Las veinte mejores canciones de Anathema

Anathema

Anathema se han labrado el status de banda infalible, de grupo que haga lo que haga nunca obtiene menos de un 7.5, calificación con la que más de uno habría soñado en tiempos de universidad. Ya sea en su etapa Doom/Death, en sus tiempos progresivofloydianos o ahora con su Rock ‘lacrimógeno’ (conste no soy muy fan de este apelativo), Anathema han mantenido la coherencia y maestría como constantes, siempre basados en su increíble potencial a la hora de conectar emocionalmente con el público y apoyándose en una técnica instrumental sin artificios pero increíblemente solvente.

Esto que comienza es un breve repaso a los momentos más reseñables de su discografía yendo de atrás hacia delante, intentando dar a conocer la evolución en el sonido de la banda pero sin contradecir lo expresado por un servidor en un artículo anterior. Siempre he pensado que las canciones de Anathema pierden empaque si las mostramos de forma descontextualizada, sin el abrigo de sus compañeras de álbum, pero quien sabe, probablemente este ejercicio sea bastante útil para abrir los ojos a alguno de sus seguidores más recientes.

Anathema siempre han presentado canciones con una elevadísima carga emocional, por ello calificarlos como lacrimógenos sin más me parece una frivolidad tremenda. Está claro que al público tradicional el amor le hastía mientras que el odio o la melancolía le enciende, pero no entender que una banda pueda pasar de un estado a otro de forma natural es negar que de un sentimiento al otro hay solo un paso. Y probablemente no haya una banda mejor que Anathema para percibir esto precisamente.

We, the Gods — Pentecost III

Surgidos a finales de los ochenta bajo el nombre de Pagan Angel, Anathema vivirían tiempos muy convulsos hasta la salida de su primer vocalista, Darren White. Afincados en inicio en la corriente Doom/Death de la que eran abanderados junto a Paradise Lost y My Dying Bride, la banda de los Cavanagh se distanció muy pronto de sus dos compañeras por su apuesta por los componentes atmosféricos y los tintes trágicogóticos de discos posteriores. Temas como ‘We, the Gods’ son una especie de eslabón perdido, una muestra de la búsqueda de identidad en la que los de Liverpool estaban inmersos esos años, combinando riffs de un marcado componente Death con tempos lentos y pesados desde los que construír su drama lovecraftiano.

Shroud of Frost — The Silent Enigma

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En cualquier caso no todos los miembros fundacionales de Anathema estaban dispuestos a emprender esta senda hacia el Metal Gótico, dejando Darren White en la estacada a sus compañeros con medio The Silent Enigma por componer. La ocasión fue aprovechada por Daniel Cavanagh para tomar el control del grupo junto a Duncan Patterson y ‘colocar’ a su hermano Vincent al micrófono. La elección en un primer momento podía parecer casual, encaminada a salvar la papeleta, pero acabaría siendo fundamental en la evolución posterior de la banda apoyándose, eso sí, en la creación de un subgénero como es el Funeral Doom Metal, el cual tiene al disco lanzado por los ingleses en 1995 como un momento cumbre, una conjunción de rabia, soledad y melancolía que conformaría uno de los momentos más importantes del Metal en los años noventa, un momento que muchos de los fans de los actuales Anathema desconocen.

A Dying Wish — The Silent Enigma

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Y para dar forma a esta minirevolución sonora que supuso The Silent Enigma, los Cavanagh se basaron en la tragedia de un amante que vio morir a su esposa en sus brazos, construyendo todo el álbum en torno al sentimiento de culpa, soledad y asfixia en el que se sumerge el doliente. Agonía y claustrofobia son probablemente las dos palabras que mejor definen a lo expresado por Anathema en este impresionante álbum, un disco en el que ya comenzaba a vislumbrarse el Rock Progresivo y que corona con la que es la mejor canción en la carrera de los ingleses, pérdida en su segundo álbum pero que debería ser conocida al dedillo por cualquier fan que se precie.

Angelica — Eternity

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Asentada ya la nueva formación con Vincent Cavanagh a la voz y guitarra rítmica, Anathema seguirían hurgando en el mundo gótico pero ya alejados de todo lo que tenía que ver con el pretérito Metal. Sólo un año después de The Silent Enigma, Eternity comenzaría una senda de alejamiento del mundo gótico y del extremismo en el sentimiento abrazando reacciones menos agrias o amargas. Prueba de ello es la magnífica ‘Angelica’, canción también construída bajo el vacío de la ausencia pero con un corte menos aparatoso y mucho más melancólico, más de añoranza que de rabia. El abandono de la visceralidad tendría un impacto plausible a nivel estrictamente sonoro, volviendo la cadencia aún más lenta y haciéndose las atmósferas las verdaderas protagonistas de la función.

Radiance — Eternity

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Aparte de lo anterior, con Eternity llegarían las primeras comparaciones con Pink Floyd, fundamentadas en el estilo vocal adoptado por Vincent Cavanagh, en cierto sentido parecido al timbre de Roger Waters, y por el comienzo del carrusel de versiones de la mítica banda londinense con la fundamental ‘Hope’. En cualquier caso el influjo de los maestros del Rock Progresivo iría más allá de lo vocal o nominativo y prueba de ello sería ‘Radiance’, una de las composiciones puramente progresivas presentadas por Anathema en toda su carrera.

Lost Control — Alternative IV

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Y las comparaciones con Pink Floyd llegarían a su momento álgido en 1998 con el lanzamiento de Alternative IV, disco conceptual en el que Anathema trataron de emular la atmósfera de The Wall pero cambiando el exhibicionismo de Roger Waters por un tono más oscuro y catártico. Basado en una agria crítica a la religión y al atenazamiento de la sociedad usando la guerra como arma, el último disco con Duncan Patterson como miembro sería el primero 100% progresivo, manteniendo fidelidad a la melancolía gótica que siempre había caracterizado a la banda pero sumando mayor sinfonismo a la ecuación.

Inner Silence — Alternative IV

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Siempre he considerado a Alternative IV como el disco más melancólico de Anathema, sin la posibilidad de claroscuros que, a pesar de lo aparente, sí existían en The Silent Enigma o Eternity. Mucho más lento y atmosférico que los anteriores, el disco lanzado en 1998 era un disco profundamente Doom pero despojado de la gravedad de riffs machacones, apoyado en guitarras acústicas y un Vincent Cavanagh que comenzaba a crecer al micrófono. Prueba de ello es ‘Inner Silence’, probablemente el tema más desgarrador de todo el álbum, en el que se personifica la amargura en que vive una sociedad que no tiene motivos para mantener la esperanza.

Pittless — Judgement

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Y tras la melancolía de Alternative IV volvería la rabia con Judgement, disco que para un servidor es el mejor en toda la carrera de Anathema, un compendio insuperable en el que Doom, Rock Progresivo y algunos retazos metálicos convivirían para dar forma a un disco definitivo, un ejercicio de equilibrio imprescindible para conocer tanto el pasado como el futuro del grupo. ‘Pittless’ ejemplifica la faceta más agresiva del álbum, apoyándose en una atmósfera apocalíptica nos retrotrae al espíritu agresivo de The Silent Enigma, menos catártico pero con un estribillo de esos que se clavan en la mente.

Forgotten Hopes — Judgement

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El quinto disco de los ingleses Anathema no es solo el más aclamado por ser el que mejor aglutina pasado y futuro de la banda, sino también por la inspiración en la composición de Daniel Cavanagh, de la cual salieron temas tan perturbadores como ‘Forgotten Hopes’. Unido intencionadamente a ‘Pittless’, muestra la otra cara del sonido de Anathema en ese momento, la de la melancolía que enamora, la de la sutileza que agarra las vísceras y que perturba más que el más cruel de los riffs. Las referencias a Pink Floyd siguen presentes (es imposible no acordarse de ‘Hey You’), pero Anathema ya habían su propia identidad dentro del Rock Progresivo, aún alejada de la actual pero ya claramente encaminada en esta dirección.

Judgement — Judgement

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La elección del tercer tema en discordia del que es mi álbum favorito de la banda ha sido complicada, dudando hasta el último momento entre la pasión catártica y el recuerdo a la madre fallecida de ‘One Last Goodbye’ o la impresionante ‘Judgement’, canción a la que Anathema enlazarían con ‘Panic’ del posterior A Fine Day to Exit en sus conciertos a inicios de este milenio. El tema homónimo es una simbiosis entre las dos caras mostradas por los ingleses en el álbum pero ambas reflejadas en un solo tema, acústico y oscuro al inicio y feroz y agresivo al final, con un increscendo de los que ahora son marca de la casa pero sin azúcar y con una rabia que solo volverían a mostrar en el momento culminante de A Natural Disaster, del que os hablaré en la próxima y última entrega.

Leave no Trace — A Fine Day to Exit

La ruptura presentada por el primer disco azul de la banda lo fue más en sentimental (o emocional) que en lo estrictamente genérico, ya que aunque los de Liverpool continuaban con su Rock Progresivo cercano al mundo gótico en el tratamiento lírico, la óptica había variado sustancialmente, variación que era muy palpable en temas como el single ‘Release’ pero que no lo era tanto (y para bien) en otros como la magnífica ‘Leave no Trace’, cuya versión en el posterior Hindsight sería hasta superior al original.

Balance / Closer — A Natural Disaster

Juntas y revueltas aparecen ‘Balance’ y ‘Closer’, dúo de apertura en el magnífico A Natural Disaster y que constituye, probablemente, los 10 minutos más brillantes del Rock Progresivo en la década pasada. El influjo de Radiohead presente en el anterior álbum seguía ahí pero en el disco de 2003 estaba mucho mejor integrado, llegando a hacer pensar que el séptimo disco en la carrera de los ingleses podría haber sido el sexto perfectamente. También comenzaba a verse ya en 2003 la querencia postrockera que sería la base de los últimos discos del combo, pero en ninguno de ellos la misma brillaría a la altura que lo hizo en el último disco de Anathema antes del parón.

Flying — A Natural Disaster

Y aquel que dude de que A Natural Disaster es mucho mejor sucesor de Judgement de lo que fue A Fine Day to Exit lo primero que debe hacer es analizar en profundidad un tema como ‘Flying’. Algo más ceremonioso que las impactantes baladas recogidas en Judgement o Alternative IV, este es un tema icónico al que el tiempo ha hecho algo de daño pues ya entonces se le acusó de cierto exceso de edulcoramiento. Dejados los tópicos a un lado es una canción incontestable y que en esos años se convirtió en el momento álgido de sus conciertos, tal y como demuestran las magníficas versiones publicadas en directos como Were You There? o A Moment in Time, ambas de una factura epatante.

Violence — A Natural Disaster

Tres (o cuatro) son los temas destacados en el magnifico A Natural Disaster pero la verdad es que podrían haber sido más, yendo desde la dulzura de ‘Are You There’ a la brutalidad de ‘Pulled Under at 2000 Meters a Second’. Sin embargo reconozco siempre he tenido un cariño especial a ‘Violence’, la pieza instrumental con la que se cierra el álbum. 11 minutos de viaje por todo lo que el álbum representa, o solo resumiéndolo, sino cerrándolo de la mejor forma posible, agónica y asfixiante. El increscendo en que se apoya ‘Violence’, la progresión que no cierra una época pero que podría haberlo hecho. El mejor cierre posible para uno de los mejores discos de la década pasada. Y punto.

Summer Night Horizont — We’re Here Because We’re Here

Lo reconozco, no es ni de lejos el mejor tema del octavo disco en la carrera de Anathema, eso sí, fue el primero que consiguió emocionarme esa mañana de verano en la que, bicicleta a cuestas, me encaminé hacia la montaña para revivir tiempos pasados con la que, por aquel entonces, era mi banda favorita. La magia se fue con ese desatino que supuso ‘Get Off Get Out’ (y posteriores), pero aún recuerdo como esos cortos cuatro minutos me dieron fuerza para poder bajar un par de piñones en la ascensión.

Dreaming Light — We’re Here Because We’re Here

Pasado el tiempo logré ubicar mejor a ‘Dreaming Light’, quizás un tema no tan directo como ‘Summer Night Horizont’ pero bastante más interesante. Probablemente se encuentren en el tema central de We’re Here Because We’re Here todos los defectos que uno lee adjudicar a la dirección tomada por Anathema tras su regreso, pero también toca reconocer que en él se encuentra gran parte de los aciertos. Dulce y grandilocuente, su versión en el directo Universal es como para no parar de moquear, el mejor momento de todo el lanzamiento.

The Beginning at the End — Weather System

El primer adelanto de Weather System jugó un poco al despiste, no rompiendo con lo mostrado en el anterior disco de la banda pero sí haciéndonos soñar a muchos de los antiguos seguidores de Anathema con cierto retorno al sonido de Judgement. Evidentemente todo quedó en simple anécdota y el tema queda algo desubicado dentro del álbum, carente de sentido y apocado por culpa de la floja ‘Storm Before the Calm’, pero el guiño a los años noventa recogido en el álbum contentó a muchos y no desagradó a nadie. Vuelve a no ser el tema más brillante de su disco, pero las sensaciones que despierta a los nostálgicos lo engrandece, y toca hacer justicia por ello.

Untouchable Part 1 — Weather System

Otro de los problemas que un sector de la bancada antisistema adjudica a los discos post-regreso de Anathema es la repetición de esquemas. Y si lo analizamos fríamente éstos solo aparecen en los dos últimos discos, Weather System y Distant Satellites (cada uno a su manera por cierto). Otra vez la generalización y la exageración, una lastre con el que los ingleses van a tener que cargar (aunque sea injustamente) hasta que no den un golpe de timón. Responsable involuntaria es la suite ‘Untouchable’, brillante apertura de un álbum donde Lee Douglas finalmente adquiriría el protagonismo que ya se apuntaba desde Hindsight, ese disco donde su voz dio chapa y pintura a algunos de los mejores temas en la historia de la banda.

The Lost Song Part 2 — Distant Satellites

Y claro, argumento para hablar de la repetición de esquemas es ‘The Lost Song Part 2’, tema donde Lee Douglas ‘repite’ el papel desarrollado en la anterior Untouchable, delicada, romántica y ensoñadora, demasiado azucarada para algunos pero bella y embriagadora para el resto. El tema tiene los problemas de sobra conocidos, pero su acierto, la magnífica interpretación de la vocalista, los disipa a todos uno a uno. El tiempo, y el directo, lo pondrá en su lugar, como uno de los mejores temas de los ingleses tras su regreso junto a Steven Wilson.

Anathema — Distant Satellites

Nada mejor para cerrar un repaso a las mejores canciones de Anathema que con un tema de su último disco que perfectamente podría haber aparecido en los primeros, no ya solo por lo que muestra claramente sino por lo que da a entender, sirviendo de frontera con el malabarismo estilismo formado por los temas electrónicos del álbum. El romanticismo gótico de Eternity está aquí, también la magia progresiva de Judgement y, por supuesto, la atmósfera trágica de The Silent Enigma en ese inicio al piano y ese llanto por la ausencia. ‘Reímos, lloramos, caímos y lo intentamos… pero te amé’. Alguno dirá que me precipito metiendo dos temas de Distant Satellites en esta lista, que hable la guitarra de Daniel Cavanagh y calle para siempre.

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Anathema en Hipersónica