Objeto de adoración, especialmente para cierto espectro de la cinefilia, Clint Eastwood ha continuado firmemente con su trayectoria como director, sacando una cinta por año. Esta década no ha sido tan loable como lo ha sido en otras, pero eso no va a frenarle para seguir narrando historias que le fascinan como la de Richard Jewell, recién estrenada. Aprovechemos la ocasión para poner en perspectiva algunos de sus mayores logros, así como algunas de sus pifias -que las hay, aunque parezca mentira-.

El Jinete Pálido (1985)

Eastwood decidió dar sus primeros pasos en la dirección explorando el género que lo llevó a la fama. Tras los acertados esfuerzos de Infierno de Cobardes (1973) y El Fuera de la Ley (1976), Clint dio de lleno en la diana con una figura protagonista casi fantasmal y un tono clásico y, a la vez, fresco (por aquel entonces). Su éxito dio nuevas alas al western después de haber sido casi dado por muerto tras el fracaso comercial de La Puerta del Cielo (Michael Cimino, 1980).

Bird (1988)

Resulta fascinante ver como, treinta años después, este biopic musical se sigue mostrando fresco e interesante. Dice muy poco de cómo están los biopics musicales hoy en día, pero Eastwood recurre a los trucos obvios lo justo y jugando con la estructura narrativa, haciendo un retrato complejo de su protagonista y, al mismo tiempo, tremendamente empático. Un trabajo de pura madurez y finura cinematográfica. Quizá debamos estar agradecidos de que Richard Pryor se cansase y se diera de baja del proyecto, por otra parte.

Sin Perdón (1992)

Cuando el western parecía haber agotado buena parte de su gasolina, Tito Clint decidió que era el momento de volver a él y darle una buena vuelta. Tras varios de sus primeros pasos como director orbitando alrededor del género, tomar experiencia fuera del mismo hizo no sólo que su retorno fuese celebrado, sino que su revisión crepuscular le dio nueva fuerza a un género que puede contar con esta pieza como uno de sus mejores exponentes. Es, además, un poco como El Irlandés (Martin Scorsese, 2019): una obra reflexiva que llega en el momento adecuado de la carrera de su autor, ni antes ni después.

Un Mundo Perfecto (1993)

Una de sus obras que más han volado bajo el radar es uno de los mejores exponentes de su humanismo y de su habilidad para narrar relaciones poco probables. Con un Kevin Costner impresionante como pilar, nos encontramos una película realmente placentera de ver pero con mucha oscuridad en su interior. Este manejo perfecto del tono y de la historia, así como del ritmo, muestran la madurez definitiva del Eastwood director.

Los Puentes de Madison (1995)

Tras su salto definitivo a la madurez como cineasta, tocaba subvertir un poco más las expectativas. Laureado hasta la extenuación como uno de los mejores dramas románticos de siempre, Eastwood vuelve a mostrarse magnífico dibujando un universo propio partiendo de unos personajes y la relación entre ellos. El manejo de la emoción es inigualable y su aportación como actor puede estar entre sus mejores trabajos de siempre.

Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997)

Probablemente de las pelis que más se han pasado por alto de su carrera, quizá porque, aparentemente, no hace nada especial. Pero el toque del gótico sureño, el impecable drama judicial que acaba siendo el sostén del film y la interesante exploración de Eastwood de una serie de individuos inusuales que sirven como reflejo de la naturaleza humana la convierten en una obra muy digna e interesante.

Mystic River (2003)

Una mirada al rincón más oscuro del corazón humano, también un grito ante un mundo cruel e injusto. Una película que nunca cae en sus peores tendencias y es capaz de mantener el suspense sin dejar de tener siempre presente el componente dramático. El juego con los hechos que suceden de manera simultanea, los ecos del pasado que devoran el presente, el siempre perfecto manejo del tono. Es sencillamente imprescindible.

Million Dollar Baby (2004)

No debería ser legar hacer tan bella una peli tan jodida y dolorosa. Pero así es, uno de los mejores dramas de su década que te deja mal cuerpo a la fuerza cuando la ves. Ahí está su secreto, sin revolucionar nada logra esquivar todos los clichés posibles del tipo de película que quiere ser y no dora la pildora en ningún momento. Y pocas veces te han dado tantas ganas de darle un abrazo a Eastwood.

Cartas desde Iwo Jima (2006)

De su díptico sobre la Segunda Guerra Mundial que componen esta y Banderas de Nuestros Padres (2006), esta es la mejor a todas luces por los mismos motivos que hicieron grande su anterior película: Eastwood saliendo de su zona de confort, explorando perspectivas ajenas y encontrando la naturaleza humana en el camino. De todo lo que podría haber salido mal de una exploración occidental del lado oriental de la guerra, aquí queda una reflexión muy honesta y profunda.

Gran Torino (2008)

Su mejor peli para boomers. Uno de sus mejores westerns ni siquiera parece un western, al menos en apariencia, y su aire crepuscular se antoja irresistible. Aunque su tono de salvador blanco está ya más caducado que los cigarros que se fuma el personaje principal, gana por la naturalidad y delicadeza con la que cuenta esta historia tan jodida marcada por una relación tan impropia como tierna. Si hay que ser facha, que sea así de bien.

Las 5 peores películas de Clint Eastwood

  • Firefox, el arma definitiva (1982): Uno se esperaría que en una película en la que Clint Eastwood se cuela en la Unión Soviética para robar UN AVIÓN fuera más divertida. Que fuera autoconsciente ya es demasiado pedir, dado su carácter propagandístico.
  • El Principiante (1990): Esta es una película en la que Charlie Sheen dispara a un perro y Eastwood es abusado sexualmente por una Cher wannabe. Debería ser un divertido exceso, pero la película palidece por su tono neutro e impersonal. Esta buddy cop movie grita “derivativa” a los cuatro vientos y es tan absolutamente insignificante que no cuadra en una filmografía así.
  • Más Allá de la Vida (2010): Shyamalan dejó de intentar de hacer esta película desde hace tiempo, poco tiene que aportar Eastwood al respecto. Tres historias que tienes claro que van a cruzarse en algún momento pero te da igual cuándo, cómo y por qué. Por da igual, hasta las historias son un MEH como una casa.
  • El Francotirador (2013): Drama barato, filmado como si fuera barato y hasta los bebes de atrezzo son baratos. El biopic del enésimo Héroe Americano que obsesiona a Eastwood durante 3 meses no es que peque de ser excesivamente interesado (al fin y al cabo, ser un autor implica insuflar tu punto de vista sobre el mundo en lo que filmas) sino que es torpe en sus intentos, plano en su desarrollo dramático e insultantemente obvio para alguien que ha sabido jugar mejor con los matices.
  • 15:17 Tren a París (2018): Que alguien le diera luz verde a este proyecto todavía escapa a la comprensión de muchos. Supera todos los niveles de “película para ver en el avión”, con un drama mal contado y peor escrito donde deja a los propios protagonistas de la historia (interpretándose a sí mismos) prácticamente a los pies de los caballos con su particular método de trabajar rápido y con pocas tomas. Sencillamente uno ve esto y le cuesta creer que esté viendo una película de verdad.
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