Uno de los estrenos recientes más notables y comentables es el de Una joven prometedora. El thriller de venganza de Emerald Fennell y protagonizado por Carey Mulligan ha generado una intensa conversación por sus atrevidas decisiones en guion y en tono, pero también por su particular lavado de cara al género en el que se enmarca, que se cuestiona todo el rato de forma muy interesante.

Para que ese fervor iniciado no se atenúe, si ya te has atrevido a entrar en su propuesta, te proponemos seguir el viaje con esta selección de películas y series interesantes que conectan en mayor o menor medida con la película de Fennell.

Kill Bill (Vol. 1 & 2) (2003-2004)

Dividida en dos volúmenes por pura demanda de la productora, las dos partes de Kill Bill acaban formando dos caras de una misma moneda. La primera, el purito thriller de acción virtuoso que se toma agradecidas libertades (esa secuencia de origen hecha en animación japonesa) y con algunas de las mejores secuencias de acción de la década (la lucha contra The Crazy 88).

La segunda, una inversión de las tornas donde los diálogos priman sobre la acción donde nos pintan un fabuloso dibujo de nuestra protagonista y su (compleja) relación con su némesis. Sólo por su forma explosiva y deliciosamente arriesgada de plantear su thriller de venganza, el espadazo de Quentin Tarantino ya se ha empleado como principal referente de la peli de Fennell.

Jennifer’s Body (2009)

La propuesta más abiertamente de género de esta selección, quizá la más apropiada para ayudar a enfocar lo que Fennell trata de hacer en su película. Terrible e injustamente vilipendiada en su momento, la película de Karyn Kusama con guion de Diablo Cody recoge los códigos del cine de posesiones y sobrenatural y los revuelve con ironía además de mala baba contra las tendencias misóginas del género. También es una comedia negrísima y también endiabladamente adolescente sin pedir disculpa por ello y con la mejor mirada empática hacia sus personajes.

Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011)

Una oportunidad perdida de tener una potencial saga de thriller adulto (si nos tienen que dominar las franquicias, al menos que sea con algo más cerca al sueño húmedo de David Fincher). Su tono y acercamiento es mucho más frío, seco y negrísimo, casi ausente por completo de humor, pero Lisbeth Salander ya nos mostró una de las primeras versiones de ese ángel de venganza contra la cultura del abuso sexual, con ganas de ver ardiendo todas esas ramificaciones del sistema que la perpetúa.

Killing Eve (2018-actualidad)

El thriller donde detective y asesina empiezan con una clásica persecución de gato siguiendo al ratón, pero la obsesión se torna en un complicado romance de escala internacional. Emmerald Fennell cogió el testigo de showrunner de la segunda temporada después de que se lo cediera la creadora original, Phoebe Waller-Bridge. Un pequeño ejemplo de cómo empezar a trastear con los tonos de thriller, drama y comedia negra mientras le da una vuelta a los tropos de este tipo de historias con los que estamos familiarizados.

Podría destruirte (2020)

Probablemente la otra producción audiovisual más sacada a colación por la esfera cultural a la hora de hablar a la película, en muchas ocasiones para establecer comparativas en cómo aterrizan sus arriesgadas decisiones. La serie de Michaela Coel explora de manera abierta y fresca la situación de una víctima de violación, además de cómo entendemos el consentimiento y cómo se enturbian nuestras relaciones personales. Su final también tiene intenciones aventuradas, aunque casi supone la imagen especular del final de Una joven prometedora.

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