Héroe de Internet, aparente inmortalidad (o incapacidad de envejecer) y técnicamente imbatible en el uno a uno por su habilidad de lucha. Keanu Reeves tiene muchas cualidades que lo han convertido en un actor protagonista muy idolatrado. Quién necesita rango en expresiones faciales cuando puedes derrochar carisma, hacer tus propias escenas de acción y personificar a un héroe del día a día incluso en el blockbuster más disparatado.

Hoy cumple años y vamos a celebrarlo con una selección de los mejores trabajos en su filmografía. Omitiremos algunas donde su papel sea demasiado secundario, o un cameo glorificado (ya sentimos desaprovechar otra oportunidad para hablar de Toy Story 4).

Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (1989)

El joven Keanu resaltó muy pronto gracias a este cóctel de buen rollo y desenfadado sentido de la maravilla. Mano a mano Alex Winter hacen el combo de personajes más entrañables y divertidos posible para hacer aterrizar un alucinante film juvenil de viajes en el tiempo. Sus secuelas también son el buen rollo personificado.

Le llaman Bodhi (1991)

Es difícil meter mejor la cabeza en el gran cine de acción de Hollywood. Aquí se logró una de las cintas de atracos más esenciales jamás creadas, gracias al cuidado estilo y el nervio narrativo de Kathryn Bigelow, lo bien que equilibra su loca premisa (no olvidemos, es casi media película sobre cultura surf, es complicado que eso no sea insoportable) y la impagable química entre Reeves y Patrick Swayze, casi el mejor bromance de siempre. Ah, y no olvidemos el pedazo de nombre que es Johnny Utah.

Y gracias a esta película tenemos la saga Fast & Furious. Mucho que agradecer.

Mi Idaho privado (1991)

Estoy casi tentado en denominar a esta la mejor cinta de toda la selección. Reeves no sólo alcanzó pronto su mejor nivel dramático en este giro al Enrique IV de Shakespeare llevado a la road movie americana, sino que compartía una química impresionante con un mayúsculo River Phoenix. Ambos sustentan a la perfección un drama homosexual brillante de Gus Van Sant.

Speed: Máxima potencia (1994)

Tras haber irrumpido con fuerza en el cine de acción, Keanu volvió a mostrar sus grandes dotes con este loco pelotazo de Jan de Bont, nacido con la sencilla idea de «La jungla de cristal en un autobús» y que ha terminado marcando su propia escuela. La premisa de un autobús que no puede bajar de los 80 kilómetros por hora ya te da para mil posibilidades donde mantener todo el rato la tensión y la ridícula diversión, pero todo se mantiene a nivel terrenal gracias al toque de la calle y empatizable que aportan Sandra Bullock y un Reeves como héroe que lo es porque es lo correcto, no por ser un semidios.

Johnny Mnemonic (1995)

Injustamente caída en desgracia, este thriller cyberpunk adapta la historia de William Gibson (con el propio Gibson de guionista) y acaba tocando ideas relevantes para nuestro 2021, al contrario de lo que pueda parecer de su 2021 tan disparatado. La sobrecarga de información, el uso de esta como moneda de cambio, el nerviosismo frenético del mundo que dibuja. Reeves está simplemente cumplidor como héroe, pero compensa con una sobrecarga de actores de carácter como Udo Kier, Dolph Lundgren, Takeshi Kitano, Henry Rollins y hasta Ice-T.

Pactar con el diablo (1997)

Una película de concepto a lo grande como las que poblaban en la década de los noventa, donde Keanu Reeves es literalmente el abogado del diablo, interpretado por un Al Pacino ya asentado en eso de estar desatado en sus papeles. Funciona porque sabe tocar bien cada una de las partes a las que quiere jugar, desde el entramado empresarial caníbal al apartado judicial, contando también la dinámica mentor-protegido de Reeves y Pacino, el drama familiar y los retazos de terror accesible.

Saga Matrix (1999-2003)

Es difícil pensar que Keanu se habría podido convertir en un icono generacional de no haberse cruzado Matrix en su camino. El seminal film de las hermanas Wachowski rompió todas las barreras posibles para el gran cine ambicioso de ciencia ficción y acción, con una poderosa combinación de ideas conceptuales y filosóficas, secuencias de acción únicas que rompían toda la elasticidad física y la narración canónica de esta clase de escenas, y una torsión del clásico viaje del héroe/mesías cristiano.

La primera película es la verdaderamente esencial, aunque toda la trilogía fue un ambicioso trabajo tan vibrante como desafiante, con dos secuelas también terriblemente sugerentes en lo conceptual pero ambas caras de una misma moneda. Y sobra decirlo, pero el compromiso físico y disciplinario de su actor protagonista, que ha terminado asimilando las artes marciales aprendidas como parte de su arsenal como estrella y en su estilo de vida, es lo que ha convertido a Neo en uno de los personajes más icónicos.

Cuando menos te lo esperas (2003)

La acción principal en esta comedia romántica de Nancy Meyers la llevan Jack Nicholson y Diane Keaton, quedando nuestro Keanu en un papel secundario. No obstante, su presencia es tan notoria, carismática y esencial para el desarrollo del conflicto que la presencia debe ser obligada. Además, es una de las mejores comedias románticas de Meyers, con una magnífica dirección de actores y precisa puesta en escena y ritmo.

Constantine (2005)

Lo más discutido de esta singular adaptación del personaje de DC Cómics ha sido, precisamente, la elección de Keanu como protagonista. Sin embargo, el actor ofrece una convincente y compleja interpretación en este más que estimable thriller detectivesco y paranormal de Francis Lawrence. Muchos echarán en falta que esta película tuviera una orientación más adulta para llegar todo lo lejos que el personaje merece, pero la combinación lograda sigue siendo una de las adaptaciones de cómics más únicas y debidamente macabras jamás lograda.

Una mirada a la oscuridad (2006)

Una estimulante y paranoica adaptación de Philip K. Dick, al que Richard Linklater la da una aproximación fresca y única gracias a su uso de la animación rotoscópica. A ratos muy café para cafeteros, pero debidamente nerviosa, excitante y atrevidamente compleja, con un Reeves entregado para transmitir tanto el desasosiego emocional como su psicosis.

Saga John Wick (2014-2019)

La resurrección de la carrera reciente de Keanu no habría sido posible sin esta saga que nació sin más pretensiones que la de ser un exploitation que parece burlarse de las motivaciones de todos esos thrillers de acción de Liam Neeson, pero rodadas mejor en el aspecto de acción. Ahora son una de las quintaesencias del cine de acción moderno, con secuencias de acción filmadas como si fueran coreografías de ballet, siempre con un girito aún más absurdo sobre con qué (o cómo) puede Reeves cargarse a la masilla. Y, no olvidemos, es una franquicia que tiene amor absoluto por los perretes, así que tiene todo para merecerse nuestro cariño.

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