El tiempo es inmisericorde y pasa para todos. Sí, ya han pasado 20 años desde 2001, y todos esos discos que te gustaban en tu juventud ya estarían en la universidad a estas alturas. Algunos ya hasta se pueden considerar ya rock clásico. Lejos de la anécdota, este esfuerzo nostálgico viene a remarcar que sí, aquel fue un año bastante fundamental para la educación musical de muchos, tan sólo por la cantidad de discos alucinantes y esenciales que salieron entonces.

Los distintos redactores de Hipersónica hemos recogido algunos de los discos que más nos gustaron de aquel año, los hemos explicado como buenamente hemos podido, y llegamos a la conclusión más lógica: menudo año más brutal fue 2001.

The Angels of Light – How I Loved You

Si tuviera que destacar sólo uno de los proyectos paralelos de Michael Gira, ese sería The Angels of Light. Podría daros varios motivos, pero creo que el más fuerte de todos es un disco como How I Loved You, donde acompañado de Dana Schechter, Christoph Hahn, Birgit-Cassis Staudt, Thor Harris (ese hombre) y Bliss Blood se aleja de las estridencias sonoras de Swans para abrazar el country gótico y el Folk desgarrador y realizar piezas estremecedoras y emotivas.

Björk – Vespertine

Vespertine llegó en uno de los momentos de mayor popularidad que Björk seguramente haya tenido jamás. Popularidad llena de controversia, algo habitual en la islandesa. Tras un año en el que su labor de actriz le trajo gran provecho profesional, pero un peaje en lo personal de la leche. Existía entonces gran curiosidad por si su mente podría alcanzar de nuevo la introversión necesaria para seguir en la línea de sus maravillosos discos previos. Aunque probablemente toda esta ceremonia previa, como muchas de las leyendas que envuelven a los grandes discos, no tenga base real en absoluto. 

Lo cierto es que Björk siempre ha dicho que Vespertine nacía en ‘All is Full of Love‘, el último corte de su predecesor, Homogenic (uno de los mejores álbumes de la historia, por si hacía falta sumar un poquito más de presión). Y esa tendencia minimalista, con melodías de cuerdas llenas de magia y tensión vocal abrumadora, ahí siguió. Entre ‘Hidden Place‘, ‘Undo‘, ‘Pagan Poetry‘ o ese precioso final de ‘Unison‘. La figura de Björk trascendía lo musical. Hablamos de un absoluto icono pop, de una creadora inabarcable, que confirmaba con Vespertine (y con sus discos posteriores) que, como ella, nace una en un siglo.

Black Rebel Motorcycle Club – B.R.M.C.

Probablemente hay pocas cosas que griten más a viva voz «2001» que Black Rebel Motorcycle Club. El grupo de rock garagero ya ha caído en desgracia, prácticamente desaparecido en la actualidad, pero cautivaron enormemente en su momento con un álbum debut arrebatador, sexy, canalla y deslumbrante. Canciones como ‘Love Burns‘, ‘Spread Your Love‘ o ‘Rifles‘, con su desparpajo y su fuerza, poseían un magnetismo al que no nos pudimos resistir y terminamos abrazándolos a ellos con fervor. Luego les costó horrores poder replicar aquello. Fue un buen trile, pero nos dió mucho entonces.

Converge – Jane Doe

De un plumazo, Converge pasaron de grupo hardcore de nivel medio a uno de los grupos más esenciales del metal de este siglo con un disco que los propulsaba a otro nivel en muchos aspectos. Jane Doe es un disco que te devora sin piedad desde el minuto uno, con una velocidad vertiginosa y un colmillo feroz unidos a una perfectamente integrada exuberancia técnica que convertía ya en una realidad esa tendencia que conocemos como mathcore. La banda de Salem encuentra además la manera de equilibrar todo ese crecimiento técnico con unas canciones urgentes, extraordinarias, que alzan todavía al disco como su obra a superar. No faltaron grandes discos posteriormente, pero este siempre será especial. Su influencia todavía es palpable.

Emperor – Prometheus: The Discipline of Fire & Demise

Prometheus: The Discipline of Fire & Demise supondría el final de la carrera de Emperor y el inicio de la de Ihsahn en solitario (de hecho algunos ya consideran al álbum como un proyecto personal del noruego). Su despedida era la culminación a sus ambiciones, que la llevaron a ser la banda de black metal más compleja de toda la generación del inner circle. Un disco perfectamente trabajado a todo nivel, desde la ejecución técnica a su producción, donde su líder explora toda las dobleces posibles a su sonido mientras sigue ofreciendo un abrumador esfuerzo de rama sinfónica del género.

Envy – All the Footprints You’ve Ever Left and the Fear Expecting Ahead

Mientras algunos mitos del post-hardcore se estaban desvaneciendo (más sobre ello a continuación), otros estaban emergiendo al otro lado del planeta. Desde Tokio surgió una banda que cogió la base del sonido screamo y la empezó a sumergir en capas de diversos sonidos melódicos: shoegaze, post-rock y demás matizaron ese abrasivo sonido y abrió una nueva forma de entender el género. Con este disco, Envy empezaron a marcar escuela en el underground.

Explosions in the Sky – Those Who Tell the Truth Shall Die, Those Who Tell the Truth Shall Live Forever

2001 era también el año donde el post-rock estaba terminando de explotar y algunas de las bandas más destacadas estaban dando forma a lo que iba a ser una sensación durante parte de la década. Explosions in the Sky se sumaron en el momento justo, destacando con este disco de interminable título en el que dejan claras sus grandes señas de identidad: la bella melodía que conduce a la enérgica tempestad, la poesía tormentosa que explota en finales para el recuerdo (y en ocasiones para la llorera). Tocar la emoción desde el ojo de la tempestad. Estaban de dulce en el momento justo.

Fugazi – The Argument

2001 también vio el final de bandas fundamentales, como fue el caso de Fugazi. Tras más de una década a contracorriente, siendo contestatarios contra la industria y guisándoselo todo ellos mismos, volviéndose una de las bandas más influyentes en el punk, el grupo decidió acabar con la discusión. Lo hicieron a lo grande, The Argument es otra gran expresión de un grupo que siempre encontraba esquinas por explorar, senderos por pavimentar dentro del post-hardcore. Su carácter más contenido, casi templado, no debe confundirse con accesible. El grupo se fue con uno de sus trabajos más arriesgados, con desviaciones a sonidos arties y algo de indie rock que, lejos de lo que puede parecer, ayudan a dejar fluir la misma frustración e intensidad que despliegan en sus trabajos más agresivos. Fue el cierre perfecto a una discografía esencial.

Low – Things We Lost in the Fire

Low consiguen, en 53 minutos, encontrar en las cenizas de ese incendio al que hace referencia el título sus canciones más inmediatas, una vía de tránsito hacia públicos mayores y el disco más cálido de los escritos por ellos hasta entonces (también de los  posteriores, por mucho que aún ahonden en esa mayor accesibilidad).

En  Things We Lost In The Fire se alían con Steve Albini, que llevaba mucho  tiempo queriendo trabajar con ellos, y tienen todo clarísimo desde el  comienzo intachable y con gancho de ‘Sunflower’.  Continúan aumentando su dulzura, gracias a juegos vocales que cada vez  miran más fijamente a los años 60, y en especial a Simon &  Garfunkel. Mantienen sus características básicas en canciones como ‘Whitetail’,  aunque la producción de Albini permite contemplar los detalles de más  cerca: las cuerdas que se rasgan en ese mismo tema, la pesada percusión  de una grandísima ‘Dinosaur Act’ o la atmósfera minimalista y triste, pero dulce, de ‘Laser Beam’.

En  este disco todas las cosas están en su sitio y esta vez Low ni siquiera  alargan sus canciones más de lo debido. Gracias a ello dejan cumbres  como ‘Like A Forest’ o ‘In Metal’,  esta última coronada por una letra demoledora, bellísima, sobre los  recién nacidos, ser padres y no dejar de tener la sensación de que los  momentos se escapan demasiado rápido. Todo un homenaje al hijo de Alan y Mimi, el encargado de cerrar el disco con su balbuceo.

Madrugada – The Nightly Disease

Siguiendo a su brillante debut Industrial Silence, los noruegos Madrugada se presentaron dos años después con un álbum de reafirmación. The Nightly Disease vuelve a explotar un sonid perfectamente hilado entre el rock alternativo, el blues más seductor, el rollo del crooner magnético y la atmósfera expansiva del shoegaze. Volvieron a triunfar, brillando con canciones como ‘Black Mambo‘ donde hipnotizan y destrozan con ese carisma inigualable que tanto destilaban.

maudlin of the Well – Bath / Leaving Your Body Map

Fueron pocos los trabajos que Toby Driver hizo con maudlin of the Well (cuatro largos en total) antes de volverse aún más loco con las experimentaciones con Kayo Dot. La mitad de ellos llegaron este año, a modo de una desquiciada sesión doble de la que es imposible salir mejor de lo que eras. Ambos discos ayudaron a llevar aún más lejos todo lo que podía dar de sí el metal progresivo y la música avant-garde, construyendo pasajes absolutamente impredecibles además de totalmente únicos en su especie. Difícilmente vas a encontrar discos que suenen como estos (y si lo haces, imposible que suenen igual de bien).

The Microphones – The Glow Pt. 2

¿Es The Glow, Pt. 2 el mejor disco de folk  intimista grabado en el siglo XXI y parte del siglo XX? Probablemente.  Antes de quemar las cenizas de su alma en todos y cada uno de los discos  de Mount Eerie, Phil Elverum  coqueteaba con el lo-fi, las guitarras desafinadas y las canciones para  el dolor, la soledad y la muerte desde el sótano de su casa. The Microphones legaron una obra maestra y un disco al que temer. Sigue siendo aterrador acercarse a sus canciones, por las pesadillas vitales que son capaces de despertar y por su manera de acercarse a la muerte. «No lo hagas, te va a doler».

Mogwai – Rock Action

A diferencia de algunas de las bandas que les apasionaban, como My Bloody Valentine o incluso Slint, Mogwai sí habían llegado al tercer disco. Y quizá con más que demostrar, teniendo en cuenta que Come On Die Young no tuvo el aplauso unánime de Young Team. Pero lo demostraron. Rock Action es quizá su momento más dulce, con el perfecto equilibrio hacia la consolidación post-rock y el seguir picando de otros rincones alejados del mismo.

Aquí tenemos de nuevo en su esplendor a los Mogwai del sube y baja, como se ve en el combo ‘Dial : Revenge‘ y ‘You Don’t Know Jesus‘, pero tampoco renunciaban al indie y al slowcore y consiguen uno de sus puntos más altos en esa faceta con ‘Take Me Somewhere Nice‘. Tuvieron hasta tiempo de anticipar los Mogwai más electrónicos del siguiente disco con ‘Two Rights Make One Wrong‘.  Son varias facetas, pero todo el rato transmiten la sensación de ser el  mismo grupo. Uno ya bastante seguro de sus virtudes y de la clase de  espacio que ocupan. Todo en su lugar.

Muse – Origin of Symmetry

Muchos se obsesionan con el origen de la existencia, de la vida, pero para Muse eso no era suficiente. Su búsqueda conceptual les llevo a la búsqueda de la simetría, del equilibrio existente del universo. El  esquema que todo lo rige. Eso, mientras musicalmente buscaban romper  todos los esquemas y concepciones existentes sobre ellos. Nada más  empieza a sonar ‘New Born‘ ya se aprecia como el juego estaba cambiando para siempre.

Las comparaciones con Radiohead habían quedado obsoletas, Origin of Symmetry estaba lanzando al trío a  una nueva esfera del estrellato rock. Una donde había cabida para la  opereta rock más cargada, la barroca composición neoclásica, un inflado  concepto del gótico de primeros domiles, el puro sonido de estadio y el  puro ruido del rock de los noventa más llena de ínfulas que nunca. Muse nunca habían estado más en control de todo eso y de sí mismos, y se nota  en un disco que arrolla con una primera mitad infalible, además de un  compendio de algunos de sus mejores temas. Casi podrías componer un  greatest hits con un 70% de este álbum. Sigue siendo su cima absoluta.

My Morning Jacket – At Dawn

At Dawn es la clase de disco que podría haber quedado mal envejecido con el paso del tiempo. Principalmente su función en el gran esquema de My Morning Jacket es tender puentes en lo que luego serían y aquello a lo que querían homenajear con The Tennessee Fire. Lo hace, además, con un disco doble, con varias canciones que no parecen querer sostenerte la mirada, y una melancolía muy marcada.

Sin embargo, Jim James se muestra aquí en uno de sus puntos más honestos, algo que posteriores versiones de My Morning Jacket irían perdiendo. Sus composiciones son más maduras y reflexivas, pero no excesivamente ensimismadas, y el músculo pop que ya resaltaba en su anterior disco se muestra más fuerte aquí. Es la clase de disco que, si te coge bien, te puede romper un poco y ya no te puedes desprender de él.

Nacho Vegas – Actos inexplicables

«Que te vaya bien, Miss Carrusel». Mucho antes de que Nacho Vegas se hiciese explícitamente político, mucho antes de que pareciese prestar más atención a lo exterior de sus canciones que a lo interior, mucho antes de que sus discos fuesen polémicos… hubo un debut en el que sólo estuvo él, sus ganas de dejar atrás el pasado con Manta Ray y su pasión por los cantautores rock de los 70. Por Leonard Cohen y Van Zandt. Por Bob Dylan y por el Laurel Canyon. Por el exceso confesional y los paisajes desérticos.

Mucho antes de que Nacho Vegas fuese el hombre que una vez conoció a Nacho Vegas (y a Michi Panero) hubo un debut con canciones tan inmensas e intachables como ‘El Ángel Simón‘, tan delicadas como ‘Al Norte del Norte‘ y ‘Seronda‘, tan tópicas pero perfectamente funcionales como ‘Blanca‘. Tan atmosféricas como ‘Actos Inexplicables‘, tan rotundas y hoscas como la final. Una vez creímos ver molinos en el horizonte musical, acabaron siendo los gigantes con los que ahora lidiamos en la carrera del asturiano.

Neurosis – A Sun That Never Sets

Steve Albini recuerda de producir y grabar discos con Neurosis que eran una banda muy fácil con la que trabajar, porque tienen clarísimo cómo quieren sonar y entran al estudio con una idea clara y la ejecutan. Este fue el último disco que hizo con ellos, donde se muestran en pleno dominio de su estilo como banda e incluso lo llevan un poco más lejos, con la seguridad de tener un productor que sabe perfectamente lo que buscan. Lo han demostrado durante décadas, son una banda definitiva en esta clase de metal pesado y atmosférico, y esta es una de sus mejores versiones.

Nick Cave and the Bad Seeds – No More Shall We Part

Tras reducir Nick Cave a los Bad Seeds a su mínima expresión con The Boatman’s Call, No More Shall We Part los vuelve a mostrar liberados, retomando desde el espíritu de su predecesor y, a partir de ahí, crecer. Un disco intenso, sabio y disfrutable como pocos, plagado de varias de las mejores canciones del australiano (‘As I Sat Sadly By Her Side‘, ‘Oh My Lord‘ o ‘God Is In The House‘, por citar algunas). En toda esta colección de grandes discos, brilla con luz propia, al igual que en la propia discografía de Cave.

Nuevenoventaicinco – B.S.O. 1999-2000

Pocos grupos sentaron un precedente tan marcado e influyente en nuestro país como los efímeros Nuevenoventaicinco. Los madrileños, formados en 1997, se separaron en 2004 y dejaron de legado un disco que sigue siendo fresquísimo y fundamental para el post-hardcore en España. Es difícil entender la presencia de grupos como los primeros Standstill sin ellos. Pero circunscribirlos sólo a nuestras fronteras sería hacer un poco de menos su talento. Lo que se apreciaba en este B.S.O. 1999-2000 no tenía tanto que envidiar de contemporáneos como At the Drive-In, Thrice y demás.

Opeth – Blackwater Park

La cantidad de bandas que confluyeron para sacar sus obras maestras este año en asombrosa. Aquí tenemos una de las piezas fundamentales sobre las que se edifico la mayor parte del metal progresivo extremo de este siglo. Prácticamente todo se puede trazar de vuelta a este álbum, aquel en el que Opeth encontraron la máxima expresión de sí mismos, con el sonido progresivo mejor entrelazado con su pasado death metal, y donde todo respira en perfecta armonía. Con la inigualable mano de Steven Wilson de apoyo, Mikael Åkerfeldt sacó de dentro un álbum tan genial como inagotable. Pasan los años y volver a él sigue siendo como escucharlo por primera vez. Siempre encuentra algo nuevo que ofrecerte cada vez.

Paysage d’Hiver – Winterkälte

Por algún motivo, ahora mismo Paysage d’Hiver se han grangeado la fama de ser el grupo de black metal para aquellos que son fans de indie más atmosférico y ambiental rollo Grouper (no lo decimos nosotros). Sea como sea, sería contrario a nuestra filosofía tener la posibilidad de meter un disco suyo en la lista y no hacerlo. Especialmente uno tan crudo, visceral y estremecedor como este Winterkälte. Sólo la monumental ‘Winter‘ ya es justificación suficiente para ponerlo como uno de los trabajos de este año.

Radiohead – Amnesiac

Se suele decir de Amnesiac que es un disco demasiado experimental,  ese en el que los cinco de Oxford crearon su trabajo más incómodo para  el oído. Sin embargo, en absoluto se trata de un álbum tan difícil.  Quizá para los que menos toleran la electrónica y la música experimental  el camino se haga cuesta arriba en algunos cortes, pero la línea general va por otro lado. Para algunos, por demasiados lados, pues la dispersión compositiva de las once canciones suele ser — junto al  experimentalismo — , el mayor argumento que se utiliza para dejar que Amnesiac coja polvo en la estantería.

Y todo lo que se alaba de Kid A,  o la mayoría de factores, se encuentran aquí. De hecho, se tiende a  compararlos cualitativamente, cuando este quinto disco está compuesto por algunos temas que salieron de las mismas sesiones de grabación que  el trabajo anterior. Por eso compararlos de ese modo es un error. No se  trata de una pieza indisoluble, pues cada uno de ellos posee diferentes  aspectos que los hace especiales, pero están íntimamente relacionados. Y ambos son maravillosos.

Ryan Adams – Gold

Gold, el disco con el que Ryan Adams quiso ser especial (sin darse cuenta de que ya lo era). Lo tenía casi todo excepto alguien que le dijese que era el momento de cortar. Pero por ese camino se encontró no sólo con el Adams de Heartbreaker, sino también con el Bruce Springsteen más expansivo y hasta con un blues sobre sí mismo y sus problemas para estabilizarse. Es la clase de disco donde ya te dejaba claro que estabas en su barco, o que ibas a tener muy complicado seguirle el ritmo y la gracia.

The Silver Mt. Zion Memorial Orchestra & Tra-La-La Band – «Born Into Trouble as the Sparks Fly Upward.»

Uno de los proyectos salidos a raíz de Godspeed You! Black Emperor, y seguramente el que más repercusión y aceptación ha recogido a lo largo de los años, con un nombre en continuo cambio y donde Efrim Menuck ejerce como cabeza más visible. Probablemente sea uno de los discos en los que más lata el espíritu de GY!BE que no ha sido firmado por ellos mismos, pero no por ello quedándose en mera calcomanía, sino también estableciendo su propia personalidad y sonido. La emoción a flor de piel, el aire inquietante y el constante desafío a las convenciones musicales.

Slipknot – Iowa

Su íntima relación con el movimiento nu-metal y la sobreexposición que conlleva ser la banda de metal más popular de su generación han desgastado la imagen pública de Slipknot. No podemos decir que no sea del todo justificado, pero impide comentar aquellos momentos donde demostraban que eran una banda de primer nivel. Iowa fue ese momento, con el grupo puliendo el sonido y su capacidad compositiva con respecto al debut, mientras vuelcan en las canciones una rabia y una agonía existencial realmente intensos. Este es un disco que se volvió mainstream de la manera más improbable, porque nada de su sonido cual bola de demolición ni de su carácter abrasivo invitan a pensar en algo accesible. Pero lo consiguieron.

The Strokes – Is This It?

Todo lo comentado anteriormente sobre discos que ya entran en la categoría de rock clásico ha venido en parte por este disco, aunque sin embargo ahora ha recuperado debates que parecían obsoletos, sobre si The Strokes habían venido para salvar el rock o no merecían tal consideración. No es que sea nuevo, mirar con las gafitas a los de Nueva York y su sensacional debut era habitual, especialmente si tu zona de confort era aún más clásica. Y ya son ganas de poner pegas a un disco que se disfruta tanto, porque es a la vez fácil (o parece fácil) y guay.

The Strokes, antes de volverse «los putos Strokes», encapsularon el Nueva York más sexy y también el más decadente en una serie de canciones pop irresistibles, que no querían ser otra cosa más que canciones. Canciones que te epataban y te hacían vibrar aunque lo más cerca que hayas estado de NYC sea la camiseta de los Knicks que viste en la tienda Adidas. Porque eran así de frescas y de jóvenes, y lo siguen siendo. Sí, igual fue un listón imposible de alcanzar (aunque muchos aquí no creemos que haya tanta distancia entre la calidad de Room on Fire y la de éste), pero queremos creer que eso habla más de lo absolutamente maravilloso que fue (y es) este disco. Queremos creerlo.

System of a Down – Toxicity

Suena irónico decirlo de un disco que metía tanta caña al espíritu  imperialista del gobierno americano y salió una semana antes del 11-S,  pero es la clase de disco que salió en el momento adecuado. El resto de  bandas enmarcadas dentro del nu-metal que no se llamaban Deftones ya estaban flaqueando, y tanto ellos como Slipknot dieron el salto perfecto para dar relevo. Pero no fue sólo el contexto  lo que propició un demoledor éxito que ni los propios System of a Down vieron venir, ya  que el grupo articula a la perfección todas sus ambiciones en sonidos y  en canciones.

Más locuras, más influencias diferentes (jazz, metal progresivo, música folklórica de Oriente Medio y la pluscuamperfecta habilidad de The Beatles de unir todo en una canción pop), pero todo perfectamente encauzado en un disco desbordante y plagado de canciones memorables. Puedes coger cinco canciones al azar y es difícil fallar, y  lo más probable es que de esas cinco te salgan dos o tres que son  imprescindibles suyas. Podría haber sido inmaculado con un par de  canciones menos, pero de esos defectos también se nutren los discos mayúsculos.

Tool – Lateralus

Después de dos discos que habían sentado ya cátedra e influencia en el metal alternativo y que empezaban a echar raíces en lo progresivo, Tool rompieron por completo con la que puede perfectamente considerarse como su mayor obra (obras maestras tienen unas cuantas). Abrazando por completo sus tendencias matemáticas, llevadas al extremo con diferentes teorías (ahí está la de Fibonacci), y con todos sus miembros en su mayor nivel de expresión de talento, Lateralus elevó al grupo más allá de lo que cabría pensar para un grupo. Se volvieron leyendas.

Con una perfecta sucesión de canciones, un sonido que alcanza sus mayores cotas y una constante sensación de trascendencia, este disco se ha vuelto totalmente un imprescindible del género metal, quizá el trabajo más fundamental de todo este siglo.

Unwound – Leaves Turn Inside You

2001 fue un año casi de final de etapa para el post-hardcore (¿muerte? Suena exagerado) con el final de dos de sus bandas más arriesgadas y brillantes de la década anterior. Hablamos antes de Fugazi, pero Unwound publicaron también su canto de cisne, uno que además se ha alzado históricamente como su magnum opus. El grupo no sólo encuentra fascinantes nuevas maneras de entender el género, con las múltiples referencias indie rock y alguna más tangencial como King Crimson en la mezcla, sino que las integra a la perfección en una serie de canciones que se te meten bajo la piel, en uno de los trabajos de atmósfera más brillantes que uno puede encontrar.

Violadores del Verso – Vicios y virtudes

Violadores del Verso no son sólo uno de los pilares más monumentales sobre el que se edifica el hip hop español, sino también uno de los mayores hitos de la música popular nacional. Y Vicios y virtudes, uno de esos discos que uno debería escuchar antes de morir (de los de verdad), es la prueba definitiva de su leyenda incontestable. Prácticamente cada canción es un himno imprescindible, cada instante suena pletórico, con Kase.O, Sho-Hai y Lírico haciendo rimas fantásticas que se te quedan grabadas y las maravillosas bases de R de Rumba. Un disco monumental, siempre joven y al que no se le puede ofrecer resistencia. Es un logro.

The White Stripes – White Blood Cells

Con mucho misterio en torno a la verdadera relación entre los dos miembros que componían el grupo, The White Stripes llegaron a 2001 como un torbellino que iba a traer de nuevo al mainstream rockero elementos que parecían obsoletos: con sólo guitarra y batería, Jack y Meg White ofrecían una sensibilidad alternativa a sonidos como el rock garagero más descarnado o el blues. Todo ello con el fervor juvenil y con el corazón saliéndose por la boca, incapaces de quedarse en un sólo sitio y con canciones del calibre de ‘Hotel Yorba‘, ‘Fell in Love With a Girl‘ o ‘Dead Leaves in the Dirty Ground‘.

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