Gracias al quinto aniversario de su última obra, no hemos podido evitar pensar en George Miller y su brillante mente durante estos días. Y qué mejor manera de celebrar su demencial y arrolladora brillantez que homenajeando su obra, con mucho que ofrecer aparte de Mad Max. Ver su colección de películas te lleva a la extrañeza, a pensar cómo el tío que ha hecho una de las sagas post-apocalípticas más influyentes es capaz de hacer pelis animadas con animales o dramas casi de telefilm. Pero una vez vistas todas parecen indiscutiblemente de la misma persona, de la misma mente creativa. Celebremos a este maravilloso maníaco.

9. Babe, el cerdito en la ciudad (1998)

Las disputas por la autoría de la primera película de Babe, dirigida por Chris Noonan, llevaron a Miller a encargarse de esta secuela para poder demostrar al público que el éxito de dicha película era atribuible a él. Si nos tenemos que guiar por esta película, probablemente no tenga tanto mérito de dicho éxito, porque es más destartalada e irregular. Aun así, simpática, a pesar de ideas un tanto incomprensibles como la configuración de La Ciudad (una ciudad es que es todas las ciudades al mismo tiempo).

Mis dieses por recuperar la escena de la cúpula del trueno y darle aquí un giro desternillante.

8. Happy Feet 2 (2011)

Es una secuela que es difícil ver qué aporta o añade al mundo de los pingüinos de la cinta original, y en ocasiones algo redundante. Pero por otro lado tenemos una trama donde Brad Pitt y Matt Damon dan voz a una pareja (sí, pareja-pareja) de crustáceos que tienen diversas crisis existenciales. ¿Cómo no tenemos ya un spin-off de los kril Will y Bill?

7. Mad Max 3: Más allá de la cúpula del trueno (1985)

Porque hacer una película en la cúpula del trueno se le quedaba corto y había que ir más allá. Miller mantiene la máxima que define la saga, que es contar la misma historia en cada película pero de maneras distintas, y aquí opta por una fantasía infantil que se antoja algo desigual. Su reciclado guion de El señor de las moscas no desentona, pero no tiene tanto poderío y narrativamente la película es muy irregular. Pero la primera hora es la leche, especialmente la parte de la cúpula del trueno.

6. El Aceite de la Vida (1992)

Es una película que ha quedado un tanto olvidada, más allá de para clases de algunas facultades de ciencias para la salud. Por tanto, sorprende más que lo que parece que va a ser la película de anzuelo para Oscars de Miller sea tan caótica y hipertrofiada. Hay una secuencia de pesadilla que parece sacada de Mad Max, la música operística está arribísima todo el rato, la degradación del personaje de Lorenzo parece casi de David Lynch y hay un instante donde los personajes se retuercen de dolor y se asemejan a una estatua griega. Es todo lo opuesto a lo que cabría esperar de una película que habría sido fácilmente un telefilmazo.

Es una película fascinante de ver, aunque lo de Nick Nolte sea injustificable.

5. Happy Feet: Rompiendo el hielo (2006)

Miller quiere hacer tantas cosas a la vez en esta película de pingüinos que resulta complicado descifrar como logra hacerlo todo en poco más de 100 minutos y que la película no sea una masa deforme. Hay una historia de ecos a El Rey León, otra de un desplazado que busca reafirmarse en su peculiar identidad y otra de desastre ecológico causado por el hombre. Miller salta de una a otra con gracia y mucha energía, así como un alucinante sentido visual que deja grandes momentos.

Es, también, Frozen si estuviera hecha bien. Ahí lo dejo.

4. Mad Max: Salvajes de autopista (1979)

Vista en retrospectiva, la primera Mad Max parece de otro universo diferente, ya que no hay muchos de los elementos visuales distinguibles del universo y parece más un thriller criminal. Pero en realidad todo está ahí: el inigualable look de Max Rockatansky, la cinética narración visual, la humanidad sumida a lo primario y lo demencial. Su estructura se antoja algo inconsistente, pero la película no ha perdido colmillo.

3. Las Brujas de Eastwick (1987)

Si nunca has oído hablar de esta película (el tiempo la ha dejado un poco atrás, así que sería comprensible), lo primero que te resalta es que, para ser una historia de brujas, es increíblemente sexual (a nadie le sorprendería que Jack Nicholson tuviera sexo hasta con los extras). Miller se logró salir con la suya en uno de sus pocos acercamientos al cine de grandes estudios, incluso con los conflictos tras las cámaras, y logra una loca y mágica historia de liberación femenina, que además es puro fuego. 

2. Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981)

La secuela ya se asemeja más a lo que entendemos como el Mad Max canónico. Su construcción de mundo sigue inmaculada, la introducción de personajes caricaturescos e imposibles (por decir dos: Lord Humungus o el Niño Salvaje) nunca resulta inconcebible y la escena de acción del clímax es prácticamente perfecta en todo, de planificación a ritmo. No se puede denominar de otra manera que no sea en términos de una de las mejores películas de los ochenta.

1. Mad Max: Furia en la carretera (2015)

Le llevó años y dar un par de éxitos con Warner para convencerles de poder llevar a cabo su sueño. Y qué sueño más maravilloso. Un tornado de película, deslumbrante y extraordinaria de principio a fin, dando un rapapolvo a todas las películas de acción de la década a través de planificación, ritmo y músculo para rodar, para que todo esté impecablemente contado.

Visualmente asombrosa, con tantas cosas GUAYS por segundo, cada vez que te sientas a verla, le das al play y, una hora después, Mad Max Fury Road te ha pasado por encima de nuevo. Vaya milagro.

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Linkin Boy
Linkin Boy
5 months ago

«No se puede denominar de otra manera que no sea en términos de una de las mejores películas de los ochenta.»

AMÉN.