Nada envejece más que pensar que nos hacemos viejos. Eso, y ver que hace ya un buen puñado de años de discos que te encantaron en su momento, que te acompañaron ese año o algún otro después. Da igual cuando los descubrieses: fueron importantes en tu vid.

En Hipersónica, sección ayuda a los ancianos, os invitamos hoy a recordar 20 grandes discos que van a cumplir 20 años en 2020. No estrictamente los mejores de aquel año (algunos sí): recordad que hablamos del año del Since I Left You de The Avalanches, del White Pony de Deftones, del Lift Yr Skinny Fists de Godspeed You Black Emperor! y del Kid A de Radiohead, por ejemplo. La lista de hoy, más bien, es recordar aquellos que, por lo que sea, han pasado algo más desapercibidos y se merecen vuestra atención.

Songs: Ohia – The Lioness

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Jason Molina supo llevarse a Neil Young a rondar al slowcore y The Lioness es importante porque es casi la primera vez en que uno y otro se morrean y el incendio que montaron ya no se apaga jamás. En casi 39 minutos, sin apenas bajones (salvo, quizás, las dos canciones finales), Molina consigue que Songs:Ohia tengan un disco inapelable para quienes aman la Americana, para quienes disfrutan de las bajísimas revoluciones y para quienes nunca dicen que no a una voz semiquebrada inundada de emoción.

Acompañado por Aidan Moffat (Arab Strap), por Alasdair Roberts y por una caja de ritmos tan esquelética como capaz de llenar como el mejor batería, en The Lioness Molina abrió casi el año 2000 (esto se publicó un 17 de enero) y, también, nos abrió en canal como si nos hubiera atravesado ese relámpago que, insiste Molina en la canción inicial, somos.

GAS – Pop

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La cumbre del sonido orgánico y volatil de Wolfgang Voigt como GAS, un nombre que se pasó quince años en el dique seco tras estos 69 minutos de ambient irreprochable, adictivo y altamente emocional, alejado de los parajes supuestamente agrestes donde encallan muchos discos del género. Para nada minimalista, GAS va desgajando las texturas, entregándose a la rítmica cuando lo cree conveniente, haciendo que el sol abrase sus canciones. Es, siempre, un lugar seguro al que volver.

Deltron 3030 – Deltron 3030

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¿Una opera hip-hop sobre el año 3030? Contad con mi voto. ¿Un supergrupo con Kid Koala en estado de gracia? Nah, aquí funciona todo.Dan The Automator se la saca de tal manera en este disco que ya le puedes aborrecer todo lo que quieras por lo demás. Aquí sus beats ganan siempre la partida. Mírale divertirse desde tonos surf en ‘3030’ (donde Del Tha Funkee Homosapiens rapea como dios, como en la aún alucinante ‘Madness’); mírale clavar ‘Things You Can Do’; mírale dar vida a la catedral barroca del hip-hop abstracto a lo largo de todo el disco. Es imposible aburrirse en Deltron 3030. Pero tampoco esperes luego que esto se repita: ni cuando repiten juntos ni en sus carreras en solitario. Salvo Kid Koala en Your Mom’s Favourite DJ (2006), ninguno de los tres ha conseguido nunca nada tan sólido.

Grandaddy – The Sophtware Slump

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El mejor disco de unos Grandaddy que, en algún momento, habrá que reivindicar como el grupo de prog-pop melancólico casi perfecto. En torno a las disquisiciones casi luditas de Jason Lytle y su voz quebrada y emocionante, Grandaddy construyen paisajes que lo mismo suenan a la ELO, al Wish You Were Here de Pink Floyd, a Flaming Lips o a los Pixies (en sus canciones más directas). ‘The Crystal Lake’, ‘He’s Simple, He’s Dumb, He’s The Pilot’ o ‘Jed The Humanoid’ son la punta de lanza del Ok Computer de 1999.

Broadcast – The Noise Made By People

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Broadcast son el grupo que más echo de menos, cada año por estas fechas, desde que el 14 de enero de 2011, Trish Keenan muriera tras complicársele una neumonía después de haber pasado dos semanas hospitalizada. Siempre, siempre, siempre, desde entonces, volver a sus discos es sentirse deslumbrado por lo que fueron, abrumado por la voz de Keenan y derrotado por una historia que acabó demasiado pronto.

The Noise Made By People fue el inicio de aquella historia. Antes habían editado ya EPs deslumbrantes como The Book Lovers, pero su debut largo demostró que, de algún modo, era el grupo que mejor iba a mezclar la electrónica indie, el pop cerebral de Stereolab, la psicodelia (neo y oldie), lo lounge, lo dream, lo vintage y lo maravilloso. Doce canciones que son LA PERFECCIÓN.

Joder, Trish, te echo de menos.

Duster – Contemporary Movement

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Entre el postcore, el slowcore, el lo-fi y el space-rock, Duster pasaron como si nada por el final de los años 90. El 22 de agosto de 2000 publicaron su segundo disco largo, Contemporary Movement, y desaparecieron para siempre… hasta su regreso ya en nuestros días.

Contemporary Movement es el disco de slowcore que deberías tener en el ojo si los primeros de Low son demasiado lentos para ti, si siempre te ha gustado el desborde emocional de los tres primeros de Red House Painters y si piensas que en el Así duele un verano, de Migala, había verdades que se hubiesen podido tocar con más ruido.

Y si no piensas nada de eso, pues dos problemas tienes.

The Weakerthans – Left and Leaving

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Con los canadienses The Weakerthans pasa que vais a tener asumir que tienen algunos tics AOR que, como os carguen habitualmente las canciones así, también lo van a hacer aquí. A cambio, Left and Leaving es un disco que oscila continuamente entre lo expansivo y lo reflexivo. Nunca se da a la épica, aunque la bordea: en varias canciones se lanza al himno rockero (‘This Is a Fire Door Never Leave Open’), en otras a la torch song (el medio tiempo encantador, emotivísimo, a lo Coldplay de Parachutes, de ‘Elegy for Elsabet’), etc… Todo en la mezcla, desde la voz de John K. Samson en primerísimo primer plano, grita que no querían ser indie-rock a pesar de que les catalogaban así. Y una vez que entras en las letras, hay muchas recompensas inesperadas.

Lambchop – Nixon

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El primer salto enorme de calidad de Lambchop, que ya era un grupo muy notable de alt-country y que aquí se hicieron absolutamente imprescindibles. Canciones lentas, en voz baja, desde el porche delantero de la casa imaginaría de Kurt Wagner, uno de los mejores letristas de los últimos 30 años. Dejando que el soul entrase en el country (el falsete de ‘The Distance From Her to There’, el subidón upbeat de ‘Up With The People’…, los coros de casi todas); con arreglos suntuosos pero una sensación constante de aparente fragilidad (mirad cómo empieza ‘The Book I Haven’t Read’ y cómo se desarrolla después; Nixon está así todo el rato, pero en segundo plano); la voz fantástica, sensacional, de Wagner; y una belleza extrañísima en cada uno de sus rincones, el quinto disco de Lambchop es una gozada inacabable.

The Go-Betweens – The Friends of Rachel Worth

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Desde 1988 llevaban callados The Go-Betweens, mientras el culto en torno a sus canciones de pop triste no dejaba de crecer. Crecer como lo hacen los cultos: ni idea de ellos hasta que alguien te las pasaba con elogios y un “tienes que oírlo” y PUM.

Justo en el final del verano de 2000, cuando el tiempo ya enfriaba y quemábamos las últimas fiestas, llegó su regreso, este The Friends of Rachel Worth. Y lo recuerdo bien: me bastó una canción, ‘Magic in Here’, para humedecerme los ojos. Con alegría, con tristeza. Campanamuertismo cuando aún no le había puesto nombre y era, sólo, Jangle. “Sólo”. Nunca ha sido poco. Voces puras, guitarras clarísimas, y letras que no sé si hicieron mucha mella en general, pero sí a mí:

Do you have any whisky?
I don’t like to drink
But I like to know that’s it’s along there with me