Pink Floyd

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Pink Floyd: el grupo que reinó

Quizás la banda de más éxito entre todas las que pensaron que el rock podía ser gigante, ambicioso y pretencioso, Pink Floyd son un icono de la música, que va más allá de estilos: lo mismo prog que space-rock que psicodelia, son muchos los caminos hollados por un grupo con una trayectoria extensa y admirada.

Amante del blues y de la música estadounidense, su propio nombre es un tributo a dos blues men (Pink Anderson y Floyd Council). En el inicio, el guitarrista y cantante Syd Barrett, el bajista Roger Waters, el batería Nick Mason y el responsable de los teclados Rick Wright, todos estudiantes de arquitectura salvo Barrett, decidieron dar sus primeros conciertos en 1965 con el blues y el R&B como eje conductor de su música: muchas versiones que acaban transformadas en extensas jams instrumentales.

Fueron los primeros pasos que apuntaron maneras que llegaron después, aunque no fue hasta 1967 cuando vieron la oportunidad de debutar en disco. EMI se fijó en ellos después de que el runrún en torno al grupo y sus directos corriese en Londres.

En marzo de 1967 lanzan su single de debut, Arnold Layne/Candy and a Currant Bun, y logran entrar en el top 20 británico. Con el segundo, See Emily Play, se meten en el top 10, y todo queda listo para la llegada de The Piper at the Gates of Dawn, un debut donde la psicodelia espacial, con especial atención a los jugueteos instrumentales, lo domina todo.

The Piper es todo un éxito, número 6 en los charts, pero Barrett, inestable desde hace tiempo, entra en barrena y el grupo decide dar entrada a David Gilmour para poder acompañarle como guitarrista y suplirle en los numerosos momentos en los que Syd se quedaba fuera de juego.

Barrett va perdiendo importancia en el seno del grupo, hasta el punto de que ya en su segundo disco, A Saucerful of Secrets (1968), ya se incluye la última composición que dará a Pink Floyd. Pero la banda ya se está moviendo hacia terrenos alejados de la psicodelia juguetona.

Tras editar la banda sonora More, EMI decide moverlos al subsello Harvest, donde comienzan a incluirse algunos nombres empeñados en ampliar los límites del rock a través de lo progresivo. Ummagumma (1969), doble LP en el que la influencia de Waters se hace patente, se convierte en todo un éxito, no sólo en Reino Unido sino también en EEUU, donde el grupo empieza a recibir parabienes de banda de culto.

Con Atom Heart Mother, Pink Floyd consigue su primer número uno en UK mientras su estatus de banda imprescindible en vivo no deja de crecer. Dos nuevos pasos, Meddle (1971) y Obscured by Clouds (1972), cimentan el camino hacia el disco que lo cambia todo.

En 1973, todo lo que habían ido probando en estudio y en vivo queda cristalizado en 10 canciones y 43 minutos que son casi el resumen perfecto de toda una época. The Dark Side of The Moon, complejo, arregladísimo, imparable, espacial, se convierte en el disco que toda casa debe tener. ‘Money’ (número uno en la lista de singles de US) y ‘Time’ consolidan ese éxito. De las listas de Billboard no saldrá este disco en 741 semanas, una anécdota que refleja bien la trascendencia de Dark Side of The Moon.

Con la seguridad del éxito el grupo decide darle un tributo al miembro fundacional que se quedó por el camino, y para ello construye el delicado Wish You Were Here (1975), que continúa lo mostrado por Dark Side of The Moon pero llevándolo a terrenos algo más emocionales y melancólicos. Es un nuevo número uno mundial para un grupo que vive en gira constante. Así nace también Animals (1977).

La ambición sin límites de la banda, que ya entonces empieza a ser muy contestada desde terrenos como el punk, llega a su cenit en The Wall (1979), opera rock semiautobiográfica que no sólo triunfa en formato álbum sino que aprovecha el ritmo de ‘Another Brick In The Wall pt. 2’ para hacerse un hueco también como número uno en las listas de singles, dominadas aún por la fiebre disco. Por si fuera poco, el icónico escenario montado para presentar el disco hace de Pink Floyd la gran banda-evento, el directo que no puede perderse nadie. The Wall sería también una película en 1982, un año antes de que llegue The Final Cut.

Es el comienzo de los problemas. Waters considera que ése ha de ser el último disco del grupo, pero Gilmour y Mason deciden seguir adelante, lo que lleva a todos ellos a iniciar una batalla legal de la que Waters sale perdedor. En 1987, sin Waters, Pink Floyd editan A Momentary Lapse of Reason. Otro éxito mundial, con una gira extensa en la que van sumando sold-out tras sold-out y que acaba siendo retratada en el live Delicate Sound of Thunder.

Siete años permanecen en silencio, pero el regreso en 1994 con The Division Bell vuelve a ser otro enorme triunfo comercial y su canto del cisne. Ventas millonarias, giras destrozataquillas y otro directo para retratarles en vivo, Pulse.

Ahora sí, parece el final del grupo. La antorcha de Pink Floyd queda guardada en casa, con una retirada a tiempo en la que los integrantes prueban suerte en solitario y se dedican a cuidar las reediciones de su catálogo. Sorprendentemente, en 2005, Waters, Gilmour, Mason y Wright tocan juntos en el Live 8, un concierto benéfico que, a pesar de ser un éxito, no tienen continuidad.

Syd Barrett muere en 2006 de cáncer. Poco después, en 2008, le sigue en esa mala senda Nick Wright. El paso de los años y la mella del tiempo diluye el mal ambiente que podía quedar entre los miembros del grupo y, aunque nunca llegan a girar juntos de nuevo, sí que se dan la posibilidad de editar un nuevo disco, The Endless River, en 2014, hecho con retales de las sesiones de The Division Bell.


Pink Floyd: discografía comentada

The Piper at The Gates of Down (1967)

«Uno se sumerge en ‘Astronomy Domine’ y parece que nos hemos pasado a otra dimensión. Nada es lo que parece: esos coros, esas voces pasadas por filtros, ese aparataje electrónico, ese riff de guitarra espacial; en fin, un derroche.»

A Saucerful of secrets (1968)

«Un disco plagado de imperfecciones, donde la complicada situación en la banda impregnó al conjunto de un tono más oscuro, casi deprimente en algunos puntos y más difícil de entender si cabe.» 

More (1969)

“La BSO de la ópera prima de Barbet Schroeder le vino como anillo al dedo al grupo, pues logró captar lo que realmente quería el exigente realizador. Él mismo supervisó el trabajo de Pink Floyd, quienes tuvieron apenas ocho días para grabar un score para nada complaciente”.

Ummagumma (1969)

“En la parte live todos están pletóricos: Roger Waters con el bajo y la voz en Set the Controls…, Dave Gilmour en A Saurceful of Secrets, y tanto Rick Wright como Nick Mason dejan claro una vez más que no son meros comparsas. Otra cosa es el álbum de estudio, una galería de experimentación”.

Meddle (1971)

«Meddle es un nuevo paso hacia los Pink Floyd más celebrados, con una primera mitad algo irregular que le impide estar entre los discos más grandes de la banda, algo que sin duda sí merece el tema que ocupa su segunda mitad».

Obscured by Clouds (1972)

«»El score de la película El Valle podemos considerarlo como un capricho de un cuarteto que claramente tenía dos líderes, Roger Waters y David Gilmour, que habían grabado lo que les apetecía.

The Dark Side of The Moon (1973)

“Estamos ante un álbum conceptual que gira en torno al ser humano en toda su extensión, una idea tan ambiciosa que sólo unos genios podían abarcar sin que se les fuera de las manos.” – Lee el análisis canción a canción de Dark Side of The Moon en Hipersónica.

Wish You Were Here (1975)

“Muchos aseguran que éste fue el último gran disco de la banda británica, quizás, pero con él nos dijeron que todavía les quedaba mucho por decir.” – Lee la crítica de Wish You Were Here (1975) en Hipersónica.

Animals (1977)

«Animals no supone una evolución del sonido de Pink Floyd, sino más bien un asentamiento definitivo de su rock progresivo, una consolidación de lo que ya habían hecho magistral por medio de The Dark Side of the Moon, y que terminarían de rematar después en The Wall»

The Wall (1979)

«Los británicos culminan así el gran estereotipo rock, el del éxito sin límites ligado a la profunda crisis personal, el de la delgada línea que separa la desastrosa gloria y el glorioso desastre. Pero por encima de todo ello, quedarán para la eternidad estos discos sencillamente perfectos, referencia y guía artística

The Final Cut (1983)

«Si el disco es ya de por sí bastante oscuro y depresivo, el pasado queda lejísimos: no hay esas atmósferas pinkfloydianas ni los teclados fastuosos de Wright, y si me apuran, los solos de David Gilmour parecen casi obligados, aunque es David Gilmour, no nos olvidemos.»

A Momentary Lapse of Reason (1987)

«Quien hubiera esperado clásicos como Animals o Wish You Were Here aquí no los iba a encontrar. Baste mencionar ‘The Dogs of War’, que empieza con unos sonidos como de película de terror y Gilmour enfatizando en exceso la voz, como poseído, unos coros desafortunados y unos teclados para nada pinkfloydianos. Un WTF? en toda regla.»

The Division Bell (1994)

«Sí se le puede achacar que el sonido general del disco pareció quedarse anclado una década atrás, pues su producción es más propia de un álbum de los 80. A pesar del palpable anacronismo técnico, que en su momento le pudo hacer sonar como un jubilado en una fiesta adolescente, el tiempo ha acabado dando un sabor clásico a estos temas que hoy en día es difícil criticar.»

The Endless River (2014)

«El sonido del disco es solvente y no chirría en ningún momento, respondiendo perfectamente a todos los tics que forman parte de la era posterior a Waters. El índice de riesgo puesto en escena es mínimo»

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