Inclasificable, misterioso, hipnótico (y a veces un poquito frustrante). David Lynch es todas esas cosas, pero también el artista de vanguardia más ampliamente conocido y venerado que existe. Su éxito es relativo, pero es innegable que ficciones como Twin Peaks o algunas de sus películas han llegado lejos en el corazón de los cinéfilos. Y por eso es este tan buen momento como otro para recordar su obra (Twin Peaks la dejamos aparcada, pero no descartamos hacer algo un día con ella).

No, no esperéis ver Twin Peaks: The Return aquí. No somos Cahiers du Cinema.

10. Inland Empire (2006)

Siendo David Lynch en su esencia más pura, sin filtrar, está claro que es complicado lidiar al cien por cien con todo lo que está tratando de hacer. Porque la película es excesiva, desafiante y llena de un Lynch ávido de explorar con nuevas herramientas como el cine digital. No obstante, a pesar de todo lo que hay que admirar, yo personalmente no puedo desprenderme de lo insufribles que se me llegan a hacer sus tres horas. Pero bueno, está bien que esto exista, hay veces que es mejor sacar estas cosas de nuestro organismo.

9. Dune (1984)

No es complejo describir por qué salió mal Dune. Lynch mismamente ha reconocido que cogió el proyecto por las razones equivocadas y que no tenía genuino interés en la novela de Frank Hebert (que, curiosamente, sí le gustó la película menos el final que, casualmente, es la parte más cambiada). Y se nota. La adaptación de los diálogos, incluyendo los monólogos interiores, se hace tal cual están en la novela, lo que en la práctica se vuelve una bola densa que mata el ritmo de la película. Tiene que pasar de puntillas por muchas cosas porque hay que dejar la película en dos horas. El cineasta muestra un claro desinterés en los temas de la novela y sus personajes.

Pero, al mismo tiempo, qué desastre más interesante. Y digo desastre con todo el cariño posible, ya que hay hallazgos aquí difícilmente encontrables en películas de menos ambición y más correctamente realizadas. Aunque su aproximación sea superficial, es capaz de dar vida a mundos singulares y distinguibles, además de escenarios donde no sería raro ver también a enanos hablando al revés. La caricatura que hace de Harkonnen es también unos puntos donde más se aprecia que Lynch pudo encontrar, al menos, un punto de diversión. Es una película árida de ver, difícil de defender, pero fascinante al fin y al cabo.

8. Twin Peaks: Fuego Camina Conmigo (1992) 

He debatido muchas veces si califica para poder entrar en la lista. Ciertamente, es complicado (por no decir imposible) separarla de su raíz, la serie de televisión, así que su entidad individual es cuestionable.

Más allá de eso, Lynch siempre ha sido un privilegiado en crear imágenes, así que es visualmente arrebatadora. Su parte de humor también funciona. Y También es frustrante y a Lynch se le hace cuesta arriba hasta el mismo por momentos. Irregular como ella sola, algo que la vuelve a anclar a la serie original (especialmente su segunda temporada).

Pero como una de las películas de terror más tristes de la historia es profundamente fascinante y sus últimos 15 minutos son de no quitar los ojos de la pantalla. Qué ganas más tontas de volver a ver la serie ahora.

7. Corazón Salvaje (1990) 

¿No os da a veces la sensación de que ves algo que tiene todo para encantarte pero nunca llega a hacerlo del todo? Corazón Salvaje es material perfecto para hacer la hermana perfecta de Asesinos natos (Oliver Stone, 1994) en una sesión doble, aunque Lynch siempre encuentre los rincones para que parezca otra cosa. Es apreciable, y desde luego no es descabellado que muchos sientan pasión por ella, pero no puedo evitar sentir esta sensación de que algo no termina de hacer click y hay otro algo que me empuja para que me aleje de la peli.

Pero qué bien están aquí Laura Dern y Nicolas Cage.

6. El Hombre Elefante (1980) 

El tiempo la ha hecho pasar como su película más convencional (aunque realmente no lo fuera) y hasta como su película de anzuelo para el Oscar. Eso se pasa hasta que la ves. Y se la cuentas a alguien. Pero también qué maravilloso amor siente Lynch por lo que está contando y qué delicia es verlo.

5. Una Historia Verdadera (1999) 

Su peli en apariencia más simple y casi más fácil de desdeñar (sus haters hasta podrían resaltar el hecho de que esta es una película Disney) es una de sus más bellas y emocionantes. El cariño supremo que siente Lynch por la historia y los personajes que está contando es contagioso, y su humor absurdo nunca se acerca a la condescendencia. Un gran ejemplo de cómo, incluso en sus excentricidades, Lynch tiene dentro mucho del gran cine americano clásico.

4. Cabeza Borradora (1977) 

De la primera película, probablemente una de sus más extravagantes, ya se apreciaban sus primeras constantes, además de una manera especialmente audaz de contar sus obsesiones de aquella época: la amenaza de la inminente paternidad, la opresión de vivir en un ambiente industrializado, tener un peinado imposible. Es, también, una película que no terminas de darte cuenta de lo perturbadora que es hasta que intentas explicársela a alguien.

3. Mulholland Drive (2001) 

De un piloto fallido que podía haber sido una extensión del mundo de Twin Peaks a una película absolutamente magistral. Muchos no dudan en resaltar sus fallos, pero sus aciertos son totalmente brillantes. Su carácter voluble refleja por completo la lógica interna de un sueño, desde lo más onírico e indescifrable a lo más aterrador. Y pocos han sabido mejor qué hacer con Naomi Watts.

2. Terciopelo Azul (1986) 

La pesadilla en la suburbia, el primer paso antes de la pesadilla que cubre la placidez aparente en Twin Peaks. También el primer Lynch absolutamente incontestable, que muestra todas las herramientas de las que ha hecho gala en su carrera y todas son usadas a la perfección. Sus personajes son absolutamente magnéticos y cuando más se cruzan mejor se vuelve la película. Por otro lado, siendo una película que parece encapsular un periodo de tiempo concreto, es increíble cómo llega a parecer tan atemporal.

1. Carretera Perdida (1997) 

-Me gusta recordar las cosas a mi manera
-¿Qué quiere decir?
-Como yo las recuerdo, no necesariamente como sucedieron

Una inclasificable maravilla del cine negro donde Lynch da rienda suelta a sus obsesiones con el mundo de los sueños y las pesadillas, la memoria y la culpa reprimida. Es también una de sus películas más inagotables, porque siempre hay algún detalle nuevo a descubrir, otra capa o lectura que extraer, con cada visionado nuevo. Y qué bueno que una película tan maravillosa de ver sea tan inabarcable.