Jóhann Jóhannsson — Orphée

Soy más de prosa que de poesía. Pocos poemarios he leído en lo que llevo de vida, y la mayor parte de ellos fueron por obligaciones estudiantiles. Sé que esto no guarda demasiada coherencia con todo ese postureo del que hago gala en muchos otros aspectos de la vida, pero así es. Sin embargo, no me considero un insensible, y sí creo tener la capacidad de captar la belleza en muchos aspectos de la vida aparentemente menores. Podríamos bajar el tono de voz y hablar lenta y pausadamente de lo fascinante que resulta ver cómo se desplaza la sombra a través del tronco de un árbol maltratado por los años, indicando el casi imperceptible del movimiento solar. Del tortuoso camino que recorren las gotas de agua desde que terminas de lavarte la cara hasta que abandonan tu barba precipitándose al lavabo. O del baile de una bolsa de plástico vacía a merced del viento en una desapacible tarde de otoño. Aunque puede que de eso ya haya hablado otro previamente.

Jóhann manejando la varita mágica de la belleza

Entre otras cosas enormemente bellas está la danza. Y hoy, concretamente, la danza acuática. La que se representa en el vídeo de ‘Flight from the City’, el primer adelanto de este Orphée (Deutsche Grammophon, 2016), primer disco de estudio del islandés Jóhann Jóhannsson en cinco años -si no me falla la memoria, no había salido de las bandas sonoras desde aquel The Miners’ Hymns (Fat Cat Records, 2011)-. Si sois seguidores habitales de nuestra web, no os pillará por sorpresa lo que voy a decir: Jóhann Jóhannsson es uno de los grandes (¿el más grande?) compositores de la neoclásica actual, y sienta divinamente encontrarse con Orphée, un trabajo absolutamente libre de ataduras, sin tener que ceñirse a imagen alguna, más allá de las que habitan los propios fantasmas internos. Y visto el resultado quisiéramos que esta libertad se encontrase más a menudo, incluso declarándonos fans enfervorizados de sus trabajos para el cine, que son, al final, los que mayor fama le han regalado y los que pagan las facturas.

Orphée es lo que siempre ha sido Jóhann Jóhannsson. Pasión, delicadeza, temblor, elegancia, exquisitez, tensión y, sobre todo, belleza. Una belleza enorme, extraordinaria. Plasmada en lo sonoro desde ese inicio con la citada ‘Flight from the City’, y confirmada sin tacha en los siguientes 46 minutos. Tanto en los violines como al piano. Tanto optando por el minimalismo como por el drone o el ambient. Tanto en la faceta más electrónica, ‘A Song for Europa’, como en su faceta más culta, más de cámara, ‘A Deal with Chaos’. El inicio, el desarrollo y el desenlace. Todo fluye con la maestría casi espontánea, casi sobreentendida que muestra Jóhannsson en sus trabajos. ‘A Sparrow Alighted Upon Our Shoulder’ transmite esa capacidad de que sientas que tu cuerpo carece de peso o voluntad, casi consiguiendo disociarte, encontrando un alma que quizás no exista y haciéndola levitar como resultado más obvio, sin atisbo de magia o trucos espectaculares. Simplemente con la convicción de quien maneja su apuesta sabiendo que es, sencillamente, un fuera de serie en lo que hace.

Orphée es un paraíso incierto en el que quien gobierna lo hace sin necesidad de aspavientos ni golpes de puño sobre la mesa. Simplemente dejando claro que no hay nadie con la capacidad de hacer lo que él hace

Incluso cuando Orphée transita por terrenos más banales, más habituales, quizás con un exceso de carga melodramática, véase ‘By the Roes, and By the Hinds of the Field’ consigue hacerlo sin que surja la desconfianza o la duda. Y, si surge entre los más exigentes, a continuación los samplers en español de esa voz femenina que suena entre las penumbras de ‘The Radiant City’ vuelven a rescatarnos, a reorientarnos más bien. Hacia el lugar que ha construido con esmero Jóhann Jóhannsson. Un enésimo paraíso incierto en el que quien gobierna lo hace sin necesidad de aspavientos ni golpes de puño sobre la mesa. Simplemente dejando claro que no hay nadie con la capacidad de hacer lo que él hace, de llegar adonde él llega. De emocionar lo que él emociona. La nueva muestra, tendiendo a infinito, es lo que un escaso puñado de cuerdas consiguen estremecer en ‘De Luce et Umbra’.

8,4/10

A Jóhann Jóhannsson le han encargado, de nuevo reubicándonos en sus trabajos para el cine, que ponga banda sonora a la secuela de Blade Runner. Su edad, 47 años, invita a pensar que aunque le haya costado llegar, Hollywood marcará su futuro en las próximas décadas. Motivos y talento no le faltan. Es por eso que, seguramente, Orphée acabe siendo una de las últimas oportunidades que tengamos para ver a la especie en absoluta autonomía, sin las jaulas del zoo en el horizonte. Y, si esa hipótesis se convirtiese en cierta con el tiempo, y se plasmase Orphée como una de las últimas balas en la recámara de Jóhannsson, ha quedado enormemente claro que la oportunidad no solo no se ha desaprovechado, sino que ha resultado de lo más admirable. Una obra poética, de las que te pone de golpe ante una de esas extraordinarias pequeñas bellezas de lo cotidiano.

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