Los 101 mejores discos internacionales de la década de los 2010s (III)

Los mejores discos de la década

Vamos otra vez. Los mejores discos de la década, ¿me oyes?

59. Goat – World Music

Lejos de convertirse en un grupo tribalista convencional, o en una enésima banda brillando desde el krautrock y la psicodelia, lo han aunado todo en un trabajo arrollador, divertidísimo y tremendamente arriesgado. La world music que proponen Goat no suena a baúl de los recuerdos, ni a corrientes multiculturales contemporáneas que, de tanto girar sobre sí mismas, ya resultan mareantes y aburridas. Esto no es una base pop sobre la que se despedazan dos o tres sitares, algún djembe y arreglos de didgeridoo. Goat no se valen de la música del mundo para presentar un producto más o menos convencional, sino que parten de ella para explorar terrenos tan aparentemente dispares como el avant-folk o la psicodelia. Su utilización de la world music es honesta y talentosa, y por eso suena así de fresca.

58. Skee Mask – Compro

Con tan ‘sólo’ 25 años, el alemán Bryan Müller se sacó de la chistera un segundo largo digno de alguien que lleva toda la vida metido en el mundo de los sintetizadores, el software y diferentes cacharros. La democratización de la electrónica y la curiosidad junto al talento innato permiten que con una edad tan relativamente temprana, nos encontremos con discos tan bien construidos como este. Skee Mask trazó aquí una línea discursiva que atraviesa varios segmentos clave: los breaks, la IDM y ambient. Una piedra de toque mediante la cual muchos edificaron su leyenda tiempo ha. Con este brillante LP, el joven productor saca a pasear una gran creatividad, con temas vibrantes, pasajes muy melódicos y ritmos rotos de vieja escuela, con pequeños retazos ácidos. Un disco evocador con muchas aristas y detalles en segundas líneas que disfrutar.

57. Dick Diver – Calendar Days

Podrías glosar tus años de juventud en «Calendar Days». ¿Serán los viajes en soledad? («The sweat upon my neck, don’t it touch a nerve? / Takes on a significance, something deep within») ¿Serán las reconstrucciones mentales tras la tragedia? («And there’s a kind of quiet, a fighter jet’s applause / They’re all saw-toothed fragments scattered in an empty hall») ¿Será el largo camino de vuelta a casa, al alba? («I’m lying on the steps, and watching it get light / I go to some food court / And sparrows fight over crumbs on the white tiles») ¿Será el amor arrebatado a una mañana fugaz? («But as anyone who’s ever been out of love would say / You don’t want to be on the wrong end of it).

Qué será será que hace de «Calendar Days» una obra de pop tan pluscuamperfecta. Serán tus años de juventud.

56. Yuri Gagarin – Yuri Gagarin

Yuri Gagarin son un grupo simple. Su música se basa en tres puntos fundamentales. A saber: a) base rítmica y repetitiva b) densidad sonora, fuzz y delays por todas partes y c) solos de guitarra de ocho o nueve minutos por encima de los dos elementos anteriormente mencionados. Y todo eso sin ser una jam band. ¿Cómo este esquema básico se transforma en una apisonadora? El ejemplo paradigmático es ‘Sonic Invasion 2910’: tenemos un riff que se repite unas dos millones de veces por encima del bajo y la batería, y en un universo paralelo, un solo de guitarra que se extiende por siete minutos. El punto stoner y la voluptuosidad con la que tocan cada instrumento hace el resto: trance asegurado, tanto en esta canción como en las otras tres. Yuri Gagarin son más grandes, de forma literal, y quienes tocan más alto y más fuerte.

55. The BellRays – Black Lightning (2010)

Bellrays venían de lejos, pero en Black Lightning nos descubrieron que estaban en una madurez asombrosa. Black Lightning era sy segunda juventud. Sin Tony Fate, guitarrista y compositor de buena parte de su material hasta entonces, los de Riverside entregaron un sorprendente Hard, Sweet & Sticky, en el que el soul pesaba más en su ecuación sonora. Burradas como ‘Anymore’, soul Motown cantado por una Lisa Kekaula que está enorme, nos hicieron renovar todos los votos por uno de esos grupos que, desde la zona media, más tilín nos hacen.

54. Steven Wilson – The Raven That Refused to Sing (And Other Stories)

Nos chocó muchísimo cuando Wilson anunció el final de Porcupine Tree para centrarse en su proyecto en solitario, pero a la postre se ha demostrado como el movimiento más inteligente en su carrera. Tardó poco en darnos motivos para tener fe en él con un disco que deconstruía y replanteaba cada elemento de su rock progresivo, dándonos uno de los discos más frescos y libres de su carrera. No había motivos para temer, todo iba a ir bien.

53. Enslaved – Axioma Ethica Odini

No se puede entender ese pequeño nicho que se conoce como black metal progresivo sin la incisiva aportación de los noruegos Enslaved, que se pasaron buena parte del siglo XXI dominando y dando forma a este sonido. Esta es su última obra esencial, quizá una de las más formidables, donde llevan el género a terrenos por entonces por explorar y sacan varias de sus composiciones más deslumbrantes.

52. Spiritualized – And Nothing Hurt (2018)

Tras unos años en barbecho, Jason Pierce volvió a ponerse manos a la obra con Spiritualized, en principio con la misma ambición grandilocuente y orquestal de siempre, la que había funcionado a la perfección en Ladies & Gentlemen… y la que había ahogado Let It Come Down. Pero, esta vez, no encontró nadie que le pagara su sueño, de manera que tuvo que hacérselo todo él, desde su habitación, casi arruinado.

Por culpa de eso, o quizás seguramente gracias a ello, And Nothing Hurt es uno de sus discos más afilados, con menos espacio para las veleidades. Es también su disco maduro, el que examina lo que es vivir cuando ya todas las fiestas terminaron, cuando empiezan a quedar sólo los huecos de lo que no hiciste y cuando descubres que el amor ni te salvará al final ni tan siquiera dejará nunca de doler.

51. Natalia Lafourcade – Musas 1 (2017)

Tiempo ha de aquella joven compositora que asaltó los charts de todo el espectro hispanohablante a principios de la pasada década. Natalia Lafourcade es hoy una de las compositoras más reposadas, más inspiradoras y originales de su generación, y Musas, su particular homenaje a quienes la precedieron, un canto a la belleza de la música latinoamericano, la confirma, además, como un prodigio de los géneros clásicos. De la tradición a la modernidad, Lafourcade nos ha embelesado.

50. Mount Kimbie – Crooks & Lovers (2010)

De la época en que el future garage aún tenía bastante que decir, en un ya lejano 2010 debutaron en largo Mount Kimbie con un disco bastante completo. Aún mamando de las obvias y obligatorias estructuras del dubstep con sus ritmos entrecortados y bajos gordos, compaginaron estas coordenadas sonoras con bellas secciones vocales o filtradas e incluso algo de downtempo. Un disco con muchas aristas, repleto de texturas y detalles en segundas líneas que luego quedaban totalmente machacadas en esos disfrutables temas de ritmos rotos. Cuando conjugaban esas dos cartas salían temas tan redondos como ‘Mayor’. Elegancia en estado puro.

49. Japandroids – Celebration Rock (2012)

Celebration Rock es una fiesta continua. Es la fiesta de todas nuestras vidas, porque en su monolítica frescura adolescente hay rincones para todos. Tan solo es cuestión de adentrarse en ellos y encontrar el que más nos convenga. Al final, al margen de cualquier otra consideración, Celebration Rock es un disco divertido. Y, aunque no sea perfecto, cuesta decirle que no a algo tan atrevido, descarado y juguetón como la música de Japandroids.

La eterna juventud también son sentimientos ambivalentes. Ahora te quiero, ahora no. Ahora me apetece reír, ahora me apetece llorar. Es parte de no crecer, de vivir en una montaña rusa emocional, de no haber madurado lo suficiente (por fortuna) para no saber afrontar las cosas cotidianas sin que el drama se apodere de todo. Con Celebration Rock pasa algo parecido. Puede que a las diez de la mañana os suene a gloria. Y puede que después de comer lo detestéis. A mí, al menos, me sucede. Pero siempre termino volviendo a él.

48. Crystal Stilts – In Love With Oblivion (2011)

El disco que ama a las cosas pequeñas, a la serie b, a las canciones que no pretenden ser más de lo que son, a los ambientes y a las guitarras. Al rock’n’roll de los años 50, a darle un puntito oscuro. A tener hits y no saber cómo venderlos, y tocarlos tan fuerte como para esperar que algún DJ de la radio lo oiga y te lo pincha. Pero ya no hay radios, solo masibon. El disco que ama a The Red Krayola, 13th Floor Elevators, Love… Que te ama a ti si te dejas. Deberías dejarte.

47. Night Beats – Sonic Bloom (2013)

Night Beats - Sonic Bloom

Fundamentos clasiquérrimos, pericia técnica, cinco canciones de apertura demoledoras y el suficiente cuajo como grupo para comunicar en un lenguaje moderno y asimilable por las nuevas generaciones. Aquello fueron Night Beats durante los cuatro primeros años de esta década, los suficientes como para legar dos discos fantásticos. «Sonic Bloom» el mejor de ellos, en plena floración y eclosión musical, justo antes de que aquella escena Garage caducara por completo y tan sólo sobreviviera el recuerdo. Uno en forma de homenajes velados a la Creedence, de un voluntarísimo aroma sixties y, pese a ello, de una contundencia más digna que de los setenta que de cualquier otra década. El disco perfecto para comprender qué fue aquel breve, glorioso revival garage/psicodélico.

46. Pusha T – Daytona / Kid See Ghosts (2018)

Aunque el disco bueno de esta década de Kanye West ya haya salido en esta lista, en realidad su mayor osadía de todas fue la de 2018: los siete discos hermanos, de siete canciones, duración idéntica y autoría compartida entre él y otros. En el de Daytona convierte a Pusha T en una estrella relevante del hip hop y le da las mejores canciones de su 2018, las que ni siquiera metió para su disco de ese año. Y en el de Kid See Ghosts aúlla en el estudio junto a un Kid Cudi maravilloso, en la colección de canciones más adictiva del hip-hop de ese año. Así se construye tu propia carrera y la de los demás: entre arquitecturas fascinantes (la de ‘4th Dimension’), portadas del baño de Whitney Houston lleno de drogas y hostiazos a mano abierta a Drake.

45. Arcade Fire – The Suburbs (2010)

2010 fue el final de Arcade Fire. Ellos mismos se dieron cuenta: habían llegado al final de su camino de épica inflamada y adolescente con sólo tres discos (el resplandeciente Funeral, el maduro Neon Bible, el otoñal The Suburbs) y, después, ya tuvieron que buscarse (Reflektor, fallido) sin poder reencontrarse (no, no queremos hablar de Everything Now). Pero en el comienzo de esta década… The Suburbs fue mucho más grande de lo que más de la mitad de la redacción de Hipersónica siempre ha estado dispuesta a reconocer. Un disco que mira al post-apocalipsis emocional que deja eso de hacerse adulto con ojos empáticos, pocas ganas de dramatizar de más (esto no es Twitter) y una mitad gloriosa en la que ‘Wasted Hours’ lo cuenta todo sobre nosotros y sobre ellos. The Suburbs ha crecido más que cualquier disco de esta lista y, a ratos, me sigue haciendo llorar de melancolía. Así que yo, probertoj, declaro haber trampeado convenientemente la lista, como un Jose Félix Tezanos cualquiera, para que pudiesen estar aquí y así.

44. Destroyer — Kaputt (2011)

El sofistico ha sido una de las grandes lacras de esta década y recuperar a Fleetwood Mac, de esas cosas que sólo el paso del tiempo explican. Pero entre tanto por adulto y AOR blandurrio disfrazado de nueva modernidad alguien tenía que sobresalir… y fue Dan Bejar. Está claro que la primera escucha de Kaputt sorprende. En la segunda, dudas. En la tercera, le empiezas a pillar la gracia. Y desde entonces, lo vas disfrutando poco a poco, y te acaba poco a poco (“tú que llegaste por casualidad”). Claro está, debes tener un oído bien abierto (y el otro, preferentemente, también), disfrutar habitualmente con el pop (en su concepto más amplio), saber a lo que te enfrentas y no dejarte llevar por los prejuicios. Y que debes disfrutar con la variedad en los arreglos y la producción cuidada. Y sí, suena añejo y retro, pero no necesariamente hortera o kitsch. ‘Bay of Pigs’, ‘Savage Night at the Opera’ y ‘Suicide Demo for Kara Walker’ son canciones inmensas de un músico que nunca, nunca, nunca ha sabido ser mediocre.

43. Veronica Falls – Veronica Falls (2011) / Veronica Falls – Waiting for Something to Happen (2013)

Los discos del campanamuertismo. Los que tus amigos no entendieron (y tú tampoco, pero tú sí me dejaste huella). Los que confirmaron a un grupo maravillosamente pequeño, alucinantemente fugaz, que nos dejó un hueco inmenso eterno en el corazón. Canciones para quemar, gemas pop mientras trataban de ser tan brillantes, zoquetes y discordantes como sus héroes. Los bastardos del indie pop se callaron después de esto y no os podéis imaginar lo tantísimo de menos que les echamos.

42. Cloud Nothings – Here and Nowhere Else (2014)

La fórmula es en absoluto revolucionaria: se trata del mismo pack mágico que aupó a grupos como Dinosaur Jr., Sonic Youth o Fugazi durante la década de los ochenta. El mérito de Here And Nowhere Else es el de digerir tamañas influencias en un sonido bastante cercano al oyente de hoy y en torno a coordenadas menos experimentales y más amables. Cloud Nothings alcanzaron el tono idóneo entre la gominola Pop de sus primeros discos y la rotundidad sonora, a ratos demasiado artificial, de Attack On Memory o del errejonismo que vendría después. Aquí, Cloud Nothings son tan capaces de mostrarse angustiosos (‘Just See Fear’, ‘Pattern Walks’) como dichosos en su propio talento para la melodía (la inagotable ‘I’m No Part Of Me’). Here And Nowhere Else es su punto perfecto, el disco que mejor se ajusta a su traje, las canciones que tenían que facturar aquí, en este mundo y en esta década.

41. Kairon; IRSE! – Ujubasajuba (2014)

Nos entusiasmamos mucho en su momento con ellos, aunque luego no terminaron de demostrar que había grupo para rato con su continuación. Pero ni eso desluce un sólo segundo de Ujubasajuba, un disco que apunta directo al corazón y es capaz hasta de derretirlo. Su tornado de shoegaze, post-rock, progresivo y psicodelia espacial sigue siendo demoledor, y permanece intocable. Quizás porque es demasiada temeridad intentar hacer lo mismo que ellos, porque es muy fácil salir escaldado del intento.

40. Oneohtrix Point Never – Garden of Delete (2015)

Oneohtrix Point Never - Garden of Delete (2015)

Después de años fluyendo entre coordinadas ambientales, electrónica progresiva, cantidades de samples, como los del Nuevo Testamento que traía R Plus Seven (2013, Warp), el productor inglés llegó a su obra más grandilocuente y compleja. Un trabajo que comparte formas con el anterior, pero que lo supera en resultado. Ya se había ganado por derecho ser uno de los mejores compositores actuales del panorama electrónico, pero ser capaz de cambiar de discurso de una forma tan sobria en poco tiempo y con un resultado tan abrumador está a la altura de pocos. Un fabuloso y genuinamente grotesco relato de ciencia ficción futurista.

Lo mejor de la década