Podríamos empezar hablando en términos más grandilocuentes y pomposos, pero a Frances McDormand es más fácil tratarla como la ídola que es. Como concepto, aunque también como actriz, donde da igual el tamaño del papel o su complejidad moral, sabe defenderlos como nadie. Y así ha dejado una carrera casi envidiable, combinando pequeñas apariciones que terminan siendo de lo más remarcable de las películas en cuestión con pequeños proyectos que le permiten la ocasión de brillar, especialmente aquellos con su marido y su cuñado Joel y Ethan Coen. Con la llegada de Nomadland vemos una ocasión inmejorable para celebrar su carrera.

Antes de entrar en el meollo, unas cuantas obras dignas de mención:

  • Sangre fácil (1984): Su primera película fue también con los Coen, que serán mencionados en más de una ocasión a lo largo del artículo. Y ya en su debut muestra una templanza y humanidad que serán claves en toda su carrera.
  • Arde Mississippi (1988): Drama social y racial que cae de nuevo en los tópicos de afrontar los problemas desde la perspectiva blanca, pero que triunfa gracias a su nervio, su impecable ejercicio de manejo de la tensión y eficaz narración. Frances tiene uno de los momentos de la cinta, uno que en malas manos podría parecer anzuelo barato para conseguir la nominación al Oscar (nominación que logró), y lo defiende con un equilibrio fabuloso de bravura y vulnerabilidad.
  • Casi famosos (2000): En el fondo es bastante papel de «madre», pero es capaz de defenderlo con la suficiente empatía y gracia para que tenga algo de poso en la película.
  • Moonrise Kingdom (2012): Otro papel poco agradecido de madre, pero parece pertinente dado que ha convertido a Wes Anderson en uno de sus habituales y aquí saca mayor provecho de lo poco que le da. La escena con la hija es uno de los pocos momentos genuinos en el cine de Anderson gracias a ella.

Agenda oculta (1990)

En muchos aspectos esta película coincide con las ambiciones de Arde Mississippi. Cine social y de denuncia, con una estructura de thriller para hacer el trayecto emocionante, y con un director haciéndola distinguible con eficacia y toque humano, pero elevado por el característico naturalismo de Ken Loach. McDormand tiene un papel más activo y central, ejerciendo en muchas ocasiones como el verdadero corazón de la película.

Fargo (1996)

No es una locura denorminarlo como el papel de su vida, al menos el que mejor resume todas sus cualidades y virtudes como actriz. Y no por desmerecimiento de otros papeles, sino por cómo sobresale este. En esta obra maestra de los Coen sabe cargar sobre sus hombros la tarea más pesada: transmitir lo mundano y hasta lo ingenuo de esta policia que, sin embargo, es la más entrañable y, probablemente por ello, la única que no termina con un final trágico o patético (o ambos). En cada escena parece que la agente Marge Gunderson cobre vida propia.

El hombre que nunca estuvo allí (2001)

Da la sensación a veces de que los Coen tendían a compensar cada película más aparentemente grande con una pequeña digresión o gracieta que, en ocasiones, termina siendo más guay que las importantes. Tomemos como ejemplo este retorcimiento más evidente del cine noir, donde todos los involucrados parecen estar a un nivel fantástico. También McDormand, que juega a la perfección el equilibrio que quieren buscar los hermanos de «esencia noir» y «cotidianidad que cae en lo absurdo».

Amigos con dinero (2006)

La película de Nicole Holofcener a veces parece estar cayéndose en ambos lados de la línea que separa a esta película de ser una sátira de mujeres blancas con problemas de primer mundo o una involuntaria autoparodia. La que mejor logra acercar la película hacia donde tiene que ir es McDormand, haciendo que podamos interesarnos o incluso empatizar con la adaptación cinematográfica de una Karen.

Tres anuncios en las afueras (2017)

Construyendo sobre palillos de ambigüedad y crisis narrativas, Martin McDonagh construye una sátira negra e hijoputesca sobre cómo la ira termina consumiendo todo (aunque siempre la puedes redirigir hacia quien importa). Logra que le salga la gracia teniendo de su lado a una McDormand titánica, perfecta en esa Mildred Hayes hasta el coño de todo y de todos, cargada de culpa y remordimiento, además de una defendible política de cargarse a violadores.

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