Godspeed You! Black Emperor — Asunder, Sweet and Other Distress

No soy yo muy fan de esos que tachan a la pintura abstracta de “eso lo hace hasta mi hijo de seis años”. En realidad, en las escasas ocasiones en las que paso el día en un museo, suele ser ese apartado en que centra más mi atención y mi gusto. Otra cosa es que entienda lo que sucede dentro del lienzo siempre que estoy delante de uno. Es obvio que a veces, incluso cerrando un poco los ojos y poniendo cara de esfuerzo, ni consigo comprender ni sentir nada al ver lo que estoy viendo. Entonces ese ser al que detesto un poco, el que tacha todo lo que no consigue entender y lo reduce a “lo hace cualquiera”, nace en mi interior y gana fuerza.

Las dificultades de comprensión de Godspeed (o las mías con ellos)

No es que no me haya pasado nunca eso en el mundo de la música. Claro que lo ha hecho en ocasiones, en las que algún disco de ambient se me ha hecho especialmente cargante, o en mi eterna ignorancia sobre el mundo del metal, en el que reduzco mis comentarios a “no sé si ese cantante necesita un omeprazol o un laxante”. Lo que nunca había pasado, lo que nunca hubiese esperado que pasase, era que me sucediese al escuchar un disco de Godspeed You! Black Emperor. Concretamente este Asunder, Sweet and Other Distress (Constellation Records, 2015). Escuchar ‘Lambs’ Breath’, apretar mucho los ojos, centrarme en los detalles, en algún grito al fondo, en plan psicofonía, en algo que se me pueda estar escapando y que parezca otra cosa que no ese ruído de algún aparato molesto que alguien ha dejado encendido fuera de casa.

Pero al final me doy cuenta de que no. No consigo engancharme a algo que ha empezado de forma bastante poderosa de la mano de ‘Peasantry or ‘Light! Inside of Light!’’. Un corte que prometía el notable nivel de eficacia que siempre han mostrado los canadienses, instalados en el trono del post-rock, etiqueta que han llevado más lejos que nadie (o casi nadie). Incluso ese primer corte, siendo de factura intachable, se queda lejos de otros momentos brillantes de la banda. Ni rastro de la gloria de ‘Mladic’ en Asunder, Sweet and Other Distress. De hecho, esa selva de espesa vegetación, que te obliga a andar a oscuras a plena luz del día, que te perturba y te ahoga, que lleva por nombre ‘Asunder, Sweet’, acaba enganchándote un poco. Acaba siendo algo a lo que le cojas cariño.

6.3/10

Para lo que la banda nos tiene acostumbrados, Asunder, Sweet and Other Distress es un disco corto. Su composición más larga no sobrepasa los 13 minutos, y el total está por debajo de los tres cuartos de hora. Tiempo en el que siento, sobre todo, mucha ambivalencia. Por una parte, no he conseguido emocionarme del todo en ningún momento. Algún instante del primer corte y esa transición entre ‘Asunder, Sweet’ y ‘Piss Crowns Are Trebbled’, que sí me fascina. Por otra banda, y aún no consigo entenderlo ni yo mismo, a medida que se acerca el final del disco voy encariñándome con él y acabo echando en falta algo más de tiempo y desarrollo. No sé si es que he alcanzado el grado de apertura ocular idónea o si, simplemente, la intensidad final me ha hecho ver que he llegado a casa. Los últimos minutos del último corte devolviéndolo todo momentáneamente al sitio habitual, al lugar en el que noto alguna sacudida y me emociono. Sirva ese detalle como reconciliador, como de vuelta al bello terreno conocido.

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