Vuelven The Flaming Lips, uno de nuestros grupos de cabecera. American Head es disco mayor, pero incluso en los peores de su carrera nos hemos encontrado siempre razones para confiar en su olfato especial para captar ideas paradas en el eter (o en la sangría) y aterrizarlas en un mundo para el que quizás no estaban preparadas.

No se espera a nadie: éstas son las mejores canciones de The Flaming Lips, a una por disco.

Hear It Is: Jesus Shootin’ Heroin

No es difícil de elegir. ‘Jesus Shootin’ Heroin‘ tiene justo la cantidad de imágenes locas que luego les harán muy famosos y ha aguantado bien el punto de «la canción primeriza que merece la pena entrar en todos los recopilatorios» en un disco que, a día de hoy, es terrible… y en aquel momento también.

Oh My Gawd!: The Ceilin’ is Bendin’

Oh My Gawd es mejor que el debut y que el tercer disco, pero aún así se hace pesado. Sin embargo, encaja perfectamente con la idea de un grupo enamorado hasta el tuétano de la psicodelia y pasándola por el filtro de haber escuchado todo el punk (y a los Butthole Surfers). ‘The Ceilin’ is Bendin», con sus volúmenes que suben y bajan, sus voces pitufadas, sus oleajes de electricidad, su clara raíz pop, es muy, muy notable.

Telepathic Surgery: Chrome Plated Suicide

Telepathic Surgery les quedó regular. The Flaming Lips apostaron por un sonido más hard-rock, con un aspecto rotundo, una batería y una voz poderosas… Es un disco interesante de psicodelia punk, para el que tienes que ir con una cosa muy clara: nunca hicieron nada parecido y nunca lo harán. Es, casi, un disco grunge… pero los casi seis minutos de ‘Chrome Plated Suicide’ sí que sirven de llave para encajar en la cerradura del grupo que un día serán.

In a Priest Driven Ambulance: Shine On Sweet Jesus

Uno de los favoritos de muchos fans de The Flaming Lips de los 90, algo así como el ‘la maqueta era mejor’ del grupo que en esa década posterior se haría gigante. Con la colaboración de Jonathan Donahue cuando aún tocaba como un puto pirado, es una obra de noise-pop muy, muy buena con una apertura, esa extática y alucinada ‘Shine On Sweet Jesus’ que suena como tomarte un chicle de ácido en tu primera comunión. El juego de voz atiplada y voz grave es GENIAL.

Hit To Death In The Future Head: Frogs

Podríamos haber escogido el pop retorcidísimo de ‘Hit Me Like You Did The First Time’ o la estupendísima alucinación noise que es ‘Halloween on the Barbary Coast’, pero en un disco TAN bueno como ‘Hit To Death In The Future Head’ habita el puente real entre Flamings Lips y Mercury Rev, una bola noise-pop que hubiese enamorado a los primeros El Niño Gusano (y puede que lo hiciera).

Transmissions from The Satellite Heart: Superhumans

Ya plenamente incorporados a Warner, Transmissions suena lujoso, con la primera producción que trata todo lo que hay en las cabezas de Coyne, Drozd e Ivins con la idea de replicarlo, no de «hagamos lo que podamos». Y esa misma idea es la que hace de canciones como ‘She Don’t Use Jelly’ una mano ganadora. Pero por mucho que ella fuese la responsable de que sonasen en todo el mundo como BSO de Sensación de Vivir… hay tantas donde elegir en Transmissions que me voy a quedar con ‘Superhumans’. Por su inicio de épica noisepop, su parón nada más empezar, la batería perfecta mientras Wayne entona el segundo Once in a While, los pararapapás en tercer plano, ¡las campanas! Porque es una pasada de canción con la que siempre acabo cantando, voz en grito, allá donde la oiga, vamos.

Clouds Taste Metallic: Christmas at The Zoo

Según el día, me parece mejor Clouds que Transmissions. Según el día, no. Pero ambos consiguen reflejar el perfecto grupo de pop que fueron The Flaming Lips antes de irse a terrenos de pop progresivo, que es lo que ocurrirá a partir de aquí.

Por eso me gusta tanto Christmas at The Zoo: porque todas las locuras que vendrían después se nos enseñaron por primera vez en medio de un disco que iba de otra cosa. Ese bajo que suena como los Beach Boys post-Pet Sounds, chocando contra la muralla de sonida que tan bien construía ya Dave Fridmann.

Y, además, los animales no le hicieron caso a Wayne, en una de las fábulas más tristes del pop USA. Una canción eufórica que siempre me deja tocadísimo y en la que siempre descubres cosas nuevas.

Zaireeka: Riding To Work In the Year 2020

¿Se puede elegir la mejor canción de un disco que a) nunca va a sonar igual y b) en realidad nunca vas a poder escuchar del todo? E, incluso, añado una c: era lo mismo una performance de vanguardia y un chiste privado hecho realidad.

Se puede si acudes a las mezclas hechas por internet: ahí relucen todas, pero ‘Riding To Work In The Year 2020’ especialmente: Flaming Lips ardiendo alucinados por Pink Floyd, a los que, ya lo sabemos, aman. Se publicó un año antes que Deserter’s Songs, de Mercury Rev, pero suena justo a eso:

The Soft Bulletin: Feeling Yourself Disintegrate

Las pocas críticas tibias que tuvo The Soft Bulletin acusaban al disco de estar más centrado en el sonido que en las canciones. Parece un poco absurdo cuando hay tantas que podrían entrar aquí, pero que justamente elija Feeling Yourself Disintegrate da la razón a una de esas objeciones: que el sonido de aquel disco es de una artesanía difícil de replicar. La mezcla de los sonidos vocales que sirven de base al tema es alucinante; la manera en que se diluyen entre guitarras acuosas, voces melancólicas, campanas y tintineos… irrepetible.

Y luego está la letra: sentir lo frágil que es todo, la importancia del amor para perdurar, la aceptación de que la muerte… bueno… no está tan mal si has aceptado la parte mala de la vida (que no, no es ella). Vaya obra de arte.

YoshimI Battles The Pink Robots: Do You Realize?

Me jode mucho deja fuera a ‘Fight Test’, una canción fascinante de psicodelia digital, a la que creo, al menos, a la altura de la elegida. También ‘Are You A Hypnotist?’, quizás la balada más bonita, sin más adjetivos, de la carrera de los de Oklahoma.

Pero, claro, es imposible obviar la cumbre que hollaron The Flaming Lips en un himno que, sí, es existencialista, pero por encima de todo desborda humanismo optimista. Quizás la letra más bella de toda la carrera del grupo y una canción perfecta, con la que nunca dejar de sonreír o llorar. Como legado, oh, soñar con hacer algo así.

At War With The Mystics: The Yeah Yeah Yeah Song

At War with The Mystics fue un disco para discrepar, quizás el primero en casi una década con The Flaming Lips. Pero ‘The Yeah Yeah Song’, la canción que abría el disco, era otra cosa: un soberbio caramelo pop con sorpresa. Bajo la apariencia de una intrascendente pero contagiosa melodía, Wayne Coyne nos volvía a colar otro gol: ¿Qué hubiéramos hecho nosotros si tuviésemos todo el poder en cualquier situación random? ¿Qué haríamos si fuésemos parte de esas personas con suficiente capacidad de decisión para cambiar el mundo?

Cómo canta Coyne:

“Si pudieses volar el mundo por los aires con sólo pulsar el interruptor, ¿lo harías? / Si pudieses hacerte rico a costa de volver a todo el mundo pobre, ¿Lo harías? / Si pudieses contemplar cómo todo el mundo trabaja mientras tú estás tirado en el sofa, ¿lo harías? / Si pudieses tener todo el amor del mundo sin dar nada a cambio, ¿lo harías?

The Yeah Yeah Song desarma porque la conclusión final es… que no puedes responder aún a esa pregunta. Crees que sí, pero no te conoces lo suficientemente bien. Segun Wayne Coyne, «ésta es una de esas canciones que señala a la mezquindad de los que tienen el poder pero también nuestra propia responsabilidad: ¿qué harías tú? El poder en manos de la inexperiencia (que es lo que seríamos nosotros) es muy peligroso…”. ¿A que a esta conclusión no es tan fácil sumarse como a la de las dos canciones anteriores?

Embryonic: I Can Be A Frog

Tengo la terrible sensación de que Embryonic se escuchó poco en su momento, quizás por la pereza que nos dan algunos grupos cuando ya llevan tiempo con nosotros, y que tampoco es una obra a la que se acuda habitualmente. Por ejemplo, está muy poco citada: ni entre las cumbres del grupo ni entre las discutibles. Y podría estarlo en ambas, aunque yo tenga claro que es cumbre.

Es uno de los pocos discos de Flaming Lips donde las canciones se imponen a la idea general. No hay un hilo conductor: hay una colección cambiante de música psicodélica. Y hay muchas canciones muy buenas (buah, los gritos alucinados de ‘Silver Trembling Hands’), pero qué delicia es verles afrontar una miniatura como ‘I can be a frog’, una canción que siempre te pone de buen humor y que no puedes contemplarla mucho tiempo seguido por miedo a que se rompa. Ellos, tantas veces acusados de no saber cuándo parar, de no controlar esa megalomanía chistosa que les hace filmar películas de ciencia ficción o infinitos discos de versiones grabados con amigos, demostrando lo frágiles que pueden ser.

The Terror: Look… The sun is rising

The Terror es, directamente, el disco más incomprendido de la carrera de The Flaming Lips, una obra mayor de la que muchos se asustaron… porque justamente eso era lo que pretendía. Un salto, otra vez, a sonidos digitales, con un inicio que es alarmante, desasosegante y arrollador. Mira, el cielo está saliendo, el amor es algo que siempre deberías temer, cuando escuchas… el miedo es todo lo que puedes oír.

Oczy Mlody: We a Famly

Sí, ‘Sunrise’ es la canción que debería hacerte tilín en un álbum tan complicado como Oczy Mlody. Pero la mejor de todas las que incluye es la que cantan junto a una Miley Cyrus que jamas había sonado tan en ácido. ‘We a Famly’ es lo que pasa cuando The Flaming Lips quieren hacer un himno a la intimidad que puedes compartir con sólo un pequeño puñado de personas. Una canción asaeteada por maquinaria industrial mientras, en primer plano, pasan las cosas más dulces del mundo. Qué bonito cuando Miley canta eso de «Oh, and I just can’t imagine / Life without you ever happen now«. La vida sin ti, eso que, intelectualmente, no puedo ni concebir.

King’s Mouth: All For The Life In The City

King’s Mouth es un cuento musicado. Y salió bien, muy bien. Hay tantas canciones estupendas en él como momentos en los que la cabeza te explota y te hace preguntarle «¿de qué estamos hablando ahora, Wayne?». Hay muchas opciones para entrar: la dulcísima ‘How can a Head?’ o la curiosísima y, en última instancia, triunfadora desde la suave melancolía de ‘The Sparrow’. Pero mi favorita es ‘All For The Life In The City’, el momento en el que el rey se sacrifica, la ciudad a la que va a salvar se despide de él mientras camina hacia su adiós y el coro trágico-pero-agudo remarca: «todo por la vida de la ciudad». Y todo con un ritmo que nunca, nunca, quiere ser triste: no podría, nos hemos salvado.

American Head: Mother, Please Don’t Be Sad

En un disco lleno de canciones que te ponen blandito y que apuestan por el lado más emotivo del grupo como es American Head (2020), hay varios momentos escalofriantes, pero casi ninguno tan intenso como ‘Mother, Please Don’t Be Sad’. A Wayne Coyne le robaron a punta de pistola cuando trabajaba como dependiente en los 80, antes de poder dedicarse a la música: aquí imagina cómo se despediría de su madre si aquel incidente hubiese acabado con él muerto. Y, como antes en ‘Feeling Yourself Disintegrate’, hay en esta canción un hondo conocimiento del ser humano, de la pérdida, a quién echamos la culpa, de quién nos olvidamos:

So mother, please don’t be sad
It’s only me that’s died tonight
There’s so much you still have
Remember all the others
That are still alive
Their love will help you
And so would I
Remember to let the dogs outside
‘Cause I won’t be there tonight
Mother, please don’t be sad

En un mes lo empezaremos a saber.

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