En este año tan catastrófico como este, hemos tenido a la música para salvarlo un poco y la televisión ha sido uno de los refugios más sólidos que hemos tenido. Ha habido muchos más fenómenos efímeros que nunca, pero ante la proliferación de servicios de streaming hay muchas oportunidades para creadores realmente válidos para sacar cosas que realmente son significativas. Estas son varias de las más significativas en un año raro que no arroja demasiadas certezas para el futuro.

15. Better Call Saul

Es muy fácil tender a la hipérbole con este spin-off de Breaking Bad, que nunca ha dejado de pelear por ser ella misma y eso ha garantizado reacciones tanto de que no llega al nivel de su predecesora como de que la supera con creces. La realidad probablemente esté alejado de ambos casos, pero en su quinta temporada alcanza su mejor nivel, dejando tanto en Saul como en su partner in crime Kim una de las relaciones más fascinantes en la televisión.

14. El Ministerio del Tiempo

De la nada, Javier Olivares tuvo una oportunidad más para explorar todas las posibilidades de su fantástica aventura de viajes en el tiempo. No sólo ha intentado dar un cierre más satisfactorio a todo el viaje recorrido, sino que ha recuperado ese espíritu que la convirtió en un soplo de aire fresco en la televisión española, haciéndola un apetecible evento semanal con aventuras autoconclusivas que dejaban espacio para atar los cabos que había sueltos y dar la despedida merecida a un grupo de personajes irrepetible.

13. Star Wars: The Clone Wars

Aunque toda la atención relativa a Star Wars se la ha llevado The Mandalorian, con las correspondientes hipérboles de que es lo más Star Wars desde la trilogía original (muy discutible, aunque es una serie innegablemente divertida y disfrutable), el viaje más satisfactorio por la galaxia muy, muy lejana la ha traído esta serie animada de Dave Filoni. Además de explorar a gusto cada uno de los rincones dejados por explorar la trilogía de precuelas, el final ha traído muchos de los mejores momentos de la serie, con un sentido de la maravilla contagioso y un fabuloso desarrollo final de su mejor hallazgo, el personaje de Ahsoka Tano.

12. Mythic Quest: Raven’s Banquet

Nadie ha sabido capturar mejor la deriva surrealista y tóxica que han tomado los videojuegos AAA y online como la de Rob McElhenney. Además se topa de primeras con lo más complicado de conseguir para una sitcom en su primera temporada: una colección de personajes definidos y que funcionan muy bien juntos y en diferentes combinaciones. Premio extra por conseguir dos de los episodios más celebrados del año: el quinto, donde se escapan durante un rato del grupo principal en un spin-off precuela conseguido, y el especial de cuarentena, siendo los únicos que han sabido hacer uno bien.

11. Esta mierda me supera

Injustamente cancelada, lo que deja sus interesantes intenciones a medias, esta interesante joyita adolescente fue capaz de encantarnos por su interesante acercamiento al gran concepto de los superpoderes mentales en un adolescente con muchas mierdas que resolver. Corría todo el riesgo de ser otra serie adolescente de algoritmo con algo de fantástico, pero salió indemne por su forma de meterse en todas las miserias adolescentes sin juzgar y con mucho encanto por el camino. Y con un uso de la música fabuloso.

10. Ramy

Lo fabuloso de Ramy es ver como parece una serie perfectamente relacionada con otras series donde un cómico de relativo prestigio recibe la oportunidad de explorar las movidas de la vida desde un punto intermedio entre la comedia y el drama (básicamente, todas las hijas de Louie), pero logra diferenciarse perfectamente de todas. Al principio puede entrar como una «Master of None pero con perspectiva musulmana», la serie de Ramy Youssef no tarda mucho en encontrar su propia voz, ya más perfilada en esta segunda temporada donde explora con acierto asuntos como la fe, la relación con la familia, la perspectiva musulmana en un mundo especialmente hostil con esta, y la toxicidad en una conducta bienintencionada pero que arrastra en el fango todo lo que le rodea.

9. Ted Lasso

En un año especialmente lleno de mierda, se ha hecho más necesario que nunca los lugares felices, y quizá de ahí el exitazo de boca a boca que ha sido Ted Lasso, el inesperado mayor reclamo de una plataforma relativamente desconocida (pero que ha dejado mucho producto de calidad a lo largo del año, ojo). Es especialmente inesperado que algo nacido de un spot de broma que ironizaba sobre un entrenador americano sin la menor idea de fútbol europeo sea tan encantador, tan reconfortante y tan… maja. Normalmente se comenta que algo es «majo» para decir que está bien sin pasarse, pero Ted Lasso es tan maja al extremo que es casi contracultural y fascinante.

8. Gambito de dama

Es complicado hacer el ajedrez tan vibrante y tan emocionante en pantalla, pero Scott Frank  lo ha logrado en este incisivo drama que trata con acierto la obsesión  por la perfección, las adicciones y la búsqueda del lugar para uno  mismo, sustentado en una estelar Anya Taylor-Joy. La  clase de drama adulto bien escrita y dirigida que hace tiempo que los  estudios dejaron de ver viable como películas, pero que Frank convierte  con tino y sin excesivo relleno en una electrizante miniserie.

Bonus: Lo mejor que David Simon ha escrito en 2020

Y no es La conjura contra América.

7. Raised by Wolves

El marcado fracaso de HBO Max ha oscurecido por completo el mayor as que tenía bajo la manga y secuestró en el último minuto a TNT. Con Ridley Scott de arquitecto de su inmenso y rico mundo, además de director principal (directamente dirigió dos episodios, por extensión a través de su hijo varios más), la serie de Aaron Guzikowski explora a través de un bien trazado grupos de personajes varias cuestiones grandes muy habituales en el cine de Scott: las posibilidades de la inteligencia artificial, la relación entre la humanidad y la fe, qué define nuestra naturaleza y si es posible un destino mejor para nosotros. Una de las mayores sorpresas del mundo de la ciencia ficción merece un mayor reconocimiento.

6. BoJack Horseman

Es una locura pensar que este 2020 ha sido el mismo año en el que se terminó una de las mejores series animadas de la última década (en serio, casi parecía que el final se había producido el año pasado). La serie de Raphael Bob-Waksberg acertadamente llega a la conclusión de que el final del caballo actor no podía ser feliz, o incluso satisfactorio, y pone contra la pared al protagonista para confrontarle de una vez por todas con todas su miserias y con todo el daño que ha causado. También lo hace encontrando un lugar para todos esos personajes satélite que han sido tan importantes para el crecimiento de BoJack (la serie) y marchándose dejando claro que muchas veces no vas a encontrar las respuestas que quieres de la vida y que muchas veces esta duele más de lo debido. Pero a veces sólo queda vivirla.

5. Curb Your Enthusiasm

La temporada anterior fue un regreso que dejó la escamosa sensación de qué necesidad tenía Larry David para volver y para hacer eso. Pero Larry David nunca se ha dejado marcar por la necesidad de contar algo (bueno, tiene muchas cosas que decir, pero eso es otro tema) y siempre se ha mantenido férreo en el espíritu de una serie que tampoco iba sobre nada. Renunciando a una trama más seriada y recuperando su espíritu más sitcom, Curb Your Enthusiasm vuelve a encontrar oro exponiendo a toda la humanidad en sus miserias e hilarantes contradicciones, mientras encuentra en el camino alguno de los gags más desternillantes de la comedia actual.

4. Mrs. America

Si se dice que la televisión es el nuevo cine es básicamente porque ésta está siendo el único espacio al que puede acudir el drama adulto para poder existir. No es complicado imaginar los 9 episodios de Mrs. America como una película, pero de hacerse como tal ahora estaría más constreñida al formato biopic y más orientada al tono de prestigio que sirva de anzuelo para premios. Pero en su formato miniserie se ha permitido desafiar las convenciones del biopic, dándose libertades para poner en el centro del relato a una villana a la que no caricaturiza, sino que estudia con tino, mientras que explora las contradicciones y las complejidades en un movimiento feminista con mucho ímpetu, pero también reflexivo sobre cuál era la mejor manera de progresar y conseguir sus objetivos. Todo ello, además, en una serie de raciones entretenidísimas y hechas con mucho gusto.

3. Lo que hacemos en las sombras

Resulta increíble cómo ha logrado crecer esta serie con respecto a las posibilidades marcadas por la película que le dio origen. Pero es así, la comedia vampírica sigue explorando todas sus posibilidades mientras deja una infinidad de instantes hilarantes que la convierten en la comedia más en forma de la televisión. Da la sensación de que nunca se queda sin giros que darle a varios de los elementos de la mitología fantástica o sin espacio para que sus personajes sigan creciendo y produciendo oro. Leñe, si hasta puede estar minutos haciendo humor con un palillo y nunca se siente fuera de lugar. Son gloriosos.

2. Antidisturbios

Sí, puede tirar para atrás que sea una serie que opte por ser tan intensa en cada minuto, pero es en esa olla a presión donde encuentra su zona de confort y su habilidad para epatar. La obra más completa de Rodrigo Sorogoyen, aquí más Michael Mann que nunca, sobresale en dibujar a un complejo grupo de personajes que nunca se vuelve demasiado antipático a pesar de tener todos los elementos para ello. Con Isabel Peña, logra manejar y distribuir la historia sin que se sienta demasiado manufacturada, y la dirige de manera apabullante tanto en las escenas más dialogadas como en las de pura acción.

1. How to with John Wilson

No tiene precio ver las caras de la persona a la que le comentas que uno de los mejores episodios que has visto en la televisión en mucho tiempo es uno donde un documentalista se pasa media hora explorando el mundo que hay detrás de los andamios. Pero así se las gasta John Wilson, que puede empezar con cualquier tema trivial como, por ejemplo, cómo dividir la cuenta de manera justa y terminar buscando la respuesta en una cena anual de árbitros de fútbol (europeo). Y cosas más extravagantes que no menciono porque es mejor verlo por uno mismo, y porque es posible que no me creáis.

Pero más allá de la extravagancia con la que John Wilson quiere llevar su docuserie cómica (?), su mayor virtud es la manera de explorar asuntos menores y terminar siendo la media hora más reflexiva y profunda sobre la condición humana y la vida moderna que hay en la televisión. Y nunca juzgando a los peculiares personajes que se encuentra en el camino sino capturándolos con fascinación y empatía, poniéndolo en el otro lado del espectro en el que cae Borat. Cada capítulo está plagado de risas, tristeza y confusión, haciéndola una de las mejores radiografías de 2020 incluso aunque la mayor parte de su metraje capture comportamiento previo a la pandemia.

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