Esto pasó de verdad.

Hubo un tiempo en el que una canción nueva de Arcade Fire no era sinónimo de miedo. Uno que podemos recordar como “aquella época en la que Arcade Fire sacaban una canción y no te entraban ganas de arrancar las cuerdas vocales a Win Butler”.

Aquel tiempo existió, y no queda demasiado-demasiado lejos en el horizonte. En un tiempo mediático marcado por la tiranía de la nostalgia, qué mejor que recurrir a los orígenes y a los tiempos de esplendor de Arcade Fire para constatar que si están en este terreno post-Reflektor, aquí y ahora, en la charanga internacional en la que han decidido convertirse, es sólo porque lo desean. Porque hubo un tiempo en el que hicieron todo esto:

The Woodlands National Anthem (2003)

Mucho antes de que el teen angst se les cayera en la cabeza por culpa de una sucesión infinita de funerales, Arcade Fire eran folk, puro y resplandeciente folk que en ‘The Woodlands National Anthem’ sonaba a Fairport Convention y a unos años sesenta despojados de los excesos hippies, campestres y felices, en paz, emotivos y escuetos. Una delicia.

No Cars Go (2003)

Y mucho antes de que se les cayera una producción profesional y todo el peso de una iglesia sobre la cabeza, Arcade Fire también sabían ser muy emocionantes, muy épicos, pero desde la artesanía y desde la habitación, no desde el multitudinario estadio. ‘No Cars Go’ es hoy una apisonadora en directo, pero un día fue puro pop pensado por y para la intimidad.

Neighborhood #1 (Tunnels) (2004)

Pocos riffs han sido tan representativos para el Indie de las últimas décadas como el inicio de este tema. La banda en la cueva, la banda en Canadá, sin que nadie supiese que años más tarde serían los nuevos U2, sin que nadie los odiase por ponerse el gorro con olor a naftalina de The Edge. Era un banda joven, multitudinaria, a la que le faltaba una cabra en el escenario para hundirlo por exceso de ocupación. Y aún así, su orquesta sonaba a Punk, su entierro sonaba a éxtasis y era vitalista. Estabas cantando a sus muertos mientras decías quién son estos malditos canadienses.

Neighborhood #3 (Power Out) (2004)

Escoger las canciones que deben figurar del Funeral es una tarea harto dolorosa. Practicamente cualquiera podría entrar y no desentonar en esta selección. Pero uno no puede evitar sentir como el corazón se le preña de emoción e intensidad cuando suena ‘Power Out’, dejándonos sobrecogidos y con los ojos como platos durante cinco minutos. Simplemente magnífico.

Wake Up (2004)

Cualquiera que haya presenciado un concierto de los Arcade Fire pre-Reflektor estará de acuerdo con la idea de que es una de las cosas más fascinantes que habrá vivido. Como momento cumbre, cuando entre el público el sudor ya ocupaba más espacio el sudor que la ropa y había que ir despidiendo la velada, un riff, una vocal a voz en grito y un final enérgico y lleno de vida. Baile y redención. Todavía hoy se nos pone la piel de gallina con esto.

The Well and the Lighthouse (2007)

La catarsis de iglesia vacía con el órgano lleno de polvo, el orador alentando a las masas, mirando hacia afuera y viendo su particular mundo. El sufrimiento entre pequeños gritos ahogados con violines y coros que le daban la palmadita. En aquel entonces, esas manos no querían tirarse al cuello de Win Butler.

(Antichrist Television Blues) (2007)

Arcade Fire se podían poner muy recargados y todo lo barroco que quisieran, pero haciéndolo sencillo también eran capaces de bordarlo. Por aquel entonces, hacían que todo pareciera muy fácil. Y si hacía falta recurrir a Springsteen para ello, se hace. Hay que estar muy muerto por dentro para no sentir el corazón palpitar mientras suena ‘(Antichrist Television Blues)’.

Ready to Start (2010)

Otro de esos temas marca de la casa. De los que consiguen generar ese tipo de éxtasis comunitario, como si toda una secta de cegados creyentes estuviesen viendo a una virgen de mentira, con la misma claridad con la que ven al que está sentado a su lado. ‘Ready to Start’ consigue que, mientras dura, tu alma se separe unos cuantos centímetros de tu cuerpo, y cualquier mierda convencional se vaya a tomar por caso. Pura energía. Puro descaro. Aquel que figuraba en su tarjeta de presentación… hace años.

Sprawl II (Mountains Beyond Mountains) (2010)

El problema jamás fue Reflektor como idea, el problema fue un Reflektor tan mal hecho. Cuando Arcade Fire cerraron The Suburbs con aquel estallido de luces y colores llamado ‘Sprawl II’, oda al empobrecimiento urbano por la vía de la no-densidad, la tristeza y la alegría, la melancolía y la euforia del grupo se había trasladado al sintetizador, pero pervivía en toda su gloria.

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Pablo López
Pablo López
1 year ago

¿Cuál es la importancia de Reflektor como para haber nombrado a una época?
Escucho ocasionalmente a AF, pero no me he animado a hacerle un análisis profundo.

Roberto Rasmussen
Roberto Rasmussen
1 year ago

Que disparate. Reflektor es uno de sus mejores discos. Finalmente se trata de gustos…

rombo
rombo
Reply to  Roberto Rasmussen
1 year ago

Uno de sus cuatro mejores discos para ser exactos.