Con tantas paridas y Kanyeismo extremo, se nos olvida que Kanye West llego a nuestras vidas como rapero y las conquistó precisamente como eso. Y no debería sorprender, porque no han sido los momentos donde ha tocado el cielo con ambas manos con sus canciones. Valga este repaso para recordarnos por qué nos empezó a gustar este loco en un primer momento.

The College Dropout (2004): ‘Spaceship’

El single que al final no pudo ser, aunque quizá pocos expliquen tan bien el torrente de aire fresco que supuso la llegada de The College Dropout. Con un pie en la vieja escuela y con otro andando hacia el futuro. Y también una muestra de que Kanye ya estaba con la mente fuera de este planeta mucho antes de todo lo que pasa ahora.

Late Registration (2005): ‘Gold Digger’

Esto es por lo que me pagan un pastón. Es por líneas como esa que separan lo bueno de lo genial.

‘Gold Digger’ plasma magníficamente la habilidad de Kanye para narrar una historia con sus versos, con giros y todo, y para jugar por completo con las expectativas del que escucha. Una canción llamada ‘Gold Digger’ no debería funcionar tan bien 15 años después, pero aquí estamos. También estamos ante otra muestra del Kanye que cuida todos los aspectos de su producción, como se ve al traer a Jamie Foxx para que cante unos versos de Ray Charles.

Graduation (2007): ‘Flashing Lights’

Todo lo que exuda Kanye en esta canción es pura clase, con una perfecta combinación de r&b, hip hop contundente, disco de brilli brilli y exquisitez pop. Ahora mismo hay pocos ejemplos mejores de lo que compone una canción de Kanye West.

808s & Heartbreak (2008): ‘Amazing’

Existe la posibilidad de que 808s & Heartbreak sea su disco más infravalorado. E injustamente debo añadir, ya que el tiempo le ha sentado bien y el cancionero es de lo más sólido. No es fácil decantarse sólo por ‘Amazing’, pero habla bien de la magnificencia de la canción.

My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010): ‘Runaway’

Como pasa en el anterior, la tarea de escoger sólo una es altamente complicada (a veces me meto yo sólo en unos jardines que pa qué). Cómo quedarse sólo con una entre joyas como ‘POWER’, ‘All Of The Lights’, ‘Monster’, ‘Hell of a Life’ o esta ‘Runaway’. Pero al final del día sabemos que esta es la plenitud del Kanyeismo, así que alcemos las copas por ella.

Watch the Throne (2011): ‘Ni**as in Paris’

Un disco colaborativo de Kanye con Jay-Z debería haber dado para mucho más de lo que al final fue. Al menos nos queda ‘Ni**as in Paris’, que nadie puede cuestionar su entidad y su energía.

Yeezus (2013): ‘Black Skinhead’

Aunque esta sea de las que más corran el riesgo de ser ultrasobadas y quemadas por el uso, algo tiene que conforme empieza a sonar el beat ya estás contagiado por su energía y ya no puedes parar de botar. El Kanye más visceral y urgente, y el más irresistiblemente pegadizo.

The Life of Pablo (2016): ‘No More Parties in L.A.’

Qué raro acabó siendo The Life of Pablo, cuando parecía que todo iba a ir como la seda tras escuchar ‘No More Parties in L.A.’. Traer a Kendrick Lamar en el momento correcto, justo en pleno apogeo, y producir este fabuloso intercambio sobre una de sus producciones más finas hasta la fecha, es un triunfo absoluto.

Ye (2018): ‘Yikes’

Hablando de discos raros, que raro sigue siendo lo que hizo con Ye. El plan de 5 discos de 20 minutos es la definición de “En su cabeza sonaba fenomenal”, a pesar de que no estaba mal sobre el papel. Al final sólo salió reforzado Pusha T, pero incluso en un punto bajo como este Yeezus es capaz todavía de estremecernos, como muestra ‘Yikes’.

Kids See Ghosts (2018): ‘Feel The Love’

Bueno, corrijo, no sólo Pusha T fue lo mejor de aquel experimento. El disco de Kids See Ghosts con Kid Cudi fue una maravilla plagada de creatividad, libertad y exhuberante grandeza. El tiempo no ha hecho si hacerlo aún más increíble, y al final del día debería recordarse como uno de sus mejores trabajos. Ya tan solo lo merece por ‘Feel The Love’.

 Jesus Is King (2019): ‘Use This Gospel’

Ah, Jesus Is King. Menudas semanas nos dio con aquello. Y la cosa salió regular. Tiene lo suyo que el clavo ardiendo al que agarrarse sea uno donde te cuela un solo de saxo de Kenny G, pero en ningún otro punto del disco consigue ese himno moderno de misa que parecía buscar.