Llegar a dirigir una película es muy complicado. Y aunque a veces, quién lo consigue, termina continuando ejerciendo dicha profesión, también hay ocasiones donde su filmografía se queda ahí, en ese primer trabajo. Sería fácil asumir que es por falta de calidad del trabajo en sí, pero hay varios casos de grandes cineastas, grandes trabajadores de la industria, que dirigieron una gran película y se quedaron ahí, por un motivo u otro. Y algunas son obras maestras. Hoy repasamos algunas de las más destacables.

Jean Vigo (L’Atalante, 1934)

Vigo realizó dos documentales y un cortometraje previos a hacer su gran película, que ha sido elevada a los altares como una de las mayores expresiones cinematográficas de la historia. Pero esta apreciación se la perdió, al morir tres meses después de su estreno por tuberculosis. Por suerte, esta obra le permitirá estar vivo para siempre en nuestra memoria, gracias a su romance dramático tan vibrante unido a su atrevida combinación de elementos cinematográficos, desde la combinación de cine sonoro y mudo a jugar con los límites del realismo poético y el surrealismo. Un formidable trabajo que serviría de piedra rosetta para la Nouvelle vague.

Charles Laughton (La noche del cazador, 1955)

Una de las inspiraciones para este post fue la injusta «tragedia» de Charles Laughton, que tras una magnífica carrera como actor decidió entrenarse como director en 1955. Lo hizo con una película de terror criticada en su momento, pero que se ha convertido en una imprescindible del gótico sureño, con un Robert Mitchum excelso en su rol casi de figura satánica, que se te mete por debajo de la piel en cada escena. Sus poderosas imágenes, que a ratos tiran de puro expresionismo alemán y en otros dejan pura iconografía (los tatuajes de «love» y «hate» en los nudillos de Mitchum), siguen siendo inspiradoras.

Herk Harvey (El carnaval de las almas, 1962)

Herk Harvey había dedicado toda su vida a la realización de documentales y a la producción de filmes a través de la Centron Corporation. Decidió hacer su único largometraje viendo el éxito de Robert Altman para hacer películas de bajo presupuesto. Conseguida una financiación justa, hizo este clásico de culto del cine de terror y fantasmas, con tanto espíritu serie B como aspiraciones de Michelangelo Antonioni. Varias de sus imágenes poderosas se pueden ver como influencia en autores de género como George A. Romero poco después o incluso David Lynch.

Leonard Kastle (Los asesinos de la luna de miel, 1969)

La carrera de Leonard Kastle no estaba anclada en lo cinematográfico, ya que él se dedicó principalmente a la composición de óperas y escrituras de libretos, además de dirigir. Sólo cambió de arte con este proyecto (tuvo luego otros tres guiones, pero nadie accedía a producirlos), que asumió después de que Martin Scorsese fuera despedido del mismo. Kastle imprimió un estilo cuidado tanto en lo estético como en la dirección de actores, haciendo uno de los estudios de personajes más estremecedores y tenebrosos del cine americano. Su manera de entrar en la psique de estos criminales, con empatía pero también remarcando su crueldad, es absolutamente brillante.

Barbara Loden (Wanda, 1970)

Mayormente a Barbara Loden se la pudo ver como actriz de teatro, aunque también apareció en películas, incluyendo las de su marido Elia Kazan. Dirigió también teatro, y pudo dirigir una película antes de su muerte en 1980. Y no cualquier película. Wanda es uno de esos grandes trabajos que, junto a la obra de John Cassavetes (al que muchos veían como su mayor comparación en cuanto a estilo), cimentaron todo lo que entendemos como cine independiente. Un relato naturalista de una mujer arrastrada a una terrible situación, a la que no le queda más remedio que seguir adelante ante su imposibilidad de ajustarse a los roles más tradicionales que se esperan y hasta exigen de ella. El reverso menos glamouroso y espectacular de Bonnie y Clyde.

Dalton Trumbo (Johnny cogió su fusil, 1971)

Trumbo tuvo una larga trayectoria como guionista de Hollywood, incluso en los años del macarthismo en los que tenía que firmar con pseudónimo mientras era perseguido por posible afiliación comunista. No fue hasta 1971 cuando finalmente se lanzó a la dirección de uno de los guiones que escribía, precisamente salido de una de sus novelas (y con cierta aportación no acreditada de Luis Buñuel). Aquí firmó un relato antibelicista que entra de lleno en la desesperación vital de un combatiente desmembrado y sostenido a la vida con lo justo, que va alternando entre su dura realidad y los recuerdos/alucinaciones en los que entra gracias a las drogas. Fue relativamente olvidada tras ser un modesto éxito, pero ha terminado arraigada en la cultura popular de la mano de Metallica y su tema ‘One‘.

David Byrne (Historias verdaderas, 1986)

A David Byrne siempre se le dio bien emplear el arte para relatar historias aparentemente disparatadas o peculiares, que sin embargo esconden más comentario mordaz sobre el mundo. Lo hizo con las canciones de Talking Heads, en sus conciertos como el brillante Stop Making Sense, y lo hizo en su único esfuerzo como director, un equilibrio entre ficción y realidad aumentada con estructura de musical y contada a través de interesantes viñetas. Byrne ofrece un afilado retrato surrealista y cómico del pasado colonial de Estados Unidos y el impacto del capitalismo extremo en las comunidades de la América profunda, con la que encuentra cierta complicidad y empatía. Con dicha empatía, hace que sus momentos de comedia disparatada no se sientan como condescendencia. Y también tiene cancionacas.

Vin Diesel (Strays, 1997)

Antes de convertirse en una superestrella mundial gracias a su rol protagonista en Fast & Furious, Vin Diesel mostró sus inquietudes artísticas como cineasta total, dirigiendo, escribiendo, produciendo y protagonizando sus propios trabajos. Después del corto Multi-Facial, inspirado en sus dificultades para encontrar trabajo de actor y en su crisis de identidad, hizo este largometraje también inspirado en su juventud en Nueva York. Un drama íntimo de pura esencia Sundance (donde se estrenó causando sensación), en el que navega las familias desestructuradas, las drogas, la vida en las calles, la masculinidad y las relaciones románticas de una forma que parece algo sencilla y arquetípica, pero resulta fascinante por su inquietante sinceridad. Al igual que la carrera de Diesel, termina funcionando por pura honestidad latente entre una aparente maraña de tosquedad y simpleza artística.

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