Las 101 mejores canciones de rock de los años 70

Lou Reed, David Bowie, Iggy Pop

Decíamos ayer que en Hipersónica nos habíamos propuesto elegir las mejores canciones de rock de la historia década a década y la cosa iba en serio. Después de haber repasado los 50 y los 60, vamos a hablar de los 70, una década esencial para casi cualquier cosa hecha con guitarras, en la que surgen o se consagran un buen número de nombres que siguen siendo hoy día referencia.

Nombres incontestables, ajustes de cuentas y alguna que otra sorpresa, como no puede ser de otra manera tratándose de nosotros. Insistimos en que estas son nuestras 101 canciones de la década de los ’70, las 101 canciones que mejor reflejan nuestra particular visión de la década y las que han surgido de ese ring de boxeo que es el sacrosanto Excel.

Al final del post tenéis la correspondiente playlist. Vamos al lío.

101. Brian Eno — Baby’s On Fire (1973)

Glam rock que casi no lo parece de puro desvirtuado y retorcido, este corte, incluido en el debut de Eno Here Come the Warm Jets, es particularmente conocido por el estremecedor solo de guitarra de Robert Fripp de casi tres minutos, que lo recorre y disecciona casi de principio a fin. Una historia surrealista de atmósferas malsanas y una especie de extraño humor negro.

100. Caetano Veloso — You Don’t Know Me (1972)

Veloso no era particularmente apreciado por la dictadura militar que gobernó Brasil desde el golpe de Estado de 1964 y tras varios encontronazos con el poder, él y Gilberto Gil fueron encarcelados en 1969 y luego forzados al exilio. Así, Transa se grabó en Londres durante una época particularmente negra para él, aunque el resultado no transmitiera esa oscuridad.

99. Rodriguez — Sugar Man (1970)

La historia de Sixto Rodríguez ya es a estas alturas conocida gracias a un documental discutido y discutible (la vida no tiene planteamiento, nudo y desenlace, amigos, bienvenidos al mundo vida post-caerse de un guindo), pero indudablemente efectivo, inteligente y bien planteado. Pasado el debate Searching for Sugar Man (y con su director fallecido para defenderse), queda lo relevante, el descubrimiento tardío de dos discos llenos de fantásticas canciones como ésta.

98. George Harrison — Apple Scruffs (1970)

Sinatra decía que ‘Something’ era la mejor canción de amor jamás escrita y lo remataba atribuyéndosela a Lennon y McCartney, perfecto ejemplo del ninguneo (hoy felizmente superado) a un autor sobresaliente. En 1970 la cosa estaba todavía complicada y con el gallinero en plena guerra de egos, Harrison lanzó su tercera entrega en solitario para dar salida a maravillas de este calibre. Discutir sobre cómo habría sido Let It Be si hubiesen entrado algunas canciones de All Things Must Pass siempre es divertido.

97. Wire — Lowdown (1977)

“Influyente” suele ser una palabra que usamos para hablar de bandas que no vendieron una escoba pero ahora sabemos que deberían haberlo hecho, de bandas a las que quizá en su momento tú también habrías ignorado pero que ahora escuchas y te permiten sacar un mapa sonoro de al menos otras dos décadas posteriores. Wire son el ejemplo perfecto de lo “influyente”: son constantemente referenciados, pero a ver cuántos pueden citar cinco canciones sin mirar. Y sin embargo… Ah, Pink Flag.

96. Faust — Krautrock (1973)

Siendo esto Hipersónica, ya estaba tardando en salir la primera canción de 12 minutos. Pero es que tenía que entrar más pronto esta monumental suite, perfecto ejemplo de aquel estilo que surgiría en Alemania a finales de los 60 como una especie de respuesta vanguardista y electrónica a la psicodelia británica y americana. La etiqueta fue una invención de la prensa british con un matiz claramente despectivo y Faust, como la mayoría de los que estaban metidos en el ajo, la rechazaban.

95. Wishbone Ash — Time Was (1972)

I’ve got to rearrange my life / I’ve got to rearrange my world / I miss you, I need you. La cosa parece bastante clara y no parece que vaya a transcurrir con demasiadas sorpresas, pero a los tres minutos llega el golpe de timón, y no será el último. Está en Argus, su tercer álbum, declarado mejor disco del año en su momento por Melody Maker y el New Musical Express y el que les pondría en condiciones de ir al asalto del mercado americano.

94. Aphrodite’s Child — The Four Horsemen (1972)

El grupo que unió a Demis Roussos con Vangelis tuvo una vida efímera, pero en apenas cuatro años les dio tiempo de facturar tres álbumes esenciales para entender de qué trataba la música psicodélica y progresiva de comienzos de los 70. Su último trabajo se centraba en adaptar pasajes del libro del Apocalipsis, como este arrollador tema, de ésos que te impiden hacer cualquier otra cosa mientras los escuchas.

93. Derek And The Dominos — Layla (1970)

Venga, que ésta la conocemos todos. Porque forma parte de la cumbre artística de la carrera de Eric Clapton (un brevísimo proyecto con el que despegarse de la sombra de Cream), porque todavía a día de hoy sigue sonando sistemáticamente en las emisoras de rock viejuno (cortando o no la segunda parte, según convenga) o porque era la canción que escuchábamos mientras aparecían los cadáveres justo antes de que a Tommy (ejem) le hicieran de la familia.

92. Cat Stevens — Wild World (1970)

Unos años de convertise en Yusuf Islam y decidir salvar el mundo, Steven Demetre Georgiou creó el que sería su primer gran éxito fuera del Reino Unido, una especie de carta de despedida a Patti D’Arbanville, una actriz y modelo con la que había estado saliendo varios años. Si os gusta más ‘It’s A Sin’ tampoco pasa nada.

91. Comus — Diana (1971)

Único single extraído de los dos discos de su etapa original, su debut First Utterance (un trabajo al que se puede calificar de muchas cosas excepto de convencional) se abría con este corte acid folk y es ahora reivindicado por bandas como Opeth, aunque en su momento las críticas fueran malas y las ventas escasas, lo que provocó una separación temprana. Reunidos desde 2008, incluso lanzaron un álbum con nuevo material hace un par de años.

90. Brainticket — Places of Light (1971)

La cantidad de canciones incluidas en discos de debut que veréis en esta lista puede dar una idea de la efervescencia creativa que se vivía en la época. Cottonwoodhill también fue la primera referencia editada de estos alemanes. Hay que encontrar una buena traducción para la palabra trippy que nos permita describir con propiedad esta canción y el álbum en que se enmarca. Mientras tanto, basta con escucharla y dejarse llevar.

89. Blue Öyster Cult — Don’t Fear The Reaper (1976)

El cuarto disco de los que muchos llaman “los Black Sabbath americanos”, Agents of Fortune, incluía el que sería su mayor éxito en listas (al menos en su versión editada de menos de cuatro minutos), un canto al amor eterno que más de uno ha interpretado a lo largo de los años como una historia de suicidio por aquello de las referencias a Romeo y Juliete. Su riff la hace reconocible desde el primer segundo.

88. New York Dolls — Personality Crisis (1973)

La primera canción del primer disco de los de David Johansen es una desbocada pieza de rythm’n’blues clasicote pasada por un tamiz glam hedonista y un poquito hooligan. Cantada a berrido limpio, es un divertidísimo artefacto fuera de control que al final, como no podía ser de otra forma, acaba estrellándose. Lo de “Personality crisis you got it while it was hot / But now frustration and heartache is what you got” les fue como anillo al dedo.

87. Rory Gallagher — Tattoo’d Lady (1973)

Una historia de artistas ambulantes, de vida en la carretera que parece ser que siempre atrajo a Gallagher y que aprovecha para trazar paralelismos con su propia profesión. Un perfecto tema blues rock publicado en el momento más dulce de su autor, una vez independizado de su banda Taste, en plena expansión de sonidos e influencias y con una producción prolífica, que sin embargo nunca le llevaron a ser una estrella.

86. Moris — Sábado a la noche (1978)

Mauricio “Moris” Birabent, uno de los nombres clave de la historia del rock argentino, firmó aquí quizá su éxito más redondo y urgente, un rock and roll en toda regla de historias costumbristas de juventud, de aquél que aprovecha para desfogarse al máximo después de seis días de duro trabajo. Escrita en Buenos Aires, grabada en Madrid junto a Tequila como banda de acompañamiento e incluida en Fiebre de Vivir .

85. The Groundhogs — Cherry Red (1971)

John Peel había pinchado por fin en la radio una de las canciones de su tercer disco y de repente empezaron a vender miles de copias. Llegó Split, el cuarto, y fue el de su confirmación, el que les habría llevado a ser número 1 alguna semana si el sello hubiese proporcionado a las tiendas las copias suficientes para reemplazar las que se iban agotando. Giraron con los Rolling Stones y desde entonces han lanzado una incontable cantidad de discos (de hecho, siguen en activo).

84. Funkadelic — Maggot Brain (1971)

Otra ración de virtuosismo: una breve introducción a cargo de George Clinton y un solo de guitarra de diez minutos para lucimiento de Eddie Hazel. Y poco más (y poco menos). Porque claro, hace falta muy poco más. Cuentan que todo comenzó cuando Clinton le pidió que tocase como si su madre acabara de morir. De ahí salió todo esto.

83. Amon Düül II — Soap Shop Rock (1970)

Más música accesible, breve y concisa en esta lista. Escisión de la comuna artística de Munich del mismo nombre, publicaron a comienzos de la década Yeti, un doble álbum que es toda una agotadora experiencia, una surrealista montaña rusa que va del krautrock a la psicodelia y el space rock. Para abrocharse el cinturón y dejarse llevar, a ver dónde aparece uno al final.

82. Blondie — One Way or Another (1978)

A veces no está muy claro si realmente nos merecemos a Blondie. A veces parece que sólo los reivindican los cuatro de siempre, que los demás los consideran parte del mobiliario o, peor, los miran con una cierta condescendencia, lejana y poco dispuesta a profundizar mínimamente en su leyenda y su legado. Maldita sea, en serio: ¿os habéis escuchado alguna vez Parallel Lines del tirón? Porque es una barbaridad de tal calibre que a lo mejor no sois muy conscientes. Y deberíais.

81. Jethro Tull — Aqualung (1971)

Otra del club de “la reconozco a los cero coma tres segundos”, gracias a ese riff que a veces hace que los no iniciados ubiquen al grupo en sonidos más contundentes de los que en realidad frecuentaban. Escrita a pachas por el matrimonio Ian Anderson-Jennie Franks, es la encargada del abrir el disco del mismo título, cuarto y mejor trabajo de los de Luton. Y sin flautita.

80. Sparks — This Town Ain’t Big Enough For The Both Of Us (1974)

A pesar de no llegar a los extremos de popularidad que alcanzaron unos don nadie al extremo opuesto del atlántico llamados Queen, no son pocos los elementos que los angelinos Sparks comparten con una banda con la que fueron muy comparados. Es difícil elegir algo concreto de una banda como esta que tantos estilos han tocado y mezclado, pero en ningún momento logran una amalgama de sonidos con el rock como base tan buena como en ‘This Town Ain’t Big Enough For The Both Of Us’. Mucho de lo que hace tan buena a una banda así lo tenemos aquí, como esos ritmos locos, teclados pegadizos hasta la nausea y la característica forma de cantar tan teatral de Russell Mael. Hasta Faith No More se animaron a regrabarla junto a ellos, así que es imposible que sea mala.

79. The Who — Won’t Get Fooled Again (1971)

Sobran las explicaciones o presentaciones cuando hablamos de The Who, pero más aun si hablamos de ‘Won’t Get Fooled Again’, canción emblemática que mucha gente reconocerá aunque no se sepa el título y/o quién la toca (gracias CSI). El inconfundible riff de sintetizador, Keith Moon demostrando porque era uno de los mejores portando unas baquetas, los estremecedores gritos de Roger Dartley y un Pete Townshend excelso con la guitarra de inicio a fin. Sin duda, un gran motivo para sacar pecho y poder decir que por ésto somos de los Who.

78. Neu! — Hallogallo (1972)

Sí, ya sabemos lo que estáis pensando: “¿Otra vez con Krautrock? Mira que sois brasas, que ya es el tercer artículo en el que metéis krautrock, copón”. Pero no hagáis scroll-down tan rápido, que Neu! tenían mucho más que ofrecer además de atmósferas y ritmos hipnóticos de gran calibre. Mirad ‘Hallogallo’, ahí ya emergía el post-punk cuando el punk todavía no había llegado a sus años dorados. No por nada hablamos de una banda con una influencia descomunal en la música que escuchamos hoy en día (sí, fan de Radiohead, también hablamos de ti), y que además hacía tocaba mejor que el 90% de demás pirados germanos que poblaban ese “género”. Aquí una buena prueba de ello.

77. Deep Purple — Smoke on the Water (1973)

En uno de los primeros bucles en comentarios de la lista, concretamente en la primera entrega, se creó la polémica de que sin el riff ciertas canciones se quedan en la mitad de lo que son. No podía faltar ‘Smoke on the Water’ entre los ejemplos de ese cuestionable hecho, pero es que hay riffs que ya no sólo transcienden canciones, sino a grupos enteros. Tararea dos segundos el riff de guitarra de Ritchie Blackmore y tu interlocutor en la gran mayoría de los casos te va a seguir tarareándolo al completo durante un rato. A tanto llega esta historia de cómo Deep Purple se quedaron sin lugar de grabación gracias al P.I. de turno en un concierto de Frank Zappa.

76. The Modern Lovers — Roadrunner (1976)

‘Roadrunner’ abría el álbum homónimo de The Modern Lovers y entraba (entra) como una Coca-Cola recién abierta: refrescante, chispeante y deliciosa. Pocos cantos al auténtico rock and roll son tan auténticos como éste. Jonathan Richman, gran fan de The Velvet Underground, terminó sacando el esquema de su canción a partir de ‘Sister Ray’ con sus necesarias modificaciones para terminar de redondear una joya. Sin embargo, Richman buscó un contraste a la decadencia a la que le gustaba cantar Lou Reed y sus letras se centran más en alabar la belleza de las mujeres de los suburbios de Boston y de conducir solo.

75. Suicide — Frankie Teardrop (197/)

Vamos con otro tema directo y sencillo. Aunque en su comienzo eran una banda bastante tradicional, con su bajo, su guitarra, su batería y esas cosas, no tardó mucho en llegar la sangría de miembros para Suicide hasta que Alan Vega, vocalista, y Martin Rev, encargado de los sintetizadores y otros ruidicos, se quedaron solos al mando del barco. Al final, como el gato era suyo, se lo follaron a su gusto y le dieron un soplo de aire fresco al punk neoyorquino al mismo tiempo que desafiaban todos los preceptos y cánones sobre los que se sustentaba el punk. Qué mejor muestra que los diez minutazos de ‘Frankie Teardrop’ de su imprescindible debut, donde Rev va deformando la atmósfera que te rodea combinando el monótono ritmo con momentos de ruidismo puro al mismo tiempo que Vega te hiela la sangre con sus alaridos y sus tartamudeos. Aquí está la muestra de cómo Suicide se convirtieron en uno de los mayores exponentes del horror aplicado al rock.

74. Kevin Ayers — Song From the Bottom of a Well (1971)

Tras su importante labor en los sesenta como uno de los fundadores de los seminales Soft Machine, banda clave para la psicodelia y el progresivo, sobre todo en la conocida como escena de Canterbury, Kevin Ayers dedicó gran parte de los setenta a su carrera en solitario donde sacaría discos impresionantes como Whatevershebringswesing (Harvest, 1971). De esta obra se extrae esta extraordinaria ‘Song From the Bottom of a Well’ como buena prueba de lo visionario de un artista que no concebía límites para su propia música.

73. Television — Torn Curtain (1977)

Se tiende a abusar un poco de la expresión “banda de culto”, por eso puede sonar desmesurado en una banda a la que tanto se le reconoce ahora como Television, pero los aplausos y reconocimientos a su influencia nunca estuvieron en concordancia con el éxito a nivel de repercusión y ventas, sobre todo en Estados Unidos. Difícil de comprender viendo canciones como ‘Torn Curtain’, tan intensa, tan certera como un triple lanzado por Kyle Korver desde la esquina. Una canción que te mira a los ojos, que te desafía pero también danza a tu alrededor. Es incapaz de dejarte indiferente, y es más que probable que te conquiste sin remedio.

72. Premiata Forneria Marconi — Impressioni di settembre (1972)

Los setenta fueron una buena época para el rock progresivo, y una de las zonas donde la producción fue más excelsa fue en Italia con varias bandas soberbias y talentosas como Premiata Forneria Marconi. Los de Milán fueron la banda progresiva que más éxito logró más allá de los Alpes, y no es de extrañar viendo la maestría que demostraban en discos como Storia di un minuto (Numero Uno, 1972). Si tanto banda como disco son extraños para vosotros, dejad que ‘Impressioni di settembre’ sea una magnífica puerta de entrada a un magnífico y exquisito prog sinfónico que logra hacer de todo (y muy bien) en poco más de cinco minutos tan sólo.

71. David Bowie — Starman (1972)

No creo que hagan falta demasiadas explicaciones de por qué este tema de David Bowie ha conseguido meterse entre las mejores canciones rockeras de la década. La magia de ‘Starman’ es casi inexplicable, así que resulta más difícil defender su ausencia que justificar su presencia porque lo segundo ya lo hace ella solita con su gloriosa chispa glam. ‘Starman’ es algo que se debería aprender en las escuelas de manera obligatoria junto con las sumas y restas. Y pensar que podríamos no encontrarla en su disco si no llega a ser por Dennis Katz de RCA.

70. Rush — 2112 (1976)

Dos años después de debutar con su álbum homónimo, Rush acometieron una empresa aún más ambiciosa, rica y total a nivel sonoro. Dejado atrás el deje Hard Rock propio de sus inicios, el conjunto canadiense estructuró 2112 (Mercury) en dos partes bien definidas: la segunda, un conjunto de canciones cortas; la primera, la que nos trae hoy aquí, una larga suite de más de 20 minutos de duración compuesta por siete secciones diferentes. ‘2112’ no sólo supuso el punto de arranque para una trayectoria notoria de LP’s consecutivos, sino, a día de hoy, una de las reliquias mejor conservadas del progresivo de los setenta.

69. The Stooges — Search & Destroy (1973)

La historia de Raw Power (Columbia) es largamente conocida: tres años después de Fun House (Elektra, 1970), The Stooges se reúnen en Londres tras haber incorporado a James Williamson a la guitarra, graban un puñado de canciones aún más salvajes, aún más crudas que sus dos trabajos anteriores y realizan una mezcla entre lo indigno y lo inexplicable. La discográfica, espantada ante la posibilidad de sacar a la venta las canciones producidas por Iggy Pop, pone como condición ineludible que David Bowie las remezcle de nuevo. The Stooges, qué remedio, aceptan. Raw Power sale a la venta, su éxito es moderado y Columbia rescinde su contrato. Y fin. Para la historia, posiblemente la canción sobre la que se fundamenta gran parte del Punk y del Garage posterior: ‘Search & Destroy’.

68. Motörhead — Overkill (1979)

Escuchando ‘Overkill’, primer single y apertura de Overkill (Bronze) no cuesta deducir por qué Motörhead siempre han contado con gran predicamento más allá del Heavy Metal, sonido al que de manera un tanto vaga siempre han terminado circunscritos. El pulso de la batería es rápido e incontenible, también repetitivo y simple, y tras él sigue la línea de bajo de Lemmy y una guitarra dibujando mares sonoros conforme la canción avanza. Hay agresividad, hay oscuridad y hay una mirada clara a los orígenes del Rock ‘n Roll, atributos también presentes en el Punk, por aquellos años de plena actualidad. Eso sí: también hay pesadez, solos por doquier y más de cinco minutos de duración. Lo mejor de ambos mundos, Motörhead.

67. Pink Floyd — Comfortably Numb (1979)

Más allá de gustos o filias personales, es innegable que Pink Floyd construyeron desde la salida de Syd Barret y la llegada de David Gilmour un universo estético aún hoy fascinante. Gran parte de la mística y la proyección secular de Pink Floyd se basa en canciones como ‘Comfortably Numb’, épicas, misteriosas y elegantes. Incluida en The Wall (Harvest), ‘Comfortably Numb’ es acaso una de las composiciones más icónicas de Gilmour y Waters, uno de los momentos líricos de mayor inspiración del segundo y, con toda seguridad, el mejor trabajo a la guitarra del primero en toda la discografía del conjunto británico. ‘Comfortably Numb’ encierra todo lo que hace de Pink Floyd una banda maravillosa y apenas nada de lo que echa para atrás a tantos y tantos detractores de su ampuloso sonido.

66. The B-52’s — Rock Lobster (1978)

A mitad de camino entre lo serio y la burla grotesca, el gran mérito de ‘Rock Lobster’, la composición más célebre de The B-52’s, reside precisamente ahí: en su consciente ambigüedad. Su letra no es más que un conjunto de ideas sueltas que difícilmente tienen conexión entre sí, pero que remiten a fantásticas imágenes, y su música se articula en torno a un ritmo desquiciante y repetitivo, aderezado por un órgano de inspiración Surf y una retahíla de sonidos y alaridos demenciales y geniales. ‘Rock Lobster’ es, en muchos sentidos, una definición muy acertada de la por aquel entonces incipiente New Wave: una broma y una obra maestra.

65. Neil Young — Southern Man (1970)

Well, I heard Mister Young sing about her
Well, I heard ol’ Neil put her down
Well, I hope Neil Young will remember
A Southern man don’t need him around anyhow

Los versos de más arriba fueron escritos por Ronnie Van Zant para ‘Sweet Home Alabama’ en 1974, varios años después de que Neil Young publicara tanto ‘Southern Man’ como ‘Alabama’, referencias explícitas al sur de Estados Unidos, a la segregación y a la esclavitud. De tal calibre fue y es la proyección y el impacto de Young y de ‘Southern Man’, mejor canción de uno de sus mejores discos, After The Gold Rush (Reprise), y paradigma de cómo su compromiso político siempre se ha visto acompañado por un talento artístico casi inigualable. Acaso es ‘Southern Man’ el mejor ejemplo de todo ello, mezclando Rock, Folk y Blues, todo a un mismo tiempo, en una composición frágil, poderosa y, ante todo, importante.

64. The Undertones — Teenage Kicks (1978)

A teenage dream’s, so hard to beat.

En 1978 la situación política, económica y social de Reino Unido pasaba por sus peores momentos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y la crisis castigaba con especial crudeza en Irlanda del Norte, territorio en eterna disputa, rodeado de violencia y de una carencia total de oportunidades. En 1978 el Punk estaba a punto de morir, o al menos eso dice la historia oficial, pero The Undertones aún pudieron inscribir su nombre con letras de oro en la historia del rock. Todo gracias a ‘Teenage Kicks’, himno adolescente, alegoría de la diversión, escapista y generacional, canción favorita de John Peel y manifiesto redondo, tanto en lo sonoro como en lo lírico, de por qué el Punk era el vehículo expresivo perfecto para aquellos jóvenes deprimidos.

63. The Doors — Roadhouse Blues (1970)

Dos días pasaron The Doors grabando la que sería la primera canción de su quinto disco, Morrison Hotel (Elektra). Por el estudio de grabación pasaron y colaboraron ilustres figuras del Blues como Lonnie Mack, John Sebastian o John Lee Hooker, cuya participación no quedó registrada en la versión final de ‘Roadhouse Blues’. De modo tan rotundo y tan clásico comenzaban The Doors la década de los setenta, cantando cosas tan Rock, o tan Blues, como “I woke up this morning, I got myself a beer” — bien Jim ahí, aspiración vital para muchos en Hipersónica — o “Keep your eyes on the road, your hands upon the wheel”.

62. Módulos — Tú ya no estás (1970)

De corto pero significativo recorrido, el Rock Progresivo logró escapar a la censura franquista e instalarse, aunque no sin dificultades, en la escena musical de la España de inicios de los setenta. A través de los prismas complejos y evocadores de la psicodelia y de grupos como King Crimson y Yes, Smash, Máquina! o Módulos lograron dignificar de puertas hacia a dentro un género, por lo demás, por aquel entonces demasiado lejano a la realidad sonora y social del país. ‘Tú ya no estás’ es una de las canciones más importantes de Módulos: editada en single en 1970, reúne las constantes melódicas y experimentales, mirando hacia la vanguardia sin dejar de lado cierto espíritu pop, que brillarían con luz propia ese mismo año en Realidad (Hispavox).

61. Gang of Four — Ether (1979)

Mucho antes de que la etiqueta Post-punk perdiera todo su sentido normativo, mucho después de que el Punk se hubiera apagado víctima de sus propias contradicciones, a millones de años luz del exhibicionismo frívolo de la New Wave: Gang of Four. En casa de todos y en la de ninguno: ‘Ether’ como manifiesto, contra todos, contra el sistema especial de presos políticos de Irlanda del Norte, contra los convencionalismos del Punk, contra la idea de si-es-rock-no-se-puede-bailar, contra la alienación de la sociedad, contra el capitalismo, contra los medios de comunicación y contra el ideal de vida moderna. Entertainment! (EMI) es la única bandera posible de la revolución aún por venir. Grita, lucha, baila, diviértete.

60. Patti Smith — Because The Night (1978)

Versionada y remezclada en infinidad de ocasiones — mención especial para la versión Jumpstyle que causó sensación en las catedrales del Trance durante los primeros años de la pasada década — , ‘Because the Night’ es probablemente la canción más conocida y celebrada de Patti Smith. Gran paradoja que un artista de su talla haya quedado resumida, en ocasiones, a una composición co-escrita junto a Bruce Springsteen. Incluida en Easter (Arista), ‘Because the Night’ contó con un éxito inmediato, totalmente merecido. Épica, dominada por el piano — en la mejor tradición del Springsteen de la época — , y con un estribillo y un solo lo suficientemente poderosos como para traspasar fronteras y generaciones. Todo un himno.

59. Led Zeppelin — Stairway to Heaven (1971)

Tótem por derecho propio de la historia del rock, ‘Stairway to Heaven’ camina entre la leyenda mística y el ejemplo de todo lo que estaba mal con Led Zeppelin y, por extensión, el rock. Pieza culminante de los cuatro primeros trabajos del conjunto británico, corazón de su indiscutible mejor disco, IV (Atlantic) y larguísimo recorrido a través de una sección folk inicial que rompe, de forma progresiva, en un fabuloso estallido final imposible de olvidar. Quizá sobreproyectada por sus fans, posiblemente denostada en exceso por quienes la detestan, ‘Stairway to Heaven’, más allá de cualquier ponderación subjetiva sobre su calidad, es un icono, pura historia.

58. AC/DC — Highway to Hell (1979)

Al igual que ‘Smoke on the Water’, ‘Highway to Hell’ ha sufrido a lo largo de las décadas el asalto constante de las radiofórmulas. Es uno de los riffs más reconocibles de toda la historia y se ha utilizado hasta la extenuación en películas, series y campañas promocionales de todo tipo, haciendo que muchos, con justicia, la observen con distancia y recelo. Demos un paso atrás, escuchemos con calma y observemos con perspectiva: su valor es imperecedero porque es acaso una de las más brillantes composiciones finales de Bon Scott y AC/DC, una representación fidedigna y vibrante de todo cuanto el grupo supone. Fue incluida en el homónimo Highway to Hell (Atlantic), último disco de AC/DC donde Scott ejercería de vocalista.

57. Joy Division — Disorder (1979)

Rebotados del Punk tras un discreto EP titulado An Ideal for Living, Joy Division (Enigma, 1978) se pusieron en manos de Tony Wilson, vía Factory, y Martin Harnett, vía su aportación determinante a la historia del Punk y de la escena de Manchester, para rediseñar su sonido. ¿El resultado? Un LP ignorado en su momento y hoy reivindicado y ensalzado quizá en exceso como germen del posterior Post-punk y la New Wave. Lo cierto es que, al margen de esto, Unknown Pleasures (Factory) continúa brillando como una total obra maestra, aún cuando se le despoja del aura mística del que se ha imbuido con exageración al grupo y a su vocalista, Ian Curtis. Es él el protagonista total de ‘Disorder’, exaltado y a punto de perder el control en su recta final. Un “hola” inigualable, tan corto como su carrera, tan memorable como su “adiós”.

56. Alice Cooper — School’s Out (1972)

Alice Cooper siempre aparece en un segundo plano cuando se hace balance de los setenta. Y hay cierta injusticia en ello. Canciones como ‘School’s Out’, el que fuera su primer gran éxito, le acreditan como un compositor más que solvente a mitad de camino entre la exuberancia pomposa del Glam Rock y la aspereza del Hard Rock. Para su quinto disco, School’s Out (Warner Bros.), Cooper decidió abrir con un pequeño alegato en contra de la escuela y, de una forma más positiva, a favor del fervor que todo niño siente los minutos antes del fin de curso y el inicio del verano. ¿Sólo de eso? Válida igualmente como metáfora de la libertad absoluta del niño frente a los requerimientos de la escuela, ‘School’s Out’ es un tema explosivo.

55. Triana — En el lago (1975)

Rock Progresivo, Rock Andalusí, q-q-q-qué más da. La música de Triana es puro nervio y corazón, espíritu y alma. ‘En el lago’ es una de las composiciones más bellas alumbradas jamás en español. Incluida en la recta final del maravilloso El patio (Movieplay), representa como pocas otras composiciones de Triana la acertada mezcla de flamenco, elementos progresivos y herencia cultural andaluza. Las guitarras españolas acolchan con delicadeza la ostensible batería de J. J. Palacios, los teclados y el bajo eléctrico. Y, bueno, si a semejante ejercicio de expresión sonora le sumamos estrofas de una carga poética arrebatada y bellísima, el resultado es esta proeza, el Patio de los Arrayanes hecho canción.

54. Los Brincos — Mundo, demonio y carne (1970)

La salida de Juan Pardo y Antonio Morales, constituidos posteriormente como Juan y Junior, permitieron que Fernando Arbex tomara el total control creativo de Los Brincos. A finales de la década de los sesenta e inicios de los setenta, la sensibilidad creativa de Arbex, en consonancia con los tiempos ya mutados de la escena internacional, viraba hacia terrenos más densos y profundos que el sonido beat característico hasta la fecha del grupo. Nace en 1970 Mundo, Demonio y Carne (Novola) tras cambios en la composición del grupo y en sus objetivos sonoros. ¿La bienvenida a la nueva década? Doce minutos de experimentación y viaje lisérgico. Fantásticos, claro, pero comercialmente inviables e incomprendidos. Sería el fin de Los Brincos.

53. Black Sabbath — Black Sabbath (1970)

El ocultismo, la referencia a Satán, los dedos de Iommi, la bruja de la portada, la lluvia y las campanas que introducen el disco, el propio nombre del grupo. Black Sabbath es quizá el grupo más influyente de todos los tiempos, y todo empieza aquí, en ‘Black Sabbath’, primera canción de su LP homónimo, Black Sabbath (Vertigo). “¿Qué es esto que se presenta ante mí, figura de negro que me señala?”, se pregunta Ozzy Osbourne atormentado y excitado a un tiempo, mientras el resto del grupo desata una tormenta esplendorosa y oscura, realmente oscura para su tiempo a su vera. A partir del cuarto minuto, más o menos, Tony Iommi se inventa el Heavy Metal. Aquí empezó todo y por eso esta canción es tan importante. Y tan sobresaliente.

52. Elton John — Funeral For a Friend / Love Lies Bleeding (1973)

Lejos del personaje de la farándula británica en el que siempre se ha movido a las mil maravillas, Elton John goza de gran predicamento artístico, especialmente gracias a sus trabajos en la década de los setenta. Goodbye Yellow Brick Road (MCA) es a día de hoy uno de sus éxitos más notorios, y en él cobra una importancia superlativa ‘Funeral For a Friend / Love Lies Bleeding’, la doble canción de apertura de más de diez minutos cuya primera mitad es todo un ejercicio de Rock Progresivo a la altura de los grandes nombres de la época. Grabada como el resto del disco en el Château d’Hérouville, ‘Funeral For a Friend / Love Lies Bleeding’ continúa en su segunda mitad en el tono más reconocible e igual de inspirado de Elton John.

51. Iggy Pop — The Passenger (1977)

A finales de los setenta Iggy Pop trataba de recuperarse a sí mismo tras adicciones varias y la disolución definitiva de The Stooges. De la mano de David Bowie, siempre presto a echar un cable a su amigo, logró rehacerse y componer al menos dos discos fabulosos en un mismo año, 1977. El más célebre de todos ellos, por sus canciones, es Lust for Life (RCA), pero el más icónico es The Idiot (RCA), al ser la banda sonora del suicidio de Ian Curtis. En el primero encontramos ‘The Passenger’, canción saqueada hasta la extenuación por grupos más mediocres y campañas publicitarias de diverso calado, que, contra viento y marea, ha permanecido igual de fresca, pegadiza y genial a lo largo de tres décadas.

50. Talking Heads — Psycho Killer (1977)

Escrita por David Byrne, Chris Frantz y Tina Weymouth cuando Talking Heads eran conocidos como The Artistics, ‘Psycho Killer’ se convirtió en el primer y mayor éxito de una de las bandas icónicas de lo que hoy conocemos como la New Wave, la respuesta a la decadencia del Rock Progresivo surgida a lomos del Punk y que acabaría derivando en el Post-punk. Vio la luz en el debut discográfico de la banda en 1977, y dibuja, puede que con sorna, los remordimientos de un asesino en serie. Algo adelantados a su tiempo, como todos los pioneros.

49. Rainbow — Temple of the King (1975)

Felices se las deseó Ritchie Blackmore cuando Ian Gilan y Roger Glover pusieron tierra de por medio dejándole al guitarrista el control de los gigantes Deep Purple. Lo que no sabía en 1974 es que el fichaje de Glenn Hughes y David Coverdale le acabaría arrinconando creativamente un par de años después, dándole la salida como única opción de mantenerse al frente de un proyecto. Para ello fichó a la banda Elf al completo iniciando una provechosísima relación con un cantante de corta estatura pero inmensos pulmones de nombre Ronnie James Dio. La historia la conocéis, el primer Heavy Metal, el Hard Rock y el AOR de después y, sobre todo, el encumbramiento de un mito que nos abandonó hace muy poco. ‘The Temple of the King’, el primer éxito conjunto de ambos. Y hubo bastantes.

48. Bruce Springsteen — Born to Run (1975)

Aunque a la relación entre Bruce Springsteen y el hoy desaparecido Clarence Clemons le debamos la mucha veces artificiosa presencia del saxofón en el mundo del Rock, es de necios negar la impronta y la importancia que un disco como Born to Run (Columbia, 1975) tiene en la historia de la música popular. No ya solo porque convirtió a Bruce Springsteen en el Boss, sino porque devolvió a la realidad a un Rock que andaba entonces más pendiente de los mitos y las leyendas que de una cotidianeidad en la que se apoyó en sus primeros pasos. El primer éxito de Bruce Springsteen supuso una bofetada de realidad a un mundo adormecido, quien sabe si los estupefacientes o por esas giras que movían ya entonces millones de dólares.

47. The Allman Brothers Band — Ramblin’ Man (1973)

Fallecido en trágicas circunstancias Duanne Allman, The Allman Brothers Band respondieron a su ausencia repartiendo el liderazgo y sumando a la ecuación a un solventísimo pianista como Chuck Leavell. El resultado fue un éxito inesperado que sin duda se dedicó al que, con solo tres discos firmados, ya era considerado como uno de los mejores guitarristas de la historia. ‘Ramblin’ Man’ es muestra de ese reparto de responsabilidades, con un Dickey Betts al micrófono cantando un himno aferrado a las raíces que aún hoy sigue vigente. La banda, en estado de gracia.

46. The Ramones — Sheena Is A Punk Rocker (1977)

La respuesta al pomposo Rock Progresivo se personalizó en un grupo de amigos que adoptaron el italiano Ramone como artístico apellido. La cuna fue Nueva York y la decadente realidad de la gran urbe el detonante para la penúltima revolución sonora del siglo, anteponiendo simplismo, energía y contestatarismo al anquilosamiento de los gomelos del extrarradio. ‘Sheena is a Punk Rocker’ es quizás el primer himno que muchos escuchamos de una banda conocidísima, o todo lo contrario, por culpa del merchandising posterior. Ahora bien, no os confundáis, evolucionar no siempre es hacerse más complejo.

45. Stiff Little Fingers — Johnny Was (1979)

Basada en un tema de Bob Marley, ‘Johnny Was’ es uno de los momentos más interesantes del debut discográfico de los norirlandeses Stiff Little Fingers, banda que desde el Punk Rock y acercándose al reggae conectó con una juventud reprimida por la cruda realidad del Reino Unido de finales de los setenta, ese que le regaló el gobierno a una tal Margaret Thatcher. En cualquier caso no os dejéis llevar por lo que dicen las etiquetas anteriores, os vais a llevar una muy grata sorpresa a lo largo del inagotable Infammable Material (Rough Trade, 1979).

44. Black Spirit — Old Times (1978)

¿Quiénes son estos Black Spirit? Eso mismo nos hemos preguntado varios miembros de la redacción al enfrentarnos a esta banda, un combo procedente de Italia pero que desarrolló su carrera en una Alemania a la que se aproximaron sonoramente, con un Hard Rock con toques de Psicodelia y Kraut que a la hora de la verdad es una apisonadora. Recordad que en Hipersónica nos tomamos como una especie de servicio público, siempre que haya por ahí una banda supuestamente desconocida acabaremos acudiendo al rescate. Vosotros decidís si merece o no la pena.

43. Plastic Bertrand — Ça plane pour moi (1978)

Muchas risas, pero la archifamosa ‘Ça plane pour moi’ es protagonista de uno de los mayores robos, timos o estafas de la historia de la música. Firmada bajo la marca de Plastic Bertrand, solo treinta años después y tras múltiples demandas se logró comprobar que Roger Allen François Jouret no era quien cantaba en el himno, sino que la voz presente en el éxito y en los cuatro primeros álbumes del proyecto era la del productor Lou Deprijck. Evidentemente el calor de la disputa se corresponde al tamaño del caramelo, un tema icónico que ha aparecido en multitud de bandas sonoras y que hoy hemos podido escuchar, esta vez sí, en la garganta de gente como Vampire Weekend o Sonic Youth.

42. Creedence Clearwater Revival — Ramble Tamble (1970)

A pesar de que lo mejor de la Creedence se editó en la década anterior, la inclusión del primer tema del irregular Cosmo’s Factory (Fantasy Records, 1970) nos sirve para incidir en que John Fogerty nos parece uno de los vocalistas más reconocibles de la historia. En ‘Ramble Tamble’ comparte protagonismo con la guitarra bluesy de su hermano, una guitarra que abre un desarrollo que se hacía eco de las tendencias que comenzaban a hacerse mayoritarias a inicios de aquella década.

41. Elvis Costello — No Action (1978)

Cierra la tanda don Elvis Costello, probablemente el primer hipster de la historia, todo un icono para nosotros pensaréis los más mal pensados. Su tarjeta de presentación es ‘No Action’, un tema que refleja de forma fidedigna qué encierra This Year’s Model (Radar Records, 1978), el segundo álbum del vocalista londinense y primero acompañado por The Attractions. La efervescencia del Punk y melodiosidad del Pop se alían en un álbum incontestable, hoy reconocido por parte de la escena independiente como influencia ineludible y bailado por gente de todo pelaje.

en canciones cuyo origen se remonta a los años cuarenta.

40. The Specials — A Message to You Rudy (1979)

La convulsa situación socioeconómica de Jamaica durante la década de los sesenta, una vez consumado el proceso de independencia de Gran Bretaña, provocó que miles de jóvenes emigraran a la antigua metrópoli en busca de un futuro mejor. Y allí aterrizó también su cultura, su alma, su música. The Specials fue uno de los grupos más relevantes de la escena Ska Punk y del 2Tone, cuyas raíces se encontraban en Jamaica. La banda, mestiza, era plenamente consciente de dónde provenía. ‘A Message to You Rudy’ es una versión de Dandy Livingstone, jamaicano, de 1967. Un mensaje generacional para rudy, los rudeboys, todos aquellos hijos de inmigrantes jaimaicanos que a finales de los setenta trataban de encontrar su lugar, casi siempre sin éxito, en la decadente Inglaterra.

39. King Crimson — Red (1974)

Red (Island) supondría la culminación de seis años de carrera de King Crimson. Fue aquí, en 1974, cuando el conjunto liderado por Robert Fripp cesaría su actividad hasta 1981, con la publicación de Discipline (E’G). Pocos grupos de Rock Progresivo pueden presumir de haber mantenido una carrera tan extensa y tan plagada de grandes discos como ellos. En Red, King Crimson completarían el círculo de su propio universo sonoro: un trabajo complejo, rico en todos los matices imaginables, con guitarras poderosas mirando hacia el Hard Rock. El giro, muy pesado, requiso despedir al teclista y violinista David Cross como miembro integrante del grupo. Ya como trío, ‘Red’, la canción instrumental de seis minutos que abre el LP, es quizá el testimonio más esplendoroso de todo ello.

38. The Rolling Stones — Rocks Off (1972)

Recapitulemos: presionados a nivel mediático y fiscal, The Rolling Stones se plantan en Villefranche-sur-Mer, en el chateau de Keith Richards, durante el verano de 1971 con el objetivo de grabar un disco al fabuloso Sticky Fingers (Rolling Stones, 1971). Allí, sumidos en un mar de caos, drogas y desconocidos de toda clase, Richards y Jagger optan, como por otro lado cabría esperarse, por la vía del exceso absoluto. Sólo de aquel modo podía superarse un trabajo ya tan destacado como el anterior. Y sólo un conjunto de canciones excesivas, redondas y exuberantes como Exile on Main St. (Rolling Stones) podía ser el resultado de aquella lisérgica aventura en busca de un futuro que simplemente no existía. Porque aquel fue posiblemente su canto de cisne, su cima. No es un disco, son diecisiete singles. Una locura.

37. Can — Paperhouse (1971)

La primera generación alemana nacida después de la Segunda Guerra Mundial necesitó reinventar su identidad. El país había sido invadido por todo tipo de artefactos culturales norteamericanos, dada la presencia militar de su ejército durante los años de post-guerra. Aquellas herramientas legadas por aquel acerbo cultural eran, en muchos sentidos, inútiles para los muchachos que a finales de los sesenta vivían su juventud en Alemania. El marxismo, la búsqueda de un nuevo lenguaje expresivo que nada debiera al pasado, mayor del 68: de todo aquello se valió el Krautrock. En lo más alto de la montaña, alzando la bandera de todos sus grupos, se encuentran Can y, por extensión, su obra maestra, Tago Mago (United Artists). Un álbum radical, de estructura esquizofrénica, de mensaje esquivo y de improvisación genial. Y ‘Paperhouse’ es su brillante apertura.

36. Hawkwind — Hurry On Sundown (1970)

Formados durante los últimos coletazos de los sesenta, Hawkwind tardaron un par de años en dar forma definitiva a su sonido experimental, deudor del Blues Rock, sí, pero también vanguardista. La apertura de nuevos horizontes sonoros, del Space Rock y del Rock Psicodélico de nuevo cuño, llegaría un par de discos más tarde. De hecho, Hawkwind (Liberty) es un LP menor dentro de su posterior trayectoria, pero también seminal. A modo de transición entre lo que fueron los sesenta y lo que serían los setenta, donde Hawkwind jugarían un papel trascendental, se presenta ‘Hurry on Sundown’, un delicioso ejercicio de Blues Rock amenizado por arreglos de cuerda y una armónica. No es su canción más representativa, pero sí una de las mejores, por su ritmo, por su melodía y por su energía.

35. The Velvet Underground — Rock & Roll (1970)

Despite all the computations
You could just dance to a rock ’n’ roll station
And it was alright

Décadas hemos pasado contemplando aquellos discos de The Velvet Underground que en realidad no decían nada más importante o excitante que aquellos otros. Una vez John Cale hubo abandonado el grupo, Lou Reed se quedó a las riendas del proceso creativo del que, ya en 1970, era un icono universal. Tras el brillantísimo álbum homónimo de un año anterior, Lou Reed optó por un tono mucho más clásico en Loaded (Cotillion). De la experimentación a lo formal: el círculo del grupo se había cuadrado y allí finalizaría — no, Squeeze (Polydor, 1973) no cuenta — . Ejemplo de esta balada tradicional, de esta presentación de sus respetos a la sabiduría clásica por parte de Lou Reed, es ‘Rock & Roll’. Que, como toda canción que importa, habla de las cosas que importan en esta vida. Porque sí, pase lo que pase, siempre podrás seguir bailando esto tan maravilloso.

34. Johnny Cash — Ghost Riders in The Sky (1979)

No sólo durante sus últimos años de vida, tan geniales como su juventud, se dedicó Johnny Cash al noble arte de la versión. La elegante, refinada y no siempre sencilla versión. Ya en 1979 consiguió una de sus canciones más sinceras y acertadas versionando una composición de 1948 escrita por Stan Jones. ‘Ghost Riders in The Sky’ pasaría así a formar parte de la mitología que siempre ha rodeado a Cash. Ha habido muchas otras versiones, pero fue él quien, tras dos décadas de carrera musical, le otorgó proyección universal. La canción apareció en Silver (Columbia), cuando Johnny Cash hacía tiempo que era una reliquia del pasado. Quién iba a decir que otras dos décadas más tarde volvería por la puerta más grande imaginable.

33. Sex Pistols — Anarchy in The UK (1976)

El año que viene se cumplirán cuarenta años del lanzamiento de Anarchy in the UK / I Wanna Be Me (EMI), el primer single de Sex Pistols. Es un montón de tiempo. El suficiente para que, obtenida la perspectiva necesaria, Sex Pistols parezcan nada más que un grupo de bufones empeñados en demostrar al mundo que ellos son los más graciosos, peligrosos y entretenidos de la corte. El tiempo ha alimentado este relato gracias a la excentrecidad de Johnny Rotten y a la parodia de sí mismo que siempre fue Sid Vicious, pero no es del todo justo. Detrás de la inmensa mascarada, necesaria por otro lado para comprender por qué este grupo tuvo tanto impacto en Reino Unido, se escondían al menos tres canciones de una fuerza revolucionaria. La más importante, la mejor y la más trascendental, ‘Anarchy in the UK’. “I wanna destroy passerby”. Sí amigos: aún hay que seguir cabreados. Cuarenta años no son tantos años.

32. Public Image Ltd. — Public Image (1978)

Hablábamos de Rotten. Aquel alborotado muchacho seleccionado por McLaren para ser el vocalista de Sex Pistols por su camiseta difamatoria de Pink Floyd era, en realidad, un vanguardista acompasado a su vertiginoso tiempo. Sex Pistols duraron apenas un año y medio. Espantado por todo lo que rodeaba al grupo tras la desastrosa gira norteamericana, Rotten regresó a Reino Unido, conoció a Keith Levene, un guitarrista rebotado de la pureza Rock de The Clash, y juntos crearon Public Image Ltd. Un año después debutaban con First Issue (1978), un incunable del Post-punk, quizá el primer disco digno de tal etiqueta. La guitarra corrosiva de Levene, unida a las primeras influencias Dub incorporadas por Jah Wobble, se adaptan como anillo al dedo al destacable talento melódico de Rotten en la esencial ‘Public Image’. El mundo giraba rápido, y Lydon se encargaba de acelerarlo aún más.

31. Focus — Hocus Pocus (1971)

Teclados, acordeones, estructuras extraídas del Rock Progresivo, pesados riffs de guitarra inspirados en el Hard Rock, voces en falsete, onomatopeyas sin sentido, flautas, épicos solos, una estructura circular y repetitiva. ‘Hocus Pocus’ es una canción demencial pero también intrigante. Gracias a ella los holandeses Focus, un grupo generalmente instrumental de formación clásica, han logrado trascender al paso de los años. Incluida como primer corte de Focus II (Imperial), ‘Hocus Pocus’ ha logrado de cierto reconocimiento mediático gracias a su inclusión en un genial, casi tanto como la canción, anuncio de Nike, con motivo de la pasada Eurocopa. Excesiva hasta la parodia, en un resbaladizo terreno a mitad de camino entre lo serio y lo cómico, nadie podrá negar a ‘Hocus Pocus’ que es divertida hasta decir basta.

30. The Kinks — This Time Tomorrow (1970)

Aquel disco especial, transición definitiva entre los sesenta y los setenta, que diseñó Ray Davies tras el renovado éxito de Arthur or the Decline and Fall of the British Empire (Pye, 1969), contenía al menos dos de las mejores canciones de The Kinks. Una de ellas es la más emocionante y bella jamás escrita por Davies — abramos debate — . Hablamos, claro, de ‘This Time Tomorrow’, una pieza redonda de escasos tres minutos y medio. Cumbre y momento más delicado de Lola Versus Powerman and the Moneygoround (Pye), ‘This Time Tomorrow’ adolece de la tradición musical británica de la que bebían The Kinks durante los sesenta. El grupo, superado el ostracismo al que se habían visto empujados por culpa de Something Else (Pye, 1967) y The Kinks Are the Village Green Preservation Society (Pye, 1968) volaba más alto que nunca, dirección el Rock más convencional de su historia, pero no por ello menos especial.

29. The Nerves — Hanging on the Telephone (1976)

The Nerves se encuentran perdidos entre el ocaso del Pop de los sesenta y el resurgimiento independiente del mismo a principios de los ochenta. El eslabón perdido entre The Byrds y R.E.M., un breve suspiro en plena década de los setenta que sólo sobrevivió el tiempo suficiente para editar un oscuro EP titulado The Nerves (Bomp! Records). Es cierto que por sonido el grupo tiene acomodo en el Power Pop, que por aquel entonces sí contaba con más reconocimiento, pero también lo es que su sensibilidad y su tratamiento de las guitarras les ubican en una suerte de proto-Jangle Pop realmente inaudito. Versionada por Blondie pocos años después, con mucho mayor éxito, ‘Hanging on the Telephone’ es su mejor canción, la que abre el EP y la que, sin conato alguno de duda, les pone con todo merecimiento en esta lista.

28. Tom Petty & The Heartbreakers — American Girl (1976)

Hablar de Rock y Estados Unidos en los setenta supone inevitablemente hablar de dos nombres: Bruce Springsteen, quien ya apareció en esta lista, y Tom Petty — acompañado por The Heartbreakers — , a quien le debemos algunas de las canciones más sensacionales de su década. Pensemos, por ejemplo, en la sucesión casi inmaculada de grandes composiciones presentes en Damn the Torpedoes (Backstreet, 1979). O en la sencillez y eficacia del segundo single de Tom Petty and the Heartbreakers (Shelter), ‘American Girl’. A día de hoy sigue siendo su canción más célebre, y uno de los mitos fundacionales del Heartland Rock, aquella corriente apasionada y eminentemente Rock que aún hoy, debidamente regurgitada, continúa causando furor aquí y allá — hola, The War on Drugs — .

27. Thin Lizzy — The Boys Are Back in Town (1976)

Puedes añadirle todos los prefijos y sufijos, complementos y adjetivos que desees, pero pocas canciones en la historia pueden ser definidas de forma tan precisa y certera con una sola palabra. ‘The Boys Are Back in Town’, por encima de cualquier otra consideración, es la definición del Rock. Pegadiza, repleta de riffs divertidos, ligera, directa y con solos de guitarra emocionantes. Incluida en Jailbreak (Vertigo), el sexto álbum de Thin Lizzy, la canción es aún hoy uno de sus éxitos más celebrados. Han pasado los años, han pasado los grupos, las canciones, se nos marchó hace mucho tiempo, víctima de los excesos, Phil Lynott, y ‘The Boys Are Back in Town’ continúa representando como ninguna otra el espíritu de una buena, simple canción rock. Y, en consecuencia, del espíritu de los setenta, aquí condensado.

26. The Velvet Underground — Sweet Jane (1970)

Siempre he creído que los doce/trece segundos iniciales de ‘Sweet Jane’ son la bruma roja, alcoholizada y densa que emana de la boca de metro ilustrada en Loaded (Cotillion). Cuando ese breve espacio de psicodelia improvisada y ensoñación termina, lo que resta es la llana realidad: una calle de Nueva York, ajetreada, un señor en una esquina, una banda de Rock ‘n Roll tocando en la acera del frente, guitarras acompasadas, siempre dos, estribillos fáciles, estrofas eternas. Aquella banda tocando impulsivamente a la sombra de un edificio siempre será The Velvet Underground, porque suyo es el espíritu sonoro que domina y que ha dominado siempre a Nueva York. ‘Sweet Jane’, como composición de vuelo mundano, sin mayores pretensiones que disfrutar de la vida, define al Lou Reed perfecto.

25. Uriah Heep — Look at Yourself (1972)

Es cierto que de forma común nos referimos al primer LP de Black Sabbath como la fecha relativa de fundación del Heavy Metal, con todos los matices que esta frase merezca, pero también lo es que la música de Black Sabbath no se desplegaba en el vacío. Antes y durante, otras bandas estaban arrastrando el Blues Rock a terrenos menos amables, más pesados y experimentales. Algunas, además, se valían de las herramientas que por aquel entonces se estaban desarrollando en el Rock Progresivo para añadir toda una nueva gama de colores a su deforme, difuso proto-Metal. Uriah Heep también merecen nuestra atención por todo ello, dado que pocos grupos lograron combinar todos esos elementos de forma tan certera. Véase cómo ‘Look at Yourself’ les acredita como uno de los grupos más grandes de la década.

24. The Clash — White Riot (1977)

Una vez rodados ampliamente por el circuito de salas británico, The Clash se dispusieron a grabar su primer álbum, homónimo y editado por CBS Records, idéntica discográfica bajo la que produjeron London Calling (1979). Merece la pena recalcarlo, dado que se acusa con frecuencia al grupo de haberse vendido con el paso de los años, dejando de lado canciones tan Punk y políticamente coherentes como ‘White Riot’. Se puede alegar nostalgia en su defensa, pero lo cierto es que la acusación sigue siendo injusta. Aun cuando el viraje estilístico del grupo nos parezca adecuado o no, es innegable que nunca The Clash lograrían reunir tantas grandes canciones juntas como en su primer disco. This is 1977: tiempo rápido, guitarras simples, proclamas políticas y una mirada hacia el fondo de la sociedad. No había nada mejor que ellos.

23. Camarón de la Isla — La leyenda del tiempo (1979)

Está bien, está bien: quizá aquí hemos abierto la mano a la hora de definir “Rock”. O quizá no. Es lugar común recordar la anécdota de los gitanos devolviendo los casetes de La leyenda del tiempo (Philips) en su gasolinera de confianza, espantados ante el producto supuestamente transgresor y modernista ideado por Ricardo Pachón. Lo cierto es que no cuesta imaginar cómo los andamios del Flamenco clásico y de sus ideólogos ortodoxos se tambaleaban ante la aparición repentina de bajos eléctricos, sitares y teclados por doquier. Pero tampoco cuesta entender por qué este disco ha logrado traspasar las barreras del tiempo: al margen de toda innovación, es Camarón, acompasado con maestría por Tomatito, quien dota de magnetismo y profundidad a canciones como ‘La leyenda del tiempo’, la suficiente para que Kiko Veneno, los Amador o Gualberto ejerciten sus experimentos sin miedo a desplomarse en el vacío. Es él, Camarón, quien merece aquí ser considerado puro “Rock”.

22. Neu! — Negativland (1972)

No, amigos, nunca tenemos suficiente Krautrock en nuestra vida. Sí, Hipersónica es producto de semejante esquizofrenia. Segunda canción de Neu! que aparece en esta lista, segundo corte de NEU! (Brain), debut del grupo de inventores alemán e incunable de un género que encuentra genialidades y obras maestras por doquier, especialmente en lo tocante a cualquiera de sus nombres clásicos. ‘Negativland’ forma parte de la pieza más extensa titulada ‘Jahresüberblick’, y son otros nueve minutos de compás lento y progresión psicodélica hacia ninguna parte, en un viaje donde lo relevante es el trayecto, sostenido por una línea de bajo monolítica, una batería parca en recursos y efectos de pedal haciendo de las guitarras de todo menos guitarras en sí mismas. En fin, pura y simplemente Krautrock. En todo su esplendor.

21. Richard Hell and the Voidoids — Blank Generation (1977)

Aquel poeta sensible pero también influenciable que había aterrizado en Nueva York, proveniente del Medio Oeste, con la esperanza de convertirse en un referente artístico mundial, decidió que había tenido demasiado Tom Verlaine en su vida. La relación de ambos fue amistosa y tortuosa, marcada de forma indeleble por la marcha del primero de Television cuando Television dejaba de ser lo poco Punk que había sido en sus inicios para convertirse en esa otra cosa tan maravillosa y fascinante más tarde. De modo que Richard Hell, indignado y ahora libre para hacer lo que realmente se debía hacer en Nueva York en aquellos años, se juntó con The Voidoids y compuso Blank Generation (Sire), LP debut de la formación y recipiente donde Hell volcaría todo su genio artístico. La pieza más brillante y generacional, ‘Blank Generation’, le redimió de absolutamente todo.

20. Suicide — Ghost Rider (1977)

Suicide no son en absoluto una elección común para una lista de este tipo; es más, no lo son para prácticamente ningún tipo de lista, y aun así hemos decidido dar paso a dos canciones suyas en esta selección. ‘Ghost Rider’ sirve de implacable apertura para esa pesadilla de disco que es Suicide (Red Star), marcando desde el primer momento el retorcido tono que será la tónica habitual hasta su final.

19. The Stooges — Gimme Danger (1973)

Resulta fascinante analizar todo lo que consiguieron alcanzar The Stooges con solo tres discos publicado en el estrecho margen de cuatro años, a caballo entre los 60 y los 70. Para entender lo que canciones como ‘Gimme Danger’ supusieron en su momento, no hay más que escuchar lo que sus contemporáneos andaban haciendo en aquel comienzo de década. Hasta los más revolucionaros de por aquel entonces sonaban como monjitas en comparación.

18. Deep Purple — Highway Star (1972)

A Deep Purple ya los tuvimos en lista con la inevitable ‘Smoke on the Water’, pero más allá de su archiconocido himno, es obvio que la banda británica cuenta en su colección con una buena cantidad de canciones tanto o más interesantes. Así lo prueba el corte que abre su imprescindible Machine Head (Purple Records/EMI), con el grupo funcionando a sus máximas revoluciones.

17. Lynyrd Skynyrd — Free Bird (1973)

Los setenta nos entregaron unos cuantos solos de guitarra memorables, pero pocos son capaces de hacer sombra al de ‘Free Bird’, la gran balada del debut discográfico de Lynyrd Skynyrd. Mucho se puede decir a favor y en contra de una banda decidida a representar sin ningún complejo toda la esencia sureña norteamericana, pero ante temas así uno solo puede olvidar los prejuicios y dejarse llevar.

16. T. Rex — Get It On (1971)

Hay grupos que históricamente han quedado condenados a ser menos conocidos que sus grandes himnos, y un ejemplo perfecto lo tenemos en T. Rex; su nombre no estará entre los más citados por la mayor parte del público a la hora de recordar los 70, pero dime tú quién no ha escuchado (y tarareado) alguna vez la inmortal ‘Get It On’, santo y seña de su álbum Electric Warrior (Fly).

15. Buzzcocks — Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve) (1978)

La etapa inicial de Buzzcocks, en plena ebullición del movimiento punk, fue tan breve y al mismo tiempo tan intensa como la de muchos de sus semejantes, y justo en el centro de la misma apareció Love Bites (United Artists) con una de esas canciones capaces de justificar toda una carrera: ‘Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve)’. Tan básico y a la vez tan inspirado, un tema para bailar hasta perder la cabeza o las caderas, lo que antes caiga.

14. Led Zeppelin — Immigrant Song (1970)

Tenían que volver a aparecer en la lista, eso estaba claro, y no podía ser con otra canción. El poderoso desgañite de Robert Plant que parece venir de otro planeta, el bombeo constante que es el riff de Jimmy Page, la última gran muestra de lo que eran Led Zeppelin yendo directos al grano, al verdadero núcleo del sonido rock en una pieza perfecta de poco más de dos minutos de duración, algo que difícilmente se volvería a ver después de su tercer álbum. Una genialidad más de tantas.

13. Cheap Trick — Surrender (1978)

Si los adolescentes de cada década han tenido derecho a su propio himno carente de complejos y lleno de vitalidad, el de los setenta fue sin lugar a dudas ‘Surrender’, inmejorable en lo suyo. No cabe duda de que Cheap Trick estaban en verdadero estado de gracia cuando publicaron Heaven Tonight (Epic), y este corte representa mejor que ninguno esas ganas de comerse el mundo que traían.

12. Lou Reed — Walk on the Wild Side (1972)

Tras sentir que su tiempo en The Velvet Underground estaba agotado y encabezar la estampida que anticipó el final del proyecto, Lou Reed comenzó a sentar las bases de una carrera en solitario que solo podía conducir a la gloria. No tardó mucho en tocarla, eso sí, porque Transformer (RCA) se publicó solo dos años después de Loaded, destacando como no podía ser de otra manera entre sus composiciones esta ‘Walk on the Wild Side’ que quedará para la posteridad como su más célebre aportación a la historia de la música.

11. Gang of Four — Damaged Goods (1979)

Todo en Entertainment! (EMI) desprende genialidad, esa que Gang of Four nunca más fueron capaces de replicar después en trabajos posteriores, pero entre todas sus pistas destaca con especial fuerza la inconmensurable ‘Damaged Goods’, una explosión de instrumentos que nos barre por completo, una canción con la que uno no sabe muy bien si lanzarse a la pista de baile o a encabezar una manifestación en protesta de lo que sea. La perfecta dualidad de un momento demasiado grande como para volver a repetirse.

10. Triana — Abre la Puerta (1975)

Poesía hecha música, música convertida en poesía. Quizás el momento más brillante en la historia de la música patria, una alineación de astros que permitió consolidar un género que es puramente nuestro, un motivo para estar orgullosos cuando confrontamos nuestra historia musical con la de otros países, esos que por lo general suelen mirarnos por encima del hombro. Fue más breve de lo que nos hubiera gustado a la mayoría, pero todos sabemos que la genialidad suele ser efímera. Ahora bien, es el tiempo el que acaba dándole forma, y en el caso de Triana el legado que emana, sobre todo, de sus tres primeros discos, es brutal. Una obra maestra.

9. The Doors — Riders on the Storm (1971)

Muerto de forma súbita a pesar de que el desenfreno y la nocturnidad eran monturas de un evidente mal presagio, Jim Morrison tuvo tiempo de dejar un catálogo de canciones incontestable, un catálogo magno no ya solo por la majestuosidad de lo que encierra, sino por la enorme influencia que ha acabado ejerciendo sobre bandas de las tres décadas posteriores y la presente. Hemos elegido ‘Riders on the Storm’ pero podría haber sido casi cualquier otra canción, un género capital para nosotros, como es la psicodelia, no sería lo que hoy es sin la obra de The Doors.

8. The Who — Baba o’Riley (1971)

A pesar de que el catálogo anterior de The Who ya tenía una envergadura impresionante, fue con Who’s Next (Track/Polydor) que la banda de Pete Townsend y compañía consolidó la fórmula, dejando atrás el espíritu garageadolescente de los inicios y convertiéndose en la banda de Hard Rock más grande de la época. Más adelante seguirían dando volantazos intentando adaptarse a las nuevas tendencias, pero lo que ‘Baba O’Riley’ ejemplifica es algo así como el aquí y el ahora de entonces. The Who estaban en su mejor momento, los himnos se les caían de los bolsillos como a un padre se le caen las monedas al sentarse en el sofá: continuamente y sin poner remedio, pues al final esto era un acto de generosidad.

7. Joy Division — She’s Lost Control (1979)

El final de la década de los setenta supuso, quizás, el fin de una época de revoluciones, de una década en la que el Rock se transformaba cada cinco minutos. La última de esas transformaciones vino de la mano de Ian Curtis y sus Joy Division, una vía que se alejaba de virtuosismos y efectismos anteriores y que ponía al Rock al servicio de la desesperación y melancolía de una juventud que ya entonces veía venir desastres que hoy sufrimos. Del inicio del desastre extrajimos ‘She’s Lost Control’, su sonido, la cara de Ian Curtis, una tragedia que se avecinaba. El aviso quedó ahí, frente a nuestros ojos, y aún seguimos enredados entre su vehemente significado y los cantos de sirena, como si no hubiese pasado el tiempo.

6. Black Sabbath — Paranoid (1970)

Inventarse el Metal, simple y llanamente. El tempo, un riff pesado, la voz de Ozzy Osbourne cantando con una fiereza inusitada para la época. Hoy parece sencillo y parece cotidiano, pero si nos remontamos a 1970, ‘Paranoid’ fue bastante más que una revolución, fue el segundo paso de una metamorfosis que convertiría al Rock algo mucho más crudo, más áspero y mucho más brutal de lo que solo cinco años antes los de entonces jamás se habrían imaginado. Todo comienza en el álbum homónimo de Black Sabbath, pero si algo logran los himnos es consolidar ideas y sentimientos, hacer que las mismas cobren entidad corpórea y se consoliden en el imaginario popular. ‘Paranoid’ es eso, un himno, probablemente el primer gran himno de lo que hoy conocemos como Heavy Metal.

5. Television — Marquee Moon (1977)

Si vemos a la década de los setenta como una especie de menú degustación, el producto desarrollado por Television puede que aparezca al final de la carta, escondido a veces bajo nombres mucho más rutilantes o pronunciados con mayor asiduidad, pero el mismo acaba encarnando el papel de ese plato sorpresa que hace mucho más que dar fondo al catálogo, acaba siendo ese plato que, desde su aparente anonimato, al final define lo que es el restaurante en cuestión. El debut de Television, reforzado en su alma Art Rock, funciona como perfecto epílogo para la década, mostrando todo lo sucedido con anterioridad y dibujando el camino de lo que vendría después. No es un punto de inflexión, es el enlace entre dos mundos enfrentados entre sí siendo uno respuesta al anterior. Un enlace imprescindible.

4. Iggy Pop — Lust of Life (1977)

Si pudiéramos viajar en el tiempo, a 1975, y preguntar a un transeúnte cualquiera cómo creía que iba a acabar James Newell Osterberg, la respuesta más lógica sería “muerto”. Esa era la impresión que daba la carrera de Iggy Pop hasta entonces, movida por un descontrol que había dejado un disco seminal por el camino y una estela de escándalos y excesos que no presagiaban nada bueno. Afortunadamente para él y para la historia del Rock, David Bowie se cruzó en su camino, encauzando un entonces ímpetu desbordante y logrando lo inimagibale, que el artista conocido hoy como La Iguana siguiese vivo, y que lograse facturar dos discos impecables en 1977. Alejados del ruido anterior, construyendo himnos que aún hoy perduran.

3. Pink Floyd — Wish You Were Here (1975)

Dolió mucho a Roger Waters, David Gilmour y companía tener que dejar a Syd Barret en la estacada, un talento incontenible que se había salido de control y, aparentemente, estaba cerca de hacer descarrilar a una banda como Pink Floyd. El final de la historia parecía llevar escrito años cuando llegó, pero la certeza no contuvo un ápice el dolor de una pérdida capital, pues el que se bajaba del autobús era un amigo. ‘Wish You Were Here’ es un canto a la ausencia y a la amistad que sobrevive a ella, es la prueba de que el Rock Progresivo podía ir más allá de su espíritu exhibicionista, pues el purismo era su principal amenaza. Pink Floyd acabó siendo víctima del éxito y del ego, de no adaptarse a una realidad cambiante, el Rock Progresivo lo hizo años después tras vivir sus días más oscuros en la década posterior. La luz la marca este tema atemporal, la prueba de que la virtud no solo puede ser técnica pues sin la transmisión de sentimientos la misma acaba quedando en nada.

2. Neil Young — My, My, Hey, Hey (1979)

Al final de la década de los setenta Neil Young estaba apunto de iniciar un viaje que parecía de no retorno, enfangándose en una etapa experimental y de enfrentamiento a la industria que hizo que muchos perdieran la esperanza en él. El aparente entonces canto de sirena fue Rust Never Sleep (Reprise) un álbum que ya entonces parecía inesperado pues el declive parecía verse venir años antes. Decía Mohorte que el momento álgido del álbum, por su significado entonces y su significado posterior, se encuentra en ‘My My, Hey Hey’, en la frase que 15 años después inmortalizaría Kurt Cobain. Esa frase no solo definió el momento personal que vivía Neil Young entonces, sino que también serviría de presagio para una carrera que ha muerto y resucitado mil veces desde entonces, dejando himnos aquí y allá.

1. David Bowie — Heroes (1977)

Se hace complicado hablar de momentos definitivos cuando nos enfrentamos a una carrera como la encarnada por David Bowie, un artista que huía del epíteto estable mutando para dejar atrás a los escribientes. La etapa Glam, sus juegos con el Soul, la trilogía berlinesa, todos son esquemas de brillantez que marcaban un ritmo inaguantable por el pelotón que le seguía, transformándose a cada golpe de riñón, marcando tendencias que serían influencia entonces y mucho tiempo después. Heroes (RCA) es quizás el disco más rutilante del final de la década para Bowie por su aparente positividad, por el toque de Brian Eno, por la guitarra de Robert Fripp. Una constelación de estrellas que dan forma a la que es, según el consenso hipersónico, la mejor canción de la década de los ’70. La expresión “palabras mayores” se queda corta.

Playlist Las 101 mejores canciones de rock de los 70

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