Vuelve el rey. No sólo el Rey de Zamunda, la esperada secuela de la clásica comedia de los ochenta El principe de Zamunda, sino la leyenda que da vida al propio rey. Sí, Eddie Murphy vuelve para conquistar nuestros corazones y nuestras risas como antaño logra casi sin pestañear, con una nueva película que promete causar sensación.

Por eso mismo no hemos podido evitar hacer un repaso por todas las joyas de su corona. Esas comedias que le han convertido, durante un tiempo, en la mayor estrella de cine del planeta y uno de los mejores actores cómicos de la historia. No todas salieron exitosas, claro esta, pero estas son oro puro.

Límite: 48 horas (1982)

Tras una exitosa y monumental carrera como cómico de stan-up, Murphy dio el salto al cine con una «buddy movie» ejemplar que, nada más empezar, lo propulsó como estrella. Mano a mano con Nick Nolte, y a las ordenes del Walter Hill infalible, crean todo un clásico en este género de película de acción y cómica. Tiene cosas que han envejecido regular, pero le sobra carisma y energía.

Entre pillos anda el juego (1983)

Una sátira social especialmente bien hilada sobre cómo las clases más poderosas juegan a su antojo con las clases trabajadoras a veces por mero capricho y aburrimiento, que tanto les da uno que otro mientras les sirva para ganar dinero. Aquí se juntan tanto la solidaridad de clase como la premonición del r/wallstreetbetz con una buena concatenación de chistes para ambas estrellas, aunque algunos MUY envejecidos, que además solidifica a Murphy como carisma imparable. También es muy ochentera en su ritmo y con más duración de la debida, pero es probablemente uno de los mejores esfuerzos del desgraciado de John Landis.

Superdetective en Hollywood (1984)

La peli que le lanzó completamente como una superestrella. Y no es de extrañar por qué, ya que sabe cargársela toda sobre las espaldas, sacando provecho de cada escena y situación cómica, sacando algunos de los mejores gags de su carrera y dando forma a su personaje más especial, Axel Foley. Y eso que llegó a última hora para sustituir a Sylvester Stallone.

El chico de oro (1986)

Sólo ponemos esta por uno de los mejores chistes de la carrera de Murphy.

Superdetective en Hollywood II (1987)

La continuación añadió a Tony Scott, lo que implicaba mayor saber hacer en el apartado de acción, pero la parte divertida vuelve a recaer mayoritariamente en su estrella, que solventa bien el reto sacando trucos de la chistera. Un poco más cerca a Límite: 48 Horas, pero otro marcado acierto de un Murphy en racha. Una secuela más que digna.

Noches de Harlem (1989)

El único esfuerzo de Eddie Murphy como director tenía ambiciones de época y de poner en valor a varios de los cómicos negros que admiraba, de Richard Pryor a Redd Foxx y Della Reese. Sin embargo, se recibió con mucho desdén. No es que sea incomprensible dicho desdén, ya que su dirección es desigual, pero se exageró demasiado el desprecio por no ser un festival de carcajadas. Hay momentos bastante hilarantes, pero sobre todo hay un estupendo ejercicio de revisionismo de época además de buen uso del star power para reivindicar el talento que había en su comunidad y sólo podía brillar en los márgenes.

Condenados a fugarse (1999)

Otra de esas películas suyas que se pasaron por alto por no ofrecer el carrusel de carcajadas que uno esperaría de juntar a Murphy con otro peso pesado de la comedia como Martin Lawrence en pleno apogeo post-Policías rebeldes. En su lugar, la película de Ted Demme ofrece una tierna y simpática historia de amistad, aderezada con unos cuantos buenos chistes pero que tampoco renuncia a ser algo amarga. Y la química de sus actores es innegable.

Bowfinger, el pícaro (1999)

Una fabulosa y hermosa sátira del sistema de estudios en Hollywood, las celebridades que lo pueblan, la cienciología y hacer cine desde lo márgenes. Además de varios gags hilarantes, Steve Martin (que además de protagonizar escribe la película) y Frank Oz reivindican la bella mentira que es rodar una película, mientras sacuden un par de golpes a una serie de personajes mezquinos y amorales. Murphy está fantástico en su doble rol, especialmente aceptando a burlarse de su propio estrellato y hasta de sus escándalos.

Yo soy Dolemite (2019)

Se va a ver en el tiempo como el inicio de la «Murphyssaince». Y es cierto que Dolemite juega a más de una banda, con un componente dramático muy bien llevado además de seguir bien la plantilla del «Soñadores incomprendidos que buscan el éxito desde los márgenes» y mostrar mucha honestidad. Pero también tienen muchos puntos divertidos, además de un Murphy pletórico en cada uno de los aspectos que la película necesita.

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