El final de una etapa para la franquicia Star Wars ya está aquí. El cierre del arco de los Skywalker con el episodio IX nos abre ante un mundo sugerente pero lleno de incertidumbres (y Baby Yoda) para la saga. Parece un buen momento para repasar todo lo que hemos recibido del universo galáctico iniciado por George Lucas en formato película, incluyendo los episodios de la era Skywalker y los spin-offs.

11. El Ataque de los Clones (2002)

Es una peli donde todo se siente falso: los efectos especiales, los arcos dramáticos, el diseño artístico de las criaturas (los más feos de la saga), la tensión romántica. Es una peli que ya flaquea desde la escritura pero está peor rodada e interpretada, y de esto sólo se puede responsabilizar a Lucas. Primero, por liarse la manta en la cabeza para llevar él todo el proceso creativo (a saber cuánto aportaría realmente Jonathan Hales) y, segundo, por no saber transmitir su visión a los interpretes. Si hay una mala interpretación, posiblemente es responsabilidad del actor. Si todas son malas, hay una mala dirección de actores.

10. La Amenaza Fantasma (1999)

De la trilogía de precuelas, se puede hacer un buen argumento de que esta es la que parece más película de verdad, al menos por intenciones y estructura. Sin embargo, resulta paradójico que en una peli donde se suceden tantas cosas distintas tan rápido no de nunca la sensación de que la cosa avance, que tengamos un arco definible de los personajes principales o unos temas principales integrados en la acción (al contrario, los temas tienen que se expuestos de manera literal en los diálogos). Quizá lo más frustrante, aparte de los efectos especiales que se han vuelto aún más falsos con el tiempo, es lo poco divertida que resulta y el momento más entretenido que no implica lucha de sables sea una tontorrona carrera de F-Zero.

Watto, tho.

9. El Ascenso de Skywalker (2019)

Más que una película, control de daños. Más que la conclusión definitiva a un arco de nueve películas, una recopilación de guiños nostálgicos, respuestas que generan más preguntas y un maltrato absoluto a varios personajes. J.J. Abrams volvió a mostrar (y a reconocer) que, igual que sabe comenzar muy bien las historias, es tremendamente incapaz de terminarlas adecuadamente. Su primera hora acumula decisiones defectuosas y exiguas, sus elecciones estéticas son, como poco, cuestionables, y es la única de esta trilogía con poco o nada que contar, sólo replicar cosas de una película que ni siquiera comprende del todo. Y esto es lo que pasa cuando prefieres hacer un checklist de cosas que satisfagan a un fandom tan voluble como el de Star Wars en vez intentar hacer una película.

8. Han Solo (2018)

De poder tener una fresca y divertida aventura de Han Solo de la mano de Christopher Miller y Phil Lord, dos de los directores más frescos y divertidos que tiene Hollywood ahora mismo, pasamos a una película fría, seca y poco emocionante. Ron Howard y su estilo tibio y sin estridencias era suficiente para salvar una producción y hacer una peli funcional, aunque esta sea olvidable y plana como cabría esperar de un conglomerado gigante dispuesto a limitar las estridencias de sus productos artísticos, aunque suponga sumirlas en la mediocridad. Su fracaso fue suficiente para replantearse por completo el plan de los spin-offs.

7. La Venganza de los Sith (2005)

Probablemente aquí es donde funciona mejor todo lo que Lucas trataba de construir en esta trilogía: La génesis del villano y la culminación de la tragedia en forma de profecía autocumplida. El fracaso de la democracia ante un alzamiento fascista. El señalamiento de los Jedi como una fuerza conservadora y fallida ante la hora de combatir las desigualdades y preservar el equilibrio. El infructuoso bromance de Obi Wan y Anakin, conduciendo al espectacular duelo en Mustafar. Muchos de los defectos de las otras películas permanecen ahí, pero es más fácil pasarlos por alto (o ignorarlos) por esos pequeños valores positivos que la hacen la más acertada y satisfactoria de las precuelas.

6. Rogue One (2016)

“¿Y si si hiciéramos una película de Star Wars que pusiera énfasis en la parte bélica?”. Se tuvo este idea y se trazó un esquema que sirviera de base para desarrollar la idea y, posteriormente la película. Este es el resultado de adaptar directamente ese esquema. Nunca sabremos realmente cuánto se quedó de lo que originalmente rodó Gareth Edwards (viendo la tortuosa post-producción, probablemente poco), aunque la espectacularidad de la última media hora recuerda al alucinante show de destrucción de su Godzilla (2014). Más allá de eso, la peli no sale de su plantilla, con unos personajes esquemáticos donde el que más desarrollo tiene es un robot y el único que resulta divertido de ver es el monje ciego de Donnie Yen. Podría haber sido una digresión que replantease lo que una peli de Star Wars puede ofrecer, se queda en un producto tan entrañable como a medio elaborar.

5. El Retorno del Jedi (1983)

Pasado el tiempo, igual toca lidiar con cómo palidece esta tercera entrega de la trilogía original con respecto a las otras dos. Su movimiento pendular, que buscaba compensar el tono más sombrío y trágico de su predecesora y recuperar un espíritu más aventurero y lúdico de la película original, intenta jugar con demasiados malabares. El arco de los personajes principales resulta satisfactorio, pero se pasa demasiado tiempo tratando de corregir la situación final de la última peli, llevando a que el primer acto se lleve casi 45–50 minutos del metraje. La introducción de elementos nuevos, incluyendo el planeta Endor, es refrescante pero no disimula una repetición de patrones (la peli abre exactamente igual que el episodio IV y se cargan la Nueva Estrella de la Muerte casi de la misma manera). Hay momentos excitantes, pero la dirección de la película es BLAH en el mejor de los casos, directamente mala en los peores.

Pero moriría por los Ewoks, no lo voy a negar.

4. El Despertar de la Fuerza (2015)

Hay mil cosas que se le pueden achacar a Abrams a toro pasado: su obsesión por las mistery boxes, el fanfiction que interpone en su propio camino como si de este célebre meme se tratase. Pero no olvidemos que, viniendo de una serie de películas que habían elevado bastantes cejas y dudas sobre el potencial de la saga, supo ver que el movimiento necesario para reiniciar y continuar el legado es ofrecer una mirada a lo que hacía fascinantes a estas películas. Es cierto, el contexto importa hasta cierto grado en una película cuando pasa el tiempo, no puede estar arrastrando continuamente ese contexto de “era el movimiento que había que hacer”. Pero es clave para entender El Despertar de la Fuerza, una película que aprovecha la estructura del mito (la cuarta película) como base para reflexionar sobre lo fascinante y inspirador que es. Y, una de las partes más infravaloradas de la película, es un viaje divertido y entusiasta, con personajes con nuevos conflictos y potencial y un androide bola que roba el show cada vez que aparece.

3. Los Últimos Jedi (2017)

Una vez recordado el mito, toca lo complicado: recontextualizar tu relación con él y continuarlo sin perderlo de vista, pero tampoco plegándose a él. Rian Johnson recogió las pelotas en el aire que le soltó Abrams y logró lo más complicado cuando tienes que hacer una película bajo el paraguas empresarial de Disney: una película que no sólo replique esquemas, sino sensaciones. Sin perder de vista que las de Star Wars tienen que ser películas divertidas, Johnson se inspira en el modelo Kasdan para poder profundizar en los arcos dramáticos (y qué dramas: una crisis de identidad, encontrar la conexión emocional con alguien a años luz de distancia, hacer tuya una causa, maestros que fracasan) y rueda la película más objevitamente BONITA de Star Wars. Johnson se atrevió a decir que no había reglas selladas en piedra (o guardadas en un árbol milenario muy fácil de prender), que Star Wars podía ser muchas cosas distintas para distinta gente, e Internet le quiso responder con odio. Pero no se gana destruyendo lo que odias, sino defendiendo lo que amas. Y aunque esta no sea la película que los fans querían, es la que más necesitan (necesitamos).

Además, los Jedi eran unos engreídos, lo dijo antes George Lucas, así que toca barrer el establo.

2. Una Nueva Esperanza (1977)

Está complicado trazar cuál es realmente la película que consolidó el blockbuster como forma de hacer cine (siempre acabas encontrando alguna que puede dar el pego tirando para atrás), pero no cabe duda que esta consolidó el modelo que millares de películas después de ella han buscado replicar. Más de 40 años después, sigue siendo superior a ellas y su tosquedad propia de la época, lejos de hacerla envejecer demasiado, la convierte en una pieza de museo a estudiar sobre cómo hacer una película llena de cosas demenciales y que sea digerible para el gran público. No sólo digerible, sino que la abrace con pasión. Y eso que la leyenda cuenta que esta no es más que una extensión de lo que iba a ser el primer acto de la película que iba a contener lo que luego sería la trilogía.

1. El Imperio Contraataca (1980)

¿Puede haber algo más maravilloso que inventarse una escena en la que Luke Skywalker se enfrenta a un puto Yeti para justificar por qué le cambia tanto la cara a un actor que ha tenido cirugía facial tras un accidente? Y el Yeti es sólo una entre varias chaladuras de lo que podría ser una partida de rol glorificada y acaba colando como un drama shakesperiano con sables de luz y magia. La entrada de Irvin Kershner aportó nuevos aires a la saga, jugando con elementos delirantes y divertidos que le lanzaba Lucas desde el guión y equilibrándolo con el tono oscuro que requería la historia, aunque generó ciertas reacciones contrarias ante el cambio de tono en su momento y se quedó sin igualar las astronómicas cifras económicas de su predecesora (¿os suena?). Más allá de todo eso, ha sobrevivido como la peli más robusta de la franquicia.