Vuelve Aaron Sorkin, vuelven los diálogos ágiles y ácidos, vuelve el idealismo político y vuelven las conversaciones andando. Uno de los guionistas más laureados de la historia, uno capaz de pensar que puede hacer una película de un disco de los Flaming Lips, regresa con una nueva película, se vuelve a poner a las órdenes como director en la que es sólo su segunda película en ese puesto. Pero su marca resulta indeleble en cada una de sus obras, incluso en las películas que, al contrario que en las series o el teatro donde también ha brillado, suelen estar más marcadas por el director. En algunos casos, resulta que su marca es la más notoria. Repasamos su influencia en esta serie de películas.

13. The Newsroom (2012–2014)

La serie más polarizante de Sorkin, probablemente por necesidad. Su idealismo se lleva a extremos exacerbados haciendo que sea difícil mostrar una posición moderada a su visionado. De hecho, probablemente el análisis más certero sea calificarla de maravillosa y horrible a la vez. Viendo que los noticieros se han vuelto peores desde su emisión, igual ver su imaginación de un mundo mejor resulta una agradecida válvula de escape, pero no podemos perdonarle el haber creado toda una generación de periodistas que han puesto su moralina en un pedestal.

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(Recordad, más Sorkiniano no significa necesariamente bueno)

12. Malicia (1993)

Un thriller doméstico (aunque doméstico de tener buenos dineros) que mucha gente desestimaría como un telefilm de hora de la siesta cuando no deja de ser uno de esos ejemplos que quiso seguir la estela de La mano que mece la cuna. El guion de Sorkin y Scott Frank tiene cierta energía pero se acaba pegando tiros en su propio pie y Harold Becker no logra sacar demasiado jugo con su dirección en piloto automático.

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11. El juicio de los 7 de Chicago

Solemne, pagada de sí misma y terriblemente plana. Sorkin no es precisamente inocente de hacer obvias sus inclinaciones y sus mensajes, en ocasiones a costa de los personajes, pero su regreso al cine judicial carece tanto de la energía que pretende transmitir como de la buena mano que algunos de los directores con los que ha trabajado han empleado para corregir algunos de sus peores vicios. Aquí tenemos dichos vicios, algunos flashes y pelucones muy bien puestos.

10. La guerra de Charlie Wilson (2007)

Un vistazo a las cloacas del Estado y las bajuras de la política americana para salirse con la suya haciendo intervencionismo en aras de detener la epidemia del comunismo. Sorkin y Mike Nichols muestran un claro cinismo que tamizan con un tono ligero que reduce el filo del cuchillazo que quieren lanzar. Ningún problema con el tono elegido, pero la película nunca termina de hacer funcionar todas sus piezas al unísono, y claramente necesita a Philip Seymour Hoffman para que todo ruede.

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9. Molly’s Game (2017)

Tras varias ocasiones de ver a otra gente dándole un giro personal a su trabajo, Sorkin dio el salto a la dirección de largometrajes en una película donde recoge un poco de sus más recientes colaboradores. Los montajes ágiles y vistosos de Danny Boyle, el preciso cinismo de David Fincher y la eficaz artesanía de Bennett Miller. Pero aunque toma las lecciones adecuadas, no logra sacarle todo el jugo a una cinta irregular, innecesariamente larga, que expone tanto virtudes como defectos marca de la casa.

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8. Sports Night (1998–2000)

Antes de comenzar a dar la turra sobre cómo tienen que ser las cadenas de noticias, Sorkin tuvo la oportunidad de tocarlos en su primera experiencia televisiva. Lo hizo con una sitcom donde su capacidad de decisión estuvo limitada y muchas veces cuestionada, desde el tono hasta sus elecciones para el equipo. Las risas enlatadas y otras concesiones para hacerla una comedia más genérica deslucían el trabajo puesto en hacer una obra ágil, con carisma y con unos personajes trabajados a los que se les termina cogiendo cariño (lástima que esto no lo trasladase en su siguiente obra sobre telediarios).

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7. El presidente y Miss Wade (1995)

Es inquietante los parecidos que existen con El Ala Oeste de la Casa Blanca (hasta usan el mismo set para el despacho oval)… hasta que paran de haberlos. Rob Reiner hila con eficacia una comedia romántica de high concept con mucho aire de encargo para un Sorkin que aprovecha para ir metiendo algunos de sus ideales sobre la política y la presidencia del país. ¿La película? Lo bastante encantadora para no ser intrascendente.

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6. Studio 60 on the Sunset Strip (2006)

Pocos apostaban a que, en la misma época que esta y 30 Rock se estrenaron al mismo tiempo, la que iba a terminar siendo cancelada iba a ser la de Sorkin. Podríamos argumentar que la serie estaba algo avanzada a su tiempo, que era imposible estar a la altura del hype tras El ala oeste o que Sorkin es gracioso, pero no gracioso de escribir un programa de sketches dentro de la serie sobre hacer un programa de sketches. Optamos por la opción de joyita infravalorada, con el escritor venerando más que nunca a su admirada Network, siendo más reflexivo que nunca sobre el proceso de creación y el consumo de cultura pop y dejando una irregular pero fascinante temporada de televisión. Que no daríamos por algo así de nuevo en una serie de network (o de una de streaming, para qué engañarnos).

  • Diálogo más Sorkiniano (en realidad no se produjo en su serie, sino en la otra):

5. Steve Jobs (2015)

Con una estructura que se asemeja a una representación teatral, y con las florituras visuales de un Danny Boyle que evita en todo momento la sensación de “teatro filmado”, Sorkin se aproxima a la figura del jefazo de Apple de una manera que dialoga con La Red Social. En vez hacernos pasear por cada uno de los capítulos de su Wikipedia como haría un biopic típico (el de dos años antes, mismo), la película condensa todo en tres momentos clave donde trata de desentrañar cuestiones como qué hacia realmente un genio a este hombre, cómo de inestables han sido sus relaciones con otros por su actitud y si es posible ser excepcional y buena persona a la vez.

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4. Algunos hombres buenos (1992)

Tomando de base su propia obra de teatro laureada, Sorkin explora de manera prominente por primera vez la idealizada búsqueda de la verdad en un impecable drama judicial. La sólida puesta en escena de Rob Reiner, uno de los mejores artesanos de Hollywood en aquella época, el propulsado ritmo y la dinamizante energía de uno de los mejores Tom Cruise de siempre hacen de este un rodillo aún demoledor casi 30 años después. La escena del interrogatorio con Jack Nicholson termina de poner la guinda a una película fabulosa.

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3. Moneyball: Rompiendo las reglas (2011)

De la mano de la interesante y artesana dirección de Bennett Miller, y de la mano de Steven Zaillian (La lista de Schindler, Gangs of New York), Sorkin firma aquí un drama deportivo clásico y convencional sin resultar simple. Y todo ello sin mostrar demasiadas imágenes de béisbol “real” (que siempre queda bien cinematográficamente y aquí también lo hace en los pocos instantes) ni explicar demasiado el funcionamiento del béisbol o de lo que están buscando hacer (quizá ayudaría entrar a ella sabiendo algo del deporte, pero es que el béisbol es un coñazo). Todos los involucrados logran hacer todo el proceso intrigante y fascinante, al mismo tiempo que no temen a ponerse en la espalda de un magnífico Brad Pitt, más en su elemento que nunca.

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2. El ala oeste de la Casa Blanca (1999–2006)

Volver a ver El ala oeste en pleno 2020 (gracias Amazon por traerla de vuelta a nuestras vidas) es casi como mirar una utopía cada vez más inalcanzable, con una serie de personajes imposibles en la política actual. Es decir, personas imperfectas que sólo tratan de hacer lo mejor por la ciudadanía aunque fallen. Y que mis palabras no se confundan con un alegato por el centrismo, ya que Sorkin tampoco lo hace en esta serie, porque precisamente hay mucho atractivo en sus propias fallas, en lo frustrante que puede ser el proceso político y en cómo se puede equilibrar pragmatismo con idealismo. Todo esto culminado con uno de esos repartos que sólo se consiguen una vez en la vida, un perfecto sentido del ritmo y el tono, y un impecable sentido de hacer televisión.

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1. La Red Social (2010)

Ya era asombrosa entonces, pero el tiempo no ha hecho sino hacerla mejor y darle más la razón. No sólo es que supiera dejar bien a la altura del betún al propulsor de la mayor fuente de mal de la última década y media, sino que mete un buen navajazo a la -mentira- cultura del emprendedor y el capitalismo caníbal. David Fincher logra propulsar uno de sus mejores guiones con un ritmo preciso y frenético, ágil y mordaz, con uno de esos repartos donde todos están perfectos y llegan dos o tres años antes de que todos lo peten y tras verla te preguntes “Cómo lograron juntarlos a todos”.

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Gustavo Woltmann
Gustavo Woltmann
1 month ago

Creo que hubieron unas que tenían que estar en mejor puesto. -Gustavo Woltmann.