Uno de los factores que ha hecho tan controvertida la carrera en solitario de Steven Wilson es la percepción de que esta es casi causante directa de que Porcupine Tree ahora mismo no existan. Y es discutible, claro, pero muestra hasta que punto la banda inglesa se volvió una imprescindible de la escena progresiva de este siglo. Con Wilson a la cabeza, ofrecieron una óptica distinguible y fresca a un género que a veces tiene dificultades para aceptar según que intransigencias. Sin embargo, las suyas fueron bien recibidas. Vemos por qué repasando sus discos, de peor a mejor.

10. On the Sunday of Life… (1992)

Una recopilación de los primeros temas grabados por Wilson en cassette, aglutinados en un disco que, a efectos prácticos, sigue contando como álbum debut. Hay mucho de los primeros Pink Floyd, los de Syd Barrett, en este psicotrópico y difuso trabajo, y algunos pequeños esbozos de cómo entendía Wilson el género progresivo. Hay momentos claramente destacados donde se apreciaba todo el potencial, como ‘Radioactive Toy‘, pero en general hay cierta dispersión que lo hace un disco menos apetecible de escuchar de lo que debería.

9. Up the Downstair (1993)

En su siguiente disco Wilson sigue siendo la casi única fuente creativa del proyecto, pero esta vez pasó de embelesarse en sus referencias a intentar llevarlas hacia una dirección más propia y personal. Se empieza a apreciar esos destellos más pop que caracterizan su composición, aunque no renuncia del todo a las estructuras mastodónticas que hereda de Pink Floyd, con temas de duración más extensas en contra posición a otras más breves. Sigue habiendo una interesante psicodelia espacial y muchas capas atmosféricas ahora mejor articuladas.

8. The Incident (2009)

Miedo a la normalidad. El mayor problema que se puede extraer de el último trabajo hasta la fecha es que parece un disco muy «normal» de Porcupine Tree. Sí, hablamos de un disco doble donde un CD lo ocupa una canción de 55 minutos y el otro es casi un EP de 20 minutos, pero la sensación que sigue transmitiendo es cierta normalidad, ciertos estándares a cumplir. A su favor se puede decir que completa el check-list muy eficazmente, haciendo bien esas cosas que esperamos del grupo, el sonido bien perfilado, ciertos ganchos aquí y allí. Aunque es cierto modo es inevitable pensar que Wilson probablemente vio aquí que el grupo ya ha dado todo lo que podía dar y se decidió a centrarse en su carrera en solitario.

7. Lightbulb Sun (2000)

Al mismo tiempo, Lightbulb Sun se siente como un avance en la dirección más personal y accesible de Wilson como compositor y también como una reacción a la renuncia en la abstracción sonora que realizaron en Stupid Dream. Por eso hay dos mitades tan claramente diferenciadas en lo sonoro, aunque emocionalmente parecen tocar la misma nota, buscando la cristalización de un progresivo «bonito». Quizá sus picos y sus valles sean más pronunciados que en otros trabajos que le rodean, pero es un trabajo muy estimable y confortable.

6. Fear of a Blank Planet (2007)

Es complicado abordar un disco como este, que genera tanto indiferencia como pasión desmedida por los fans, que muchos colocarían como su favorito. La realidad es que estamos ante un trabajo bastante continuista en lo sonoro para el grupo, recogiendo ese aire estar pie dentro y pie fuera del metal progresivo de sus inmediatos predecesores, aunque también vemos cierta ambición de recuperar estructuras más complejas y expandidas. La realidad está un poco entre medias, quizá parezca simplemente un disco de Porcupine Tree, pero es un fabuloso disco de Porcupine Tree.

5. Signify (1996)

Con el grupo más o menos establecido (aunque con reservas, Colin Edwin asegura que Wilson pasó de las demos con sus líneas de bajo y grababa él mismo algunas piezas), Porcupine Tree pasaron a dar el siguiente paso en su evolución. Ya se empieza a vislumbrar la apertura hacia sonidos más pop, hacia un Billycorganismo bien entendido e irónicamente menos cargante, aunque aquí todavía sigue sonando de forma tenue, más apreciable en una canciones de duración más estándar y estructuras convencionales.

Si acaso, en ocasiones parece que Signify busca ser más irreverentemente psicodélico, a ratos exhibiendo un pulso motorik que lo mete en terrenos de krautrock. Hasta cierto punto, es una interesante y desafiante rareza en su carrera, más que fundamental para convertirlos en el grupo que ahora entendemos que son. Y eso lo hace más interesante con el paso del tiempo.

4. Stupid Dream (1999)

Basta escuchar un tema tan puramente single como ‘Piano Lessons‘ para darse cuenta de que estábamos ante otra clase de grupo con los Porcupine Tree de 1999. En uno de los singles más claros de su carrera, Wilson había renunciado a la abstracción espacial y se lanzó de lleno a una composición más pop en cuanto a estructura, sin renunciar a las raíces del sonido progresivo.

Es, también, parte del motivo por el que la carrera de Wilson ha terminado siendo tan accesible hasta para gente con alergia al progresivo. Stupid Dream es su primer disco decididamente de canciones, con una composición más tradicional pero marcadamente única, donde ya no le preocupaba tanto que se notase su pasión por los sonidos noventeros y por estructuras más conservadoras. Es, realmente, una joya singular en su carrera, incluso aún siendo probablemente el disco clave en su evolución.

3. Deadwing (2005)

Si tenemos que hablar de canciones, probablemente Deadwing sea uno de sus discos definitivos en ese aspecto, con cada una de ellas ofreciendo algo distinguible y compuestas de nuevo con un gancho pop impecable. Y eso que su origen en parte vino del intento de Wilson de escribir un guion cinematográfico que no fructificó, pero si ha dado pie a uno de sus discos probablemente más discutidos.

Probablemente las similitudes sonoras con su predecesor le hagan parecer un hermano pequeño menos destacable. Pero, de nuevo, su virtud reside en una serie de canciones tan bien perfiladas como bien ideadas para el conjunto. El grupo funciona tanto cuando quieren sonar más pesado (‘Open Car‘), cuando quieren sacar el single de metal progresivo definitivo (‘Shallow‘), cuando quieren tocar el cielo con ambas manos en cuanto a exquisitez (‘Arriving Somewhere But Not Here‘) o cuando quiere ser un cruce de Tool y Billy Corgan (‘Halo‘). Pero nada como ‘Lazarus‘. Ese es El Tema.

2. The Sky Moves Sideways (1995)

El salto a lo grande para Porcupine Tree en muchos aspectos. Primero, fue el disco donde Wilson pasó a integrar a más músicos y que esto ya no fuera su proyecto en solitario, aunque luego él compusiera toda la música. Fue también el disco con el que empezaron a vender internacionalmente, especialmente en Estados Unidos. Aún no eran Porcupine Tree como los entendemos, ya que Wilson ya había empezado el disco por su cuenta y persisten las influencias psicodélicas y setenteras, pero ya se empieza a vislumbrar el camino a seguir.

De hecho, y por volver a caer en la referencia principal de  Pink Floyd, casi se puede hablar aquí de su Wish You Were Here particular, con esa ambiciosa estructura con una gran canción dividida en dos partes al comienzo y final del álbum, y unas piezas centrales de maravillosa factura que conforman su primera obra maestra. Aunque aún estaba en el proceso de encontrarse a sí mismo, ya mostraba que estaba en otra esfera como músico progresivo. La esfera de los grandes.

1. In Absentia (2003)

Elegir entre esta última cuadrilogía de discos es complicado, porque según la tarde en la que te los pongas te pueden parecer su obra definitiva y todas a su forma son obras maestras. Pero aquí hemos venido a establecer un canon del grupo (LOL), así que vamos con In Absentia para el ganador. Porque este es el disco que más se percibe como obra total del grupo y de Wilson en particular, ese trabajo perfectamente armado de principio a fin y que condensa perfectamente las virtudes de su estilo.

Entra en el grupo Gavin Harrison como batería, que casi al instante ofrece un dinamismo y una energía que no tenían antes y les vuelven más robustos pero también más deliciosamente finos. Wilson sigue progresando en su forma de hilar sonidos y ambiciones progresivas con su particular sensibilidad pop, pero además abre espacio para unas guitarras más pesadas, prácticamente metal, que lleva al grupo al siguiente nivel. Y aunque es un disco que se siente perfectamente orgánico de principio a final, también es uno de sus más completos en cuanto a canciones, cada una llena de pasadizos y de ganchos en los que quedarte atrapado a gusto. Es obra total a todas luces.

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