Nueve años después de que dijeran adiós, les seguimos echando de menos. Es más, en esta década, y por mucho que le pese a Lenore, hemos visto cómo sus canciones y sus discos seguían creciendo. Sonic Youth tienen un legado inmenso, con discos en los que apenas hemos empezado a descubrir cosas y otros que nos sabemos de memoria y, aún así, nunca dejan de darnos algún requiebro nuevo.

Así que hoy elegimos la mejor canción de cada uno de los discos de Sonic Youth, a medias entre Ferraia y yo mismo.

Sonic Youth (1982)

Lo podrás llamar EP, pero para ellos es su discos de debut, así que toca hacerles caso. Es aún un grupo a medio hacer, pero ya con ideas clarísimas de cómo hacer algo parecido a música. Los cinco minutos de ‘I Dreamed I Dream’ son su mejor carta de presentación, llevando el post-punk a un terreno onírico, cercano al krautrock, pero ahostiando a cada género que se encuentran.

Confusion is Sex (1983)

De los Sonic Youth más cercanos a la no-wave el rescate de canciones es casi una lucha contra su necesidad para destruirlas. No, nada es amable ni fácil en ‘Confusion Is Sex’. Por eso es tan relevante y llamativa ‘Freezer Burn / I Wanna Be Your Dog’, en la que una pieza impenetrable, tensa y malencarada acaba convertida en versión a martillazos del clásico de The Stooges.

Bad Moon Rising (1985)

Satan es aburrido, titulaban en un disco de ambientación terrorífica en el que empezaban a comportarse como un grupo interesado por sus canciones, y no sólo por sus temas. ‘Brave Men Run (In My Family)’ recoge el guante de la Intro para atacar, con noise-rock de afinaciones imposibles y una Kim que ya viene con fuerza vocal, el manual de estilo de Sonic Youth.

La canción que copiaron todos los grupos malos que quisieron ser Sonic Youth entre el 89 y el 94.

EVOL (1986)

Podría estar ‘Starpower’, que es casi-pop, pero de ‘Shadow of a Doubt’ nos apasiona lo fantasmagórico, espectral, de su rock de guitarras. Frente a lo que se suele pensar de los primeros discos de Sonic Youth, no hay nada en ella que sea difícil, inaudible, sino todo lo contrario: ‘Shadow of a Doubt’ es puro misterio adictivo.

Sister (1987)

Cero dudas aquí. ‘Schizophrenia’ es la mejor apertura de disco de toda la discografía de Sonic Youth (sí, de toda) y Sister es un disco arrebatador, cinco estrellas sobre cinco, que coge carrerilla precisamente desde la base post-punk-pero-amable y el noise (más -pop que -rock) con el que se abre.

His sister came over
She was out of her mind
She said Jesus had a twin
who knew nothing about sin
and she was laughing like crazy
At the trouble I’m in

El puente sin palabras, instrumental, que se te engancha como chicle, el crescendo guitarrero del que luego saldrán tantos discos de post-rock de furia y calma.

Daydream Nation (1988)

Dice Ferraia que “‘Teenage Riot’, JODER” y para qué vamos a ponerle pegas. Hablamos de uno de los himnos eternos del Noise, quizás el momento en que Sonic Youth más cerca estuvieron de tener un hit entre sus manos. Es una culminación de todo lo anterior: todo lo que le cuesta empezar a la canción en esa larga intro de Spirit Desiré y cómo arranca y se desarrolla después en forma de himno generacional.

PERO… yo me quedo con ‘Candle’, que es exactamente lo mismo con una intro aún mejor, los fraseos de Thurston son más chulescos ( “I’m the cocker on the rock / Humming bash starts shining in your / Electric Clock’), la electricidad a chorro viene y va con igual soltura y es más cortita y al pie.

Tonight’s the night, candle.

Goo (1990)

Otra discusión interna en Hipersónica: Ferraia se queda hoy con ‘Dirty Boots’, donde las guitarras engarzadas del grupo, la brutal entrada del bajo y el ritmo se te meten por cada uno de los poros de tu piel. Es su momento más pop hasta en la entonación, en la manera de cantarla.

Pero madre mía ‘Kool Thing’, qué puta pasada de guitarras y vaya sopapo en la cara de Kim Gordon, cómo se merienda a Chuck D. Fear of Within Our Planet

I don’t wanna, I don’t think so.

Es, a día de hoy, mi disco favorito del grupo. Kool, Kool, Kool.

Dirty (1992)

De nuevo divergencia de opiniones. Ferraia escoge ‘Chappel Hill’, el homenaje a la ciudad de origen de Superchunk y compañía y el sonido más dulzón y pleno de emoción que jamás haya salido de un disco de Sonic Youth. No vamos a negar que es la puta hostia y que, como elección para salirse por la tangente, es fantástica.

Pero, colega, en el disco poppie del grupo, en el disco que tiene las imparables guitarras de ‘100%’; en el disco de los nombres susurrados de modelos de ‘Swinsuit Issue’; en el de la alucinante ‘Youth Against Fascism’; en el que hace palidecer de envidia al mejor Billy Corgan en ‘Wish Fulfillment’; yo me quedo con ’Sugar Kane’, la canción con la que jamás volverán a decirte que Sonic Youth son un grupo imposible de escuchar.

También por cómo la cortan, cayendo a plomo.

Experimental Jet Set Trash and No Star (1994)

Bull In The Heather’, claramente. Experimental Jet Set Trash and No Star se te puede indigestar si vienes de los gloriosos cuatro discos anteriores. Pero ‘Bull In The Heather’ es especial no sólo por lo buenísima que es, sino por cómo suena cada cosa que aparece en la canción: hay guitarras que parece que estén enchufándolas y desenchufándolas a la vez que siguen tocándolas, las maracas son fantásticas, el aire de todo es espectral. Vaya portento.

Washing Machine (1995)

Ferraia intenta salirse por la tangente con ‘Becuz’, Sonic Youth dejando de ser poppies sin dejar de serlo del todo. Pero seamos sinceros: no hay nada comparable en este disco a ‘The Diamond Sea’, unos Sonic Youth a medio camino entre el shoegaze planeador, el space-rock, el folk y el grupo de baladones que va luego y te clava sus trece minutos de hacer pedazos su propia música.

El tiempo te cobrará su peaje, sí.

A Thousand Leaves (1998)

Sunday’ es su retorno a Dirty en uno de sus discos más inescrutables de su producción “no experimental” (sí, no vamos a meternos hoy a revisar sus infinitas producciones en paralelo, lanzadas con su propio sello). Es un clásico inmediato de su producción, aunque hoy mismo estaba dudando si dejarlo a un lado y darle entrada a la alucinada ‘Karen Koltrane’, su canción más amenazadora en años.

NYC Ghost & Flowers (2000)

Sólo dura 43 minutos, pero es uno de los discos que más se me atragantan de toda su producción. No precisamente por cómo empieza: entre ‘Free City Rhymes’, que es la que voy a elegir por sus disonancias space-rock que acaban tomando forma en una melodía inesperada (muy Planetas esto), y ‘Nevermind’ hay un disco mucho mejor que lo que viene después.

Quizás fuese el robo de sus guitarras y pedales, tan importantes para ellos, tan irremplazables, lo que hizo sonar este disco tan poco conjuntado.

Murray Street (2002)

Murray Street es todo lo contrario de NYC Ghost & Flowers: hay inspiración y concreción en lo que Sonic Youth quieren conseguir durante todo lo que dura el disco. Pero es ‘Disconnection Notice’ la canción con la que hoy me quedo: una que muestra a unos Sonic Youth otoñales, melancólicos, casi emparentados con los Yo La Tengo de And Then Nothing…

Sonic Nurse (2004)

Sonic Nurse es disco más débil de la década de los 2000, uno en el que parecen volver a estancarse en canciones menos sorprendentes, en patrones reconocibles (‘Pattern Recognition’; título muy acertado) y en la sensación general de que no está mal, pero tampoco te puede conquistar con nada que no supieras.

La canción, sin duda, es ‘Unmade Bed’, menos de cuatro minutos con una base fabulosa y unas guitarras cristalinas, justo la única manera en la que puedes pensar que Sonic Youth sonarían si se dedicasen a lo Adult Oriented.

Rather Ripped (2006)

Se va Jim O’Rourke tras dos discos como miembro oficial y Rather Ripped acaba con los aire melancólicos. Y, justo cuando nadie lo esperaba, resucita a los Sonic Youth pop.

Es entonces cuando nos damos cuenta, en pleno 2006, que en realidad nunca habían sonado tan pop como aquí, que lo que pensábamos en Goo o en Dirty que lo era, en realidad no: ‘Incinerate’ es su manera de demostrar, 20 y pico años después, que hay muchas sorpresas aún ocultas.

The Eternal (2009)

The Eternal no sólo fue uno de los mejores discos de 2009, sino que no pudimos tener mejor despedida para un grupo como Sonic Youth. ‘Sacred Trickster’ los vuelve a enseñar revitalizados, sin bajar la guardia, y canciones como ‘Antenna’ abren la puerta a nuevos misterios. Pero es ‘Anti-Orgasm’ la estelar del disco: Sonic Youth más rock’n’roll que nunca, casi garageros.