Los 101 mejores discos internacionales de la década de los 2010s (IV)

39. MGMT – Congratulations (2010)

MGMT - Congratulations (2010)

MGMT tocaron la cima y, casi convertidos en one hit wonder y ante la encrucijada de buscar nuevos éxitos bailables y pegadizos o morir, MGMT hicieron lo más difícil: un disco de psicodelia ochentera, de locura ácida, que les dio todo el pedigrí que les faltaba en su debut y que abofeteó a los incrédulos, porque había grupo y que encima muy diferente del de su debut.

Ben Goldwasser y Andrew VanWyngarden se dejaron llevar. Engancharon a Peter Kember (Sonic Boom en Spacemen 3; Spectrum en su posterior reencarnación) y en vez de pedirle que hiciera lo que sabe, que les pusiera narcóticos y hasta arriba de drones, le contaron su idea suicida: hacer un disco de singles para un mundo que no los iba a entender. Porque Congratulations es, aunque no lo parezca, un álbum de hits. Claro que no para este mundo, sino para el de más allá; aquel en el que viven los mejores Flaming Lips, la Emily de Syd Barret, los Beach Boys de Surf’s Up (ahí está ‘Siberian Breaks‘) o hasta los Electric Prunes.

38. Zomby – With Love

Después de dos trabajos a mitad de camino entre lo salvaje y lo emocional, Zomby fue a su trabajo más ambicioso hasta la fecha: un doble álbum que conjugara su herencia rave, su querencia por el chiptune y que no olvidase UK Bass en auge. El resultado, un álbum de sonidos profundos, opresivo por momentos, pero con esas salidas a modo de válcula de escape jungle. Después, otra vez retorno a pasillos estrechos, tempos lentos y sonidos de 8 bits. Pero tirando por lo fantasmagórico, nada de estructuras felices de videojuegos. Mientras el común de los mortales rescataba ese sonido para la zapatilla, él la utilizaba como complemento de ambientaciones inquietantes. La traducción sonora de esa contundente portada de rosas blancas. Melancolía, emoción, farra, sexo, vandalismo… Visto en perspectiva, duele ver lo que hace Zomby hoy y lo que hacía en esta primera mitad de la década. Había pasado de una promesa a una realidad indiscutible. Su última (y posiblemente mejor) gran obra.

37. Daniel Brandt – Eternal Something

Un año después de su debut en solitario, Eternal Something (Erased Tapes, 2017), el alemán volvió en 2018 vuelto con un trabajo que a pesar de la alargada sombra que proyectaba el anterior disco, planteaba un álbum mejor a nivel integral: una secuencia más completa, un acabado más electrónico que suponía un avance en su propuesta y con una inspiración compositiva que dejó mejores melodías en cada corte. Una obra que demuestra el momento talentoso por el que pasa, con una sucesión de siete temas inspiradores. Una transversalidad que da mayor enjundia al disco y que también está presente en lo estrictamente musical: atraviesa ese constructo conocido como neoclásica, para llevarla a un terreno en el que la electrónica y el minimalismo bailan juntas logrando una simbiosis superior a cada una de las partes. Secuencias, jazz y loops que acaban en explosiones exquisitas. Con este disco, Brandt se sitúa en algún lugar entre Steve Reich, Terry Riley y contemporáneos como Floating Points. Bravísimo.

36. Vatican Shadow – Kneel Before Religious Icons (2011)

Obsesionado como siempre con todo lo relativo a las intervenciones militares de EEUU y en menor medida otras, y sobre todo a las de Medio Oriente, Dominick Fernow en su primer trabajo como Vatican Shadow dio rienda suelta a toda esa imaginería truculenta que le sirve de combustible. Con referencias —que después serían habituales— a escuadrones americanos y al extremismo religioso, en 2011, con EEUU aún empantanado de pleno en Afganistán, Fernow dejó su distinguible firma en este primer LP a mitad de camino entre lo industrial y el ambient techno. Un trabajo oscuro y angustioso, por momentos tétrico. Como la guerra misma. En su tercio final, la ambientación y sus pequeños detalles, junto a unos títulos de canciones que hablan por sí solo, quitan el hipo.

35. Innercity Ensemble – III (2016)

innercity ensemble iii (2016)

Polonia se convirtió, durante esta década, en un lugar donde la experimentación hirvió al calor de bandas como Innercity Ensemble. Más concretos en este III que en su anterior, y también fantástico, II, donde antes primaba la improvisación y la creación libre sobre la marcha, aquí se ataron en corto: un mayor trabajo previo, con una metodología más de banda que de colectivo, dio a luz a uno de los discos psicodélicos, de avant-folk y de free jazz más rotundos de la década.

34. Woods – With Light and With Love (2014)

woods - With Light and With Love

Enrolados definitivamente en las filas del Folk Rock más autocomplaciente, rumbo Country Rock, espantados los otrora seguidores del Lo-fi y el Garage Rock, desconcertado el conjunto de críticos por un grupo al que nunca llegaron a entender, Woods construyen otra vez casas de madera en todo aquel corazón que se preste a entregarle sus llaves.

Resumido en los maravillosos, perfectos, brillantísimos tres minutos y medio de ‘Leaves Like Glass’, hojas de cristal que se lleva el viento, With Light and With Love es un disco que suena eterno y pequeño, universal y propiedad individual de cada uno. Tan proyectado hacia el futuro como enraizado en el espíritu feliz y melancólico de Woods. Tan bueno como exagerada y retórica esta crítica. Tan repleto de dicha y buenos momentos como incondicional e irracional es nuestro amor por ellos.

33. Luke Haines – New York In The 70s (2014)

Luke Haines - New York In The 70s

Que aún haya que explicar quién es Luke Haines deja claro lo absolutamente mal que estamos haciendo esta Dominación Cultural ™ en la que vivimos. Y en 2014 se lanzó a hacer el ‘Por favor, mátame’ de su carrera, un homenaje a NY en los años del punk, que le salió tan redondo como casi siempre y tan apegado a sus creencias como todos sus discos en solitario: Susurros maliciosos, glam pop oscuro, tachuelas en vez de eyeline. Se muere Lou Reed y Haines le hace el jitazo mantra de 2014, porque hay gente de la que pocas cosas más se pueden decir que su nombre.

Haines solo sube un puntito la Oscuridad musical para adaptarla a los ambientes sórdidos que, en el libro antes citados, hicieron que todos los chicos de provincias quisiésemos ser punks neoyorquinos. Luke Haines los amó y aún los ama y vestido con su traje de “no es nostalgia, es Lo Necesario” los recrea con ese toque maravilloso y adictivo que siempre ha sabido explotar. Nos pastorea hasta allí, hasta ese Nueva York en los 70, porque al fin y al cabo las cabras somos díscolas pero también sabemos apreciar lo bueno.

32. Actress – RIP (2012)

Confusión en títulos que hablan de muerte, de ascenso, de agua bendita, con el arcángel Uriel y un arpa negra como antónimos ya que este arcángel de los textos apócrifos es el Arcángel de la Salvación, el “ángel del mundo y del lugar de los muertos” para la Iglesia Copta. En R.I.P., Actress creó su propia Biblia y su libro del Apocalipsis, un trabajo compuesto por varios discos en uno, con un Darren J. Cunningham en modo Dios. Un disco repleto de mensajes ocultos, de referencias bíblicas y místicas bañadas en una versatilidad brutal. Composiciones de IDM muy cerebral, gotas de dubstep, un minimalismo tan emocionante y delicado que da cosa escucharlo por si se rompe… Y de repente, reveses pisteros con olor a techno y house noventero como el de ‘The Lord’s Graffiti’ o temas tan majestuosos, redondos y a la vez seductores como ‘Caves of Paradise’. Un trabajo sólo a la altura de los grandes arquitectos sonoros. Aquí iba un paso por delante de todos. ¿Una obra maestra? Probablemente.

31. Kendrick Lamar – To Pimp a Butterfly (2015)

Kendrick Lamar — To Pimp a Butterfly

To Pimp a Butterfly es impredecible. La primera escucha supone un impacto. Si el funk y sus grooves invaden la primera pista ‘For Free’, el jazz lo hace en la segunda y el soul o el RnB no tardarán en hacerlo. Kendrick nunca ha escondido sus influencias pero tampoco las había exhibido de una forma tan explícita. Tampoco se conocían algunos de los registros que expone. En este colorido álbum, parece tener uno para cada ocasión. Además, apenas se encuentran cortes pegadizos sino que se mantiene la coherencia de la idea en todo momento. Quizás, el tercer corte sea los pocos que podría aspirar a ello. ‘King Kunta’, con un “We want the funk” que sí que se nos adosará, es un retorno al funk de una manera directa y en una versión más potente.

Snoop Dog se cuela en ‘Institucionaliced’, en este caso jugueteando con el neo-soul. Las colaboraciones son de renombre en este álbum, ya sean en estribillos corales, por estrofas o por pequeños fragmentos. También lo hace Thundercat, Bilal o George Clinton. Pero no solo presenta un bonito relucir, pues el resto se encuentra al nivel. En su interior se encuentra un valioso contenido. To Pimp a Butterfly posee unas líricas muy reflexivas por parte de Kendrick Lamar e incluso se atreve a que sus cortes interactúen entre ellos como lo hacen ‘I’ y ‘U’. El primero, un tema luminoso y que refuerza su figura. El segundo, su antagonista y con un tono más oscuro, no es sino un reflejo del artista como persona desde una vista de mayor introspección con sus miedos, ansiedades o defectos.

30. Thou – Heathen (2014)

Thou es una banda tan personal y tan efervescente que seguirle la pista significa uno de los mayores retos que el mundo del Metal Extremo ha planteado los últimos años. No son ni pretenden ser banda para todo tipo de público, pero son de las que enganchan desde su inaccesibilidad intelectual, desde una óptica sesuda alejada de las querencias de los grandes nombres. Heathen es uno de sus múltiples lanzamientos en los últimos años, un disco con carácter de obra cumbre de una banda que aún aparenta poder ofrecer mucho más. Violentamente estremecedor

29. Svartidauði – Revelations of the Red Sword (2018)

Black metal islandés en las listas de lo mejor del año de Hipersónica… Lejos de ser algo que hagamos por sistema o por boutade, existe cierto aspecto que acaba diferenciando a Svartidauði del resto de sus paisanos y de los otros discos de black metal que podéis encontrar también en esta lista, cada uno representativo de una manera de entender el género. Revelations of the Red Sword es un disco crudo, directo, bastante conservador incluso en su concepción del género, pero al mismo tiempo logran introducir esos pequeños trucos en la composición de las piezas que muestran recovecos que se sienten frescos y, al mismo tiempo, familiares. Los riffs estallan en tu cara como si hubieran condensado la fuerza de una partícula nuclear en la pieza y esta se desatase en forma de explosión, peinándote para atrás mientras suenan cánticos sobre la trascendencia y la decadencia humana. La muerte del universo nunca había sonado tan bien.

28. Alameda 4 – Czarna woda (2018)

Cuarta interacción del colectivo Alameda, el mascarón de proa de Instant Classic. Cuarto triunfo sin paliativos. En esta ocasión, Kuba Ziolek y compañía se travisten de post-todo para sumergirse en melodías de Oriente Medio y Extremo Oriente a través de un espartano minimalismo sonoro. En su mayor parte, el trabajo a las guitarras carece de pedales, efectos o distorsiones. El contraste ahonda en el peculiar arabismo de las melodías y en el carácter totémico, casi escultural, de los arreglos. Canciones que se elevan al modo de un coloso, desde las entrañas de la tierra hasta los esoterismos de los cielos, y que se acercan al post-hardcore, al post-rock y al post-metal. Sin ser absolutamente nada de eso.

27. Tool – Fear Inoculum (2019)

Tool Fear Inoculum (2019) Portada

Sí, dijimos al principio de la lista que nada de discos de 2019. Pero sabéis perfectamente que Fear Inoculum ha sido de todo menos un disco de este año: durante todos y cada uno de los años de la década hemos hablado de cómo se estaba gestando, de cuánto les estaba costando, de que, quizás, este año sí.

Y cuando llegó, los considerados mesías del metal alternativo nos entregaron, sin lugar a dudas, una obra maestra que puede ponerse desde ya, y sin ningún temor, a la altura de sus grandes discos, cogiendo lo mejor de cada uno de ellos y pasándolos por un tamiz de madurez compositiva que justifica todos y cada uno de los días de espera que hemos tenido que soportar.

26. Autechre – Oversteps (2010)

Años y años después de estar en la cumbre de la IDM, jugando con los oyentes y obviamente con su propio sonido, en los límites de la experimentación, de haber sido indispensables para el desarrollo del género, Autechre dejaron atrás ese sambenito de proyecto ininteligible —según quién, claro—. Sin renunciar a su personalidad y recogiendo el espíritu de algunos de sus epés de la década anterior y de trabajos como Chiastic Slide (Warp, 1997), el dúo de Rochdale se sacó de la manga esta auténtica maravilla. Sorprendiendo a diestro y siniestro, se plantaron en un brillante punto intermedio de melodías francamente bellas, deformaciones de sonidos marca de la casa, capas segundarias repletas de quiebros glitch y superposiciones sonoras bárbaras. Rescataron parte de su ideario oscuro y añadieron parte del imaginario IDM más iluminado como el de µ-Ziq o Aphex Twin según la tarde. Un álbum sin fisuras en el que gozar de su maestría.

25. Deahtspell Omega – Paracletus (2010)

No se acaba todo en el lechón. Deathspell Omega conjugaron una de las cimas de su carrera con su trilogía metafísica sobre Dios, el Demonio y el Hombre. La última entrega de dicha trilogía puso el broche de oro, sacando uno de los discos de black metal más retorcidos e intrigantes de la década. Sólo por lo esencial que ha sido para las corrientes más avant-garde del metal extremo, Paracletus debe figurar entre lo mejor de la década.

24. Have a Nice Life – The Unnatural World

The Unnatural World se presenta ante nosotros de forma más trágica que Deathconsciousness, respetando sus mismas constantes pero aumentando la carga ceremonial y restando la presencia de sonidos más limpios como el Folk, el cual en el debut llegaba a ser protagonista por momentos. La atmósfera sigue siendo asfixiante y embriagadora por falta de oxígeno y abundancia de dióxido de carbono, pero la ejecución se torna más pesada en esta ocasión, más polvorienta y más impactante en conjunto.

Manteniendo entre sus referencias al Shoegaze de My Bloody Valentine, el Post Punk de Joy Division o la suciedad Post de Swans, Have a Nice Life aumentan la carga de polvo y suciedad Drone, respetando la ya reconocible oquedad de la base rítmica pero sumando distorsión y revoluciones a las guitarras, las cuales siguen oponiéndose a las dos caras de la sección vocal, mostrando la ingenuidad del que agoniza inocentemente o la opresiva majestuosidad del que administra el castigo.

23. Scott Walker – Bish Bosch (2012)

El decimocuarto y, por desgracia, último disco de Scott Walker volvió a demostrar que pocos heterodoxos ha habido como él en la música pop. Si The Drift había musicado el horror fascista, Bish Bosch continuaba esa senda y destruía el formato canción: lo mismo se colaban piezas de dos minutos que mastodontes de 22, en un disco de imágenes alucinadas, letanías macabras, sambas del fin del mundo (‘Phrasing’). Ya nadie hará discos así.

22. Deafheaven – New Bermuda (2015)

La década ha sido para Deafheaven un camino de rosas: se han enamorado tantos, y tan dispares, de ellos, que se han convertido en uno de esos grupos referenciales, que aparecen fácil cuando quieres citar influencias. Y es cierto que su trayectoria viene siendo casi impecable, pero no han tenido nada tan redondo en todos estos años como New Bermuda.

En este disco, Deafheaven son un grupo que controla de forma mucho más precisa los resortes técnicos de un género complejo y que requiere de notoria pericia para dominar diversos palos, diversas exploraciones ligeras en otras sonoridades — el Post-rock, las guitarras acústicas de ‘Gifts for the Earth’, la inclemente tormenta de ‘Come Back’ — . New Bermuda no sólo desarrolla una teoría excelente y a priori inmejorable, sino que se despliega a nivel práctico en multitud de tonalidades, tintando las aristas de Deafheaven de pura pasión, ya sea romántica, encendida u ofuscada. Al final, lo importante son los dos minutos y medio que cierran la larga cremallera de ‘Come Back’, el suntuoso camino, de guitarras resonantes en el Country, que derrama puras gotas de melancolía a cada acorde, en un lirismo instrumental sin comparación casi en toda la década.

21. Todos los de Oh Sees y los de King Gizzard

Quizás no hayan hecho el disco de la década, pero es bastante probable que sí sean el grupo más relevante de estos últimos diez años. Otros habrán tenido aciertos más rotundos, algunos habrán sido imprescindibles para entender toda la cultura Pop de 2010-2019, pero vais a tener difícil encontrar una trayectoria como la de Oh Sees: tan necesaria, tan redonda, tan aparentemente básica como difícilmente repetible.

Sí, en Hipersónica ya escenificamos en las listas de 2018 qué supone para esta redacción cada nuevo disco de John Dwyer y compañía:

Pues bien, es hora de que haya otro grupo que coja el testigo. No solo Oh Sees han sido la rareza loca y casi siempre certera de la música: King Gizzard & The Lizard Wizard, más guadianescos, igualmente titanes de las locuras tiroteadas en forma de discos, han completado un camino discográfico francamente alucinante.

20. Dominique A – Éléor (2015)

Dominique A lleva una trayectoria intachable, pero la cumbre emocional que es Éléor no tiene parangón. Por unos minutos, Dominique A abandona cualquier necesidad de incomodar, de inquietar, y se dedica sólo a hacer la chanson más bella imaginable. Reinterpretada desde una clave cercanísima al pop anglosajón, pero chanson por encima de todo. El pop frágil y entusiasmado de ‘Cap Farvel’ o ‘Central Otago’; la belleza de ‘Par le Canada’; las idas y venidas, enamoradas, de ‘Nouvelles Vagues’; las baladas de pelos de punta de ‘Au Revoir Mon Amour’, ‘L’Ocean’ o ‘Éleor’ (algo nuevaolera incluso)…

Absolutamente clásico, éste fue el Dominique A más tradicional que, quizás, hayamos conocido jamás. Y el que tiene una sucesión de canciones alucinantes.

Lo mejor de la década