Los 101 mejores discos internacionales de la década de los 2010s (I)

Su lista de discos inventados, gracias.

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By in Ahab, Algiers, Carly Rae Jepsen, Circuit Des Yeux, Crocodiles, Daughter, Foxygen, House of Wolves, Inter Arma, Kanye West, Leviathan, Lo mejor de la década, Los mejores discos de 2010s, Mastodon, Mbongwana Star, Mission Of Burma, Niechec, Oranssi Pazuzu, Pj Harvey, Radiator Hospital, Shackleton, Sharon Van Etten, Shxcxchcxsh, The Drones
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Vale, vamos allá. Hipersónica elige, desde hoy y en cómodas tandas, los mejores discos internacionales, los mejores discos nacionales, las mejores películas de la década… y puede que alguna sorpresa más.

En nuestro primer acercamienta a la lista de los mejores internacionales de la década sólo una advertencia: no habrá discos de 2019, para eso estará la lista de final de año. Enjoy.

101. Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)

Estrella indiscutible de la década, posiblemente la más divisiva de todo el hip-hop actual, Kanye levantó su monumento de la década con hits a tutiplén, poquísima autoindulgencia y más foco del que ya tendría en todos sus demás discos de los 2010s (que no en los de los demás: en el de Kid See Ghosts o el de Pusha T lo tiene todo tanto o más claro que aquí). Las canciones que dentro de 20 años definirán los 2010s. Y el último disco de Kanye antes de que se transformara definitivamente en ÉL.

100. House of Wolves – Fold In the Wind (2011)

House of Wolves Fold In The Wind

Fold In The Wind es Mojave 3 enamorados del paisaje (de una habitación sin vistas). Es Barzin sin perder la esperanza, Lambchop sin jazz ni vocoder. Es el infravaloradísimo primer disco de Fembots. Es el evangelio según Elliot Smith; las rosas de los países nórdicos, especialmente si no has estado allí y sólo te las imaginas bajo la luz de la luna. Pero esto no es otro proyecto de Americana en clave baja ni un Phil Collins viviendo en la cabaña del indie. Es un disco de baladas hermosas, de canciones con las que levantarías el mechero en un megaestadio si no fuese porque sabes que allí no habría sitio para algo tan puro en su romanticismo. «Bésame como si fueran los 50», la frase que aún nos pone los pelos de punta.

99. Mastodon – The Hunter (2011)

Mastodon The Hunter

Con un predecesor como Crack the Skye, lo fácil hubiera sido seguir ese camino que les acercaba cada vez más a los referentes del sonido progresivo. Había mucho que explotar aún en esa faceta, pero en 2011 Mastodon dijeron que bueno, que vale, que se alegraban, pero que lo que iban a hacer era lo contrario. Lo tiraron todo al suelo para construirlo de nuevo, rompieron casi todas las trazas de su estilo y crearon su disco más accesible sin que, por ello, rebajaran un ápice su crédito.

98. Leviathan – Scar Sighted (2015)

Leviathan Scar Sighted

Con obuses del calibre de ‘Within Thrall’, ‘The Smoke of Their Torment’ o ‘Dawn Vibration’ es difícil poder oponer resistencia a este Scar Sighted. Ni siquiera su necesidad de saturar, que puede a ratos desfondarse como oyente, abre grietas. Más allá de si uno es más de black metal o de death metal, el disco de Leviathan es un imprescindible del Metal de la década para todo aquel que se declare amante del metal extremo.

97. Sharon Van Etten – Are We There (2014)

En su cuarto disco, Sharon Van Etten hizo mucho más que recoger la antorcha de Nick Cave o el enésimo disco de folk confesional. Se ventiló once canciones majestuosas, compuso uno de esos discos en los que surge la necesidad física de volver a escucharlo pronto, síndrome de dependencia. Y que con canciones como ‘Tarifa’, afectación contenida, estribillo arrebatado, arreglos de viento, eliminó toda pega previa: mucha más que una cantautora de folk tristón, Sharon Van Etten se desveló aquí como la mejor ejecutora posible de himnos vitales.

96. Inter Arma – Paradise Gallows (2016)

Inter Arma necesitaron dos discos para dejar claro que el futuro del Metal Extremo no estaba en la pureza sino en la fusión. Sky Burial y Paradise Gallows eran, en apariencia, dos rectas paralelas que, sin embargo, en el infinito acaban juntándose. Dos discos inmensos y complementarios, en una sucesión en la que Paradise Gallows jugaba con las sensaciones de montaña rusa, reverbs, efectos y cambios de ritmo desde los que construir atmósfera. Su confirmación absoluta.

95. Ahab – The Giant (2012)

Ahab The Giant

Si Paradise Gallows es la confirmación de Inter Arma, The Giant supuso algo parecido para Ahab, pero también para todo un género. Este disco, un feroz monstruo que no te suelta hasta desmembrarte, se convirtió en un paso muy valiente para conseguir dar más profundidad a un género, el Funeral Doom, tan inmovilista como profundo y aterrador.

94. Oranssi Pazuzu – Värähtelijä (2016)

Para los finlandeses, en 2016 la única regla fue que no había reglas. Partiendo del black metal, con una óptica enfocada desde el avant-garde, consiguieron establecer una sólida conexión entre el metal extremo y el rock psicodélico. Y en Värähtelijä continuaron esa ruta con un disco que le tiende la mano al space rock y que no tiene miedo en emplear cualquier motivo para que cada canción vaya allá donde pida.

93. The Drones – I See Seaweed (2013)

Ha sido una década complicada para Gareth Liddiard. De hecho, antes de I See Seaweed tuvo que estar callado cinco años: tras ‘Havilah’ fue como si se quedase sin voz, sin ideas claras. De aquella pausa nació el mejor disco de The Drones, también su clavo en el ataúd. Con un inicio absolutamente arrollador (¡qué cuatro primeras canciones), con un cierre como ‘Why Write a Letter That You’ll Never Send’ (preciosos deseos nihilistas en un mundo que ya no merece la pena) The Drones se convirtieron, durante una hora, en el mejor grupo del rock del planeta. Escribimos en 2013 que I See Seaweed es su Daydream Nation: el disco por el que deberían ser muy importantes. No ocurrió, salvo para nosotros.

92. Niechęć – Niechęć (2016)

Decía Miles Davis que no hay que tocar lo que ya existe, sino lo que aún está por existir. Y eso es lo que desde Polonia hicieron Niechęć en 2016: el jazz fue su guía, su hilo conductor, su musa y su modelo vital. Pero alrededor del mismo fueron extendiéndose sus ramas, para juguetear con los límites del rock progresivo e incluso del post-rock. Sin venir de ahí, en un camino inverso al habitual y precisamente por eso tan alejado de lugares comunes y determinado en crear su propio lenguaje a través de explosiones y de cazar notas que vuelan por los aires.

91. CRJ – Emotion (2015)

Carly Rae Jepsen siempre ha sido más un estado de animo que otra cosa, por eso su mera mención ya ilumina una parte del alma de hasta la persona más muerta por dentro. E·MO·TION es el disco donde demostró que era más que algunos jitazos sueltos (y qué jitazos) y saco una colección de cancionzacas inapelables, con empaque y personalidad. Que viva CRJ.

90. Shackleton – Music for the Quiet Hour / The Drawbar Organ EPs (2012)

En un arte tan sensorial como la música, Shackleton deja helado y no en el sentido negativo de la expresión. En Music For The Quiet Hour / The Drawbar Organ EPs transmite escalofríos al escuchar cómo crea sus atmósferas y envuelve, con una atemporalidad al margen de géneros, fórmulas, escenas, públicos o cualquier hecho actual que esté pasando. Ciencia ficción sin el componente visual; ciencia ficción fría, helada. En el terreno sonoro logra una producción espectacular. Un sonido limpio, buscando crear una realidad para la capa invisible que no escuchamos por lo general en nuestra vida diaria, una ciudad vacía dominada por máquinas encendidas.

89. Algiers – Algiers (2015)

No menos de veinte discos frecuentaron con tino los resbaladizos terrenos del post-punk durante la pasada década. No menos de otros veinte, no siempre los mismos, fueron aupados a cumbres mediáticas inéditas en el mismo periodo de tiempo. Sobre todos ellos se eleva la regia figura de Algiers, uno de los pocos grupos que entendió la característica definitoria del género: empujarlo hacia los extremos, arrastrarlo hacia su límite, testar la solidez de los muros que lo han delimitado toda la vida. En su debut hubo gospel, hubo oscuridad, hubo un firme discurso político y hubo pasión, negra y dolorosa, en ocasiones tétrica, pesada, pero pasión al fin y al cabo. Si tienes que elegir un disco de toda la ralea de etiquetas «post-punk» repartidas durante estos diez últimos años, que sea este.

88. Foxygen – Hang (2017)

Mejores como batidora de influencias que como exploradores de nuevas rutas, los Foxygen de Hang revistan alocadamente cada estilo que les gusta, como en discos anteriores, pero construyen su disco de revisitar los 70… acudiendo a cosas no siempre tan obvias, desde Sparks a los discos menos estimados de Beach Boys. La aventura va desde singles de prog-pop teatral como ‘Ms. Adams’ a navideñas canciones de teatro (‘America’, bravo por atreverse y por salir incólumes). Da igual que quieran ser Elton John (‘On Lankershim’) o una banda de versiones de Stevie Wonder (‘Follow the Leader’)… Hang va encajando las piezas de un puzzle impresionista imposible de ver completo del todo. Hang es un disco cortísimo que contiene demasiadas cosas, concretadas en canciones espectaculares.

87. Circuit des Yeux – In Plain Speech (2015)

Hay un punto en el ecuador de «A Story of This World», el tema de siete minutos que enfila la recta final de In Plain Speech, en el que Haley Fohr pierde el control. Se encarama a paisajes abruptos, deshace los nudos que le atan a lo terrenal, entra en trance. Por allí se cruzan las enseñanzas avant-folk de los compositores estadounidenses más avezados de la pasada década, la exquisitez de Fairport Convention y la ensoñación esotérica de la propia Sandy Denny en «The Battle of Evermore». Es en esa fusión de psicodelia, folclore y derrumbe emocional donde Circuit des Yeux toca la cima de su género (todos ellos) e inscribe su nombre con letras de oro en la página dorada de los años ’10. Uno de los instantes de la década, para una de sus obras más especiales.

86. Daughters – You Won’t Get What You Want (2018)

Daughters volvieron tras muchos años de ausencia con un álbum singular y diferente con respecto a ellos mismos, y también un poco con el resto de bandas de hardcore del planeta. En un recorrido que se asemeja al descenso a los infiernos que realiza el artista en búsqueda de llegar a algo singular y auténtico en ‘La Casa de Jack’ (Lars Von Trier, 2018), los de Providence nos entregan un viciado cóctel de sonidos sacado de los rincones más oscuros de su cerebro (aunque afortunadamente el disco no se acerca a la autocomplacencia y la egolatría de Von Trier). Cada pieza ofrece su particular recorrido, siempre interesante y, en ciertos puntos, inagotable, y se conjunta con el resto para ofrecer una experiencia osada, demoledora y estimulante.

85. PJ Harvey – The Hope Six Demolition Project (2016)

PJ Harvey Hope Six

The Hope Six Demolition Project atesora quilates incontables de solvencia, calidad y brillantez musical. Y muestra una PJ con una capacidad vocal, quizás, más sobresaliente que nunca. Ahí están para demostrarlo ‘Medicinals’ u otro adelanto, ‘The Orange Monkey’. Cuando todo el mundo espera que PJ falle, siempre acaba triunfando de nuevo. Otra vez. Y van tantas que ya se ve que no tiene fin. Si hay alguien por quien apostarlo todo a ciegas, es ella. Desde la fragilidad, la crudeza, el luto, la locura o el compromiso. Polly Jean va adoptando cien formas distintas, cien versiones sonoras diferentes, sumando ingredientes a cada una de sus propuestas, y el resultado es el de siempre: un disco fantástico. Uno de los más grandes talentos de la música desde hace 30 años.

Y, además, este disco fue culpable del comienzo de la reseña PEOR EMPEZADA nunca en Hipersónica. Enjoy:

84. SHXCXCHCXSH – SsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSs (2016)

Este tercer larga duración vino a corroborar la metamorfosis que los suecos desarrollan en cada disco. Si bien en su debut STRGTHS (Avian, 2013) seguían la línea de Avian, en su anterior y buenísimo trabajo, Linear S Decoded (Avian, 2014) empezaron a abrir su sonido. Y aquí lo hicieron más que nunca. SsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSsSs viró hacia un ambient techno en el que el músculo se redujo en parte, dejando prioridad a esa maraña sónica mediante la cual son capaces de rezumar sensaciones melancólicas gracias a sus bellas composiciones. Hicieron de las texturas su eje vertebrador, el cual ya estaba en su disco de 2014, pero de una forma más equilibrada. Un trabajo de atmósferas intensas y emoción contenida. A pesar de las cacofonías con las que describen sus temas, los suecos disparaban aquí hacia tu hipotálamo para liberar todo tipo de contradictorias sensaciones. Desde claustrofobia hasta melancolía.

83. Crocodiles – Sleep Forever (2010)

El segundo disco de Crocodiles es mucho mejor que el primero, pese a que el primero era ya grande. Y lo es precisamente porque sacan de paseo, aún más, su lado alucinado. Fascinan e hipnotizan por igual, y se traen a James Ford, de Simian Mobile Disco, para que se ponga detrás de los mandos y, ya de paso, aprenda cómo se hace un disco de baile con el que no te apetece bailar. Lo de Sleep Forever es psicodelia rockera en tecnicolor, con todo lujo de detalles y en pantalla grande. A ratos hasta parece que los Stone Roses no se hubieran conformado con lo que hicieron y que, con los humos bajados, han conspirado en secreto y con seudónimo por volver a estar de moda. Canciones de odio en tono británico, que a saber cómo ha llegado a calar en San Diego un sentimiento así. Pitchfork le puso un 6,8: algo ha de significar eso.

82. Radiator Hospital – Torch Song (2014)

Pasar por encima de Radiator Hospital y no citar, aunque sea someramente, a los héroes del Indie Rock mezclados con los antihéroes del Indie Pop, mirando hacia Nueva Zelanda, como unos Boomgates que han prendido fuego a sus guitarras, es inevitable. También se cuelan por ahí Elephant 6, especialmente en la forma de cantar de su vocalista masculino — sí, el juego chico-chica se explota a conciencia aquí y vuelve a funcionar, qué-fácil-somos — , que tanto recuerda a Jeff Mangum. El canon. Sí, sí, el clásico grupo, el típico grupo norteamericano que has escuchado en alguna de esas películas de jóvenes universitarios, o de jóvenes de verdad, entre desamores y fiestas, coches y alcohol. Pero de buen rollo, siempre alegres, en aquellos barrios nunca parece ponerse el sol ni llegar el invierno. ¿Sabes a cuál me refiero, verdad? Radiator Hospital son todo eso y los habrás escuchado mil veces. Vale, ¿y ahora qué? Ahora, uno de los discos de la década.

81. Mbongwana Star – From Kinshasa (2015)

El colectivo africano que más caderas rompió en Hipersónica en esta década. Un asombroso cruce entre música tradicional africana con electrónica sesuda y bailable que nos dejó totalmente con la boca abierta. ‘Kala’, ‘Maluyaki’, ‘Masobele’, ‘Suzanna’…

Sin palabras, sólo disfrute. De Kinshasha a la luna, por supuestísimo que sí.

80. Mission of Burma – Unsound (2012)

Mission of Burma siempre se han caracterizado por dos aspectos: la agresividad y el cuidado del sonido. No se necesita ser barroco o engolado para prestar atención a cómo suenan tus canciones. Desde lo básico, desde su perspectiva de grupo con raíces en el punk, Mission of Burma siempre han hecho gala de un cuidado exquisito por hacer que sus canciones sonasen fuerte, tremendas, brutas y cargadas de matices en medio de ese muro. Es curioso que Mission of Burma hayan pasado como influencia menor entre lo alternativo, primero, y lo indie, después. Son nuestros Stooges, los de los primeros años 80, los del comienzo del milenio. Que no estuvieran allí, desde 1985 hasta 1998, la época en la que que se montó el canon sobre el que ha pivotado todo desde entonces, parece ser su pecado. Unsound, esa burrada que llegó cuando nadie lo esperaba.

Lo mejor de la década

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