Ya estamos aquí una vez más. Después de la lista de los mejores discos internacionales de 2020, y de la versión española, llega la lista de los mejores álbumes electrónicos de este curso. Un año en el que como se ve a continuación, la cosecha ha sido tremenda, algo que habla no solo por los que están en estos veinte, sino por lo que se ha quedado fuera y que no desvelaremos para no hacer spoiler. Pero en resumidas cuentas, un curso marcado por la pandemia, en el que no pocos han aprovechado para inmiscuirse en el territorio ambient durante sus confinamientos, o simplemente tejer una válvula de escape a raíz de toda la situación. Pero también muchos discos que nos hablan de otras cuestiones, algunos del cambio climático, otros de las revueltas por la represión policial a la comunidad negra en EEUU.

Discos que conceptualmente van mucho más allá de siemplemente intentar hacer un buen trabajo, y otros que a nivel sonoro son una maravilla. Desde el rescate a la corriente minimal wave, hasta el olvidado electro, 2020 ha dado de sí un gran año de variaciones techno, ambient de quitar el hipo, regalos en forma de synth pop inesperados o discos pisteros para un año en el que no hemos podido bailar todo lo que nos gustaría. Acábate pronto, 2020, pero déjanos para el curso que viene un nivel mínimo como el de este. Porque será la hostia. Todavía más.

20. Speaker Music – Black Nationalist Sonic Weaponry

Black Nationalist Sonic Weaponry (Planet Mu, 2020) es probablemente el disco político (electrónico) del año. Un álbum fascinante por ser integral, obviamente por la complejidad y convergencia de sus coordenadas sonoras, así como por el concepto. Este armamento sónico nacionalista negro es un intenso viaje de once temas donde hay footwork, jazz, algo de techno y mucha experimentación, sampleos de actuaciones policiales inclusive. Se publicó el 16 de junio, un día festivo que celebra el fin oficial de la esclavitud. El trabajo es un constante laberinto sonoro en el que apenas hay luz, todo es crudo: desde la narrativa, hasta las estructuras sonoras, pasando por el título de los temas. Dentro de todo este discurso político y agitativo, que acongoja en un caparazón musical tan duro, hay pequeñas joyas de luz dentro de esa experimentación, como el caso de ‘Of Our Spiritual Strivings‘, con piano, capas atmosféricas y esa sensación de inquietud y olvido que proporcionan sus percusiones frías, industriales. La banda sonora de una fábrica abandonada, dentro de ese engranaje discursivo en el que señala que este disco es una herramienta que pretende imaginar un futuro de superación capitalista.

19. Il Quadro di Troisi – Il Quadro di Troisi

Aunque no es tan habitual como nos gustaría, raros son los años en los que no sale al menos un disco finísimo de synth-pop que rememora todo aquello que mola de los sintetizadores ochenteros y se amolda a la actualidad. Il Quadro di Troisi no solo es eso, es casi un milagro. En plena pandemia italiana, e inspirados por la figura cinéfila Massimo Troisi, surge esta pequeña maravilla sintética ornamentada por los teclados de Donato Dozzy y la nívea voz de Andrea Noce. De ahí solo podía salir algo talentoso, y a pesar de que a priori no pegue con lo que es el catálogo de los otrora Raster-Noton, Il Quadro di Troisi es uno de los viajes más seductores de este año, una obra que trasciende el synth pop para meterse también en parajes de Italo-Disco y por supuesto, en las canciones populares italianas y el pop del gran Francisco Battiato. Fragancia italiana, elegancia, delicado sonido ochentero e Italo, Battiato y Donato Dozzy en una foto en blanco y negro. Joder, 2020, JODER. Emociones a flor de piel como las de este precioso debut. Ojalá no se quede aquí.

18. Dj Overdose – Emulator Armour

El veterano productor holandés de electro Dj Overdose ha debutado en largo este año en LIES Recordings, uno de esos últimos trabajos de este curso, de principios de diciembre, pero que desprende sudor y noqueo por sus 13 canciones. Un amplio y rico repaso a las vertientes del estilo. Desde cortes prototípicos duros y pesados como ‘RaZor‘, clasicotes, hasta piezas más juguetones de espíritu funkoide como ‘Kotero‘, Emulator Armour es una dedicatoria especial a la cacharrería analógica y a todo un género del que aún quedan algunos supervivientes. DJ Overdose demuestra no solo que es uno de ellos, sino que es uno de sus máximos artífices contemporáneos. Un álbum muy completo, disfrutable y con esa magia analógica que te obliga a dejar muchos de sus temas en bucle.

17. David Cordero – La Isla Dormitorio

Con una portada sobria, amarillenta, evocando a Marte o a los paisajes de Arrakis, surgido en los días que lo de Jacques Villeneuve despertaba tanto hype, La Isla Dormitorio (ROHS Records, 2020) parece sugerir precisamente esto, un trabajo austero, pero grande y basto como el desierto. Inabarcable. Quizá no sea un trabajo que llegue a la excelencia, pero desde luego, se le acerca mucho para cualquiera que busque un ambient grandilocuente y secuencial pero sin rebasar la exageración. Emocionante y por muchos momentos solemne. Es difícil despojarse de él. Un disco francamente soberbio. La progresión y cohesión narrativa de Cordero hace el viaje más placentero. No se trata de una colección solo de buenas canciones; las cinco piezas concatenan un todo. Culmina este gran trabajo ‘Ausencia improcedente‘, un corte de altos vuelos, que empieza ya desde lo más alto, actuando como esa vista global de un ave surcando los aires y contemplando ese inmenso desierto que luce en la portada. Una hipérbole que sublima un final majestuoso.

16. Dj Python – Mas Amable

En Mas amable (Incienso, 2020), Dj Python suministra ahora más barbitúricos que relajan y dejan en babia; no había tantos en su debut, algo más en el EP de 2019. Precisamente en días en los que hace falta, tanto por el confinamiento como por las opiniones histriónicas que nos rodean a diario. Otro disco corto en cuanto a cortes, tan solo ocho, pero de generosos minutajes que meterse en vena. Y aunque la primera impresión podría ser «otro disco de house tribal» con derivaciones ambientales, la realidad es que hay ciertas orientaciones que lo hacen un disco bastante interesante. Si bien es cierto que ahí están esas líneas que vertebran su discurso musical, hay un acercamiento al ambient que más se ha solido difuminar en terrenos IDM. Ese al que hacía referencia el usuario de Rate Your Music. Y más que BoC, que también, se podría hablar de Aphex Twin. Camina sinuosamente por ese molde marca de la casa que ya conocemos, pero en capas secundarias va introduciendo esos detalles magistralmente. Lo suficiente como para que no acaparen su propuesta y la desvirtúen, pero lo suficiente como para mostrar otra vertiente de esta suerte de ambient house o tribal house que hace el norteamericano. 

15. His Master’s Voice – Log α Canis Majoris

El debut del alemán Jaines Bomt, Log α Canis Majoris (KCZMRK, 2020), es un techno con importante peso de las líneas ambientales, pero sobre todo ambivalente. Eléctrico, sugestivo y con una gran variedad de texturas en las estructuras que sustentan la melodía principal. Un trabajo que empieza más reposado y que poco a poco va añadiendo más capas de detalles, desplegando más aristas. Sin inventar nada nuevo, el productor germano hace gala de su control sobre varias ramas de ese techno más diseñado para la escucha y alejado de los motores 4×4 más agresivos que te vapulean en la pista hasta hacerte sudar. Sin duda, una de las partes más interesantes del discurso sonoro adoptado por His Master’s Voice es la de unos sonidos orgánicos que le dan ese toque onírico y sugestivo en las raíces de los temas, yendo hacia el dub techno pero sin acabar de completar el giro, para que tu mente se encargue de poner el resto.

14. Against All Logic – 2017 – 2019

Después de un primer trabajo fantástico, repleto de curvas irresistibles y buenísimos retazos de funk, en este segundo largo, 2017-2019 (Other People, 2020) Nicolas Jaar amplía el foco para discurrir por terrenos que discurren por el techno, tendencias urbanas y algo de incluso IDM. Sampleando a Beyoncé, con oloroes burisalistas, apuntándose a las voces oníricas y cruzando el soul en algunos pasajes. Del entonces homenajazo al house, funk e incluso al Disco de su debut en largo, este es un álbum casi plenamente contemporáneo, donde las miradas al pasado únicamente están en las influencias y no en la reconstrucción moderna de esos géneros. Tiene para elegir y hay aptitud de sobra.

13. Nicolas Jaar – Cenizas

Si bien con anteriores trabajos hemos visto a un Jaar regular, con buenos discos de diversa textura, con ese house minimalista pero sin sobresalir, al fin con este quinto LP saca su mejor versión. Y de qué forma. Alejado del toque pistero y clasicista de AAL, y a la vez de los ritmos más superficiales de anteriores largos, Cenizas (Other People, 2020) es un álbum más introspectivo, embelesador, que exuma enorme talento por los cuatro costados. Una especie de Pomegranates (Other People, 2015) mejorado, con menor minutaje y mucho más expeditivo. Sin duda, después de una década de trayectoria, este es el disco más maduro y con mejor acabado que ha facturado Jaar bajo su propio nombre. Entre la ambientación y la electroacústica, y con un aura que a veces recuerda al siempre inspirador Andy Stott, el productor perfila 13 temas que consiguen engatusar desde el minimalismo y la delicada melodía que ha diseñado, colocando cada pieza minuciosamente para que el resultado sea un trabajo íntimo pero a la vez más eléctrico por la experimentación en capas secundarias. Explorando mucho más sonidos que hasta ahora eran más tangenciales.

12. Amnesia Scanner – Tearless

Si bien este nuevo álbum no es ese fusilamiento sin miramientos que suponía Another Life (Pan, 2018), que te revanaba los sesos casi a la primera de cambio con esa estructura perturbadora en el artwork, pero sonando como el fin del mundo, de todo lo que conoces ido de madre, con un sonido caótico cual Windows 95 colgándose, Tearless (PAN, 2020) es un trabajo menos agresivo, menos efervescente. Pero un gran disco con el que seguir disfrutando por esa simbiosis con el reggaetón, con un gancho tremendo y con un autotune utilizado de la mejor forma posible. Al final, precisamente ese lenguaje que utilizan Amnesia Scanner es todo el que podría descodificar un millenial de hoy.

Amnesia Scanner han leído como nadie esos nuevos preceptos y los han encapsulado para lanzarlos cual proyectil hacia todo tipo de mentes, desde los más jóvenes, que lo disfrutarán porque está repleto de códigos y mensajes hacia ellos, como los más viejunos de la Generación X porque se verán absorbidos por una fascinante batidora sonora a la que nunca hubieran imaginado rendirse. En este Tearless, no solo están esos códigos sonoros más orientados a gente joven que viene del sonido urbano o trap, forzando la maquinaria están las ¿creepypasta? en la portada, o más bien, maquillaje, aparato, tinte y esos cánones de estética y actitud propios de la edad. Pero sobre todo, unas letras que son puro angst adolescente. Temas que hablan de frustraciones, inseguridades, de buscar y encontrar la aprobación del resto y de vidas que consumir rápido. Otros dramas adolescentes que decía OPN en aquel Garden of Delete (Warp, 2015). A los pies de estos tipos. Otra vez.

11. William Basinski – Lamentations

Después de un cuarto de siglo experimentando entre la música concreta, la electroacústica y el ambient, William Basinski sigue siendo uno de esos nombres que imponen. Su interpretación del ambient va mucho más allá de la mera intensidad y erosión que tanto abundan. Tiene una ornamentación clasicista que en Lamentations se torna en no pocas ocasiones dramática, con tintes casi apocalípticos a pesar de vocales operísticos. En definitiva, un ambient de los que marca las diferencias. El arranque mismo del disco quita el hipo, con una bruma contenida pero gruesa, que te envuelve rápidamente, para después comprobar en ‘The Wheel of Fortune‘ la maestría y el esplendor de Basinski. Si el grueso de los temas tuvieran esta calidad, sería uno de los mejores cinco discos del año. Con todo, gran trabajo, con muchos poros y con ese sonido orgánico que te asoma al vacío abisal en piezas maravillosas como ‘O, My Daughter, O, My Sorrow‘. Parece por momentos un último testamento. Junto al filtro tape music, el acabado es fascinante.

10. Kelly Lee Owens – Inner Song

Aunque en su primer trabajo Owens ya dejó claro que puede tener una paleta sonora amplia, en la que caben temas de raigambre más oscura y otros mucho más enfocados a la pista de baile, Inner Song (Smalltown Supersound, 2020), muy diverso también, se abre bastante más a un sonido pop que deja un sabor de boca extraordinario. Una puerta medio insinuada en su debut y ahora abierta de par en par. Finura en esos medios tiempos en los que las texturas se adueñan de los auriculares para mostrar un notable acabado, una explosión de pop etéreo que atrapa rápidamente y esos contrastes tan sonados en los que encontrar su vertiente más adrenalítica de ‘Jeanette’ o la sugestiva y solemne colaboración con Cale. En ciertos cortes, demuestra que puede haber vida incluso en estructuras tan aborrecibles como las del tech house. Arovechar mucho más el pop era una cuenta pendiente tras su primer disco, y el resultado es un disco tan completo como disfrutable.

9. Borusiade – Fortunate Isolation

Fortunate Isolation (Dark Entries, 2020) llega con un cambio de sello y un trabajo que siguiendo las líneas de su hermano mayor, explorando nuevos aspectos. Concentra los disparos en esa corriente minimal wave y da como resultado un álbum frío, cortante, conceptualmente más interesante. Entre ambos discos, un par de epés que seguían la incursión en un álbum que ha acabado con ese postulado más completo en lo referente a la corriente minimal wave: un LP que degustar lentamente, con sus recovecos de oscuridad y con una belleza innata en esas piezas minimalistas en las que la experimentación con sintetizadores o theremines dibujan paisajes de mucha personalidad. A toda la parte analógica hay que sumar los sencillos pero muy muy efectivos recursos de la rumana con las voces. Superposiciones de vocales desnudos, sin filtrar, que brillan con luz propia sobre ambientaciones delicadas o gruesas, ofreciendo un contraste que en ocasiones pone los pelos de punta fácilmente.

8. Farwarmth – Momentary Glow

Si bien en su último LP, y en realidad desde al menos 2016, ya mostraba unos ramalazos interesantísimos con un cruce entre el ambient, el drone y los collages sonoros, este flamante Momentary Glow (Planet Mu, 2020) en la casa de Paradinas no se queda corto. Aunque es cierto que es menos abrupto, y seguramente la estancia en Planet Mu le ha ayudado a tallar mejor este diamante en bruto —que de bruto ya tendría poco—, hay un claro salto de calidad en la producción. Y francamente, a nivel general. Un álbum intenso, emocionante y con ciertos pasajes de dramática preciosidad con las instrumentaciones de cuerda, chelo o acordeón que él mismo procesa luego. Acostumbrado a esas portadas sobrias o toscas que tanto gusta a los compañeros de esta casa —así es el gusto de los hacedores de ruidos—, Momentary Glow nos muestra una parte visual llamativa, que evoca bien lo que hay en el interior. Llamas, talento, elocuencia y contrastes entre luces y oscuridad.

7. Vladislav Delay – Rakka

Si 2020 ha sido un año de trazos apocalípticos, este tenía que ser el de algunos regresos inesperados y violentos. Convulsos como lo ha sido este curso. Seis años después, el finlandés Vladislav Delay vuelve con Rakka y nos arrolla como es debido. Con casi 50 minutos de atropello, de fuerza sobrenatural embadurnada de sonidos post-industriales, un mejunje de drones, tempestades propias de Dune y una agresividad en los ritmos rotos que te deja picueto. Ha captado como pocos lo que este año pedía musicalmente en la electrónica. Han sido muchos los ambientales patrocinando viajes escapistas como válvula de escape. Pero alguien tenía que poner orden en el polo opuesto con un puñetazo en el estómago de estas dimensiones. Un trabajo casi extremo de los que deja secuelas. A veces hay que forzar.

6. Rafael Anton Irisarri – Peripeteia

El norteamericano lleva desde un ya lejano 2007 poniéndonos los pelos de punta con sus álbumes, siempre orbitando en unas coordenadas sonoras que según el disco, se decantan más por terrenos drone, con paisajes sonoros accidentados, o por finas capas ambientales sugestivas. En Peripeteia (Dais Records, 2020), en sintonía con la regularidad que le define, vuelve a culminar un notable disco. Eso sí, una pequeña diferencia. Quizá el mejor de los que ha publicado en los últimos ejercicios. Temas como ‘Fright and Control‘ son un ejemplo de las capacidades que tiene y que rezuman sus composiciones, una bruma melancólica que después se va recrudeciendo, exaltando el ruido en la superficie. Emocionando, una vez más. Puede que este trabajo no sea un punto disruptivo con respecto a su discografía anterior, pues su esquema es el de siempre y lleva años rayando a un gran nivel, pero esos moderados cambios sí pueden llevar a un molde diferente para el futuro si decide explotar esos esquemas. En cualquier caso, aquí brilla en su mejor nivel.

5. Vril & Rødhåd – Out of Place Artefacts

Después de haber tocado distintos palos, ambos productores se dedican a explorar texturas sin necesidad de adornos innecesarios o bases manidas. Un álbum que juega muy bien en las capas secundarias, donde mandan sonidos orgánicos o ambientaciones que van desde evocaciones nostálgicas hasta un sencilla pista de sofisticación o momentos francamente emocionantes. Out of Place Artefacts (WSNWG, 2020) refleja la madurez musical de Vril con su raigambre techno de sonidos orgánicos y el ímpetu sonoro de Rødhåd con un ambient que suele ir jalonado de muchos detalles después de haber pasado también por una etapa más technoide. Ambos aprovechando los puntos fuertes del otro, pero sin sumar brutamente. De hecho, su propuesta es más austera en conjunto.

4. Daniel Avery – Love + Light

Seis años después de su debut, Avery ha mutado en un cuerpo totalmente diferente. Aunque sigue lanzando sus principales referencias en la casa de Alkan, el inglés ya no es ese productor con gracia y con algún hit para la pista de baile. Se ha convertido en una figura mucho más interesante, alejada de las sinuosas composiciones tech house, a veces previsibles, aunque eficientes en su caso. Se ha desplazado hacia una coordenadas ambientales en las que está cada vez más cómodo. En un año en el que también ha sacado buena nota junto a Alessandro Cortini, en Love + Light (Phantasy, 2020) cruza el ambient techno con la IDM con un talento desbordante. El mejor disco de Avery hasta la fecha lo es por su ambivalencia, por apostar por las texturas del ambient, a veces de manera visceral, con cambios abruptos, y otras desde la sutileza, con cientos de matices tras las cortinas. Será interesante ver en el futuro si este es su techo. Desde luego esta es su cima más alta hasta el momento, y echar la mirada atrás para ver dónde empezó y dónde está ahora, a nivel sonoro, es fascinante. Un trabajo inspirador, elegante, pero también con la trituradora enchufada para que no bajes la guardia.

3. Aho Ssan – Simulacrum

El francés Désiré Niamké, Aho Ssan, ha debutado este año en largo en Subtext, sello por el que han pasado Roly Porter o Paul Jebanasam, lo cual ya es un mensaje claro de por dónde van los tiros. Esa es la estela sonora que recoge este álbum, unos ambientes de belleza y tensión, de cortocircuitos glitch en los que la erosión y la fuerza se van desplegando poco a poco, llegando a grandes cotas de emoción que epatan por esas texturas de olor espacial y constantes explosiones. Desde la introducción hasta el cierre de ‘Outro’, Simulacrum cuadra el círculo con un viaje turbulento que acaba con grandes picos de intensidad y el vacío que dejan las ondas sonoras tras sus constantes descargas eléctricas a lo largo de siete temas. De los de ponerse auriculares y disfrutar con los ojos cerrados y tirado en la cama. Belleza, fragilidad y mucha fuerza.

2. Roly Porter – Kistvaen

Aunque lo conceptual y evocador siempre pesa, y la grandeza de estas propuestas reside en la capacidad de acompañar esos momentos con la música de tal forma que parecería imposible hacerlo con otra, Porter suena en general como nunca en este Kistvaen (Subtext, 2020). Hablar de épica y de poderío es lo habitual en su juego de atmósferas. Sin embargo, este pequeño —relativo— cambio, aguantando los caballos para no soltarlos a que te machaquen a la primera de cambio como había hecho en largos anteriores, para jugar y recrearse en ambientes y dejar que la emoción fluya, suponen escalar un peldaño sonoro. Algo que otros primeras espadas del ambient ya llevan tiempo haciendo y que él sin embargo aún tiene por explorar. Pero el punto aparte llega con ese pasaje, nunca mejor dicho, de casi cuarto de hora que es ‘Passage‘.

El tema que quizá le faltaba por construir hasta ahora. El extenso tema de ambient que empieza con una especie de ángel anunciador; que evoluciona muy lento, con todo el ensamblaje cerrándose poco a poco, con vientos fúnebres a los que va añadiendo capa tras capa mientras bombos regios marca Porter™ atacan desde los cimientos de la pista, preparando un viaje de final angustioso, en el que la atmósfera se vuelve más gruesa y porosa, casi drone, para pasar por encima de ti como si fuera el final del mundo. En cierta forma, y según la temática del disco, lo es. Cuando parece que ya acaba la tormenta, vuelve a resurgir todo a la vez, las voces apocalípticas, la épica y erosión ambiental. Un tema megalómano. Y por fin, después de tan funesto viaje, con su emoción, sus claroscuros y sus curvas, como la vida misma, llega el reposo final con uno de los temas del disco. Del propio Porter. ‘Kistvaen‘ lo es todo, es el salto excelso de calidad; del dark ambient desbocado a la pieza delicada y celestial que pone los pelos de punta, jalonando la melodía con aristas sonoras que varían su tonalidad. Si tuviera que ser una parte de la portada, sin duda sería la que yace iluminada por los rayos de sol. El puto final de la película que te sobrecoge y te hace pequeño.

1. Zavoloka – Ornament

20 años lleva ya Zavoloka al pie del cañón. Frente a todo su repertorio anterior, la ucraniana no solo ha mejorado sus registros sonoros anteriores, sino que ha perfeccionado de forma superlativa aquellas aristas sonoras que mejor le definen. Desde la experimentación que jalona su percusión techno, mucho más contenida, pero totalmente eléctrica, lo que genera un gancho del que es difícil escapar, hasta una ambientación utilizada minuciosamente, el resultado global es un trabajo apabullante. Un larga duración sin ostentaciones, con solo siete cortes, pero en los que no hay tregua. A través de secuencias sencillas, un motor en constante ebullición, con trazas de ambient techno que generan esa atmósfera oscura, a veces invadido por esa coraza eléctrica que rodea todos los temas, Ornament (Prostir, 2020) es también un viaje tremendamente evocador.

A pesar de ese corsé relativamente sencillo sin grandes florituras, es un disco incontestable y directo, que golpea sin ambages y que también tiene sus momentos de relativo respiro. Quizá el máximo exponente del ADN de Ornament sea precisamente el tema que da nombre al disco, con unas sacudidas de techno cortante y secuencial que cuando vuelven a empezar, lo hace con cajas de ritmo añadidas y con un aumento de la frecuencia; más y más intensidad. Una forma de adentrarse en una angustiosa persecución sin escapatoria, acongojante, pero enormemente adictiva por esa sencillez de percusión desnuda sin adornos que describe todos los momentos de un disco que, ojalá, sea parecido a cómo va a sonar 2021. Paisajes inhóspitos y nevados desde el Este pero con sacudidas vitales como este Ornament y sus últimos retazos de percusión, antes de desvanecerse con un ambient precioso. Fabuloso.

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