Nuestros repasos anuales continúan y nuestra siguiente parada se pasa por el cine. O por el salón, que alguna película de Netflix ha caído. 50 películas, todas de golpe. No hay ninguna en la que salga Tom Cruise, pero le tenemos en espíritu siempre.

50. Joker

A veces tocando el cielo, a veces tratando desesperadamente de vender la moto, no hay duda de que Todd Phillips ha logrado el trile del año. Con más mérito de lo que sus histéricos detractores están dispuestos a reconocer, pero menos transgresora de lo que te quiere dar a entender. Independientemente de sus aciertos y fracasos, su éxito va a ser muy influyente en el cine mainstream de ahora en adelante, así que no se puede cuestionar como una de las películas del año.

49. High Life

Una película donde Robert Pattinson lleva su semen en una probeta mientras anda sobre una estación espacial que actúa prácticamente como prisión de individuos indeseables. Es tan demencial que no debería ni existir, pero Claire Denis nunca ha tenido miedo a retos de ese calibre. Tampoco ha sido su único intento de explorar la perversión latente en una vertiente del cine fantástico (Trouble Every Day), pero su aportación al género de exploración espacial, que esta década ha vivido un boom importante, es más que estimable más allá de lo morboso. Es un auténtico estudio de la conflictiva condición del ser humano, tanto de lo más negativo hasta lo más positivo.

48. Dolemite Is My Name

La plantilla de “Soñadores incomprendidos que buscan el éxito desde los márgenes” ya esta lo bastante consolidada para hablar de un subgénero en sí mismo. Dolemite Is My Name no viene a trastocarla, ya que sus guionistas vienen de hacer uno de los mayores exponentes de este tipo de películas (la imprescindible Ed Wood), pero le sobra energía, diversión y cariño por sus personajes, especialmente por el principal tan bien interpretado por un Eddie Murphy pletórico que nunca había estado tan bien.

47. Destroyer: Una mujer herida

Aunque bien podría haber dado para una temporada de True Detective, se aprecia la cabezonería para sacarla de este modo, con su interesante estructura circular y su narración impecable. El thriller criminal que parece cada vez más relegado a la televisión es aquí puesto en valor gracias a la crudeza técnica de Karyn Kusama, una ambientación digna de elogio y un reparto siempre en la nota adecuada.

46. The Old Man and the Gun

Un retiro que igual no es tanto, pero nadie puede cuestionar el agradecido aire crepuscular de esta interpretación de Robert Redford. La ligereza bonachona que le da David Lowery a esta cinta de atracos/romántica/metareflexión de la carrera de Redford hace que verla de mucho gustico. Tan encantadora como el personaje cuando se presenta en el mostrador para iniciar el golpe.

45. Quien a hierro mata

Paco Plaza se sale del cine de terror para darnos un thriller narcogallego de corazón negro y pulso retumbante. La transición le sale tan natural que casi ni te das cuenta que has pasado de los Héroes del Silencio en la anterior película a Yung Beef en esta.

44. Historia de un matrimonio

Noah Baumbach a veces no puede evitar caer en sus peores tendencias, cayendo en el ensimismamiento en la narración y haciendo que la parte más importante de toda peli de rupturas (la peleita) se quede tan a medio gas que ha funcionado mejor como meme. Con todo, aquí queda su relato más emocionante, dramático sin renunciar a ser ligero y con varias interpretaciones de lujo. Es su mejor película.

43. La mujer de la montaña

Que la opresión de los gigantes económicos y la contaminación de las empresas más viles no te pille sin el arco en la mano. Esta película islandesa (sí, en todas las listas hay que meter cuota islandesa) sabe tocar temas espinosos, de los que más cabrean a la población, y pasarlos por una comedia ocurrente y estrambótica, además de dejarnos a uno de los personajes protagonistas más interesantes del año tan bien llevado por Halldóra Geirharðsdóttir.

42. Triple Frontera

A J.C. Chandor le apasionan dos cosas: el cine adulto setentero y el thriller machirulo de una masculinidad en crisis. Aquí es imposible no comprárselo todo, incluso con una versión menor de un thriller menor de Kathryn Bigelow al que le han inyectado por vena la Carga Maldita de William Friedkin. Otro ejempo de lo bien que ha ido para Netflix apostar por el tipo de cine cada vez más escaso en las carteleras.

41. Sombra

Aunque esto ya no son los 2000s y el cine de artes marciales chino más exagerado ya no está en nuestras prioridades, Zhang Yimou ha decidido que no está todo acabado para el wuxia. Ya alejado de los esfuerzos coloridos de La casa de las dagas voladoras o Hero, el tono gris y sombrío no carece de expresión y no renuncia a los momentos over the top (¡paraguas hechos con cuchillas!), así que Sombra ofrece una sana diversión muy agradecida.

40. Los Hermanos Sisters

Jacques Audiard vuelve a su revisionismo de géneros cinematográficos y de deconstrucción de la masculinidad. Esta vez toca con un western árido pero tierno, con un reparto increíble con un brillante John C. Reilly a la cabeza, que muestra el atinado enfoque del francés. Incluso aunque su fotografía digital no termine de mostrar la belleza de la Selva de Oza y el Valle de Zuriza donde se rodó.

39. Atlantics

Es difícil entrar en varias de las cosas que hacen sobresalir a esta película sin descubrir parte del pastel, y dado que esta es una película que está pasando desapercibida mejor no entrar en detalles (aunque buena parte de la crítica ya se encargó de chafar parte de la magia). Sólo decir que es maravilloso cómo juega sus cartas para que creas que ya te has visto esta clase de cine realista y luego te sorprende desvelando su naturaleza. Y otra buena entrada para el tono “eat the rich” que ha dominado parte del cine publicado este año.

38. Varda por Agnès

En un año dominado por una serie de autores veteranos haciendo reflexión de su larga y significativa obra, no podía faltar una de las mejores narradoras del cine francés narrando su propia trayectoria. Este documental, tan lleno de honestidad y pasión, tristemente nos llegó cuando Varda ya falleció, así que es inevitable verlo con cierta tristeza y apreciar cierto aire crepuscular. Pero con su última palabra consiguió mejor retrato de sí misma que el mejor de los obituarios.

37. The Report

Aunque su propia condición de cine frío, sobrio y sin estridencias la condenen a pasar desapercibida, su propia naturaleza es donde saca sus mayores frutos. Su aire periodístico que esquiva el toque facilón de la “Wikipedia filmada” encuentra la tensión en esas conversaciones en despachos, llenas de exposición, y hace interesante el viaje de un personaje guía como el de Adam Driver. No da nada que no prometa, pero es tremendamente eficaz en lo suyo.

36. Estafadoras de Wall Street

Una historia de supervivencia de un grupo de bailarinas de stiptease que, empujadas a los márgenes por un sistema caníbal, deciden hacer suya la guerra contra los peores ejemplares del sistema, los chupópteros de Wall Street, embarcándose en un camino donde empiezan como heroínas de su propia historia pero acaban por no reconocer quién es esa que ven en el espejo con la ropa llena de sangre. Lorene Scafaria clava su retrato de unos personajes complejos y llenos de grises en una cinta estimulante y divertida, proyectada por una Jennifer Lopez más estelar que nunca.

35. Vengadores: Endgame

La conclusión de ciclo de películas más dominante en la cultura popular de la decada muestra a la perfección el porqué de dicho dominio: su equilibrio entre remover los elementos de la fórmula Marvel y, al mismo tiempo, sin salirse demasiado de los márgenes de la misma. Endgame son tres películas en una: la primera hora de retozarse en el drama de sus personajes, otra hora de una chifladura sci-fy con viajes en el tiempo cuya lógica mejor no plantearse demasiado y la última hora de pelea intergaláctica épica que demanda el libro de estilo. Lejos de ser un irregular pastiche lleno de guiños para el espectador que ha seguido todo el viaje, ha sido el único cierre de saga popular que no ha provocado reacciones iracundas por su final. Saber aterrizar tiene su mérito.

34. El vicio del poder

Listo o listillo. Adam McKay juega constantemente con la línea que separa la astucia del fraude. Su retrato de Dick Cheney vuelve a mostrar su ímpetu por ser el perfecto equilibrio entre el toque de Michael Scorsese y el afilado colmillo de Michael Moore, con una serie de decisiones que te apetece aplaudir (el falso final a la media hora de película) o bien te dan ganas de mandarlo a su casa (el momento con diálogos de Shakespeare).

33. Pájaros de verano

La fuerza arrasadora del colonialismo deja su huella, ya sea actuando de forma directa o indirecta, y esa es una de las particulares obsesiones de Ciro Guerra, autor de la imprescincible El abrazo de la serpiente. Esta vez junto a Cristina Gallego, el director colombiano se adentra en el cine criminal explorando la tragedia casi Shakesperiana de estos clanes de la droga. Esta hostira de ascenso y caída es tan demoledor como fiero, y una buena muestra del buen estado del cine latinoamericano.

32. Leaving Neverland

Cuatro horas de documental cuya credibilidad todo el mundo ha querido derribar por todos los medios. Independientemente de los hechos que cuenta, sus testimonios resultan valiosos y su manera de ofrecer el espacio para expresarlos resulta tan ejemplar como su manera de contarlos, dejando momentos tan angustiosos que resulta complicado de ver sin hacer unas cuantas pausas de vez en cuando.

31. O que arde

Se nos está quedando una colección maja de películas españolas que buscan epatar con sus relatos mientras difuminan los límites entre ficción y realidad. Oliver Laxe pone su granito de arena con este maravilloso drama gallego tan provocador como maravilloso. Su conmovedor y profundo retrato de la Galicia profunda, con su controvertido alegato sobre el fuego, pone de relieve el valor de un modo de vida en peligro de extinción.

30. 6 en la sombra

La respuesta necesaria a un cine de acción cada vez más complaciente y limado de asperezas al extremo no la verás, por desgracia, en cines. Pero eso no debería ser excusa para no dejarte impresionar por el increíble despliegue de heroicidades, persecuciones, asaltos y disparates que trae bajo el brazo Michael Bay. Alejado del oxidado mundo de los Transformes, Bay vuelve a demostrar su particular sentido para la acción adrenalítica y para jugar con todo límite posible para lo hortera. En sus 20 primeros minutos pasan más cosas que en blockbusters enteros. Gracias al cielo que existe este maníaco.

29. Le Mans ‘66

Un nada disimulado alegato a favor de la creatividad artística contra la maquinaria gigante del corporativismo, expresado mediante un par de locos soñadores que aprovecharon las ansias competitivas de un titán automovilístico para hacer coches bonitos y rápidos. El show que lideran Matt Damon y Christian Bale ofrece un espectáculo sobre ruedas muy energético y disfrutable.

28. El Blues de Beale Street

Si Cameron Crowe ha logrado hacer (y tirar) una carrera entera a base de retratar el triunfo del amor en el lugar más improbable y a pesar de las circunstancias, Barry Jenkins está logrando hacerlo con una coartada intelectual. Más allá de eso, esta emotiva y devastadora adaptación de la célebre novela de James Baldwin es otra muestra inequivoca de su talento, así como la inspiración de una de las bandas sonoras más hermosas del año.

27. High Flying Bird

Tras un momento de crisis ante estudios que ya no parecen tan dispuestos a seguir apostando por él (y por muy poca gente) a pesar de lo eficaz que es y lo poco que suele costar, Steven Soderbergh decidió dejar de pensar en métodos tradicionales para la producción y distribución de sus pelis, siendo uno de los primeros con prestigio que apostó por la libertad que le ofrecía Netflix. Aquí firma una de sus obras más libres e interesantes, primero por lo refinado que se muestra filmando con iPhones y explorando sus posibilidades a la hora de diseñar planos y el retrato del color. Segundo, por cómo junta los diferentes tonos que ha tocado en su cine (el thriller de atracos, el drama social, la mezcla de ficción con realidad). Así, le queda uno de sus mejores esfuerzos y una de las joyas mejor escondidas del catálogo de Netflix.

26. Alita: Ángel de Combate

Mientras seguimos esperando las 27 secuelas de Avatar y vemos cómo mete su pezuña en una secuela de Terminator tan olvidable como otras, James Cameron ha conseguido recordarnos que todavía sabe escribir pelis de aventuras divertidas, locas y creativas, así como las tramas románticas más innecesarias y cursis a este lado del universo. De la mano de un Robert Rodríguez totalmente volcado en la artesanía (y en unas escenas de acción más perturbadoramente violentas que uno puede toparse en un blockbuster para adolescentes), la adaptación de la historia de Alita es inspiradora, llena de vida y visualmente fabulosa. Que pongan en marcha ya esa secuela que pide a gritos.

25. Ventajas de viajar en tren

Que una película así exista ya es casi extraño, que esta haya logrado existir en nuestro país es un milagro. Pero este intrincado puzzle de narraciones dentro de narraciones, de imposibilidades físicas que se aceptan como certeza, ofrece la mejor colección de ocurrencias que ha sacado el cine español reciente. No hay mejor manera de reivindicar el valor de las historias que a base de INVENTS. La verosimilitud está sobrevalorada.

24. Doctor Sueño

Tiene mérito tratar de aunar dos visiones tan enfrentadas sobre una de las historias de terror más emblemáticas de todos los tiempos y reconciliarlas bajo su propio filtro para que se sienta suya. Mike Flanagan no ha tenido todo el éxito que se esperaba continuando El Resplandor, pero ha vuelto a mostrarse como uno de los autores de terror más interesantes dentro del sistema de estudios, haciendo equilibrismos, aportando gravedad emocional al viaje de los personajes y consiguiendo sacar adelante unos villanos que son poco más que una manada de vampiros vapeadores.

23. Buñuel en el laberinto de las tortugas

Surrealista y, al mismo tiempo, convencional. La animación es el medio ideal para poder plasmar el abstracto mundo interior de Luis Buñuel, y algunas secuencias elevan bastante el nivel, pero la peli de Salvador Simó no renunciar a hacer de esta una emotiva historia de un hombre complicado en busca de su pasión y, al mismo tiempo, de una preciosa amistad.

22. In Fabric

La mente de Peter Strickland es todo un misterio por descifrar y es parte importante para acabar siendo uno de los cineastas más fascinantes de la actualidad. Hacer un giallo lynchiano de un vestido asesino, con toda su divertida y retorcida rareza, sólo se le ocurre a él. Para cualquier otro el resultado habría sido un chiste, no para él.

21. Mujercitas

Hasta ahora cada adaptación cinematográfica de Mujercitas ha trascendido por la actriz más importante de su reparto: Katharine Hepburn, Elizabeth Taylor, Winona Ryder. Greta Gerwing ha conseguido que lo que más se comente de su versión es lo que aporta como directora. Su forma de replantear la estructura narrativa de la historia, su fluida dirección sustentada por un montaje ligero pero certero, y un inspiradísimo reparto donde todas aportan su granito de arena convierte en un éxito esta nueva versión del clásico.

20. One Cut of the Dead

El sorpresón del año viene de lo que tenía pinta de ser una comedia zombie simpática más y acaba convertida en la mejor y más desternillante carta de amor al género (y a hacer cine de género con pasión) desde Shaun of the Dead. Cuanto menos sepáis de sus giros mejor, pero una vez Shinichiro Ueda te los revela ya no puedes parar de reir.

19. Monos

La interpretación colombiana de una mezcla ideal entre Apocalypse Now y El Señor de las Moscas. Pero más allá de las referencias, Monos es un apabullante viaje sensorial y visual que recompensa al espectador que realmente pone de su parte y no necesita realmente conocer las motivaciones por las que estos jóvenes deciden luchar. Sencillamente no puedes dejar de mirar.

18. Leto

Esta película no podría haber tocado mejor nuestro espíritu hipersónico. Pero lejos de quedarse en una simpática playlist, Kirill Serebrennikov acaba dando forma a un improbable lugar feliz, con una película tan bonita como melancólica, tan cabreada como llena de espíritu. Y que Dios le bendiga por uno de los mejores usos de ‘Psycho Killer’ que se han visto en una película.

17. Shazam

Si vamos a estar dominados por superhéroes, al menos que estos transmitan de vez en cuando unas desaforadas ganas de vivir. Shazam es mágica de la manera más inesperada, sin buscar mayores pretensiones que recuperar ese cine juvenil ochentero al estilo de Aventuras en la gran ciudad o Big. Logra ser una cinta más adolescente que las Spider-Man con Tom Holland y su mensaje sobre la familia y encontrar tu lugar funciona gracias a lo mucho que quiere a sus personajes. Ninguna película de este género ha tomado tan bien las lecciones del Superman de Richard Donner.

16. Dolor y Gloria

El juego semibiográfico tiene doble filo, porque 8½ o All That Jazz están muy bien pero es muy fácil caer en excesiva autoindulgencia. Por suerte, la desnudez y honestidad que preñan la última película de Pedro Almodóvar, uno de nuestros mejores cineastas, vuelven la experiencia algo genuinamente emotivo, incluso aunque sólo estemos de invitados a la misma. Ante una invitación así no cabe un grado de cinismo, así que mejor dejarlo en la puerta, ya tendremos ocasiones de sobra para traerlo de vuelta.

15. Midsommar

A pesar de sus triles, sus piruetas visuales y sus aparentes devaneos que parece que no llevan a nada, Ari Aster no esconde lo que realmente es Midsommar: una película de ruptura. Una muy jodida, porque romper con alguien lo es. Aunque más jodido es tener un novio/amigo cerrado y egocéntrico que toxifica cada relación que tiene en su vida. Y bravo por Aster por recuperar el disfraz de oso de Nicolas Cage.

14. Toy Story 4

“No había necesidad después de lo bien que acabo la anterior” se lanzaron muchos a prejuzgar y probablemente decidieron continuar ahí para reducirla a una película menor. Pero Pixar nunca ha querido tanto a una franquicia como a Toy Story, y aquí lo demuestran haciendo por la tercera película lo que la segunda hizo por la primera: profundizando más en el arco emocional de su protagonista, reflexionando más sobre la naturaleza de los juguetes y cuestionando la figura del dueño humano como el único destino y propósito posible. Y el giro que hace con la figura del villano clásico de estas películas es para aplaudir.

13. Long Day’s Journey Into Night

Sólo por la historia del troleo más tocho que ha hecho una distribuidora para venderla, se merece estar aquí: para su estreno en China, se vendió como un épico romance que había que ver en Nochevieja a cierta hora para que el gran momento del beso coincidiera justo con la llegada del Año Nuevo. La estrategia fue un éxito (38 millones de dólares ese finde) pero para el público medio que esperaba su Romeo y Julieta se topó de bruces con un film de ensoñación, más negro que un tizón y una película pausada en su trayecto (lo que muchos definen mal como “lenta”). Hay una búsqueda de amor, pero Bi Gan no ofrece un paseo dulce, sino una de esas cintas en las que quedarte atrapado en sus laberintos y sus encantos. Sus virguerías técnicas, donde una hora de relato está contada en un plano secuencia pensado para ver con gafas 3-D (la propia peli avisa de que, llegado el momento, sabrás cuándo ponértelas), resultan inusuales en una cinta de esta clase pero sirven estupendamente al relato.

12. Nosotros

Este alargado episodio de la Dimensión Desconocida (infinitamente superior a cualquiera de los del reboot de este año, también con Jordan Peele como baluarte) es otro gran ejemplo de cómo aprovecha el director de Déjame Salir el género para señalar las costuras del sistema. Al más puro estilo de la Funny Games de Haneke, Peele se aprovecha del subgénero de las home invasion para criticar el desequilibrio socioeconómico existente y las miserias que podemos llegar a hacer para estar en el otro lado de la balanza.

11. John Wick: Capitulo 3 — Parabellum

La consolidación de una de las franquicias de acción más en forma de la actualidad, manteniendo la expansión del mundo de los asesinos al que pertenece el personaje titular y subiendo cada vez más el listón a la hora de idear y rodar secuencias de acción disparatadas y alucinantes. Ahora que Keanu Reeves vuelve a ser nuestra superestrella favorita, esta peli decide sumarse a ese entusiasmo (cada personaje al que se enfrenta no puede evitar expresar que es su fan número uno) y ofrecerle la mejor plataforma de lucimiento posible.

10. Glass

Tras alejarse totalmente de las agotadoras exigencias de los estudios gigantes, M. Night Shyamalan ha deconstruido progresivamente su estilo para volver a ser uno de los autores del cine fantástico más fascinantes de la actualidad. Y cuando muchos se esperaban de esta el Infinity War de su saga superheroica compuesta por El Protegido y Múltiple, Shyamalan rompe en la dirección contraria y muestra en su heterodoxia más amor por el género de lo que uno puede llegar a imaginar. Por mucho que los guardianes de la corrección te insistan continuamente con lo contrario, Shyamalan ha vuelto a lo más alto.

9. El Irlandés

Scorsese regresó al cine de gangsters y nos devolvió los debates acalorados con su cine: que si es autocomplaciente, que si es más de lo mismo que sus otras películas, que si le sobra una hora, que mejor me la veo en capítulos (que entre ver una temporada de Netflix del tirón no tengo tiempo), que si el CGI rejuvenecedor canta. La experiencia puede hacer sudar la gota gorda, pero recompensa. La mirada que ofrece Scorsese a sus mafiosos esta vez es más contemplativa, más reflexiva, más consciente de que te quedan dos telediarios y la gente que estaba a tu alrededor se está empezando a morir. Cada elemento y cada escena contribuye a una construcción excelsa que culmina de la forma más triste y desesperada que ha tenido nunca una película suya.

8. La Favorita

A Yorgos Lanthimos le es imposible que no se le escape por los poros esa ácida visión de la humanidad que tiene. Así lo demuestra recogiendo un guión desechado durante 20 años e impregnándola con todo su carisma y su mala leche, además de convertirla en su cinta más divertida. Y aunque refleje a sus personajes como unas auténticas cabronas, se aprecia el enorme respeto que siente ante ellas y su dedicación por agarrar el poder que creen merecer tras años y años de habérsele denegado por sistema. Gracias Lanthimos por coger el cine de tacitas y ponerlo todo patas arriba.

7. Retrato de una mujer en llamas

Céline Sciamma echa una mirada al pasado, a 1770 concretamente, para volver a explorar los conceptos de la identidad sexual y de clase. Este encendido romance lésbico está filmado con la delicadeza y dedicación de los más grandes, sugiriendo más con las miradas de sus personajes que con las líneas de diálogo de películas enteras. Y también una enriquecedora reflexión del poder de la perspectiva y la fuerza del recuerdo.

6. Ad Astra

El relato del espacio definitivo para los twitteros que cada poco tienen que soltar un «Qué duro es ser hombre en 2019», ya que lleva los «daddy issues» hasta la misma órbita de Urano. Más allá de eso, estamos ante lo más próximo a un Terrence Malick haciendo Interstellar, con una de las fotografías y bandas sonoras más bellas de la década, así como un fabuloso equilibrio entre el drama íntimo y la espectacularidad sci-fi.

5. The Farewell

Sentirte como una extraña en la que creías tu casa, o incluso en tu propia familia, así como comprobar que aquello que recordabas ya no está allí. Este choque de realidad al que Lulu Wang pone a su personaje principal conforma una de las películas mas enternecedoras y emotivas del año. Una honda exploración sobre la familia en forma de película indie americana disfrazada de cine oriental.

4. Puñales por la espalda

Tras la turra máxima posterior al estreno de su aventura con Star Wars, Rian Johnson triunfó con una doble apuesta por varias de las cosas que hicieron irritar a los talifanes de Los Últimos Jedi: la deconstrucción profunda que le da la vuelta al género que toca (el cine de misterio detectivesco), el humor a cara perro que prefiere pedir perdón a permiso y la inversión de la visión tradicional de los roles en la ficción. El resultado es una de las películas más divertidas, inteligentes y respetuosas con el espectador del año.

3. Booksmart

Olivia Wilde goes wild. Que hoy en día alguien se ponga a hacer una película de John Landis y le salga justo eso, con su carga emocional, su retrato de las dudas y las insatisfacciones, sus momentos ridículos, su comedia sin freno y sin fin, es un milagro. Y aquí funciona todo, desde el mismo momento en que les corta la música para que bailen, ridículas pero felices, en la calle hasta el momento Barbies drogadas o la fiesta a la que nadie quería acudir. Booksmart es una película que quiere muchísimo a sus personajes y que, por eso, los respeta tanto que es imposible que no te reflejen, de algún modo u otro.

2. Érase una vez… en Hollywood

Una fantasía muy retorcida, aunque bienintencionada, cuya complejidad nos trae a unos de los mejores autores de las últimas tres décadas todavía encontrando maneras de desafiar su propio estilo sin quebrantarlo, dejando en el camino uno de sus esfuerzos más estimulantes de siempre. Una de las películas más incalculables de toda su trayectoria y un tobogán por el que te deslizas de principio a fin.

1. Parásitos

La gran película de 2019 es también la gran película, hasta el momento, de Bong Joon-Ho, que va a cumplir 20 años pervirtiendo géneros para conformar historias que fluyen mejor que el más caudaloso de los ríos. En este cuento social de ricos y pobres hay tanto cine que, cuando llega la secuencia del melocotón, ya directamente sólo puedes hincar la rodilla y hacerte soñar por más comedias así. O dramas. O cine de tramposos. O neorrealista. O yo-qué-sé.

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2 months ago

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