dolor propio y ajeno, brisas matinales, primaveras inagotables.

La recta final de este inagotable With Light and With Love me llega al alma, me hace ser tan feliz como los instantes más inspirados de At Echo Lake. Woods han cambiado para que nada haya cambiado.

Luz y amor: larga vida a Woods y abajo la tiranía de los sordos.

City Sun Eater In The River of Light (2016)

Aquellos Woods de juguete alcanzaron su indudable cima en el maravilloso At Echo Lake (Woodsist, 2010) y se dieron un último respiro, un homenaje tardío, en Sun & Shade (Woodsist, 2011). A partir de entonces, Jeremy Earl comprendería que su particular galaxia creativa había quedado explorada en sus cuatro esquinas, y que poco podían aportar Woods a su propia identidad si seguían anclados a los mismos presupuestos sonoros.

Fue una fantástica decisión. El mundo perdió, quizá, al grupo más especial de su generación, pero ganó otro de proyección infinita que, cada dos años, abandonado el fulgor de la creación incesante, se deleita en discos canónicos, capaces de revisitar todas sus referencias históricas sin permitirse el pecado de enclavarse en alguna de ellas. City Sun Eater in the River of Light (Woodsist, 2016) es la enésima muesca en el revolver de Earl, otro canto de cisne de un grupo que siempre parece tocar diciendo adiós, saludando con la mano, pero que, por el momento, siempre termina regresando al otro lado de la esquina. 

‘Sun City Creeps’, un reverso pausado y ennegrecido de ‘With Light And With Love’, afirmaba no sin pompa beber del Funk o del amplio abanico de músicas africanas. Y algo había, era innegable, especialmente en aquellos destellos emitidos por los arreglos de vientos, poco dados hasta ahora a las epifanías psicodélicas de Earl. Es la cara de la moneda: ‘Sun City Creeps’ se perfila como el-camino-a-seguir y las mil y una posibilidades que Woods, un grupo instalado en una frontera difusa que abarca desde la psicodelia de los sesenta hasta el Folk Rock, pueden elegir en el corto plazo. Más aún cuando aparece ese puente instrumental, dentado por la muy reconocible guitarra de Earl, que deja el susurro final, pura tensión, a punto de reventar la canción. No lo hace, porque esto no es ‘With Light And With Love’: aquí sólo hay nervio, nada de catarsis.

Sucede más o menos lo mismo en ‘Can’t See at All’, que vuelve a dejarse llevar por derroteros oscuros de la mano de un organillo omnipresente que sirve de enlace entre estrofa y estribillo. Llegados aquí, merece la pena destacar algo sustancial a la música de Woods: es reconocible en cada acorde, y sin embargo siempre resulta intensamente novedosa y refrescante. ‘Can’t See at All’ se parece a todo lo que han hecho con anterioridad, pero se antoja complejo encontrarle una canción paralela de igual estructura, tono y composición. Por eso, a veces, es complicado seguir la pista de Woods, más aún si sus adelantos siempre optan por los cortes menos dados a su trayectoria. Lo cual no significa que City Sun Eater in the River of Light sea una celebración de su zona de confort.

‘The Take’, por ejemplo, sí opta por la exaltación lisérgica tan dada a Sun & Shade. Después, Earl rememora aquella etapa experimental en la que edificaba sus canciones en torno a ritmos kraut y se lanza al pantano de lo obsesivo en ‘I See In The Dark‘. Junto a ‘The Other Side’ y ‘Hang It On Your Wall’, son los cuatro cortes menos accesibles de City Sun Eater in the River of Light, y los cuatro más deudores de At Echo Lake. Ahora, es sólo el 50%. El resto se despliega con la misma sonrisa risueña y soleada de Bend Beyond, de ‘Leaves Like Glass’, del clasicismo un puntito demodéde ‘Full Moon’. 

Y luego, ‘Politics of Free’ y ‘Hollow Home’. Ay, ‘Politics of Free’ y ‘Hollow Home’. Es aquí donde ya desisto de escribir desde un punto de vista racional y me entrego sin reparos, derretido, en manos de Woods: una finísima colcha de guitarras acústicas, una melodía agridulce y un protagonismo delicioso de la guitarra solista, tan apelmazada como dolorosa, y un puente donde el corazón termina saliendo por los ojos, dirección al sol al que siempre parecen mirar para no quedarse ciegos. Son dos canciones que pueden rescatar una vida, al menos durante tres minutos, y que Woods siempre tienen a bien regalarnos cada dos años. Si todo lo anterior resultara insuficiente, ‘Politics of Free’ y ‘Hollow Home’ les redimen de todo pecado.

Love is Love (2017)

El supuesto nuevo LP de Woods se resumió en 2017 a ‘Love is Love’, excelente y en consonancia a lo ya planteado en Sun City Eater in the River of Light (al aire afro-jazzístico y el juego de la sección de vientos), y a ‘Bleeding Blue’, una pista de hacia dónde puede girar Woods cuando se decidan a publicar un disco de verdad: hacia el Forever Changes y hacia un mayor peso de las trompetas-espirituales al modo ‘You Set the Scene’. Excelentes ambas composiciones, claro, pero insuficientes para sostener esto como disco, realmente.

Ellos dijeron que LP, pero esto es EP en rigor y, en honor a la verdad, single acompañado de descartes y experimentaciones repetitivas que nada aportan al historial ni a la trayectoria de Woods, Love is Love fue un disco lanzado apresuradamente que, sinceramente, todos nos podíamos haber ahorrado.

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