¿Oís eso? Sí, es la señal para empezar a llorar. Pixar se ha convertido en el estudio de referencia en el campo de la animación, pero también se ha convertido en la excusa perfecta para que treintañeros lloren a moco tendido viendo personajes animados. Acompañadnos en este viaje emocional que nos haga chocar de frente con reflexiones filosóficas en forma de aventuras generadas por ordenador.

Para esta lista, además, dividimos las películas en una serie de grupos o niveles para establecer mejor la diferencia entre films.

Nivel 1: Qué he hecho yo para merecer esto

22. Cars 2 (2011)

¿Recordáis todas esas secuelas que hacía Disney en su momento de sus mayores éxitos que iban directas a venta en vídeo? ¿De esas que profundizan en la historia de un personaje secundario del que nadie tiene interés en verle en el papel protagonista? Suma eso con la peregrina idea de «ahora los coches también son espías». Fast & Furious hizo esto mejor.

Nivel 2: Podéis hacerlo mejor que esto

21. El viaje de Arlo (2015)

No es tan mala como su puesto puede indicar. De hecho, es una película maja. Intrascendente. Menor. Pero maja. Pero le pongo ciertas penalizaciones a películas que parecen más de Dreamworks que de Pixar.

20. Monstruos University (2013)

Con toda la corriente de hacer secuelas de todas las películas con potencial de merchandising nos acabó tocando tragarnos el momento del brainstorming «eh, ¿y si para esta probamos con precuela?». Te puede valer si quieres introducir a tu descendencia al maravilloso mundo de las comedias universitarias, pero es bastante floja, floja.

19. Cars 3 (2017)

Llegar con esto después de la segunda fue casi hasta refrescante. Si me apuras, en comparación con la segunda casi parece tan buena (o apañada) como la primera. Recuperar la estructura de la original, pero hacer que te lleve a un destino nuevo e interesante es un acierto. No hay franquicia más prescindible dentro de Pixar que Cars, pero qué bien Cruz.

18. Cars (2006)

Coches que hablan para hacer una película deportiva de libro donde el aguerrido rookie tiene que aprender humildad y demás valores, con sus montajes de entrenamiento y todo. Efectiva, pero al mismo tiempo tan… ¿normal? Cuando John Lasseter se emperra con algo a ver cómo le sacas la idea de la cabeza (pobres mujeres que han trabajado con él y han pensado esta misma frase). Da qué pensar que esta vaya a quedar como la última película de Paul Newman (si alguien de Hollywood esta leyendo esto, no, no hagas una película con un Paul Newman recreado digitalmente para cambiar esto, gracias).

Nivel 3: Normal, pero algo hay

17. Onward (2020)

Las fórmulas lo son por algo. Funcionar, eso sí, no te hace significativo, y la excesiva familiaridad hace que sus aciertos (la conjunción de las fantasías roleras con el mundo moderno, algunas secuencias de acción y la relación de los hermanos) resalten menos. Pero, al mismo tiempo, ¿necesita Pixar ser significativa todo el rato? ¿Tiene Onward una responsabilidad o se la estamos exigiendo? Podrá ser menor, pero está claro que disfruta siendo la película que es. Y esa clase de disfrute se hace contagioso.

16. Indomable (2012)

Me pregunto en qué momento esto se iba a clasificar como un proyecto de Disney pero los papeles acabaron en el fichero de Pixar. Esta frase suena a desprecio por la película, pero incluso aunque bordee la randomez, es una película de aventuras entrañable y que explora con tino la relación entre madres e hijas. A favor de que esto exista.

15. Buscando a Dory (2016)

¿Recordáis todas esas secuelas que hacía Disney en su momento de sus mayores éxitos que iban directas a venta en vídeo? ¿De esas que profundizan en la historia de un personaje secundario del que nadie tiene interés en verle en el papel protagonista? Vale, pues eso no se cumple aquí. De hecho, su embrollada narración resulta beneficiosa para entender el punto de vista de un personaje cuya percepción del mundo es bastante compleja. Aún parece una «directa a vídeo», pero hay cierto cariño en esta que compensa en parte.

14. Los Increíbles 2 (2018)

Una secuela que trató de continuar cómo si no hubieran pasado 14 años desde la original y que ofrece de todo. Las secuencias de acción, en cuanto a planificación y dirección, le dan mil vueltas al 90% de blockbusters actuales. La escena de el bebé contra el mapache es oro puro. Sin embargo, todo tiene una sensación de normalidad (hay quien incluso diría vulgaridad) que impide que deje realmente poso y hace cuestionar si realmente hacía falta todo esto. Luego vuelves a ver la escena del bebé contra el mapache y se te pasa.

Nivel 4: Cosa seria

13. Bichos: Una aventura en miniatura (1998)

Si piensas en la expresión «Pixar menor», probablemente pienses en una película así. Aunque da la impresión de ser la película favorita de Twitter, Bichos lidió con la papeleta de ser la segunda película del estudio tras Toy Story y lo que vino después la acabó ensombreciendo. Lasseter logró adaptar ese esquema de Los Siete Magníficos (John Sturges, 1960) a esta simpática aventura que traslada bien a la pantalla el mundo de los insectos.

12. Buscando a Nemo (2003)

Probablemente esta sea una película más crucial para Pixar de lo que refleja la pantalla. En plena transición con una Disney a cargo de Michael Eisner que no terminaba de estar convencido con el estudio, a pesar de los resultados positivos hasta el momento, la película sufrió una transformación importante durante su desarrollo. Con resultado para bien: el personaje de Marlin, con su carácter carismático y frustrante al mismo tiempo, tiene uno de los arcos dramáticos más auténticos y conmovedores de esta colección. El personaje de Dory podría haber sido cargante pero termina siendo el corazón de la película. Y su manera de retratar las discapacidades (físicas y mentales), además de respetuosa, derrocha empatía.

11. Los Increíbles (2004)

Aunque su constante obsesión con la excepcionalidad y la dictadura de lo mediocre ha llevado a la conclusión de que la mentalidad de Brad Bird se adscribe a la teoría randiana, la realidad es que su talento le hizo anticipar la necesidad y hasta la obsesión por las figuras superheroicas, además de retratar con certeza la insatisfacción de la clase media y la crisis de los cuarenta. Los Increíbles, además, es un ejemplar blockbuster de acción en todos los aspectos, así como la mejor adaptación hasta la fecha que hemos tenido de Los 4 Fantásticos.

10. Monstruos S.A. (2001)

Tanto Lasseter como Stanton son consideradas las piedras fundacionales del estudio, y Bird es probablemente el director de animación más respetado fuera de su campo. Pero Pixar también ha sido una increíble cantera de talentos mayúsculos como Pete Docter, que imagina los elementos más fantásticos posibles y los plantea en un mundo burocrático y rígido que necesita ser replanteado. Monstruos S.A. sigue siendo una fresquísima muestra de eso, que además de poner en relieve la necesidad de empatía entre las mejores amistades pone en funcionamiento de manera clarividente un mundo complejo pero comprensible.

Nivel 5: Zona noble

9. Toy Story 4 (2019)

“No había necesidad después de lo bien que acabo la anterior” se lanzaron muchos a prejuzgar y probablemente decidieron continuar ahí para reducirla a una película menor. Pero Pixar nunca ha querido tanto a una franquicia como a Toy Story, y aquí lo demuestran haciendo por la tercera película lo que la segunda hizo por la primera: profundizando más en el arco emocional de su protagonista, reflexionando más sobre la naturaleza de los juguetes y cuestionando la figura del dueño humano como el único destino y propósito posible. Y el giro que hace con la figura del villano clásico de estas películas es para aplaudir.

8. Ratatouille (2007)

La animación como lenguaje de expresión cinematográfica es capaz de plasmar ideas y conceptos que la acción real muchas veces no llega a capturar. Brad Bird con un par de “pinceladas” te expresa como nadie esas reacciones químicas en tu cerebro cuando comes algo delicioso, o cuando combinas cosas deliciosas para dar como resultado algo más delicioso, pero también refleja esas mismas reacciones en un cerebro creativo que desea precisamente eso: crear. Y que su creación, su arte, perfeccionado hasta lo enfermizo, sea capaz de despertar las mismas reacciones químicas en quien lo consume. Y todo esto naciendo de un concepto tan barroco como una rata queriendo ser chef.

7. Coco (2017)

La familiaridad que tenemos con la fórmula Pixar nos hace que nos desliguemos de sus películas cuando da la sensación de que la siguen demasiado. Pero las fórmulas a veces se siguen porque funcionan, y ahí está Coco con su corazón como una casa de grande y sus diez minutos finales tan magníficos como los diez primeros de Up. De todo el riquísimo flolkore y tradición de México consigue trazar un mundo lleno de belleza y fantasía que nos habla de manera genial de la familia, el alma del artista, la muerte y de un destino peor que ese: el olvido.

6. Toy Story 2 (1999)

¿Recordáis todas esas secuelas que hacía Disney en su momento de sus mayores éxitos que iban directas a venta en vídeo? Cerca estuvo Toy Story 2 de tener ese destino, hasta que se dieron cuenta del tesoro que tenían entre manos. Woody es sacado del único ambiente que se le ha dado a conocer y encuentra que su vida podía (puede) tener más posibilidades y destinos de los que asumía como únicos. Un guante que luego aprovecharía a la perfección Toy Story 4.

Nivel 6: Obras maestras

5. Up (2009)

Hay dos clases de personas. A las dos les encantan los diez primeros minutos de Up. Una cree que lo que hay después es una sencilla película de aventuras más. La otra, la persona de bien, sabe que en la película de aventuras se está forjando una increíble relación de amistad, que hay secuencias de acción ejemplares hasta para películas de acción real, y que nunca pierde momentum en ningún punto. Y, por tanto, es impecable. Pero sí, lo que recordaremos siempre serán esos diez primeros minutos.

4. Toy Story 3 (2010)

Pixar ha estudiado muchas veces la pérdida y cómo superarla, pero casi ninguna había ejecutado tan bien un relato en torno a todas las cosas a las que decimos adiós por inercia, porque nos hacemos mayores y no acabamos de darnos cuenta de toda lo que perdemos. Así, en torno a la historia de los juguetes tratando de seguir siendo útiles, y más allá de una Guardería Sunnyside en la que Pixar filma su mejor película de prisioneros de guerra, sobrevuela la historia de Andy, que azota en unos últimos cinco minutos perdurables, empáticos, emocionantes como pocos. Y mucha gente los olvida porque unos pocos minutos antes está ese falso final ante el que es imposible no romperse.

3. Del Revés (Inside Out) (2015)

Guau. Pixar cabalgando a toda velocidad por sus obsesiones más profundas, desde el miedo a vivir, la inseguridad que trae el paso del tiempo o la facilidad del olvida… y la tremenda derrota que supone. Una obra compleja, llena de miedos e inseguridades, que apenas da respiros y esperanzas y que, por encima de todo, es sencillisima de ver. Contar lo complicado desde lo fácil y ganar todos y cada uno de los niveles de lectura que existen. Guau.

2. Toy Story (1995)

Sí, tú también has intentado dejar la puerta entreabierta lo suficiente para ver si los juguetes se empezaban a mover y todo se lo debemos a esta película (vale, seguro que la gente lo hacía también antes, pero tras esto ya fue otra cosa). Resulta casi redundante ponerse a hablar de ese guion tan inmaculado, del antes y después que supuso para la animación y la imaginación sin límite que hay puesta en cada instante. Hay películas de las que se puede añadir poco de lo perfectas que son.

1. WALL-E (2008)

Debería de ser ilegal que consigan hacernos llorar de esta manera con la (bonita) relación de dos robots. Wall-E puede ser la perfecta combinación de todos los elementos que conforman la marca Pixar, desde la creatividad suprema puesta en el arte de la animación hasta el manejo del viaje emocional de sus personajes, pasando por las reflexiones humanistas y una espectacular diseño de secuencias de acción. Cada parte de Wall-E, cada momento, es más que perfecto, y es la película donde ya el estudio entro por completo en su fase de madurez.

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Francisco Palm
Francisco Palm
8 months ago

De acuerdo en casi todo excepto con respecto a «El viaje de Arlo» que la pondría mínimo como «Cosa Seria».