Kamasi Washington — The Epic

Tres horas pueden ser muchas para la épica, o, por otro lado, pocas, si se ponen en comparación con todas las que la épica del Jazz ha ido subiendo a sus estanterías de nombres intocables. Cada uno con su respectivo instrumento y poso. Para abordar con calma esa épica construida durante décadas necesitaríamos toda una vida, en la cual tres horas volarían.

The Epic (2015, Brainfeeder -de nuevo el sello de Flying Lotus al frente del éxito-) es una guía de tamaño de bolsillo para aproximarse a un género que a veces parece cerrado a un público especialista, conservado en formol, con unos círculos y conexiones fuertes que resisten cualquier moda. Kamasi Washington logra en tres álbumes convertidos en uno un viaje que cautiva, sin importar el bagaje previo con dicho sonido. Un trabajo de Jazz llamado a superar cualquier escena cerrada y llegar a un público atemporal.

A Sonny Rollins le llamaban el coloso por su Saxophone Colossus (1956, Prestige), título que Kamashi Washington podría heredar sin miedo a sus 32 años. Aquel Hard Bop que avivó la mitad de los 50, se cuela por el ambiente como un invitado más a la fiesta a cargo del músico estadounidense y su banda de 32 instrumentos (el bajo de Thundercat entre ellos) y 20 personas en el coro.

Las ganas de cambio del Third Stream, de Miles Davis, Charles Mingus y compañía a finales de los 50 reviven con The Epic. Hay sitio parar todo, tanto para que un piano acelerado desemboque en el estallido de ‘Final Thought’, como para que el saxo decida ralentizar la secuencia y prolongarla durante los 12 minutos de ‘The Next Step’.

9/10

La épica está en lograr el diamante de las mil caras afiladas para que cada uno logre quedar cautivado por alguna de ellas; incluso hay la versión reivindicativa en ‘Malcolm’s Theme’. La exuberancia de Kamasi Washington dibuja un Jazz salvaje y rico. Su saxo acaba convertido en una batidora con la que acaba sirviéndonos el batido para que acompañemos a su breve guía que podría resumir muchas de las cimas importantes de las últimas décadas del Jazz. El último trago se sirve en vivo con ‘The Message’, sin respirar.

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