En estas fechas se recurre mucho a la solución fácil de pillar lo primero que nos lance la pantalla principal de Netflix, y hay que tener cuidado con eso porque uno se puede tragar bodrios como, yo que sé, Tall Girl. Hipersónica Soluciones Para Todo te ofrece la mejor selección de lo que puedes encontrar dentro del extenso catálogo de la gran N roja, para evitarte disgustos y para descubrir algunas cosas más allá de Friends o Breaking Bad que todos hemos visto ya más de una vez.

American Crime Story

De entre las miles de producciones de Ryan Murphy que salen cada año, pocas logran el equilibrio de su obsesión por el faranduleo, la crítica social y el manejo de las expectativas narrativas como esta antología. Tanto El Pueblo vs O.J. Simpson como El Asesinato de Gianni Versace son experiencias televisivas de primer nivel llenas de buenas ideas creativas que subvierten este tipo de dramas “basados en hechos (conocidos) reales” y momentos de “OYOYOYOYOYOYOY”.

American Vandal

De entre todos los documentales true crime que plagan el catálogo de Netflix, tiene su guasa que el mejor de todos ellos sea precisamente uno que quiere parodiar sus convencionalismos, sus clichés, sus trampas narrativas y su autoimpostada importancia. También tiene su guasa que acabes mordiéndote las uñas por las ganas que tienes de ver cómo se resuelve un caso de penes dibujados en coches.

Arrested Development

Antes de que nos enamorásemos de los desternillantes dramas del 1% de Succession, esta serie de catastróficas desdichas de la familia Bluth dio un soplo de aire fresco a la sitcom americana. Narraciones de Ron Howard, personajes tan absolutamente descabellados que te los acababas creyendo a la fuerza, inteligente ruptura de la cuarta pared y algunos de los momentos más desternillantes de la comedia en este siglo. Todo oro en estas magníficas TRES temporadas que tiene la serie.

Un momento, ¿qué es eso que decís de que han hecho dos temporadas más? No puede ser, me acordaría de ello.

Ash vs Evil Dead

Sam Raimi volvió a su saga de Posesión Infernal, al personaje de Ash Williams y al Necronomicon recuperando parte de la esencia que se le había perdido haciendo Spider-Man 3 o aquella atrocidad de precuela de Oz. Volvió a los presupuestos exiguos, a buscarse las castañas con creatividad, a la perfecta comunión entre humor negrísimo y disparatado con terror de posesiones macabro. A pesar de su final abrupto, las nuevas aventuras del personaje de Bruce Campbell ofrecieron un desarrollo muy interesante del personaje acompañado de la mejor y más genuina serie B.

Better Call Saul

En esta lista hemos querido evitar lo obvio, por eso no está Breaking Bad. Ahora mismo se está generando una ola de entusiasmo que pone esta precuela por encima de la serie principal a la que yo no me voy a sumar. Con todo, ver todo el rato colisionando la serie de Saul Goodman con la serie de Mike Ehrmantraut (la parte más Breaking Bad de la serie) y ahora también la serie de Kim Wexler resulta un interesante choque de fuerzas que dialoga bien con la serie original y ofrece una experiencia diferente. Es mejor aprovechamiento de vuestro tiempo que El Camino.

Big Mouth

¿Cómo te sales con la tuya haciendo una serie de lo jodida que es la adolescencia, cuando te empiezas a dar cuenta de cómo va el mundo mientras estás más caliente que el palo de un churrero, sin que te demanden por exponer pornografía a menores? Aparentemente, la animación es la zona gris perfecta para atreverse con todas las cosas con las que se atreve esta ficción de Nick Kroll. Didáctica sin resultar un sermón, y también golfa sin ser chabacana.

BoJack Horseman

Y ya que sacamos la animación para adultos, pocos se esperaban que la serie que fuera a sustentar el dominio de Netflix en esta parcela fuera a ser una protagonizada por un equino parlante. Pero llamarla la serie del “caballo que habla” sólo toca la superficie de todas las genialidades de las que habla, desde la constante sensación de insatisfacción en la búsqueda del vago concepto de la felicidad hasta el demoledor retrato de un sistema como el de Hollywood, lleno de hipocresías, disfunciones y un especial sentido de la desvergüenza. Y, por supuesto, el humor de animales siempre es bienvenido.

Brooklyn Nine-Nine

La mejor serie tontorrona actualmente, construida bajo el carisma de un reparto carismático que funciona genial cuánto más rato pasa juntos, una genial autoconsciencia de los lugares comunes de las series de detectives, y los mejores especiales de Halloween de todos los tiempos año tras año. También una de las mejores series deliberadamente progresistas, que es capaz de celebrar su diversidad y su inclusión en una fuerza tan comunmente considerada como conservadora como es la policía.

Fariña

Habrá series españolas más exitosas (La Casa de Papel) y series sobre traficantes también más exitosas (Narcos y sus spin-offs, oficiales o no), pero esta producción de A3Media con Bambú, basándose en el imprescindible libro de Nacho Carretero, consigue hacer uno de los mejores retratos del impacto de la droga en todos los estratos sociales, además de un entretenimiento televisivo de primera. Con sentido de la gravedad de lo que está contando pero sin tomarse en serio en exceso, con el suficiente sentido del ridículo para jugar con anacronismos y, al mismo tiempo, enfocar con inteligencia lo que está contando.

Glow

Una serie de unas “luchadoras” de wrestling que montaron un fugaz programa de televisión tan hortera como impactante no debería ser una de las series más humanas de los Netflix Originals. Pero dice mucho más de lo bien que hace Glow las cosas que de cualquier otro aspecto. Pocas series quieren tanto a sus personajes sin llegar a ser excesivamente indulgente con ellos, y cada personaje aquí vale su peso en oro. Hablamos de una serie que hace el mejor uso posible del carácter de cascarrabias sempiterno de Marc Maron y aún así acabas por quererle. Cómo no amarla.

The Good Place

Pocas series dan tantos saltos al vacío como esta y muchas menos logran aterrizar de pie tantas veces como ella. Aunque conforme pasan las temporadas se ha resentido su habilidad para salir airosos de sus giros kamikazes, la serie de Michael Schur es una de las ocurrencias más simpáticas de la televisión actual, con un sólido conjunto de personajes y la mayor cantidad de vueltas posibles a la filosofía y a la cultura pop.

I Think You Should Leave

Un programa de sketches, por definición, tiende a la irregularidad y unas ideas hacen mas gracia que otras. Lo que hace Tim Robinson aquí no es la excepción, pero sí es cierto que los momentos que funcionan son lo más desternillante y descabellado que hay en la comedia ahora mismo. El programa es capaz de crear su propio lenguaje sin que se sienta totalmente despegado de la realidad y sus mejores ocurrencias ya no se te despegan de la mente una vez las has visto. No es de extrañar que Robinson tuviera que salir de Saturday Night Live para poder sacar adelante esta magnífica colección de disparates y de gente con cero filtro y menos sentido de cuándo hay que parar.

The bones are the skeletons’ money, so are the worms.

The IT Crowd

Mejor que pasar el rato con los nerds de jajojajota de The Big Bag Theory, esta sitcom inglesa ofrece puntos de genialidad por doquier a costa de sus protagonistas tan enternecedores como destestables. En ese fino equilibrio encuentra el oro, además de con su estupenda sátira de las supercorporaciones que esconden su toxicidad bajo palabros guays. Y el capítulo donde la cuadrilla se va a ver un musical puede ser el mejor episodio de comedia del siglo, aunque ya sea tan sólo por el momento “I’m disabled”.

La Maldición de Hill House

El salto de Mike Flanagan a nombre imprescindible en el género de terror actual se dio con esta producción a ratos Shirley Jackson, a ratos Stephen King, a ratos traumas jodidos del pasado arrastrados al presente. La factura técnica sobrepasa cualquier imposición del algoritmo y deja dos capítulos imprescindibles en el género fantástico de este último lustro.

Master of None

La comedia de Aziz Ansari es una de esas pequeñas joyas escondidas en el catálogo que son un magnífico retrato de las relaciones humanas y la ansiedad al intentar bucear en los tempetuosos ríos de la vida moderna. Algo resabidilla, pero también genuina, honesta, y con buenas ideas audiovisuales tanto en sus homenajes como en sus inquietudes.

Mindhunter

De entre las toneladas de thrillers detectivescos genéricos e idénticos, David Fincher llegó y demostró lo totalmente equivocados que están todos ellos y ofrece el único que es capaz de agarrar al espectador y que este no lo olvide con facilidad. Una serie que explora los orígenes del psicoanálisis como herramienta detectivesca en la caza de asesinos en serie pero que explora mucho más, desde la fragilidad personal hasta la naturaleza propia del mal. Es increíble cómo de dinámica logra ser una serie compuesta principalmente de conversaciones en despachos y lo aterradora que puede ser con sólo contar atrocidades en vez de mostrarlas.

El Ministerio del Tiempo

Aunque la producción de esta serie haya sido, como poco, turbulenta, es una de las mejores series nacionales que hemos tenido en tiempo, con mucha inteligencia a la hora de establecer las misiones, recrear los periodos históricos, y crear un sólido núcleo de personajes. Pronto regresará con una cuarta temporada, parece buen momento para darle un intento si no lo has hecho todavía (o volver a ella si ya lo has hecho).

Paquita Salas

La representante por excelencia podría haber sido un chiste que se le hubiera acabado la gasolina muy pronto, pero Los Javis han demostrado mucha creatividad con cada temporada nueva de las aventuras de Paquita Salas. Se podría haber agotado pronto porque todo empezó como un chiste de Instagram, pero pronto se convirtió en el perfecto vehículo para que el dúo creativo volcase sus obsesiones por el funcionamiento de la industria audiovisual y la cultura pop, pero con referencias que no distraen al espectador que pueda no estar al corriente de todos estos entresijos. Se podría haber acabado pronto por su tendencia al melodrama y a tirar de azucar, pero nunca se siente fuera de lugar, nunca pierde el cariño por sus personajes y nunca roza el cinismo que podría condenar fácilmente a esta ficción como algo impostado.

Sense8

Tras una concatenación de fracasos comerciales (y no tan comerciales, porque menudo circazo lo de Jupiter’s Ascending), las Hermanas Wachowski aprovecharon el guante que les proporcionó el servicio de streaming para seguir experimentando con la narración cinematográfica y con conceptos originales para la ciencia ficción de consumo mainstream. Incluso con sus momentos donde parece que todo se les está yendo de madre, la conexión emocional entre esta serie de personajes ¿mutantes? mantiene una fuerza que no perdió ni aún teniendo que cerrar de manera apresurada en un episodio/película final que fue aprobado por Netflix tras su cancelación.

Unbreakable Kimmy Schmidt

Cualquier serie en la que Tina Fey active el modo metralleta de chistes de todos los colores es imprescindible. Una improbable joyita de una superviviente de un secuestro en un bunker que acaba viendo todo con optimismo aunque viva rodeada de ratas, con algunos de los puntos de genio más inesperados y deliciosos que puede ofrecer una sitcom. Aunque las series de Fey siempre han funcionado mejor cuando los chistes se tienen que pelear para entrar (ay, los tiempos donde había que editar los episodios a 22 minutos), esta encontraba hallazgos debajo de las piedras (Titus Andromedon es oro puro en forma de personaje) y sabía cuando tomar en serio algunos de los dramas que estaba contando.