Grimes — Art Angels

Ha sido una de las figuras más importantes del synth pop en la primera mitad de esta década, con un sonido muy personal que ha ido mutando desde lo artie hasta incursiones en terrenos más propios del dream pop, balanceándose entre las distintas opciones que le podían ofrecer sus teclados dentro de esos parámetros. Y después de tener el nuevo acabado, rehizo el disco, por lo que ha llegado un año más tarde. Pero ya está aquí Art Angels (4AD, 2015), el ansiado regreso de Grimes, que con los adelantos de este nuevo trabajo y canciones anteriores ha ido demostrando que su LP de verdad iba a apuntar en muchas direcciones, algunas completamente nuevas y otras intentando no borrar el camino que hay detrás. Pero, como siempre, abriendo el camino que se le antoja a pesar de todo, ambiciosa como nunca y con ganas de reivindicar su sitio.

La metamorfosis (in)esperada

Art Angels es precisamente esa prueba irrefutable de la personalidad de Claire Boucher, de su necesidad de romper esquemas, de reafirmarse como una ávida artista dispuesta a atravesar los obstáculos que se le pongan por delante — tengan testículos o no — , de seguir alimentando esa inquietud musical que le ha traído ahora hasta aquí, algo que se ve en las nuevas letras. Un álbum que apunta en muchas direcciones en lo sonoro, aunque ahora englobadas dentro de una vocación claramente más accesible que todo lo que ha hecho previamente. Y aquí es donde entra el punto de fisión para lo seguidores de la productora canadiense. A quienes nos gustaba mucho su synth pop sofisticado y delicado a la vez, nos sorprende este cambio drástico de guión, hace algunos años esperábamos algo más moderado. En cambio estarán más satisfechos quienes prefieren el pop de las grandes ventas, que es hacia donde se dirige este trabajo.

Hacia donde se dirige; no lo que es. Indudablemente los temas tienen una vocación más mainstream, más en la línea del círculo de artistas que venden aberrantes cantidades de discos y con vídeos que parecen de Hollywood. Lo de Grimes, salvando las distancias, y cumpliendo algunos cánones de este campo, es muchas veces pegadizo y adictivo. En ese sentido, ha entendido — quizá mejor, asumido — las reglas del juego. De ese juego. Pero al mismo tiempo, poco tiene que ver con esos territorios, muchas veces lodazales de banalidad y sobreproducción en los que más que artista se vende un producto — muchas veces cosificado — . Grimes es más artista que muchas de ellas. Es más interesante lo que hace ella que a quienes se podría estar acercando por lo sonoro. En temas de producción, donde ella se lo hace y produce todo, poco tienen que toserle. Y a pesar, lo reconozco, de que no me entusiasma el camino que ha elegido, ha sido un cambio rompedor.

A pesar del cambio, sigue siendo mucho más interesante lo que hace ella que a quienes se podría estar acercando por lo sonoro

Se podía intuir esta progresión ya en Visions (4AD, 2012) a ratos, pero fue algo mucho más descarado en los temas que vendrían posteriormente. Y en cualquier caso, algunas de las características transversales a los diferentes álbumes de la canadiense, Art Angels inclusive, siguen vigentes; es su camino forajido, el encanto y la delicadeza que desprenden en sus canciones. Se percibe nada más abrir el disco con ‘laughing and not being normal’ — un título que ya es una declaración de intenciones — y su voz desnuda y esos arreglos clasicistas, o en ‘California’, con un toque más radiante que en cualquier disco suyo y con esos detalles rítmicos o coros propios de ese terreno más de radiofórmula. Y con todo, habrá que ver si tiene chance en esas coordenadas, puede que simplemente este LP sirva para llegar a un mayor público que seguramente no sabía de ella. Que no es poco.

Un álbum disperso con temas bastante efectistas

En esta reivindicación de su libertad como artista, sin miedo a un cambio relativamente tan drástico, enlaza sin miedo estribillos pop con ramalazos PC Music en ‘Kill V. Maim’ y en baladitas tan lentas como ‘Easily’ desprende algunos destellos electrónicos que no están a la altura de momentos anteriores, pero dejan patente que tampoco se ha querido despegar del todo de su pasado. En cualquier caso, la dispersión compositiva de este disco tiene, como es lógico, resultados desiguales. Mientras que en perlas como ‘Pin’ sigue demostrando que es única a pesar de cambiar de coordenadas sonoras — aquí suena magnífica en lo vocal, en arreglos o en las guitarras, que tienen mucha presencia a lo largo de todo el disco — , hay otros cortes en los que los recursos utilizados no son tan elocuentes, sobre todo porque son más prototípicos de ese sonido más comercial al que se ha proyectado. O algunos que dejan descolocado como el rap con Aristophanes. En Visions había mucho pop pero buena experimentación y aquí los sonidos son en general más convencionales, propios de esta parcela musical. Es lógico al hacer aquí la incursión.

Por algo está en Roc Nation.

Por esa parte, en la propia ‘Realiti’, tema bastante aclamado y que ya se conocía, ofrece esos sonidos agudos tan manidos y con olor a prefabricado, a pesar del ambiente pop ensoñador. Aunque donde más resaltan es en ‘World Princess part II’, una de las canciones más accesibles del disco, radiofórmula de calidad en la que se desenvuelve como veterana. Unas formas que no acabarán de agradar a los seguidores de la anterior Grimes, y en el que los seguidores del pop rock de masas tendrán otro buen tema. Porque en este disco hay algunas piezas como ‘Life in the Vivid Dream’ que bien podrían ser de otra artista, y bases rítmicas como la de ‘Butterfly’, ejemplo de clásico single de radio. Quizá esta parte final es la sección más floja de Art Angels. No obstante, su colaboración con Janelle Monáe me parece uno de los cortes más interesantes y que mejor expresan el cambio en su música. Puestos a girar, que sea tope, lleguemos hasta el final con ese maximalismo. Y el resultado es muy satisfactorio, una bomba para la pista de baile.

En resumidas cuentas, Grimes ha dado un salto más adelante de Visions — para mí su equilibrio ideal entre el pop y sus experimentaciones — , alejándose de productores similares como puedan ser oOoOO o Gazelle Twin — que tenía un tema que era ‘Belly of the Beast’, aquí tenemos ‘Belly of the Beat’, un ¿casual? ejemplo del cambio — y adentrándose en el terreno del gran pop comercial. Que se pueda batir el cobre con nombres más grandes ya es otro asunto. En este cambio ha perdido muchos de esos matices que hacían a su synth casi único, y ha pasado a composiciones más adecuadas a ese terreno en el que se adentra. No obstante, por su filosofía DIY, su actitud y control sobre todo lo que hace, desde luego en este ámbito es bastante más natural y auténtica que otras. De nuevo, Grimes representa un oasis dentro de su panorama en constante mutación.

7/10

Es libre de elegir su camino como artista y este es el que ha elegido y no parece que se pueda medir con el mismo rasero. Si prefieres uno u otro, el disco te parecerá o bastante bueno o un claro tropiezo, pero lo que es indiscutible es su capacidad de adaptación. Si ha perdido su esencia o no, adelante, debatamos, se avecina un bucle largo e interesante. Personalmente sigo prefiriendo Halfaxa (Artbutus, 2010), pero a pesar de lo disperso y tendente a lo irregular de Art Angels, es difícil escapar del encanto, talento y descaro de Grimes. Ojalá así todo el mainstream.

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