Con los repasos de la última década en diferentes ámbitos, no he podido evitar darle vueltas en más de una ocasión a que probablemente no haya banda más trascendental en el metal de los 2010s que Deafheaven. Y que su marca se convirtiese en la influencia más fugaz de la década. Cuando saltaron a la palestra, llevaron a otro nivel esa generación de black metal norteamericano que empezó a despuntar, con gente como Wolves in the Throne Room y Agalloch a la cabeza.

Deafheaven fueron algo totalmente distinto. Aproximándose tanto a géneros colindantes con el metal extremo, como pueda ser el post-hardcore, el screamo o el post-rock, a cosas más alejadas como el dream pop, el shoegaze y en general una influencia pop palpable incluso en canciones de 10 minutos. Después de su explosión, muchos andaban en búsqueda de esos nuevos Deafheaven y hubo cierto boom de grupos que exploraban matices pop en su black metal. Hasta se llegó a hablar de post-black metal. Pero duró unos pocos años. Muchos de esos grupos andan desaparecidos y la corriente está condenada al ostracismo, con sólo algunos esfuerzos puntuales destacando pero lejos de retomar o liderar nada parecido a un resurgimiento.

Sin embargo, Deafheaven parecen persistir. Da la sensación de que aún pueden tener cosas que decir. Le avala una discografía de cuatro discos que, aunque con unas demarcaciones comunes claras, se muestran diferentes entre sí. Y con sólo uno que se pueda considerar (o debatir) como tropiezo. Vale la pena volver a pasarse por su obra, mientras esperamos a ver qué más pueden contarnos como grupo.

4. Ordinary Corrupt Human Love (2018)

Hay que reconocer la bravura de, después de uno de sus discos más duros, volver a cambiar de registro para seguir expandiendo tus posibilidades. No obstante, algunos de los cheques que extienden en Ordinary Corrupt Human Love no tienen fondos. Las propias canciones cuentan con tramos más interesantes que otros, la parte metal queda relegada en pro de un post-hardcore algo ramplón y la parte más pop a veces se queda en demasiado genérico. Podría haber sido otra genialidad, se quedó en decepción.

Al menos ofrece ratos buenos si te sales a correr por el monte con las cabras (me han dicho).

Mejor canción: ‘Canary Yellow’. El motivo para no considerar que ya no haya posibilidades para Deafheaven. La composición está pulida, todo parece en su lugar y en su justa medida, y es el momento más memorable y celebrable de todo el disco.

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3. Roads to Judah (2011)

Su primer trabajo ya dejaba las primeras muestras de lo que estaba por llegar, pero aún encontramos a unos Deafheaven cercanos a la escuela de los grupos prominentes, al black metal cascadian de unos WITTR. Sus cuatro canciones hacen de este un disco muy compacto, aparentemente con menos fracturas y con ideas claras de lo que quiere ser. Quizá se sienta menos especial con respecto a otros, pero resulta difícil poner pegas en lo que hace.

Mejor canción: ‘Unrequited’. Reconozco que llegar a esta canción fue la que me llevó a realizar toda esta pieza. El contenido 9 minutos y medio creo que lo justifican por sí mismos, pero hay algo más transcendental en ella de lo que se aprecia a simple vista. Es un punto de inflexión. Hay tanto de lo que estaría por llegar y, al mismo tiempo, tanto de lo que les precedió, que casi marca una perfecta transición. El metal extremo ya no podía volver a ser lo mismo.

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2. Sunbather (2013)

He debatido conmigo mismo muchas veces si colocar este en el tercer puesto o en el que ocupa actualmente. Quizá por importancia el debate debería ser si ser el segundo o el primero, pero volviendo a él 7 años después (he vuelto muchas veces a lo largo de los años, pero me entendéis) veo las mismas virtudes y defectos que encontré en su momento. Como encapsulación de una década resulta casi infalible, como disco en sí mismo resulta más complicado.

Pero quizá su imperfección, un concepto tan inequívocamente pop, es precisamente lo que lo hace interesante para recuperar incluso aunque, como he dicho, el sentimiento que transmite se ha mantenido estoico estos 7 años. Los interludios sonaban espectacular en su cabeza, pero la realidad es otra. Incluso en sus puntos más celebrados (‘Dream House’ por ejemplo) hay cierta irregularidad que hace complicado enarmonarse del todo. Pero en los momentos que brilla, Sunbather toca el cielo, y por eso terminamos volviendo.

Mejor canción: ‘Vertigo’. Hay algo en ella que siempre me atrae, y no siempre termino de identificarlo. Con todo lo que he mencionado de la imperfección del disco, ‘Vertigo’ casi lo contradice porque resulta inapelable incluso con sus casi 15 minutos de duración. Tiene todas las ideas, toda la ambición, y hacen que todo hile de una manera que aparenta perfección y se siente como tal.

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1. New Bermuda (2015)

Quizá como respuesta a los haters que consideraban que estaban reblandeciendo el metal, quizá como réplica a los críticos de fuera del metal que los veían como unos profetas que habían roto lo establecido para el género y marcarían una senda para el mismo donde toda una nueva generación de oyentes iba a poder encontrar su lugar. El caso es que Deafheaven decidieron extremarlo todo, citando a los primeros Metallica y a Red House Painters por igual.

El resultado es un disco tan polarizado como increíblemente fluido transitando entre sus extremos. La parte más melódica sonaba más pulida y más celestial que nunca, con momentos que elevan el ritmo de latidos del corazón. La parte metal tenía los colmillos más afilados que nunca, con unos riffs absolutamente demoledores de los que no puedes desentenderte o escapar.

Pero quizá lo más fascinante de New Bermuda es precisamente lo absolutamente intachables que son sus canciones. Todas y cada una, imperfectas pero también perfectas, gemas pop que te destrozan como si te mordiera un lobo. Todo parece acompañar y remar a favor para una banda que transmite más estado de gracia que nunca.

Mejor canción: ‘Baby Blue’. Se puede hacer un buen caso a favor por casi cualquiera de las cinco. ‘Baby Blue’ creo que representa mejor que nada que me encanta tanto de este disco. Desde ese inicio instrumental tan delicado que parece que se vaya a romper si lo soplas, esa transición finísima hacia la oscuridad, y luego la parte con más músculo donde te noquean por completo. Hasta la voz de George Clarke, tan criticada por casi todo el mundo, parece más en su lugar que nunca. Si hasta se atreven con solos de guitarra que destilan puro espíritu heavy ochentero. ¡Y los clavan!

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kindgott
5 months ago

Que poco hamor por Ordinary Corrupt Human Love. Yo le hubiera cambiado el puesto a Sunbather, me parece el más flojo de todos. OCHL tiene unas melodías que ya quisieran bandas eminentemente melódicas, ya no hablo de bandas metaleras sino incluso pop-rock.
De acuerdo con New Bermuda, es lo mejor que han hecho (y ojalá vuelvan a sacar un disco con esta mala ostia).