El artífice de la nueva carne, un perfecto creador de pesadillas y perversiones con el cuerpo y también un increíble narrador de la parte más oscura del alma humana. David Cronenberg ha tenido muchas facetas, en casi todas ha demostrado su brillantez (y también ha tenido algunos patinazos). No nos podíamos resistir a repasar toda su imprescindible obra ahora que Crash regresa a las pantallas.

18. Cosmopolis (2012) / Maps to the Stars (2014)

17. Un método peligroso (2011)

Pocas veces se puede ver una película tan tirada hacia el desastre por una interpretación tan demencial como la que hace Keira Knightley aquí. Da igual la exploración entre la ciencia y el sexo, los juegos psicológicos, porque todo lo absorbe esa interpretación como un agujero negro. No es que sea mala o terrible, es tan demencial y tan alejada del tono que la memoria solo tiene hueco para ella, no para nada más que suceda en la película. Mal ella, pero peor Croneberg por probablemente incitarlo.

16. Tensión en el circuito (1979)

Antes de Crash, Cronenberg ya dejó patente su pasión por el automovilismo y por el inquebrantable vínculo entre carne y motor. Lo hace en un encargo que… no parece nada una película de Cronenberg. Pasa por una serie B sin mayor pena ni gloria, pero se hace rarísimo verlo rodeado de las otras películas que hizo.

15. eXistenZ (1999)

No le faltan ambiciones a Cronenberg a la hora de meter sus habituales obsesiones sobre los nuevos estímulos y la búsqueda de la realidad en el mundo de los universos virtuales y los videojuegos (aunque su tratamiento sea algo desigual). Pero no puede sacudirse varios problemas, algunos que igual no son del todo culpa suya pero hace poco por evitarlos. Por un lado, la cinta se siente demasiado derivativa de sus obras anteriores más celebres, como si quisiera desquitarse de la recepción de sus últimas y más arriesgadas obras, aunque esto otros lo pueden denominar tener estilo.

Por otro, la película tiene serios problemas a la hora de establecer su mundo, sus personajes, lo que buscan y lo que les amenaza, precisamente por su empeño en guardarse las cartas pegadas al pecho para tener el efecto sorpresa hasta el final. Y sí, sorprende, pero se siente vacío tras estar manteniendo una confusión que sólo logra establecer distancia con lo que estamos viendo.

14. Spider (2002)

Comenzando su giro para no volver atrás, Cronenberg dejó de lado los elementos más puramente fantásticos para abordar la adaptación de este thriller psicológico. Al contrario que en otras adaptaciones de obras de teatro realizadas por el director, Spider no se logra despegar del todo la sensación de obra teatral, incluso con su interesante uso del montaje. Pero lo más duro es que la historia nunca llega a conectar del todo, a pesar de los esfuerzos por retratar la complicada condición mental del protagonista.

13. Vinieron de dentro de… (1975)

Con las limitaciones propias de los primeros pasos y los exiguos presupuestos, Cronenberg resuelve con lo justo su primer largometraje, donde explora cómo un científico crea una serie de babosas parasitarias que descomponen al huésped y lo convierten en un asesino. Una aproximación muy libre al concepto del zombie (aunque en realidad estos no mueren) donde ya despliega la casquería a gusto.

12. La zona muerta (1983)

Complicado valorar esta, porque por un lado es una de las imprescindibles en la carrera de Christopher Walken. ¿En la de Cronenberg? Tabla media, por debajo de sus posibilidades. ¿En la de adaptaciones de Stephen King? De las apañadas, pero puedes sacar quince mejores. Desde aquí nos sumamos a soñar con una versión de esta película con Brian De Palma.

11. Rabia (1977)

Cronenberg da un paso más hacia el body horror y explora aún más los fenómenos de propagación entre humanos. Con también muchas limitaciones, pero más resuelto a la hora de sortearlas y explorar su propia creatividad. Verla en tiempos de COVID-19 es especialmente perturbador.

10. Inseparables (1988)

Alejado de los horrores más gore (salvando un momento puntual muy claro), Cronenberg sigue explorando los límites de la carne, lo turbio y la identidad en este relato de gemelos sostenido en las espaldas de Jeremy Irons. En conexión con su anterior película, va relatando con minuciosidad el descenso a la locura y la autodestrucción de su(s) personaje(s), incluso aunque no logre deshacerse del todo de esa sensación de pieza gráfica de «Actors Studio» que inevitablemente sobrevuela cualquier obra donde un mismo actor interpreta a gemelos idénticos.

9. Cromosoma 3 (1979)

Otra imprescindible adición imprescindible a la lista de «miedo a la partenidad» con este clásico de culto suyo, además de su regreso al cine género tras el encargo de Tensión en el circuito. Cromosoma 3 es tan irregular como malsana, imperfecta como deliciosamente singular. Guste más o menos, o creas que el tiempo le ha pasado mejor o peor, es la peli que marca su camino.

8. M. Butterfly (1993)

Los noventa de Cronenberg son una cosa fascinante por variedad y por cómo rompen varios de sus esquemas tradicionales, incluyendo esta más aparentemente convencional desviación hacia el drama adulto con cero anclaje en los elementos fantásticos. Con un drama de espionaje de fondo, el director adapta con tino esta popular obra de teatro que desafía los convencionalismos del exotismo oriental por parte de la mirada occidental, además de conectar con su habitual obsesión por la tensión sexual y el deseo carnal con la negación de los impulsos (spoiler) homosexuales que el personaje de Jeremy Irons siente de manera más disimulada al comienzo y más intensamente en el final.

7. Scanners (1981)

Uno de esos clasicazos del cine género por derecho propio, no sólo por su increíble y memorable escena con la cabeza explotando por fuerza telequinética. Cronenberg hace un emocionante trabajo de ciencia ficción terrorífica, creando una increíble tensión en escenas que sacadas de contexto parecen concursos de miradas, con una urgencia surgida de un rodaje exigente y apresurado. También deja un increíble dardo a la industria farmaceútica, de la que no conviene olvidar que a veces es el mal absoluto.

6. Una historia de violencia (2005)

Quién iba a decir que una de las mejores adaptaciones de DC al cine iba a ser un noir duro y aspero de Cronenberg. Fuera coñas, el salto del director a otro tipo de cine (que en el fondo sigue aspirando a cosas similares) fue un bienvenido soplo de aire fresco, con una increíble exploración de la naturaleza de la violencia, cómo esta se traspasa entre generaciones incluso aunque se desee lo contrario, y de las pulsiones humanas más innatas. Todo perfectamente calibrado y ejecutado en una peli que golpea sin piedad y duele bastante.

5. Videodrome (1983)

La joya absoluta del body-horror, con un estilo absolutamente seminal e influyente, con uno de los trabajos de efectos especiales más logrados e icónicos. Pero además de un poderío visual indudable, la película es un cañonazo que no pierde potencia por mucho que pasen los años. Su retrato de la búsqueda constante de nuevos estímulos, combinado con la forma en las que las compañías quieren canibalizar la atención y todos los aspectos de la vida de los espectadores (no me digáis que no sigue siendo relevante hoy día), la hace una película tan punzante como en su día, por mucho que entonces costase procesar lo adelantada que estaba siendo.

4. La mosca (1986)

Cronenberg hace su película de monstruo en una jugada similar a la de John Carpenter, aprovechando la aportación de un gran estudio para hacer un remake de un clásico de terror. Y al igual que con La Cosa, esta es uno de esos casos donde se puede argumentar que supera a la original, con un perfecto retrato de la degeneración (física y moral) del protagonista y una trágica historia romántica en el corazón de la misma.

Aquí hay un perfecto manejo de todos los tonos, hay unos efectos prodigiosos que siguen poniendo los pelos (humanos) de punta a día de hoy, tiene a Jeff Goldblum y a Geena Davis a un nivel inmenso y un final absolutamente demoledor que, sumado con la magnífica música de Howard Shore, puede dejarte destrozado.

3. El almuerzo desnudo (1991)

La aproximación de Cronenberg al género noir no podía producirse en otra cosa que no fuera en una inadaptable novela de William S. Burroughs, retorciéndola para hacerla más próximo a su universo y también más metatextual y próxima a la vida del autor (asesinato a su esposa incluido). Dentro de su extravagancia que casi bordea lo Lynchiano, y una narrativa aparentemente vaga y confusa, Cronenberg logra aquí una de sus obras más libres y fascinantes, donde vuelve a explorar sus temas favoritos: la creación artística como mecanismo de transformación física y sexual, además de reflexionar sobre el potencial peligro del arte empleado como herramienta política por las esferas del poder.

2. Promesas del Este (2007)

Una de sus películas más brutas y viscerales no implica ningún elemento fantástico y, aun así, Cronenberg se las apaña para que un thriller criminal de encargo se sienta totalmente como una película suya. No sólo eso, sino una obra maestra. La violencia vuelve a ser uno de sus temas de exploración, llevada al límite en una escena en ducha absolutamente magistral, y palpable en un seno familiar absolutamente corrompido y tenebroso. Y lo de Viggo Mortensen es directamente un escándalo, es uno de esos trabajos trascendentales.

1. Crash (1996)

Obra total de un director desatado y en estado de gracia. Carne y metal unidos en un frenesí pasional y sexual, la nueva carne como objeto de fascinación en una sociedad sobreestimulada y desesperadamente necesitada de nuevas sensaciones. Todo perfectamente articulado en una historia morbosa y cuidadosamente calibrada de un grupo de gente que necesita pegársela con el coche para ponerse cachonda. Cronenberg vuelca aquí todas sus obsesiones mostradas en anteriores películas de una forma absolutamente única, tan demencial como irresistible. Dicho de otra forma, va a tope con todo y es un goce absoluto de ver.

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