Hamlet — La Ira

El paso del tiempo ha sido profundamente injusto con los madrileños Hamlet. Anclados por el recuerdo en una década a la que han sobrevivido como nadie en nuestro país, cargan con el lastre de haber dado lo mejor de sí en los años de los que procede nuestra nostalgia. Siempre bajo la sospecha del que hace lo posible por adaptarse a las nuevas tendencias, criticados por chuminadas que nos recordaban que el bullicio no era más que un debate entre mocosos.

Hamlet son hoy día una de las bandas más longevas, prolíficas y estables de nuestro Metal. Ya muy lejos de los tiempos de Zero Records y la bandera del Metal Alternativo patrio, acompañados por un tal Colin Richardson y siendo una de las primeras bandas españolas por fichar por una gran multinacional del sector como Roadrunner. La aventura nos ha dejado hasta hoy mil puertas abiertas, algún que otro portazo y el recuerdo de conciertos que eran algo así como la estampida tras una manifestación antiglobalización: con cicatrices, magulladuras y algún que otro diente roto como recuerdo imperecedero.

La Ira: un paseo por lo mejor en la carrera de Hamlet

Aunque es evidente que no es el caso, su regreso de este 2015 tiene aroma a epílogo nada más comienza. Todo el álbum huele a días pasados, a los mejores momentos en la carrera de los madrileños. Puede que no sea de forma pretendida, pero La Ira (Maldito Records, 2015) es un álbum que habría encajado tanto en esos años en los que la letra de ‘J.F.’ adornaba la carpeta de los más rebeldes en BUP como en los que llegó el primer rapado al cero pues lo viril entonces era huir de las pintas de Steve Harris y su troupe.

El undécimo disco de los madrileños es un disco que muta de la misma manera que mutan nuestros recuerdos, que tan pronto nos lleva hacia el primer Wall of Death de nuestra vida convocado por Molly en honor a un himno como ‘Egoísmo’ como después remite al coqueteo con el Numetal que nos epató con la ascendente ‘Tu Medicina’. Letrísticamente la banda sigue pagando deudas de la época, tan combativos e ingenuos como entonces, pero instrumentalmente demuestran que el catálogo de recursos no solo ha crecido sino que es utilizado con la versatilidad y sapiencia del que lleva en esto ya más de 25 años.

Sin embargo las referencias a la historia propia y a la influencia recibida en cada una de las etapas pasadas hoy parece haber dejado de ser un lastre. Hamlet han logrado lo más difícil en los momentos de menor popularidad, han logrado que lo que antes recordaba a otros ahora nos recuerde a ellos mismos. Mirando de reojo discos como El Inferno (Zero Records 2000), o Insomnio (Zero Records, 1998) es imposible que Deftones o Machine Head no vengan a nuestra mente, es imposible no revivir el halo de sospecha que fue la cruz con la que los agoreros atacaban a la banda más importante de la época. En la visita de hoy a esos años, en esta recapitulación probablemente initencionada Hamlet y nada más que Hamlet surge como respuesta, con los imparables riffs de Luis Tárraga como seña de identidad, con breakdowns tan excitantes como aquellos con los que vibrábamos cuando no conocíamos el anglicismo.

Hamlet han logrado que lo que antes recordaba a otros ahora nos recuerde a ellos mismos

Puede que, precisamente, esto sea lo que necesiten Hamlet para ser hoy confirmados como lo que siempre han sido: la banda de Metal más importante de nuestro país. Nunca han sido los más vendedores, salvando el final de los noventa, ni han sido los más innovadores, pero han sobrevivido mejor que nadie al paso del tiempo, logrando crearse su propio camino y logrando que lo que antes era influencia hoy sea propia seña de identidad.

7.8/10

El recuerdo y el influjo paterno nos obliga a pensar antes en dinosaurios como Baron Rojo u Obús, pero lo que Hamlet han logrado estos años va mucho más allá de lograr grabar un álbum en inglés y conseguir que el mismo se venda en el Reino Unido. La Ira es la prueba de todo esto, no ya solo por su contenido, sino por mostrar a Hamlet en un estado de forma envidiable, inalcanzable para cualquier otra banda de su generación. La Ira es el undécimo ejercicio en una carrera en la que no ha habido un solo traspiés, en la que hoy es imposible encontrar un solo pero. A ver si encontráis una banda con este bagaje, mirad si queréis fuera de nuestras fronteras. Espero sentado.

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