Este año el cine ha tenido complicado existir. La pandemia ha supuesto un trastoque completo que ha acelerado tendencias en la industria además de dejarnos sin una importante cantidad de estrenos, teniendo que refugiarnos en varios estrenos en plataformas que han tenido sus más y sus menos. Al menos, nos ha dado 25 films más que dignos y celebrables en un año para olvidar, aunque veremos sus consecuencias en los próximos años.

25. El rey del barrio

La bella, triste e intrascendente vida de un tirado. Como a todas las pelis de Judd Apatow,  le sobran 20 minutos, pero qué cosa más maja y también amarga le ha  quedado. Pete Davidson está sorprendentemente sólido, pero el corazón lo  ponen tanto Bill Burr como Marisa Tomei. Quitando un tercer acto que podría acusarse de facilón, es una de las sorpresas cómicas del año.

24. Guapis

Se queda insuficiente cuando la pones al lado de toda la polemiquita montada alrededor que, como todas las polemiquitas de antes de ver la peli en cuestión (y especialmente cuando vienen de Netflix), no tenía realmente sentido. Pero más allá del flaco favor que le ha hecho el marketing, Maïmouna Doucouré encuentra espacio para mostrar la película que quería hacer, tan honesta y empática como naïf, pero siempre interesante.

23. Boys State

Perfecto timing de Apple para sacar este documental ahora con Estados  Unidos al borde del colapso con sus propias elecciones. El documental de Jesse Moss y Amanda McBaine no se conforma sólo con alarmar de las  tendencias más peligrosas en la ya de por si frágil democracia americana  (fácilmente trasladables a cualquier otra, por otro lado), sino que  hace un meticuloso estudio de cómo ciertos discursos calan en tiempos  electorales.

22. Cómo sobrevivir en un mundo material

A medio camino entre un cine indie bonico, una peli de atracos referencial a otras pelis de atracos y drama familiar retorcido, Miranda July ofrece una película tan aparentemente extravagante como emocionalmente sincera. Hasta cierto punto, es un Wes Anderson donde no resulta falso todo lo que estás viendo, así que mérito doble.

21. Onward

Casi todas las listas han metido Soul, la otra de Pixar para este año (nosotros somos pobre y aún tenemos que verla). Sin embargo, no queremos perder la ocasión de poner en valor una película aparentemente sencilla pero que nos ha ganado con el tiempo por, de nuevo, una fórmula eficaz, un primer acto impecable y una contagiosa pasión por la mitología fantástica que recontextualiza y satiriza con gracia y sin cuñadeces.

20. Color Out of Space

Podría haber quedado como una nueva extravagancia de Nicolas Cage a costa de la ola de Mandy,  pero en su lugar tenemos un imaginativo relato sobrenatural y demencial  de Richard Stanley, que sale bastante bien parado de la complicada  tarea de llevar a la pantalla la particular imaginería de H.P.  Lovecraft. Ven por el terror que vino del espacio, quédate por las  alpacas y los colorines.

19. Solo nos queda bailar

Con la danza como elemento vertebral, uno de los métodos de expresión más vivos, pasionales y catárticos que existen, este cuidado drama tan romántico como político explora el autodescubrimiento sexual en un ambiente reacio a la realidad LGTB. Lo hace, también, dejando detalles tanto de la obsesión por la perfección de Whiplash como de la delicadeza orgánica de una Call Me By Your Name (aunque alguno podría argumentar que aquí el romance resulta más creíble y significativo). Aunque Levan Akin logra tocar una tecla más agridulce e increíblemente personal que hacen de esta una fascinante singularidad.

18. Descansa en paz, Dick Johnson

Pocas cosas más aterradoras hay que ver cómo tu padre se está yendo  poco a poco. La clase de sentimientos que genera son de los más  difíciles de lidiar, y la respuesta de Kirsten Johnson ha sido grabar a  su padre mientras hacían una falsa película surrealista sobre su muerte.  El resultado es un documental confuso pero sincero, divertido pero que  corta profundamente, doloroso pero confortante.

17. Bliss

Es fácil que venga a la mente un relato vampírico a lo Abel Ferrara en The Addiction, pero Joe Begos traza en un esfuerzo más puramente fantástico y visceral una interesante reflexión sobre el proceso creativo, la drogadicción y la precariedad en el sector artístico. Aunque, ante todo, presenta un divertido ejercicio de género que lo debería poner en órbita de todo aquel con mínimo interés por el mismo.

16. Da 5 Bloods: Hermanos de armas

El último “joint” de Spike Lee  es un viaje enriquecedor y estimulante, ya que nos muestra al director  explorando nuevas vías de expresión sin renunciar a sus señas de  identidad. Es difícil no disfrutar de ver al director abrazando el  clasicismo épico de un David Lean o de films como El tesoro de Sierra  Madre. Suena peligroso cuando directores como Martin Scorsese  o el propio Lee, con algunas tendencias peligrosas en su vejez que a  veces hacen peligrar sus films (se puede ver en algunos ejemplos  recientes), de repente se topan con una libertad total gracias a  Netflix. Pero al final les ha salido cara a todos.

15. You Don’t Nomi

La veneración excesiva de una obra vilipendiada y posteriormente  reivindicada puede quedar como una boutade contraproducente. Jeffrey  McHale logra evitarlo con gracia explicando la particular trayectoria de  esta “masterpiece of shit” que pasó de ser la peor película de su año a  una obra maestra de culto. Lo logra exponiendo posturas diferentes,  cada una aportando una lectura interesante de las diferentes capas en  las que funciona la película, poniéndola en conversación directa con  otras obras de Paul Verhoeven y empatizando al máximo con Elizabeth  Berkley y las consecuencias de tomar una decisión atrevida y arriesgada  para su carrera.

14. Ema

A Pablo Larraín hay que tenerlo siempre en tu equipo. No. El Club. Neruda. Incluso Jackie tiene  cosas más interesantes de lo que tradicionalmente se espera de esa  clase de películas. Aquí vuelve a mostrarse como un imprescindible con  su película más musical y más encendida, donde explora traumas profundos y moralidades cuestionables a ritmo de perreo y lanzallamas.

13. Vida Oculta

La vuelta de Terrence Malick al cine de narrativa (y escritura) más  convencional desde 2005 no renuncia a lo que le ha hecho un autor, en  cierto modo, divisivo en la última década. Cámaras girando muy cerca de  dos personajes en momentos íntimos, exploración profunda de temas como  la religiosidad, hacer avanzar la trama con interacciones entre  personajes más que haciendo que “pasen cosas”, insistir en ciertos  aspectos a lo largo del metraje hasta que quedan un poco redundantes.  Aunque vuelva a otro tipo de historias, la película sigue siendo tan  “turra” como lo que viene haciendo desde El Árbol de la Vida. E igual de innegablemente hermosa.

12. Wolfwalkers

De la mano de Cartoon Saloon, uno de esos pequeños estudios de animación al margen de los gigantes que acaparan siempre la atención, este relato folklórico presenta a través de una animación 2D deliciosa un bello relato de amistad, amor por la naturaleza e indefensión ante la jerarquía de clase. Incluso aunque discurra por los lugares esperables de una película así, toca cada aspecto con un mimo y gusto tan exquisitos que es imposible resistirse.

Bonus: El tiktok de NWR

Mucho mejor que toda su filmografía junta.

11. Estoy pensando en dejarlo

Charlie Kaufman  regresa a la adaptación ajena en la que es, posiblemente, su película  más completa como director. No sólo coge el desasosegante y oscuro  espíritu de la novela de Iain Reid, sino que lo expande, lo enriquece y  lo hace más deliberadamente antiguo en la película más claramente  orientada contra el público medio de Netflix, pero que también es la que  más se puede beneficiar de estar en la plataforma por la posibilidad de  realizar más visionados que desvelen más claramente los laberintos  conceptuales del director.

10. Tenet

En este año horrible para las salas de cine, Christopher Nolan quiso lanzar un salvavidas pero nadie quiso seguir el ejemplo, haciendo que más que un salvavidas parece que haya lanzado otra soga. No ayuda que Tenet sea una película más aparentemente antipática y hermética de lo habitual en su cine, aunque en realidad Nolan haya logrado un film de espías realmente fastuoso, con el director más cómodo que nunca en el aspecto de acción (uno de sus grandes talones de aquiles) y conteniéndose más en sus tendencias sobreexplicativas (su otro gran talón de aquiles). Menos confusa y más divertida de lo que muchos dan a entender, aprovechando las posibilidades del concepto tras su premisa para dejar secuencias que te dejan con los ojos abiertos de par en par.

9. El hombre invisible

Mejor de lo que debería ser en un principio, la actualización que Leigh WhannellElisabeth Moss plantean para el Hombre invisible saca mucho provecho de sus aparentes limitaciones presupuestarias, haciendo un trabajo ampliamente más satisfactorio e interesante que lo que venía haciendo Universal con sus monstruos. Han comprendido que la actualización de un monstruo invisible no sólo pasa por usar hombres cubiertos de un traje verde para ser borrados digitalmente, sino de comprender qué lo hace tan aterrador y aprovechar eso para contar los terrores de hoy día. El director no sólo plantea escenas de terror que funcionan, sino que hace progresar la historia con una fluidez y cuidado remarcables, nunca desconfiando del espectador y siempre cogiéndole de la mano para que disfrute del trayecto.

8. Sound of Metal

La última sorpresa del año lo da este puñetazo en el estómago sustentado en un Riz Ahmed estelar en el papel de un batería de hardcore y metal que pierde la audición. Desde un doloroso retrato de la dificultad a la hora de aceptar una nueva realidad (¿suena familiar?) hasta tener que abrazar el silencio para poder soportar el ruido interno. Una joya inesperada.

7. La estafa

Bad Education (o La estafa) se disfruta mucho por ser cine adulto de calidad, del que respeta al espectador acompañándolo en el viaje y manipulándolo con buen gusto. Se juega muy bien con los tonos, desde el thriller de investigación a la comedia más cabrona, estudia bien a sus personajes sin juzgarlos, pero sin dejar de lado sus aspectos más miserables, y sabe perfectamente del potencial tanto de Hugh Jackman como Allison Janney (Jackman en concreto da la que quizá sea la interpretación de su vida) y les deja que expriman a gusto sus personajes. Y es delicioso de ver.

6. Nunca, casi nunca, a veces, siempre

Esta pequeña pieza indie es uno de esos casos donde la sinopsis de la  película tiene toda la trama, pero no toda la historia. En el enfoque  natural y realista esconde realmente un viaje terrorífico y desesperador  para un personaje indefenso ante unas circunstancias que nunca había  pedido. Eliza Hittman se maneja para hacer de este un relato honesto y  punzante que nunca caiga en excesivos dramatismos que no necesita, e  incluso los momentos donde parece que se va a lanzar a hacer la escena  que estás esperando que pase logra atajarlos con una intimidad y cuidado  que se sienten sinceros.

5. Beastie Boys Story

Acercarse a Beastie Boys Story no es lo mismo que acercarse al enésimo documental de música que explora la historia de una banda. Sí, como en otros del estilo, son los miembros supervivientes los que cuentan sus propia historia, pero el formato difiere, con dichos miembros sobre un escenario narrando la historia con la misma naturalidad que afrontar un concierto del grupo. Por tanto, hay bastante de película-concierto aquí, pero también se aleja de ello por la manera en la que se involucra al público y cómo se estructura el show. Los conciertos de Beastie Boys, como es de esperar, no se pueden reducir a algo tradicional, pero en la película vemos una manera de fluir y de interactuar con el espectador muy cercana a un especial de comedia. Mike D, Ad-Rock y Spike Jonze aprovechan lo mejor de los tres estilos para dar un aire fresco y especial a esta película. Una película que ya tendría su propio valor por la propia historia de los Beastie Boys, pero lo que la hace especial es precisamente cómo la cuentan: con poca Wikipedia y mucho corazón. También mucha honestidad.

4. Diamantes en bruto

La adaptación cinematográfica de un ataque de ansiedad. Más allá de  la coña de necesitar un trankimazin una vez acabas de verla, los  Hermanos Safdie y Adam Sandler se marcan un puñetazo en la boca del  estómago, que retrata con precisión la problemática de las apuestas y  del adicto al juego. La energía con la que ruedan sólo se iguala con su  énfasis en los complejos mundos del baloncesto profesional y el  judaísmo, magníficamente plasmados, y sacan oro de cada elemento que incluyen, entre ellos a Kevin Garnett.

3. 1917

Estar involucrada en plena disputa con Parásitos por el oro del Oscar ha hecho que la percepción sobre este film de guerra se haya distorsionado. Que si el truco del plano secuencia hacía falta (una cuestión absurda teniendo en cuenta que la peli se plantea ya como una experiencia continua), que si no tiene nada que contar del mundo real (no tiene más ni menos que contar que otra cinta de guerra o de supervivencia). Todo nos ha desviado la atención de lo que importa: Sam Mendes hace una película épica que se gana su nombre, siguiendo el particular vínculo que se forma en una circunstancia tan singular como es una guerra, manejando el ritmo con un pulso de hierro incansable y dejando grandísimos momentos de acción amplificados tanto por la fotografía de Roger Deakins como la música de Thomas Newman, cada uno excelente en su parcela. Que no te distraigan otros pormenores, es una experiencia monumental.

2. Bacurau

El turismo tiene poco valor añadido. Ante los invasores explotadores, la gentrificación, todos a una. El Fuenteovejunismo de este film brasileño, aderezado con toquecitos de cine fantástico muy fino,  convierte a este en uno de los hallazgos más alucinantes de este año. Tan implacable en su mensaje, como bien narrado y visceral cuando toca.

1. El Faro

2020 ha sido un año donde hemos terminado encerrados en nuestros hogares en contra de nuestra voluntad, a veces atrapados con gente con la que desearíamos no estar encerrados, dirigiéndonos sin remedio hacia la locura por el aislamiento, por terminar bebiendo hasta perder el sentido, por los pedos del otro o por no tener un sitio donde masturbarse. Irónicamente, Robert Eggers ha capturado todo esto sin querer mucho antes de que nos familiarizásemos con el concepto de «pandemia» en su relato de la locura que junta tanto a Prometeo como a Herman Melville o a Lovecraft. No todo el mundo comulgara con su estilo (leñe, hasta en la redacción ha habido abucheos con esta elección), pero si hay que resumir un año tan caótico como este, nada lo hace mejor que este infierno lleno de flatulencias enmarcado en un cuadrado.

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