Las 15 mejores adaptaciones de Stephen King al cine

Con una influencia capaz de superar la frontera de los medios, lo que prácticamente le coloca como uno de los autores más influyentes de todo el siglo XX, la figura de Stephen King vuelve a vivir un momento dulce con su marca apareciendo de forma directa (adaptaciones) e indirecta (hola, Stranger Things) en gran parte del audiovisual mainstream del último lustro.

Con el inminente lanzamiento de It: Capítulo 2 (Andy Muschietti) y con otra adaptación relevante en el futuro próximo con Doctor Sueño (Mike Flanagan), nos hemos animado a repasar otras adaptaciones de su obra llevadas al cine, seleccionando las más destacadas entre un generoso volumen de obras de resultados más o menos logrados. No todas las que aparecen este listado podrán calificarse de imprescindibles, pero todas son, en mayor o menor medida, estimables y acaban plasmando con acierto la esencia del estilo de King.

Disclaimer: No se incluyen en el listado las adaptaciones en formato miniserie, como la Salem’s Lot de Tobe Hooper de finales de los 70 y el It con Tim Curry de los 90, ni series tan estimables como 22.11.63 y Castle Rock.

Carrie (Brian de Palma, 1976)

La primera adaptación de una obra de King que serviría tanto para propursarle a él al público mayoritario como al artífice Brian De Palma. El director llevaría toda su obsesión hitchcockiana llevada al extremo para propulsar esta historia de una joven católica reprimida en su instituto y en su propia casa por una enloquecida madre temerosa de Dios, que se tomará una demencial venganza que a día de hoy sigue siendo uno de los clímax más soberbios y bestias del género de terror.

El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980)

Aunque al propio King le molesté, dada la repulsa que le causó esta versión con muchas libertades por parte de Stanley Kubrick, quizá esta sea una de las mejores adaptaciones de esta lista, sino la mejor. Una película tan perturbadora como fascinante. Icónica y pretenciosa. Demencial e irresistible. La linealidad y extremada fidelidad de la miniserie de 1997, producida y escrita por el escritor por puro revanchismo, muestra lo acertada que es esta película en cada decisión que toma.

Creepshow (George A. Romero, 1982)

Vale, esta es medio trampa, ya que no está basada exactamente en una obra escrita por él, aunque algunas historias si están basadas en algunas que escribió. El guión del resto de las historias fueron escritas por el propio King como homenaje a los tebeos de terror de los años 50, a los cuales la dirección de George A. Romero y los efectos especiales de Tom Savini hicieron bastante justicia en esta antología grotesca, excesiva, irregular y, también, divertidísima.

Cujo (Lewis Teague, 1983)

Una peli de monstruo que funciona igual que algunas de sus mejores historias: Construyendo con pericia durante el primer tramo la parte dramática de la familia protagonista (aunque deshaciéndose del relleno más pesado) y desatando el caos perruno más gore y más contundente posible con un presupuesto ajustado. Nada mal teniendo en cuenta que King escribió la novela en uno de sus periodos de adicción más jevis, hasta el punto de no recordar haberla escrito.

Christine (John Carpenter, 1983)

Suele sacarse a colación a la hora de hablar de un John Carpenter menor, al carecer de la fuerza de una Halloween (1978), La Niebla (1980) o La Cosa (1982) -de la que Carpenter salió muy tocado tras su fracaso comercial- ni ser tampoco una de las novelas más memorables del autor. Con todo, es una película más que disfrutable, con secuencias de terror motorizado electrizantes, y el suficiente tono absurdo propio del autor de Maine.

Ojos de Fuego (Mark L. Lester, 1984)

Todo lo que te gusta de Stranger Things ya estaba antes en una novela de King, y esta es uno de los ejemplos más clarividentes: La relación paternofilial en la que la niña tiene poderes psíquicos (en este caso, prender fuego a cosas) a causa de experimentos extraños del gobierno, la música electrónica ambiental ochentera puesta al 11 (infalibles Tangerine Dream)… Hasta se ve un sangrado nasal cuando alguien usa sus habilidades psíquicas. La modesta (por no decir carente de presupuesto) cinta de Mark L. Lester, que tocaría techo tan sólo un año después con Commando, compensa cierta irregularidad y planicie con unos excesos muy agradecidos, entre ellos un clímax final realmente potente.

Cuenta Conmigo (Rob Reiner, 1986) 

Que King esté mayormente asociado al género de terror y fantástico, no significa que no pueda sobresalir en otras áreas. De hecho, su construcción dramática suelen ser el nexo común en varias de las mejores adaptaciones de sus obras, por eso no debería sorprender que este coming-of-age haya sobresalido como uno de los mejores de su década. La siempre competente mano de Rob Reiner, uno de los mejores artesanos en la historia de Hollywood, ayuda a florecer esta historia de maduración de un grupo de chavales que se topan un cadáver.

El Cementerio Viviente (Mary Lambert, 1989)

La reciente (y patillera) adaptación salida este mismo año no hace sino amplificar los aciertos de esta adaptación de Mary Lambert. Sin miedo a pasar buena parte del metraje haciendo la construcción dramática, aunque sin renunciar a ir dejando detalles gore y morbosos que luego explotarán en la segunda mitad. El humor negrísimo, el diseño de los muertos vivientes, los momentos delirantes que se van sucediendo conforme se acerca al final. Y lo más importante: esta película tiene a los Ramones y el resto no.

Misery (Rob Reiner, 1990)

Otro efectivo trabajo de Reiner, que logra sortear algunos de los elementos más inadaptables de la novela, que incluye pasajes que se meten de lleno en una mente en pleno delirio, y se da cuenta del tesoro que tiene en Kathy Bates en el papel de la loca Annie Wilkes, un papel que le otorgó un Oscar. En plena era del fandom loco y excesivamente demandante, la peli adquiere casi más relevancia ahora que en su estreno hace casi 30 años.

Cadena Perpetua (Frank Darabont, 1994)

La adaptación más dramática que alcanzó un estatus de culto casi al instante de acabar su recorrido en salas comerciales, donde se topó con un fracaso comercial notorio. Ya canonizada como una de las mejores películas de su década (y de la historia), aunque esa será una discusión que traiga cola, el film de Frank Darabont saca lo mejor de la novela corta de la que parte, al igual de unos espléndidos Tim Robbins y Morgan Freeman (imaginad los adalides de la incorrección política si hoy día saliera la noticia de un actor negro haciendo un personaje que en la novela es un pelirrojo irlandés).

Eclipse Total (Dolores Claiborne) (Taylor Hackford, 1995)

Otra adaptación muy noventera en el tono, aunque Taylor Hackford sabe muy bien cómo y cuándo romperlo, dejando una pelicula más singular y disfrutona de lo que puede transmitir en apariencia. Kathy Bates volvería a dar una memorable interpretación en este complejo relato sobre relaciones abusivas, lidiar con traumas del pasado y conversaciones de dudosa veracidad en lo que se dice, aunque sin miedo de desmelenarse cuando hace falta.

La Milla Verde (Frank Darabont, 1999)

La etapa noventera de las adaptaciones de King concluiría con una obra que también quedaba como uno de los últimos bastiones del cine de los 90 al mismo tiempo que salían pelis que ya miraban al nuevo siglo (Matrix, El Club de la Lucha, El Sexto Sentido). Darabont cogería el tono de Cadena Perpetua y le daría una capa fina del tono fantástico de la obra, con un resultado con más mácula que su predecesora espiritual (por así decirlo) pero que sabe bien qué teclas tocar y cuándo.

La Niebla (Frank Darabont, 2007)

Con esta Darabont se confirmaría como uno de los adaptadores más brillantes de la obra de King, cogiendo una obra con un tono bastante diferenciado de sus otros dos esfuerzos pero que sentaría las bases que luego llevaría a su adaptación televisiva de The Walking Dead (con más de uno del reparto de dicha serie apareciendo en esta). Su atmósfera lograda, donde parece que en cualquier minuto se va a desatar un caos que vaya a llevarse por delante los personajes que estamos viendo, se mantienen de forma férrea a día de hoy.

It (Andy Muschietti, 2017)

Con opiniones más polarizantes de las que debería tener una producción mainstream tan controlada y limada de asperezas, así como de algunos de los aspectos más morbosos de la novela. Un film efectivo, lejos de las excesivas loas y de las críticas más intransigentes, constreñido por las propias limitaciones industriales y de su autor, más acertado indagando en la psique de sus personajes y el vínculo formado entre ellos que a la hora de desarrollar el terror. Aun así, hay que reconocerle sus virtudes visuales y el adecuado reparto.

El Juego de Gerald (Mike Flanagan, 2017)

La casualidad ha dado que tanto en 2017 como en este año tengamos una adaptación de Mike Flanagan siguiendo a otra del payaso Pennywise. En este caso el director, antes adquirir relevancia gracias a su trabajo en la serie La Maldición de Hill House, saldría ligeramente más exitoso que su compañero argentino con una novela llena de más riesgos a sortear por el contenido y la forma. Pero se nota que Flanagan tenía bastante en mente como abordar este material, del que se llevaba una copia a cada reunión con la esperanza de poder realizarla, y logra un resultado acertado y tan fiel que hasta tiene el mismo final patillero.

Anuncios