Con su reciente llegada a Netflix, era imposible no volver a ver las películas del Studio Ghibli, uno de los estudios de cine de animación más importantes e influyentes del mundo. La compañía, fundada por Hayao Miyazaki e Isao Takahata, ha entregado obras que no son sólo cima del género animado, sino de la historia de la cinematografía. Por eso mismo vamos a repasar (y ordenar caprichosamente) todas las obras creadas y producidas por el estudio. Alerta: puede haber sobredosis de belleza.

21. Puedo escuchar el mar (1993)

Drama juvenil de triángulo amoroso con ejecución menor y pretensiones televisivas. Una producción con más ánimo de experimentar con otras voces diferentes a las principales y dar oportunidad a gente como Tomomi Mochizuki. Nada remarcable.

20. Cuentos de Terramar (2006)

Gñé. Aunque a estas alturas Ghibli ya se había ganado el derecho de ser menor (o muy menor) de vez en cuando. Quizá se le tiene ampliamente considerada como la peor película del estudio por ser Gorô Miyazaki hijo de quien es. La comparativa no le hace un favor, pero no la hace terrible.

19. La Colina de las Amapolas (2011)

Queriendo desquitarse del toque excesivamente fantástico de Cuentos de Terramar, Gorô Miyazaki decidió co-escribir con su padre Hayao esta historia modesta de tono claramente realista. Aunque entrañable, no es de las más reseñables en el catálogo.

18. Haru en el Reino de los Gatos (2002)

Yo es que soy más de perros. Simpática y de buenas intenciones, aunque demasiado liviana. 

17. Mis vecinos los Yamada (1999)

Esta obra un poco menor de Takahata, casi una anomalía por su simpleza narrativa y su estilo de animación con acuarelas, explora las vivencias de una sencilla familia. Tan cotidiana y disfrutable como poco destacable.

16. El Recuerdo de Marnie (2014)

La, hasta el momento, última producción Ghibli (La Tortuga Roja cuenta aparte) no llegó de Miyazaki o Takahata, sino de una de sus últimas apuestas: Hiromasa Yonebayashi. Adaptando una novela juvenil británica de los 70, la película toca temas más adultos y difíciles, como la búsqueda de conexión emocional y la depresión, sin estridencias ni perder el mimo y la empatía que caracteriza al estudio, además de contar con una animación de primerísimo nivel.

15. Pompoko (1994)

Incluso con los contrastes estilísticos y en enfoque entre los Takahata y Miyazaki, el espíritu de ambos siempre ha encontrado muchos puntos comunes. Aquí, por ejemplo, lo vemos en el alma naturalista e, incluso, ecoterrorista de unos mapaches mágicos con el poder de la transformación. Eso sí, uno no puede desviar la atención del enfasis que ponen para que los genitales sean visibles. 

14. Ponyo en el Acantilado (2008)

Es una de esas películas que es incontestable por lo adorable que es y por el espectáculo visual que ofrece toda la animación. La historia de amor infantil es infalible, todos los aspectos creativos empleados para los diseños marinos son una locura y su algo demencial concepto no se desgasta demasiado en todo el metraje.

13. Arrietty y el Mundo de los Diminutos (2010)

La primera obra de Yonebayashi como director en Ghibli fue otra adaptación de una novela británica, esta mucho más afín al espíritu de las obras de Miyazaki. Su heroína está a la altura de varias de las grandes que ha mostrado el estudio. Visualmente es deliciosa y creativa. Su construcción de mundo a partir de elementos más tangibles es envidiable. La música de Cécile Corbelle ayuda a darle un toque distintivo.

12. El Viento Se Levanta (2013)

Se habló mucho en su momento como la última película de Miyazaki (aunque los retiros de Miyazaki ya nos los conocemos todos), y es difícil no apreciar ese aire reflexivo propio de un autor que mira hacia atrás y hacia todo lo que ha construido. Su pasión por la aviacion vuelve a ser el motor para explorar el conflictivo arte de la creación artística, cómo esta puede nacer de las mejores intenciones pero ser explotada con peores fines en otras manos. Irónicamente, con toda la imaginería aérea que despliega, es de sus obras más ancladas a pie de tierra, y su singularidad la permite brillar entre la filmografia de Hayao.

11. El Castillo Ambulante (2004)

Curiosamente, una de las películas más divisivas de Miyazaki y Ghibli, que puede estar tanto en la parte alta de los tops de mucha gente y en las partas bajas. Es difícil refutar a cualquiera de los dos. La peli tiene muchas ambiciones, especialmente en su creación de mundos, sus personajes y su imaginería, pero su desarrollo llega a ser confuso y no todos sus tonos funcionan todo el rato. Aún con todo, es una película bastante única.

10. El Castillo en el Cielo (1986)

La primera película oficial del estudio ya solidificó algunas de las pautas mostradas en la anterior cinta de Miyazaki, Nausicaä del Valle del Viento, y deja relucir otras nuevas: sus personajes chaotic good, las amistades inesperadas e inquebrantables entre la pareja protagonista, la aviación como leit motiv y una apasionante construcción de mundos.

9. Susurros del Corazón (1995)

Tienes mucho ganado si empleas ‘Take Me Home, Country Roads’ de John Denver como pilar narrativo. Aparte de eso, el único largometraje que pudo dirigir Yoshifumi Kondo antes de fallecer, con una historia escrita por Miyazaki, es una pequeña singularidad dentro del catálogo gracias a su perfecto equilibrio entre la cotidianidad y lo fantástico. También es una audaz exploración del proceso creativo.

8. Recuerdos del Ayer (1991)

Tanto Takahata como Miyazaki han buscado explorar esos pasos de la juventud a la madurez, pero el primero muchas veces poniendo el contrapunto más realista a la libertad fantástica de su socio. Aquí lo llevó a otro nivel, grabando primero las voces para adaptar la animación a ellas (en animación se suele seguir el proceso contrario) y poniendo el máximo detalle en las facciones de la cara. Esto ayuda a hacer más palpable y profundo ese poso nostálgico que preña la historia de una mujer repasando cómo sus actos en la niñez marcan su presente.

7. La Princesa Mononoke (1997)

Quizá el amor por Ghibli de manera internacional se desató del todo con este nuevo tratado de ecoterrorismo, defensa de la naturaleza y lucha contra los peores demonios internos. Su salvaje garra también la hizo más impactante, por eso todos los que la pillaron en su momento de adolescentes la adoraron sin remedio. Mononoke, en muchos aspectos, es una versión ampliada y con más fuerza de la Nausicaä que Miyazaki dirigió y cuyo éxito permitió la existencia del estudio.

6. El Cuento de la Princesa Kaguya (2013)

Takahata retoma la estética de la acuarela y el folklore en su última obra que es, además, una de sus más esenciales. Una delicia absoluta en cada nivel de posibilidad de disfrute: el visual, el sonoro, el discursivo. Una princesa que se enfrenta a la tradición. Nudito en la garganta y alucine ante el sofisticado despliegue visual, todo a la vez.

5. Porco Rosso (1992)

La pasión (¿fetiche?) de Miyazaki por la aviación a veces puede suponer una barrera y es lo que puede provecar que Porco Rosso se haya recibido históricamente como un Ghibli menor. Nada más lejos, su sencillez fortalece sus virtudes, las secuencias de acción son un prodigio tanto desde el diseño hasta cuando toca darle vida, y su historia de un piloto italiano convertido en cerdo da forma a uno de los personajes más interesantes de su filmografía. Y, por supuesto, está la frase “Prefiero ser un cerdo que un fascista” que es para dedicarle un monumento.

4. Nicky, la Aprendiz de Bruja (1989)

Volando muy por debajo del radar, Nicky quizá tenga un sinfín de virtudes que la hacen más reivindicable más allá de lo aparente. Miyazaki cuenta con la prodigiosa habilidad de contar como nadie el paso de la adolescencia a la madurez, pero aquí sabe retratar el enorme peso de las responsabilidades que pueden llevar a quemarte haciendo algo que te apasiona y sabes que lleva placer a la gente, y hasta te cuestiones si has perdido tu talento o tu pasión por ello. También habla del duro proceso hasta encontrarlo de nuevo. Por decirlo de cierta manera, Nicky, la Aprendiz de Bruja es la película definitiva de ser autónomo.

3. La Tumba de las Luciérnagas (1988)

Hace justicia a toda la leyenda que la rodea de ser una de las películas de animación más deprimentes de todos los tiempos. Triste, pero bonita. El mayor hallazgo de Takahata en su obra maestra es no perder nunca el equilibrio ni que se le vaya de las manos todo el drama que hay en la película. Pero lo más increíble es cómo, con el tiempo, te sigue agarrando con tal fuerza que es imposible soltarte.

2. Mi Vecino Totoro (1988)

La improbable doble sesión que conforman esta y La Tumba de las Luciérnagas tiene, en realidad, toda la intención detrás. Poner este rayo de luz antes ayuda a afrontar el dramón de Takahata. Más allá de la combinación entre obras, Totoro cuenta con un activo valiosísimo que la convierte en una obra imprescindible: su punto de vista, altamente empático con la de cómo un niño puede percibir la realidad y construir la suya propia. Totoro puede sentirse ligera, pero tiene más fuerza emocional que filmografías enteras. Y que diga que no querría tener ese peluche en casa es un monstruo sin corazón.

1. El Viaje de Chihiro (2001)

Haciendo el top sobre Stanley Kubrick me acabé preguntando si le podría poner 6 estrellas sobre 5 (u 11 sobre 10) a Senderos de Gloria. Con esta no es que haya que preguntárselo, ya lo hizo el crítico Nigel Andrews en el Financial Times. Imposible reprochárselo, porque es prácticamente perfecta en todo lo que hace y todo lo que ambiciona. Todo lo que hemos hablado antes de construcción de mundos, de la excelente calidad de la animación, de la narración empática, de comprender como nadie la percepción de una mente joven, de retratar el paso a la madurez, de forjar las amistades entre personajes… Todo está a su máximo nivel aquí. Hablar de obra maestra casi se queda corto. En la filmografía de Miyazaki, en la animación, en el cine del siglo o en el cine de todos los tiempos.

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