Los 101 mejores discos internacionales de la década de los 2010s (II)

Discos no siempre reales.

Discos no siempre reales.

By in A Hermitage, America, Brockhampton, Cult Of Luna, Dan Deacon, Danny Brown, Disasterpeace, High On Fire, Jambinai, Jamie Xx, John Hopkins, Lo mejor de la década, Los Espíritus, Los mejores discos de 2010s, Naðra, Nick Cave and the Bad Seeds, Parquet Cours, Royal Headache, Skeleton Tree, Snakes For The Divine, Swans, The Seer, Them Are Us Too, Tim Hecker, Ty Segall, Vince Staples, Woods, Wovenhand
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79. Royal Headache – High (2015)

 

Por motivos evidentes. Royal Headache capturan con meridiana precisión el estado de ánimo sempiterno en el que el estómago siempre está puesto del revés y todas las canciones llevan su nombre. La sensación a mitad de camino entre lo épico y lo devastador que transforma la rutina diaria en un frenesí de emociones contradictorias, consumiendo el espíritu en una feliz espiral autodestructiva. El amor no correspondido, en suma, la imaginación disparada, aquel cúmulo de emociones que creías perdido en lo más recóndito de tu adolescencia. ‘High’, en suma: quiero estar contigo pero no lo estoy, y por eso aporreo mi guitarra con fuerza y me devoro internamente a través de un estribillo arrebatador. ‘Need You’, en definitiva: no puedo sacarte de mi cabeza y he convertido mi pasión en pura obsesión, fatal, sí, pero también narcótica.

 

78. Cult of Luna – Vertikal (2013)

 

Una abrumadora obra de madurez. Los suecos no se anduvieron con con tonterías: sólo por ‘Vicarious Redemption’ y sus diecinueve minutos y veinticinco segundos bien merece el top este doble elepé en vinilo. Introdujeron en Vertikal los ambientes electrónicos que de manera tímida usaron en Eternal Kingdom, retazos sonoros que entroncan con el quehacer experimental de formaciones como Locrian. Y con su metal abriéndose a terrenos no transitados, encontramos un trabajo de guitarras fantástico, envolvente y que convirtió a este killer septeto en una máquina apabullante de metal de otra galaxia: esas voces sludge, esa musculada instrumentación, por momentos ciclópea, y una intensidad cautivadora.

77. Vince Staples – Summertime ’06 (2015)

El caso de Staples es paradójico, porque nadie con más ganas de ver todo arder consigue ascender tanto. Pero esa rabia que pone en sus letras, en sus oscuras bases, hacer de Summertime ’06 un disco tan urgente y arrebatador. La cantidad de temazos recopilados es tal que tienes que estar continuamente mirando el reproductor para comprobar cómo se llama el tremendo jitazo que suena. Un tornado de energía y creatividad.

76. Jon Hopkins – Singularity (2018)

 

El hype que se justificó. Immunity (2013) demostró que había muchísimo más que una marca como productor, un camino propio y disruptivo. Para poder continuarlo, Hopkins necesitó cinco años más. Y mientras era un álbum más lineal, más de evoluciones progresivas y melodías eufóricas, aunque sin prescindir de periodos más ambientales, Singularity logró el equilibrio. Así pues, entre la titular, que representaría ese sonido tech house con fuerte influencia progresiva marca de la casa, y ‘Feel First Life’, más cercana a la neoclásica, hay toda una gama de interesantes grises como la mágica y evasiva ‘C O S M’, con una ambientación liviana que se va deshaciendo en favor de cada vez más texturas sonoras. Sin duda, una acertadísima combinación entre ambos lados del beat, que se corona con una de las canciones de la década: ‘Everything Connected’, un corte de diez minutos de viaje cósmico, de idas y venidas, de emoción constante, que justifica y de qué forma el hype con todo lo de Hopkins.

75. Woods – At Echo Lake (2010)

 

No, no es una novedad: Hipersónica adora a Woods. Lo ha hecho durante todos estos años y en (casi) todos sus discos de una década absolutamente maravillosa para ellos, como grupo, y para nosotros, como fans. At Echo Lake (2010, Woodsist) marca el punto de inflexión definitivo en el trayecto de Woods. Songs of Shame, ya lo hemos dicho, era un disco estupendo, pero no representaba la elevación a los altares de su propuesta artística. At Echo Lake supone el punto y final a una etapa y la apertura esplendorosa de otra. Por un lado, sublimó hasta cotas raramente vistas en los últimos años el Folk y la psicodelia garagera. De algún modo cerró la fase más puramente Lo-fi de Jeremy Earl como compositor principal y comenzó a adentrarse en terrenos más soleados, obligatoriamente sonrientes pero con un punto de envidiable melancolía juvenil. Y por otro, At Echo Lake dio paso a los Woods ya experimentados que comprendieron que su propuesta primigenia había sido perfeccionada a un nivel imposible de superar. A los Woods que cada vez más miraban hacia Neil Young y The Byrds. A los Woods de hoy en día.

74. Danny Brown – Atrocity Exhibition (2016)

Danny Brown es quien más ha retorcido el Hip Hop en la década, ya sea desde la abstracción, como en este disco alucinante, o desde la concreción (el disco cómico de 2019). Tanto que es capaz de ponerte voz chillona, rimar fuera de ritmo, escoger sonidos de juguete y sonar más amenazante que casi toda la escena. Cualquiera de ellas. Hay pocos discos que encadenen un tramo de canciones tan espectacular y brillante como el que va desde ‘Ain’t It Funny’ hasta ‘Dance In The Water’.

73. Wovenhand – Refractory Obdurate

Wovenhand - Refractory Obdurate

En cuanto a impacto probablemente el Reverendo jamás volverá a grabar nada tan potente como el debut de 16 Horsepower o Mosaic (firmado por Wovenhand), pero toca reconocer que el paso de no retorno que significó este Refractory Obdurate supuso, aparte de regresar a un sonido más directo y menos barroco desafiando el espíritu de lo grabado en 1996, tener al Edwards menos críptico de la última década y al más sólido, al más eficiente en cuanto a esfuerzos y mejor conocedor del medio en que se mueve.

72. Los espíritus – Gratitud (2015)

Los espíritus - Gratitud

Hay un momento, mediados los tres minutos de ‘El Palacio’, en el que la perfección de Gratitud (autoeditado, 2015) alcanza lo sublime. “Fui al lugar donde los muertos van”, vierte sobre el micrófono Maxi Prietto, entre percusiones tribales, guitarras wah-wah, coros espirituales, y ecos de Jim Morrison, de un Jim Morrison alejado del París convencional y sumergido en la inmensidad de la cordillera andina o de la selva amazónica, la cara embadurnada de pintura, los ropajes zurcidos con caña y piel, la mirada avizor, un arco en la mano derecha, una decena de flechas en la mano izquierda, en la búsqueda intermitente y final de la más pura planta lisérgica, de El Dorado, del encuentro definitivo con lo abstracto, con el más allá, con el arte sensorial.

71. Them Are Us Too – Amends (2018)

 

En 2016, un incendio en una sala de conciertos de Oackland se llevó por delante la vida de Cash Askew, guitarrista de Them Are Us Too. Lo que siguió fue el duelo: Kennedy Ashlyn, vocalista y restante mitad del dúo, inició un largo y tenebroso camino hacia la finalización de su segundo disco a partir de retales, piezas inacabadas y bosquejos de canciones. En colaboración con familiares y allegados del grupo, Ashlyn logró finalizar Amends y poner, quizá, punto y final a un largo velatorio espiritual de dos años.

¿Es posible acercarse a Amends sin percibir todo el peso de la muerte? No. Pero reside aquí muy poca de la mediocridad que acostumbra a acompañar a tan recurrente cliché en la música popular. Them Are Us Too parecen levitar sobre el fango del Shoegaze, propulsadas por una bellísima livianidad, desgarradoras y etéreas en un juego de permanentes contrastes. Un Disintegration convertido en marcha fúnebre, un Kevin Shields doblando las campanas, unos Dead Can Dance borrachos de distorsión. Una joya.

70. Swans – The Seer (2012)

Swans - The Seer

El retorno de Swans, consumado justo cuando comenzaba la década que nos ocupa, ha sido también uno demoledor en crítica y público. De banda de culto a cabezas de festivales. De minoritarios a encabezar tops de Pitchfork. Michael Gira ha sido uno de los grandes triunfadores de la década y éste disco, su triunfo definitivo, el de su ego. The Seer es avantgarde. The Seer es una oda al fin del mundo, a la imposición del caos. The Seer es pasar cinco minutos imitando un taladro a base de riffs en el ecuador de un tema que dura 32 minutos y que es el eje angular del disco. The Seer es que Karen O sea el único consuelo que encontramos en semejante tortura. The Seer es mearse en la cara de miles de melómanos.

69. 잠비나이 [Jambinai] – 隱棲은서 (A Hermitage) (2016)

Jambinai - A Hermitage

Aunque ha sido Onda, en 2019, el que ha confirmad todo lo hablado, A Hermitage ya demostraba rápidamente el grupo brutal de post-rock-que-no-te-esperas que son los coreanos Jambinai. Una banda que juega con disonancias, que arrambla con una fuerza asombrosa y que hasta despliega rabia. Los instrumentos inventados siguen presentes, pero aparecen también guitarras y voces más metálicas. Bordean el post-metal, pero también se permiten momentos de lucimiento y aproximación al doom. No era la misma banda que hasta entonces habíamos conocido. El avant-garde preña este disco y cada canción supone una nueva prueba a la que debemos someternos. Los desafíos son ricos a la par que complejos, porque así los han diseñado con tanto esmero Jambinai, creando ritmos marciales, retumbantes, y estructuras totalmente impactantes.

68. Naðra – Allir vegir til glötunar (2016)

Naðra - Allir vegir til glötunar

Lanzado a inicios de 2016, cuando aún ni pensábamos en la listas del año, Allir vegir til glötunar nos dejó rápidamente claro que iba a opositar muy fuerte no sólo a disco black metal del año, sino también al top de la década. Desde el abrumador arranque en ‘Fjallið’ hasta el magistral viaje final con ‘Fallið’ vemos como los islandeses se dejan la piel, destruyendo sus instrumentos con impetuosidad, dejando momentos imborrables en nuestra memoria a base de riffs tremendos y desesperanzados gritos.

67. Parquet Cours – Human Performance / Nick Cave – Skeleton Tree (2016)

La doble cara de una misma década, de un mismo año incluso, acaban colisionando, por obra y gracia de la democracia, en el mismo puesto. Parquet Cours, insolentes de puro jóvenes, han conseguido una racha de discos tan irreprochables en esta década que son, con merecimiento, uno de los grupos básicos de estos diez años. Cada día más orientados hacia la inmortalidad de Pavement.

Y junto a ellos, la pesadumbre de la madurez. Nick Cave, que un día fue insolente de puro joven, llega a la madurez, casi vejez, y, cuando tiene su nuevo disco casi compuesto, recibe la noticia de la muerte de su hijo… y todos los sonidos de su vida cambian. Escalofriante, doloroso, empático.

66. Jamie XX – In Colour (2015)

El novio de la década. Jamie XX se alejó de The XX para seguir ejerciendo ese papel de talentoso sastre electrónico que tanto crítica como público le han otorgado merecidamente. Y In Colour, recibido con un hype inmenso, consiguió aterrizar tanta histeria. Efectista, muy colorido y adictivo. Con canciones tan inmensas como ‘Gosh’ o ‘The Rest Is Noise’, era difícil salirse del bucle.

65. Tim Hecker – Virgins (2013)

En 2013, Tim Hecker ya venía de una trayectoria tremenda, con discos fantásticos, tanto en solitario como en colaboraciones como la de Daniel Lopatin. Sin embargo, más allá de crear atmósferas obnubilantes, espaciales o cualquier otra sensación que el género es capaz de proyectar, Hecker siempre ha ido (o iba) a más. Haciendo gala de un sonido más orgánico y una sensibilidad especial a la hora de componer, sus experimentaciones con el glitch, los drones y diferentes capas de texturas dibujaron estructuras epatantes en un disco maravilloso. En temas como ‘Live Room’, había neoclasicismo de piano cruzado con pequeños estallidos que ofrecían momentos trascendentales. En ‘Virginal II’, esos drones neoclásicos acababan en una orgía de texturas poliédricas. Un disco con tantos momentos de sutil belleza y tranquilidad como pasajes de músculo y solemnidad como el cierre. Descomponiendo y redefiniendo el ambient.

64. High on Fire – Snakes for the Divine (2010)

High on Fire - Snakes for the Divine

Siempre es necesario ese momento en el que una banda da el salto y pasa de ser una buena banda a una que marca verdaderas diferencias. Aquella que alcanza un nivel extraordinario en casi todos los aspectos y sus obras son piezas que uno no debe perderse por nada. Random es algo que ya no tiene cabida a la hora de hablar de ellos y muchas bandas novatas empiezan a tomarlas como modelos a seguir. Una banda que, independientemente del estilo que toque, representa lo que realmente importa de ese momento temporal concreto. Es lo que ocurrió en Snakes for the Divine (Century Media, 2010), un disco que fue todo un game changer para High On Fire. El cruce de sludge y doom seguía ahí, la esencia de un hijo bastardo de Iommi y Lemmy que estuviera a tope de esteroides seguía ahí. Pero ya no era más de lo mismo, pasaba a ser algo más. Sus canciones se volvían completamente vibrantes, sus riffs se volvieron droga pura y su pegada pasó a volverse adictiva. Pasar a entregar pepinazos como ‘Frost Hammer’, ‘Ghost Neck‘ o ‘Fire, Flood & Plague’ es justo lo que marca la diferencia para High on Fire.

63. Brockhampton – Saturation II (2017)

Lo de Brockhampton es uno de esos fenómenos que molan mucho que surjan: de charlar en un foro para formar la primera “boy band de Hip Hop formada en Internet” a romper 2017 con tres discos inmensos y divertidísimos. Nos quedamos con el segundo, el primero que nos enamoró y el más redondo. 48 minutos de títulos en mayúsculas, fantasía Disney rota por las mejores bases experimentales y una crew que desde el Wu-Tang no se veía tal. Bangers tras bangers tras bangers. Vaya puta barbaridad.

62. Disasterpiece – FEZ (2012)

Fez, ese juego irrepetible, tuvo una banda sonora que también lo fue. La tiene aún, porque Fez no te lo acabas nunca, y a su BSO, tampoco. Antes de la reputación inmensa obtenida por It Follows, Disasterpeace ya dejó claro de qué iba lo suyo y de hasta donde podía llegar. Como banda sonora del videojuego de plataformas y puzzle menos obvio de la década, consiguió dar vida al subtexto y enfrentar las tres dimensiones contra las dos dimensiones en formato chiptune. ‘Sync‘, la Hora de Aventuras de los videojuegos musicales.

61. Ty Segall Band – Slaughterhouse (2012)

Ty Segall Band - Slaughterhouse

Un disco difícil, al que hubo que darle tiempo. De lo contrario se hace inmenso, inexpugnable. El resultado es todo el talento de Ty Segall y toda su capacidad para perder el control. Tan genial como excesivo. Es épica en su justa medida o todo lo épico que puede ser el garage y es desquiciante. Siempre tienes ganas de que doble la esquina más oscura del barrio, que vaya allí donde ninguno nos atrevemos a ir, que nos regale la adrenalina del peligro que nunca somos capaces de experimentar por miedo. Ty Segall viene y nos quita el miedo. Nos lo arrebata. Eso es Slaughterhouse. Todos nuestros miedos. Adorable y bendito loco.

60. Dan Deacon – America (2012)

Dan deacon america

Cualquiera de nosotros podría vivir en una canción de Dan Deacon. Es más, seguramente seríamos más felices después de habitar durante unas horas en la ‘America’ que él nos dibuja. Cuando estamos lejos de casa nos sentimos solos por muchas cosas que estemos descubriendo, la misma sensación que nos queda después de escuchar cualquiera de sus discos; a él le pasó después de una gira por Europa y volvió con una maleta cargada de composiciones sobre lo que era su viejo mundo. Y creó un disco en el que aunó sus dos facetas más diferenciadas: la del fiestero loco y la del resacoso bajonero.


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