Ahora mismo son el modelo que la industria del entretenimiento quiere intentar emular, pero no termina de descifrar cómo. A Blumhouse le ha llevado su tiempo, pero sus éxitos son incontestables. Hasta películas que pasan sin pena ni gloria por cines les sacan rentabilidad. Quizá raramente te vayan a traer obras maestras (muchas veces lo contrario), pero han servido como plataforma para que algunos cineastas puedan sacar esa que tienen dentro, además de servir de cantera para futuros talentos.

Blumhouse quizá no tenga un modelo de película de terror único, pero si tienen tres tipos de películas: las malas, las “tabien” y las buenas. Hoy repasamos algunas de este último grupo, precisamente el más homogéneo entre estilo e ideas y, por tanto, el más interesante. Si habéis estado ajenos a todo el modelo Blumhouse y sus pelis, os espera un buen rato con estas.

The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012)

Ya a estas alturas no resulta nada controvertido decir que Rob Zombie como cineasta es mucho más interesante que como músico. The Lords of Salem es un absoluto logro en lo que a atmósfera única y a sublimación de estilo personal se refiere. Una historia de brujas que es mágica y surrealista, al mismo tiempo que deliciosamente chabacana y malsana.

Espera hasta que se haga de noche (Alfonso Gómez-Rejón, 2014)

Es curioso, cuanto menos, hacer un remake de una peli de terror de los setenta después de hacer un coming of age indie como Yo, él y Raquel. Gómez-Rejón coge aquí un par de cosas del libro de estilo de las primeras temporadas de American Horror Story, haciendo un efectivo slasher de intensos colores, herencia retro y la deseable cantidad de ingenio meta.

El Regalo (Joel Edgerton, 2015)

El actor Joel Edgerton saltó a la dirección con un thriller que tenía elementos suficientes para ser tópico hasta el aburrimiento y termina siendo un interesante giro a la figura del conocido de la infancia tornado en acosador. Además de inteligente tiene también muy mala leche (de la buena) y es muy agradecida de ver.

La Visita (M. Night Shyamalan, 2015)

En realidad la mejor película que ha hecho Shyamalan en Blumhouse es Glass, pero es otro tipo de cine fantástico así que queda fuera (pero dejamos la mención aun así).

Llegados a 2015, el subgénero del found footage estaba ya más que quemadísimo. Shyamalan hace un nuevo intento en lo que fue el comienzo de su etapa autoproducida y totalmente alejado de los grandes estudios. El resultado, además de efectivo, es ingenioso y retrata con mucho tino la ironía de que, incluso con toda la tecnología que hay para unirnos, cómo hemos terminado más distanciados de lo que pensábamos. Nuestros dieses a Shyamalan también por escribir adolescentes tan reales.

Hush (Mike Flanagan, 2016)

Antes de comenzar su exitosa relación con Netflix y volverse uno de los autores de terror más mainstream, Mike Flanagan traza con inteligencia y pericia un slasher efectivo. También un interesante ejercicio de cómo reflejar la situación de una persona con discapacidad ante una situación terrorífica, mostrando las particulares que surgen debido a su condición pero cómo no necesariamente suponen obstáculos insalvables.

Déjame salir (Jordan Peele, 2017)

La sátira social negrísima (no pun intended) cruzada con el terror psicológico más logrado. Que a Jordan Peele le adjudicaran el retorno de La Dimensión Desconocida no sorprende (aunque su involucración es tan vago como el resultado). Pocos han logrado transmitir la esencia de dicha antología a nuestros días y cuántas ideas claras muestra, siendo su primera película.

Upgrade (Leigh Whannell, 2018)

Quizá la elección más tangencial al terror de esta selección, aunque hay mucho de aterrador de lo que cuenta Upgrade. Un híbrido especialmente logrado entre Robocop, Ex Machina y Venom (las mejores partes al menos) contado de escándalo y con una acción estilizada que atrapa al ojo.

El Hombre Invisible (Leigh Whannell, 2020)

Probablemente la graduación de Whannell como uno de los directores más interesantes a seguir estos días. El cambio de perspectiva que ofrece sobre los terrores del hombre invisible no es del todo rompedor, pero sí fresco. Su acercamiento desde el modesto presupuesto (pero con recursos) muestra que hay viabilidad para actualizar los monstruos clásicos.