Solemos hablar más de su hermano Ridley Scott por tener las películas más icónicas y brillantes, pero se puede hacer un argumento a favor de Tony Scott como el bueno de los hermanos (los dos son buenos, pero nos entendéis). Ridley tiene las obras maestras (Alien, Blade Runner), pero también más bodrios y, cuando sus pelis son malas, son difíciles de tragar. Tony es el más consistente, capaz de hacer un trepidante cañonazo de acción o un thriller emocionante que, al menos, siempre va a ser entretenido. Menos maravillas absolutas, pero la mayoría son buenas, buenas de verdad. Y le celebramos, un día después del que habría sido su cumpleaños de seguir vivo.

Tier 1: Buena mierda

El ansia (1983)

Es muy complicado afrontar su primera película, una suerte de cinta vampírica de arte y ensayo rodada como un videoclip de los ochenta y donde liga el apetito por la sangre con el frenesí sexual. Es un viaje muy loco, con un estupendo trío protagonista en David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, innegablemente bello estéticamente, que te puede torcer la tarde o te puede dejar maravillado.

Superdetective en Hollywood II (1987)

Después de su mayor éxito, Top Gun, le llega el encargo de continuar el vehículo supremo de Eddie Murphy con la secuela de Superdetective en Hollywood. Consciente de que no podía replicar con exactitud de Martin Brest, Scott pone más sus esfuerzos en dejar un cine de acción eficaz, recuperando la energía de la Límite: 48 horas de Murphy, y deja a la estrella que cocine el aspecto cómico. Una secuela a la altura.

Tier 2: Dale, Tony, dale

Top Gun (1986)

La película más ochentera de la historia. Gran propaganda militar, mejor fantasía homoerótica, con un Tom Cruise absolutamente estelar y un Tony perfectamente consciente de lo que está haciendo. Desde la primera escena, con los aviones despegando a ritmo de Kenny Loggins, deja una masterclass de dirección, de dejar imágenes impactantes perfectamente entrelazadas. Se le pueden poner no pocas pegas, especialmente si eres más reacio a la vanaglorización de las Fuerzas Armadas, pero es es difícil de resistirse a verla cuando ves que la ponen en la tele.

Es demasiado divertida de ver, y se debe a la impecable dirección de Scott. Sólo él supo ver que había que embadurnar a los actores en aceite de bebé para la escena del volleyball.

El fuego de la venganza (2004)

La colaboración con Denzel Washignton daría un increíble número de thrillers basura que son mucho mejores de lo que deberían ser. En la cima podemos poner este nervioso cine de secuestro y rescate, con una estrella en pleno apogeo y Scott dándose rienda suelta con el montaje frenético que parece que vaya con más cocaína en sangre de la tolerable. Todo está en su lugar, y nunca se notan las casi dos horas y media de pelotazo que tenemos por delante.

Imparable (2010)

Un tren sin frenos, Denzel Washignton y Chris Pine como sencillos hombres de clase obrera (con matices también, Tony no deja puntada sin hilo) y un ciclón de acción de hora y media que nunca pierde pulso. La última película de Tony Scott es muy superior a lo que su premisa chiflada debería optar. No sólo por una serie de secuencias de acción sobre raíles irrefrenables (je) sino porque no pierde la ocasión de señalar como villano a la corporación que prefiere dejar que el tren siga en marcha a perder valor en el Down Jones.

Tier 3: Asacoputo

El último Boy Scout (1991)

Cómo no casar a uno de los mejores directores de acción del momento con uno de los mejores escritores de acción del momento. Shane Black hace un finísimo encaje de bolillos a base de escritura afilada y autoconsciente, además de cargada de esencia del «molar», que luego Tony explota en un divertidísimo cóctel de adrenalina y actitud. Suma también al perfecto combo de Bruce Willis en todo su apogeo con un cachondo Damon Wayans y tienes un clásico entre manos.

Marea roja (1995)

Una de las cimas absolutas del cine de submarinos, comandado por dos perros alfa como Denzel Washignton y Gene Hackman, que hacen un duelo realmente electizante. Sin embargo, el control preciso lo hace Scott, tomando las lecciones adecuadas de su experiencia en Top Gun y realzándolas con un modélico ejercicio de tensión, ritmo y camaradería masculina.

Enemigo público (1998)

Quizá la mejor película de Will Smith, además de la secuela que no esperábamos de La conversación de Coppola. Tony se adelanta a la tendencia conspiranoica sobre la hipervigilancia del thriller adulto del siglo XXI (una tendencia de la que él también es máximo exponente) con un excitante ejercicio que nunca deja de pisar el acelerador. Siempre parece que la tensión esté a punto de estallar, y deja uno de los mejores Smith, incluso aunque se vea superado por ese animal interpretativo que es Gene Hackman.

Déjà Vu (2006)

Para mediados de los dosmiles Tony ya estaba tan a tope de lo suyo que cogió un guion sobre viajes temporales y agujeros de gusano y lo retorció en otro thriller basura sobre hipervigilancia y ciberseguridad. Y lo increíble es que logra funcionar, aunque buena parte se puede atribuir a Denzel, que mantiene toda la complejidad espacio-temporal a nivel de usuario haciendo terrenal a su personaje mientras deja lucir su carisma robaescenas. El director se encarga de hacerlo trepidante y que el ritmo no flaquee.

Para hacer una doble sesión con Tenet. Lo cual te lleva a la conclusión de que Nolan está a una adicción a las drogas de ser Tony Scott.

Tier -1: Las peores películas de Tony Scott

  • Amor a quemarropa (1993): Ya es hora de que superemos este esperpento. Si no la has visto después de verla con 15 años, es posible que hayas pasado por alto o olvidado como maneja tan pobremente Tony este guion, incapaz de darle vida o de que sus personajes no resulten absolutamente insoportables (que no odiosos). Que Tarantino no optase por rodarla él mismo debería habernos dado una pista.
  • Fanático (1996): Una variación de El rey de la comedia en clave deportiva con los códigos de Tony y del cine de los noventa. Pierde precisamente porque no ofrece nada especialmente llamativo o nada que no viéramos ya en aquella película, pero ver juntos a Robert De Niro y Wesley Snipes tiene su punto placentero.
  • Domino (2005): La adaptación cinematográfica de la mente de un lunático. Un lunático hortera. Cada decisión que toma es más irritante que la anterior, cada corte de su montaje esquizofrénico te deja cada vez más desconcertado y su carisma resulta tan forzado que dan ganas de mandarla a pastar. El peor Tony Scott con diferencia.
  • Asalto al tren Pelham 123 (2009): Estaría en el tier de pasables o incluso de las «ta bien» sin un John Travolta tan pasadísimo. Te saca bastante de lo que apunta a ser un thriller efectivo aunque por debajo de la película original de 1974.

Tony Scott: la tier list

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