Kadavar — Berlin

Decían Kadavar hace unos meses que este Berlin (Nuclear Blast, 2015) era un homenaje a una ciudad en la que lograron sentirse en casa a pesar de las dificultades lógicas que les propuso. A nivel personal se encontraban atascados, necesitaban nuevos retos para poder crecer, para poder marcarse nuevas metas por las que motivarse a través del espíritu de superación. Berlín supuso un reto y un aliciente para ellos, y el mejor disco que han grabado en su corta pero intensa carrera demuestra lo agradecidos que son estos barbudos.

Y es que no hay mejor forma de dar las gracias a la ciudad que te ha permitido ser lo que eres que con el disco en el que tu banda acaba de convertirse en lo que siempre ha querido ser, una banda sólida, potente, obcecada en esa apuesta por revivir tiempos pasados desde un presente en el que parecen tener cabida todos los sonidos. El nuevo disco de Kadavar no solo es el mejor disco de los tres que los alemanes han presentado hasta el momento, sino que también es el que les consolida como banda a seguir pues con él han convertido las influencias en simple punto partida, no en una meta sobre la que rinden todo el ejercicio.

Berlin: más directo, más conciso, mucho mejor

Prueba de todo esto son pepinazos como ‘Last Living Dinosaur’ o ‘Into the Night’. En ellas Kadavar no presentan una ruptura estilística con lo que habían venido haciendo hasta el momento, pero sí demuestran conocer mucho mejor que nunca su propia área de actuación. Los afincados en Berlin han logrado optimizar los esfuerzos, aprovechar todos los recursos a su alcance, y esto les permite sonar mucho más sólidos y mucho más concretos. La paleta de sonidos que recogen sigue siendo algo limitada, pero demuestran contar con un talento imponente para aprovecharlo sin que su nuevo álbum conceda un solo minuto de respiro.

Kadavar se han desecho del yugo reticente que suelen ser las influencias. Las mantienen, pero las administran mejor que nunca, todo lo que picotean lo han hecho suyo

Todo en Berlin gravita alrededor de una psicodelia que es más un medio que un fin, una psicodelia que imprime de lisergia a los riffs de guitarra y que se esconde tras capas de sonido para construir un relato coherente con la época a la que la banda alaba y que a pesar de todo no suena fuera de sitio en una década en la que el Stoner parece vivir sus años más felices. Arreglos hay, pero mientras en manos de otras bandas los mismos adquieren un papel preponderante a fin de actualizar el sonido retro, en el tercer disco de los centroeuropeos estos simplemente refuerzan el espíritu del álbum, esa demostración de capacidad y reconocimiento hacia unas ideas y un entorno con el que pretenden ser totalmente consecuentes.

A esto hay que añadir que en su tercer disco Kadavar han logrado construir las mejores líneas vocales de su carrera, sin lograr la brillantez con la que Clutch te patean el trasero desde el negrismo redneck, claro, pero moviéndote a tararear hasta los momentos secundarios de canciones como ‘Pale Blue Eyes’ u ‘Spanish Wild Rose’.

Tres años que son una eternidad

Recuerdo que en su debut hablábamos del trío como si Led Zepelin se hubiesen pasado al Stoner añadiendo pinceladas de la psicodelia contenida del Disraeli Gears de Cream. Hoy, Kadavar están más cerca de Black Sabbath de lo que estuvieron nunca de la banda de Jimi Page y Robert Plant, y sin embargo es hoy, precisamente, cuando como banda han logrado que la influencia no amordace su creatividad, que lo que para otras bandas acaba siendo una losa para ellos no sea más que un recurso que apunta a ser cada vez más puntual.

Esto se debe a que Kadavar finalmente han aprendido de qué va esto, han comprendido que construir un discurso con la línea temporal como marco y fin es un error que da réditos a corto plazo pero que te invisibiliza en el largo. Kadavar ya no son una banda queriendo sonar a los 70, queriendo hacer psicodelia desde una perspectiva Space Rock que huele a anécdota en vez de a discurso consolidado. Kadavar hoy no suenan más que a lo que son, una banda transparente en la que las barbas no son pose sino convencimiento, una banda que ha aprendido que la autenticidad es hoy, probablemente, la más importante de las virtudes cuando queremos hablar de una banda de Rock.

8.1/10

Es posible, en cualquier caso, que haya puntos de vista que defiendan a este Berlin por debajo de la entidad de un debut (This Charming Man, 2012) que nos dejó a todos boquiabiertos. Han pasado solo tres años desde entonces, claro, pero en esto de la música tres años pueden ser una eternidad. Sí, lo nuevo de Kadavar carece del efecto sorpresa que convirtió a ‘Purple Sage’ o ‘Creature of the Demon’ en himnos del Retro Rock, pero pasado el tiempo debemos ser justos y entender que la sorpresa es eso, una cuestión más personal y temporal que otra cosa. Y despojado de ella, es complicado considerar a ese debut homónimo por encima de un disco de consolidación como es este Berlin, un disco directo, conciso y totalmente coherente con un relato que gracias a él y a lo que contiene puede dar muchísimo más de sí. Yo apuesto por ello.

Discografía de Kadavar

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