Tercera parte de nuestra entrega con las mejores películas de la década 2010-2019. Sí, fue mucho mejor de lo que nos parece.

49. The Congress

Se ve muy aterradora la perspectiva de ver renacer a actores empleando técnicas CGI, llegando al extremo de que hasta James Dean volverá a aparecer en pantalla teniendo un rol relevante gracias a la tecnología. Pero de todos nos advirtió The Congress, una particular joya que combina la acción real y la animación para hacer un premonitorio y atinado comentario sobre la producción en masa a la que tiende la industria cinematográfica, donde el escenario de ensueño es lidiar con algoritmos capaces de recrear expresión y movimiento antes que con gente con capacidad artística.

48. A Fábrica de Nada

90 años después de ‘Tiempos modernos’, la diatriba de Chaplin en forma de comedia sobre la industrialización, Pedro Pinho recoge aquel guante para aplicarlo al capitalismo moderno, desde la misma óptica. Una comedia oscura que no descubre nada porque ése es justamente el problema: que sabemos lo que hay y preferimos pasar de puntillas. A las afueras de Lisboa, un grupo de trabajadores descubre que van a tener que trabajar con nada porque los responsables de su fábrica la han ido esquilmando para llevarse los medios de producción a otras fábricas. Y, obligados a trabajar junto a máquinas que no pueden fabricar nada, ‘A Fabrica de Nada’ recoge y reproduce cada uno de los problemas del trabajo del siglo XXI a ritmo lento y desde una postura neorealista, a pesar de que el absurdo podría haberse apropiado de todo.

47. Expediente Warren

Frente a quienes cada año intentan hacer arte y ensayo para conseguir que sus películas de terror entren dentro del calificativo “la película de terror más inteligente del año”, James Wan ha reivindicado una y otra vez en sus películas los códigos y als estéticas del género. Sí, también cosas tan desprestigiadas como los sustos y los saltos, el uso del sonido y de los planos cerrados, el sota-caballo-rey. Por eso, las dos películas de ‘Expediente Warren’ son cumbres cinematográficas: entienden tan bien lo que quieren hacer, lo planifican con tal sumo cuidado y aman tanto el cine que van a practicar que la experiencia del espectador es gozosa, como la del cineasta que las crea. No hay nada rutinario en un director levantando con mimbres de exorcismo y casas encantadas bellísimos juegos de calma-tensión, explosiones de mal rollo de las que se pueden sacar mil películas (otra cosa es que luego salgan mal si no está él al frente, mirad ‘La Monja’) y un ambiente febril.

46. The Imposter

Un fascinante documental narrado con el pulso del thriller más intenso y estilizado. Hasta a Fincher le habría encantado hacer algo así. La manera en la que utiliza el montaje, los testimonios, los puntos de vista y cómo maneja los giros de guión te dejan al borde del sillón de la tensión. Porque a veces ni la ficción resulta tan fascinante como el lado más jodido de la realidad. No entramos en más detalles, por si no lo habéis visto, ya que es mejor entrar a ciegas y dejar que la propia obra se despliegue ante ti.

45. Holy Motors

Algo que no sabemos explicar del todo. Como el mejor Cronenberg, tiene ese universo propio al que entras o no entras. Abusamos del adjetivo surrealista hasta que enfrentamos un surrealismo verdadero. Como en Under the Skin, cuando vemos a carapez caminando entre la oscuridad y deseas instintivamente que siga caminando hacia esa nada opaca. Es un sentido de la maravilla muy weird, muy puro. Trece años tardó el puto fénix de Carax en despertar, ya con cincuentaytantos, y la misma ferocidad juvenil. Tiene que significar algo, algo que no sabemos explicar del todo.

44. Spider-Man: Un nuevo universo

Si ‘Spider-man: Un nuevo universo’ llegó como si fuese una revolución es porque Marvel ya había destapado mucha de la rutina efectiva en que todas sus películas se iban a convertir. Así que, liberada de cualquier patrón y con la posibilidad de jugar con todos los Spidermans que quisiese, Un nuevo universo apostó por recuperar parte de lo que los mejores cómics de superhéroes siempre han sido: experiencias estéticas de puro gozo, adrenalina y sentido de la maravilla envueltas en tramas sencillitas y dibujadas con absoluta maestría.

43. Melancolía

Nos va a dar un mal de querer y odiar tanto a Lars Von Trier a la vez, más celebrities que su propia celebrities pero también un autor tan grande en tantas películas que nos hace hincar la rodilla a lo grande. En Melancolía va el tipo y decide explorar las relaciones fraternales cuando el mundo está a punto de irse al garete. Pero al garete de verdad, no como metáfora. Que el fin del mundo te da igual si estás deprimida no lo ejemplifica nadie mejor que Kirsten Dunst. Y que si te pones histérico cuando te enteres de que llega, como Charlotte Gainsbourg, pues tampoco pasa nada. Vaya gozada de película de sentirse horrible.

42. Boyhood

Richard Linklater de mi croazón, metiendo más goles y a lo largo de más tiempo que Iniesta. Boyhood parecía su obra más ambiciosa, porque al fin y al cabo retratar el paso de la niñez a la edad adulta (o lo que sea que ahora haya entre los 20 y los 30) filmándola de verdad si algo es es ambicioso. Pero también resultó ser una película tan empeñada en mirar las cosas pequeñas y el detalle que el gesto de autor resultó ser lo menos grandilocuente posible. Linklater, algo parecido a un dios que nos quiere de verdad.

41. Tren a Busan

Partamos del asunto de que esto es cine coreano y, por tanto, tu ración extrafuerte de melodrama que cualquier otro país se hubiese ahorrado ellos ni contemplan dejarlo fuera. Así que, junto a ello, tenemos un tren que no puede parar porque ha habido un estallido zombi y un gusto por la estética manga/anime de acción que Yeon Sang-ho quiere exprimir al máximo. El resultado es una película de acción brillantísima, con una puesta en escena ultraefectiva y secuencias tan loputomás como ese ”a ver si alcanzo el vagón cafetería” con bateador y bruto incluida. Mejor que la web de Renfe y tan zombie como ella.

40. Moonlight

El momento en el que la Academia decidió darle el Oscar a Mejor Película a esta cinta ha sido uno de los eventos más sorprendentes y, por qué no decirlo, desconcertantes de la década (junto con el momento de la gala donde le dieron por error su Oscar a La La Land). Pero la cinta de Barry Jenkins merece todos los reconocimientos, las comparaciones con la poesía visual de Wong Kar-wai, y las alabanzas. Su exquisita narrativa, su singular fotografía, la soberbia dirección de actores para que parezca que 3 actores diferentes interpretan al mismo personaje, y la particular visión que ofrece sobre la experiencia afroamericana y el despertar sexual en un ambiente represivo. Todos elementos que la hacen una de las experiencias de la década.

39. Under the Sun

“Haz que deje de llorar”. Pillar con la guardia baja a Corea del Norte no es fácil, pero Vitaly Mansky se las apañó para retratar aquello que hay detrás de esa propaganda llena de fanfarria, colores y orgullo por el país. Y el retrato es lo más parecido que te puedes imaginar a una película de terror sin sustos, ni elementos gore ni iluminación oscura. Al contrario, está todo a plena luz del día. “Diga eso con regocijo”.

38. La Cabaña en el Bosque

The Cabin in The Woods es un choteo y estos, por fuerza, funcionan en el primer visionado pero luego ya tal. Pero la película que dirige Drew Goddard es tan consciente de que eso puede pasar que construye todo su armazón para evitar que ocurra. Y así, una simple broma que habría cabido en un corto crece y crece para que nunca quieras dejar de verla. Qué divertido es el cine, Garci.

37. Fuerza mayor

El azar viral ha querido que la secuencia de ‘Fuerza Mayor’ en la que el padre huye de una avalancha de nieve mientras deja atrás a su mujer y sus dos hijos se haya convertido en meme en este 2019. Ojalá se convierta en la posibilidad con la que se redescubre esta fenomenal película en la que Ruben Östlund, desde una dirección tan afinada como contenida, examina la masculinidad, la crisis de los 40, la fragilidad de los lazos familiares, la necesidad constante de revisarnos y ver si realmente nuestra vida aún está en línea con nuestros actos. La secuencia del bar y la final del autobús son perfectos ejemplos de una película que se mantiene en equilibrio entre la tragedia y lo hilarante. Una de las mejores comedias de humor negro de la década.

36. Scott Pilgrim vs El Mundo

Han pasado casi diez años y la mejor oda a los videojuegos en el cine sigue siendo esta hipervitaminada comedia romántica indie. Edgar Wright es un espectáculo visual, y aquí decidió tratar los cómics originales sobre el amor imposible entre Scott y Ramona y todos sus puñeteros exnovios como si, en verdad, tuviese tantas libertad visual como hay en una página dibujada.

Por supuesto, no es así, pero Scott Pilgrim te avasalla mientras te hace reír y te emociona. Una puñetera obra maestra de un cineasta imprescindible que, aquí, supo dar vida visual al SUBIDÓN.

35. Meek’s Cutoff

Aunque los tiempos donde el Western era el género más popular ya pasaron hace tiempo, el género ha buscado nuevos terrenos a los que expandirse a lo largo de los años, especialmente esta década. Hay algo especial en una película como Meet’s Cutoff, algo que la hace sobresalir entre esfuerzos encomiables como los que han salido estos años. Su particular visión sobre el género, la manera en la que fluye la narración, la manera en la que está rodada y fotografiada. Todo pequeño elemento suma en una película realmente única.

34. La La Land

Hay un montón de cosas que parte de Hipersónica no está dispuesta a comprarle a Chazelle, mientras la otra mitad de la publicación se rinde a sus pies. Pero en su capricho musical quiso ir del todo a lo clásico, salvo el mensaje, y por eso La La Land funciona tan bien: porque no necesita vestir el género de algo que no es para contar cosas que, desde luego, en un musical se atragantan bastante. Ryan Gosling y Emma Stone, la pareja soñada con el final que se merecían, por gilipollas.

33. Un lugar tranquilo

Qué narices, John Krasinski. ‘Un lugar tranquilo’ no es sólo la película que mejor sabe dónde están sus límites de toda esta década (si llega a abrirse un poco más por cualquiera de sus posibilidades, se habría ido a la mierda), sino que es también la experiencia física más agotadora. Como dijo Poliptoton: de ésas en las que rechinas los dientes, te agotas físicamente, HABLAS con la pantalla. Compramos todo.

32. Kubo y las dos cuerdas

La mejor película de animación de 2016, arrebatadoramente hermosa. Salida con estética japonesa desde Oregón, ‘Kubo y las dos Cuerdas’ encumbra a Laika, que ya tenían dos películas algo más que simpáticas en ‘Paranorman’ y ‘Coraline’, pero que aquí dan un paso de gigante con un sentido del ritmo, de la pureza, de la belleza y de la verdad como pocas veces hemos visto estos años.

31. De tal padre, tal hijo

Hirokazu Koreeda viene demostrando su capacidad para ser tan emotivo como auténtico en todas sus películas, pero tiene aquí una cumbre insoslayable: la de un relato familiar que afronta las verdades y mentiras de ser padre y de tener que cargar con ello. Decían en Letterboxd que es “El Ciudadano Kane de las películas Disney sobre padres” y, claro, es el puto mejor elogio y resumen de la película que se me pueda ocurrir. ¿A quién elegirías, a tu hijo real o al que has criado como tal? LMQTP, Koreeda.

30. El Irlandés

Scorsese regresó al cine de gangsters y nos devolvió los debates acalorados con su cine: que si es autocomplaciente, que si es más de lo mismo que sus otras películas, que si le sobra una hora, que mejor me la veo en capítulos (que entre ver una temporada de Netflix del tirón no tengo tiempo), que si el CGI rejuvenecedor canta. La experiencia puede hacer sudar la gota gorda, pero recompensa. La mirada que ofrece Scorsese a sus mafiosos esta vez es más contemplativa, más reflexiva, más consciente de que te quedan dos telediarios y la gente que estaba a tu alrededor se está empezando a morir. Cada elemento y cada escena contribuye a una construcción excelsa que culmina de la forma más triste y desesperada que ha tenido nunca una película suya.

29. La gran belleza

Y hablando de señoros contemplativos, hablemos de Sorrentino. Muchos ya tuvieron claro que La Gran Belleza era una de las cintas de la década en su momento, aunque también ha calado en exceso entre sectores donde la pedantería supera cualquier escala. No debería sorprender, dado lo que le pone al italiano dar la matraca con el raca raca del barroco, pero aquí todo está en su perfecto lugar. Su lucidez resulta magnética, su caos resulta hermoso y su exceso resulta esplendoroso. Nunca volvería a tener tan claras las cosas en su carrera.

28. Long Day’s Journey Into the Night

Sólo por la historia del troleo más tocho que ha hecho una distribuidora para venderla, se merece estar aquí: para su estreno en China, se vendió como un épico romance que había que ver en Nochevieja a cierta hora para que el gran momento del beso coincidiera justo con la llegada del Año Nuevo. La estrategia fue un éxito (38 millones de dólares ese finde) pero para el público medio que esperaba su Romeo y Julieta se topó de bruces con un film de ensoñación, más negro que un tizón y una película pausada en su trayecto (lo que muchos definen mal como “lenta”). Hay una búsqueda de amor, pero Bi Gan no ofrece un paseo dulce, sino una de esas cintas en las que quedarte atrapado en sus laberintos y sus encantos. Sus virguerías técnicas, donde una hora de relato está contada en un plano secuencia pensado para ver con gafas 3-D (la propia peli avisa de que, llegado el momento, sabrás cuándo ponértelas), resultan inusuales en una cinta de esta clase pero sirven estupendamente al relato.

27. La Isla Mínima

El pescado más fresco se come en Madrid y en España se hacen buenos thrillers. Los dos tópicos con los que un hipersónico te responde cuando le estás diciendo otro, para que así te calles, tienen algo de verdad. Bueno, el de Madrid no, porque no hay nada en Madrid que sea verdad, pero sí el de los thrillers, aunque si ‘La Isla mínima’ funciona es por cómo desnuda el género de aspavientos y artificios para quedarse sólo con lo esencial: un lugar en el que no debería haber pasado nada violento, pero lo ha hecho; y unos personajes que no quisieran encontrarse en medio de esta mierda, pero lo están. Qué bien rodada, cómo deja respirar el ambiente de las marismas y qué actorazos todos.

26. Booksmart

Olivia Wilde goes wild. Que hoy en día alguien se ponga a hacer una película de John Landis y le salga justo eso, con su carga emocional, su retrato de las dudas y las insatisfacciones, sus momentos ridículos, su comedia sin freno y sin fin, es un milagro. Y aquí funciona todo, desde el mismo momento en que les corta la música para que bailen, ridículas pero felices, en la calle hasta el momento Barbies drogadas o la fiesta a la que nadie quería acudir. Booksmart es una película que quiere muchísimo a sus personajes y que, por eso, los respeta tanto que es imposible que no te reflejen, de algún modo u otro.

25. El Hilo Invisible

“Si tuviera que vivir dentro de una película probablemente sería esta. Sería una vida tormentosa y llena de dolor, pero sería tan bella”. Mohorte da con la clave. La vida se puede llegar de miseria y penurias, pero se lleva mejor cuando estás enamorado. Pero estar enamorado, según Paul Thomas Anderson, es algo muy jodido, lleno de lecturas entre líneas de lo que el otro quiere decir, de juegos para reclamar la atención y hasta intentos de sabotaje emocional. Pero también está lleno de afección, de esa atracción que muchas veces no se puede describir, de ganas de dar todo por la otra persona y de satisfacción de encontrar a alguien que te comprende mejor que tú mismo. Un film bellísimo que, como el amor, no terminas de darte cuenta de lo maravilloso que es de primeras, sino cuando ya llevas tiempo metido en él.

24. La Lego Película

¿Por qué necesitas hacer una película buena si lo único que te interesa en branded, vender la marca? Pues no lo sé, pero hay que dar las gracias a Phil Lord y Christopher Miller por haber querido escribir con renglones torcidos. ‘La Lego Película’ no es sólo una fascinante aventura de acción y humor, sino también una acertadísima exposición de lo puto rancios que nos podemos llegar a volver. Don’t stop believin’. I don’t wanna grow up.

23. The Florida Project

Pocos pueden retratar la miseria que se ceba con las clases humildes y en el escalafón más bajo de la escalera socioeconómica de forma tan bonita como lo hace Sean Baker. Lo contamos antes con Tangerine, pero aquí se reafirmó mostrándonos la vida en un hotelucho de mala muerte al lado mismo del “lugar más maravilloso de la Tierra” (Disneyworld) desde el punto de vista de una niña, que descubre lo duro que es el mundo a su ritmo, como todos los niños. Conseguir que Willem Dafoe no sólo parezca un ser humano normal en una película, ya ni os cuento que acabe pareciendo una figura afectiva, tiene meritazo.

22. Lázaro Feliz

La parábola abrazada hasta las últimas consecuencias, a tope de bondad y corazón y cero cinismo. Un clásico de (neor)realismo mágico y final, claro, imposible. Un protagonista que se te clava en la retina y no hay manera de que le olvides. Una historia bonita, rodada con empatía por Alice Rohrwacher. Una película tan bonita que sólo puedes amarla.

21. Érase una vez en Hollywood

Una fantasía muy retorcida, aunque bienintencionada, cuya complejidad nos trae a unos de los mejores autores de las últimas tres décadas todavía encontrando maneras de desafiar su propio estilo sin quebrantarlo, dejando en el camino uno de sus esfuerzos más estimulantes de siempre. Una de las películas más incalculables de toda su trayectoria y un tobogán por el que te deslizas de principio a fin.

20. Roma

Tras más de una década en la que se pasó mostrándonos a un adolescente mago viendo como la vida no era como te la habías imaginado por muchos poderes que tengas, advirtiéndonos del apocalipsis post-Brexit que iba a venir acompañado de una ola de infertilidad y alucinándonos con el viaje espacial que iba a acabar en renacimiento, Cuarón volvió a lo íntimo. Volvió a su infancia. Esa infancia distorsionada, que casi parece en blanco y negro, y creías que esa mujer que echaba una mano en casa y te cuidaba porque tu madre no podía era parte de tu familia. Pero eres adulto, te das cuenta de que la cosa no era tan idílica como recordabas. Aun así, tu cariño por esa mujer no varía, así que decides que ya es hora de que sea la protagonista de esos recuerdos. La grandilocuencia de Cuarón a la hora de rodar choca con lo delicado e íntimo de la historia de Cleo, pero esa fricción es la que retroalimenta ambas partes y hace de Roma una de las experiencias más estremecedoras y singulares de la década.

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