Nacionales, estatales, españoles salvo algunas cosas, país opressor según Chou… Llamadlo como queráis, pero esto son los mejores discos de aquí hechos en esta década.

51. Bunbury – Las consecuencias (2010)

Bunbury - Las consecuencias

El oasis en ese desierto creativo que ha sido la carrera de Bunbury tantas veces en esta década. Las Consecuencias fue un disco en el que Enrique se despojó de toda la tontería de Hellville Deluxe. En el quicio entre una década y la otra, Bunbury consiguió uno de sus discos más pensados desde la modestia, más intimistas. Sólo esa ‘Frente a Frente’ levantaba la voz. Junto a ella, otras diez canciones despojadas de grandilocuencias y manierismos. Atípico, necesario por eso mismo.

50. Quaoar – The River & The Soul (2011)

Quaoar - The River & The Soul (2011)

The River & The Soul es un álbum de Rock de gran manufactura, formidable dentro de nuestras fronteras, que le añade riqueza a la escena progresiva nacional. Un Prog que no necesita de una excesiva técnica o una producción efectista para impresionar, solo tocar su música con una pasión desmedida digna del movimiento Grunge. Los que no pudieran disfrutarlo en su momento están tardando en dejarse atrapar por las sublimes guitarras de Quaoar o admirar la portentosa capacidad vocal de Íñigo López. Bandas como estas hay que tratarlas como el tesoro que son.

49. Los Ganglios – La Guapa y los Ninjas (2012)

Que en 2019 hayan decidido dejarlo para siempre es la peor noticia que podía darnos la misma década en la que Los Ganglios fueron fundamentales. Hace siete años ya eran lo puto más: musiqueta de la buena. Chiptune tuneao para gente con uñas de cuchilla en su casa, aunque no tengamos claro si los ninjas son jipis, punkis o mod. Cumbias para amantes de los animales. Dedicado a todos los mimetics motherfuckers, llegará el futuro y nos daremos de leches con machetes y puñales. ¿De qué vas, pavo? ¿Hay disco? HAY. A veces miro este disco y me repito mil veces cómo es posible que sea tan guapo. Es mejor perdonar a Los Ganglios o que te mueras tú si no te gustan.

48. Klaus & Kinski – Tierra, trágalos (2010)

La brújula desnortada que siempre fue la música de los murcianos Klaus & Kinski ha dado siempre cumbres (incluso cuando el grupo ya no existe, como en Alexanderplatz). Pero Tierra, trágalos tenía los hits más grandes que jamás tuvieron: sólo por ‘Mamá, no quiero ir al colegio’, K&K se merecerían amor eterno; es una canción que desde la primera que suena ya es Historia en mayúscula. Pero están aquí también la irradiante belleza tecnopoppie de ‘Brilla como una estrella’, la algarabía anarca de ‘Carne de Bakunin’, la épica planeadora de ‘Forma, sentido y realidad’, y la mejor canción que nunca hizo nadie en el indie-tex que nos ha inundado después: ‘Ley y moral’. Murcia, no te merecemos.

47. Estrella Fugaz – Un sendero fluorescente (2019)

De los discos más atípicos de la década, de la vida, uno de esos en los que necesitas volver una y otra vez sobres sus canciones, sobre tus pasos. Estrella Fugaz es Lucas Bolaño tocando y cantando, pero es muchas otras cosas. Es la estela de La Estrella de David dejando magia tras cada esquina. Es la paternidad, la madurez y darte cuenta de que es bonito-pero. Es Puerto Hurraco, el calor del verano, los idilios y las matanzas. Es un comienzo de disco deslumbrante y una segunda mitad maravillosa por lo desconcertante.

46. Óscar Mulero – Muscle and Mind (2015)

La vuelta al formato larga duración por parte de Oscar Mulero fue uno de los momentos más importantes de la electrónica nacional en toda la década. Un disco que, sin miedo al minútame, alberga algunos de los cortes más brillantes que Mulero ha producido nunca. Evocador sin renunciar a su esencia ni a unos recursos que no eran nuevos en su carrera, pero que no habían tenido un acabado tan elocuente. Puro músculo y mente.

45. Kiev Cuando Nieva – Los bienes (2016)

Kiev cuando nieva han sido la rara avis del pop español y, por desgracia, han seguido pasando una y otra vez bajo el radar. Lástima porque son un grupo gigante, que en cada disco han sabido explorar el pop buscando sus límites pero sin que se les deshiciese en las manos. A la altura de Los bienes, su quinto disco, eran como unos Brincos impregnados de toda la extrañeza de Gorky’s Zygotic Mynci. Algo tan irrepetible que hay que estar constantemente celebrando su existencia.

44. Jay – Vacaciones en Vietnam (2013)

En el primer disco de Jay, Vacaciones en Vietnam, hay tantas cosas diferentes, y tan bien ejecutadas, que cuesta no quedarse prendido de ellos. Por un lado tenemos los exabruptos noise y casi hardcore, como un Sonic Youth meets Karlos Osinaga, de sus Heavy Metal. Y por otro, tenemos la psicodelia al modo de The Telescopes y de Spacemen 3, que se manifiesta con totalitarismo y violencia en ‘Motero’, una canción gigantesca y adictiva.

43. McEnroe – La distancia (2019)

McEnroe - La Distancia

Cuatro años después de Rugen Las Flores, el regreso de McEnroe podría haber sido tomado por ellos mismos como un trámite, pero nada lo es en un grupo tan especial. Así que La Distancia les vale para demostrar, una y otra vez, en cada una de sus canciones, como un grupo puede querer tanto a sus canciones, tratarlas con tanto mimo, acurrucarlas y dejar que vayan creciendo. Todo en La distancia es un portento, pero ‘Asfalto’, con letra de la hija de Ricardo Lezón, es directamente una de las canciones más bellas que se hayan escrito nunca en español.

42. Iñigo Ugarteburu – Back & Forth (2012)

Back & Forth cayó en 2012 vía Foehn y a veces parece que sólo unos pocos estábamos en mitad de ese bosque y que aquel estruendoso golpe folk que nos llevamos fue silencio para el resto del mundo. Y también, desde aquel día, hemos pensado en este disco tantas veces como hemos vuelto, afortunados por haberlo podido tener a nuestra vera. Back & Forth, intrincado, instrumental, Lejos de narrativas pop, buscaba los ambientes, los paisajes y las evocaciones. Y lo hacía con una obsesión por los detalles que da igual si se viste de Fairport Convention, se alarga hasta los siete minutos largos de ‘Valentina’ o se viste de orquesta… siempre, siempre es un maravilloso y perfecto ejercicio de Folk.

41. Obsidian Kingdom – Mantiis (2012)

14 bocados de genialidad, dijimos en su día. Obsidian Kingdom se acostumbraron a vivir en lo difícil, entre un primer disco algo fallido y múltiples cambios de formación. Para cuando llegaron a 2012, lo más sensato hubiese sido no seguir adelante. En vez de eso lanzaron Mantiis para coronarse en el black metal hispano, conjugando belleza y horror, calma y brutalidad, en una montaña rusa con tantas rupturas como transiciones. En medio de la crisis, se construyeron una identidad que sólo podía pertenecerles a ellos con un disco grabado en estado de gracia.

40. Reeko / Architectural – Blue Album (2013)

El ovetense Juan Rico (Reeko) llegó a su tercer disco bajo ese seudónimo uniendo a otro de sus proyectos, Architectural, bajo el mismo techo. Y ahí ejecutó su techno cerebral, y superior, gracias a su mayor virtud: la de captar la emoción y el ritmo del género, la de conseguir atrapar al oyente en capas de gas como las que soltaba en ‘Blue’, la abstracción y oscuridad de cosas tan espléndidas como ‘Dualities’ o la evocación luminosa de reminiscencias glitch de ‘Sex On Klepper -22B’.

39. Pablo und Destruktion – Sangrín (2014)

Tras debutar a lo grande con Animal con parachoques, Pablo und Destruktion no podía repetir la misma jugada. Así que aquella psicodelia con barniz lo-fi se transformó en un personalísimo rock de autor-con-cuerdasypiano con el que vestir una lírica absolutamente desarmante. Entre baladas rurales, túneles que van de Asturias al infierno, folk-rock melancólico, entonaciones a lo Corcobado y sus chatarreros de sangre y cielo, y la intención absoluta de dar un enorme paso hacia delante transcurre un disco cortísimo pero indispensable.

38. Melange – Melange (2016)

73 minutos de un disco en el que nada sobra. Las trazas folk, psicodélicas, progresivas, y hasta flamencas del debut de Melange construyeron un disco que sigue manteniéndose como una obra sublime. Canciones como ese locurón de ‘Solera’ miran a cualquier divo de la psicodelia actual a la cara y sin sentimiento de inferioridad alguno. Ese aroma retro y lisérgico de ‘Verdiales del encuentro’, el sitar con el que no te dan ganas de huir de ‘Viaje a Cenera’, o la bestialidad de toda una manada de búfalos en estampida incontrolable (con breve espacio para la calma), al son de ‘Los ojos negros’. Ingredientes de sobra para, a mitad de disco, caer irremediablemente rendido a los casi incontables encantos de Melange. Un disco extraordinariamente ecléctico, pero con un sonido propio, un discurso Melange.

37. La Bien Querida – Brujería (2019)

La receta para todos los que se habían aburrido, en algún momento, de La Bien Querida. La demostración, también, de que su talento aflora más cuando, abiertamente, canta sobre el amor. Brujería es un disco con una recta inicial a la que te quedas pegado como mosca en la tela de araña, un tramo medio que quita el aliento y una recta final que pone los pelos de punta. Con canciones como “¿Qué?”, bailable y pegadiza hasta el agotamiento, hedonismo e incertidumbre para reflejar las idas y venidas del enamoramiento, La Bien Querida se corona como el mejor disco haya hecho La Bien Querida nunca.

36. Erik Urano & Zar1 – Cosmonáutica (2014)

La expectación máxima que existía con el segundo trabajo de Erik Urano se vio confirmada con creces tras escucharlo. Cosmonaútica superaba a su antecesor con una producción de Zar1 alucinante, llena de sonidos metálicos y espaciales que propulsan la lírica de Urano, tan magnífica como es habitual en él. Cosmonáutica nos obligaba a volver una y otra vez sobre nuestros pasos, en letras llenas de matices que lo mismo citaban a 1984, Sharon Tate, Futurama y Asimov que invitaban a escapar del mundo artificial del que no somos dueños. Y sus ritmos de ciencia ficción. En la nave espacial de Erik Urano & Zar1 te montas pero luego es imposible bajarse.

35. Atavismo – Desintegración (2014)

Desintegración es un viaje con cuatro etapas pero sin paradas, sin cambio de rumbo ni de ritmo al entrar en la estación. Es un rescate atávico, es un despertar de sensaciones olvidadas o de recuerdos desconocidos, es una fábrica de deja vus que gana en el largo plazo gracias a que te atrapa desde el principio. Presentarse con esta solidez habla mucho del talento de quien está detrás de esta placa, con Atavismo tenemos al fin candidato nacional a la primera división de la psicodelia. Se echa de menos a Viaje a 800, claro, pero uno puede conformarse con esto. Vaya si puede.

34. Mujeres – Marathon (2015)

Siempre que queríamos nuestra dosis de jitazos, y rapidito por favor, allí estaban Mujeres. Y, amigos, qué canciones hay aquí. Ni un segundo libre para pensar en ponerles pegas de ningún tipo: hits disparados a velocidad de vértigo, que nos traían primero a los Mujeres más al uso hasta ese año y que luego nos enseñaban el futuro de la banda, como esa maravillosa ‘Vivir sin ti’ en la que equilibraban el nervio pop a flor de piel y los berreos garrulos. Puede que, junto a los de Kokoshca y los de Titus, Marathon sea el disco con el que más veces hemos bebido, gritado y desafinado en estos diez años.

33. Lorena Álvarez – Colección de canciones sencillas (2019)

Lorena Álvarez recoge las enseñanzas de la música popular española, pero también de aquellos Animal Collective borrachos de folk en Sung Tongs (‘Persona’), de unos Fleet Foxes terrenales (‘La Nube’), de unos Grizzly Bear echados al campo (‘Cantos de Sirena’) y de una María Arnal menos cósmica (‘Los Eclipses’). En Colección de canciones sencillas hay esoterismo y psicodelia de baja intensidad, pero también berzas y aperos, Machado y Miguel Hernández. Se podría engalanar cualquier crítica sobre su disco con infinidad de referencias, y todas se pasarían de largo o se quedarían demasiado cortas. Tan sólo son catorce canciones sencillas. Catorce canciones elementales como un canto rodado, frescas como un manantial, sabrosas como un albérchigo. Catorce canciones maravillosas.

32. Fasenuova – Salsa de cuervo (2013)

Tras petarnos la cabeza con A la quinta hoguera, no estaba muy claro cómo iban Fasenuova a continuar su carrera. Pero en 2013 lo dejaron clarito: regresaron con un segundo disco mucho menos accesible o digerible que su debut, y a cambio nos dieron uno más hipnótico, oscuro e intenso. El ruidismo y la música industrial son el autentico rockanroll evolucionado. Los asturianos jugaron con los sonidos de Suicide y Esplendor Geométrico de una manera única y eso les convirtió en una de las bandas españolas más intrigantes y asombrosas que han salido durante esta década. Quizá no hay mejor muestra de su perfecta comunión entre el surrealismo y la pista de baile que Salsa de Cuervo, un disco con una rica paleta de colores y ritmos que contiene varias de sus mejores piezas.

31. Diego el Cigala – Romance de la luna tucumana (2013)

Para Diego el Cigala una de sus debilidades siempre fue Argentina; la otra, Cuba. Y tras haber publicado Cigala & Tango, el cantaor madrileño no pudo, no quiso, volver a sus orígenes, sino que siguió bebiendo las mieles del éxito acudiendo una vez más al folclore latinoamericano. De ahí nació Romance de la luna tucumana, lanzado desde los márgenes de la industria (sin discográfica) pero con apoyo mainstream (El País estuvo dale que te pego con él). Un disco de mestizaje total, Cuba, Argentina y el flamenco más ese toque sureño de la Gibson 295 de Diego García, que parece la de Manuel Galbán, con Changuito, Yelsi Heredia e Isidro Suárez como base rítmica. Con ese toque mágico solo al alcance de genios como Ry Cooder, pero hecho por Diego El Cigala.

30. Fabuloso Combo Espectro – Fabuloso Combo Espectro LP (2011)

Fabuloso Combo Espectro, gracias a Dios, fueron más punk que post y más garage que punk. Billy Childish: nosotros también te queremos. Y, coño, citaban a Los Ilegales. Había que quererlos incluso antes de que sacaran su disco. Pero lo lanzaron y lo afrontaron con la chulería de sus héroes: teclados febriles y enfervorizados, letras aplastadas por la marea sonora, ritmos primitivos, su saxo y cambios… Hay que amar el rock’n’roll (que no el rock) para hacer algo así. Las contorsiones de ‘Alfa Sextante’, la violencia de ‘Reingeniería aplicada a los procesos del mal’, la mala hostia saltarina de ‘Días de chandal’ o la muy descriptiva de lo que contiene ‘Galopando a lomos de un ataúd’. Vaya debut, colegas.

29. LCC – d/evolution (2014)

Un disco colosal. Uge Pañeda y Ana Quiroga son el ejemplo de una evolución constante, desde la grabación con instrumentos, el spoken word, la auto producción y los casios, a un buen sello español y finalmente a uno de los grandes en el campo de la electrónica experimental, Editions Mego. Y no pudieron recaer en mejor casa, en la que el ambient y el juego con la atmósfera son la norma. De eso va d/evolution. Completísimo de arriba abajo, brilla como el primer día gracias a sus poderosas composiciones y a la variedad que existe dentro de este dark ambient. En él encontramos la habitual densa capa que te estruja como tan bien hacía Ethernet, y los desarrollos vigorosos de Roly Porter, a punto de salirse de órbita y fundirse en el sol. Paisajes post-apocalípticos, de un mundo abandonado, destruido por la mano del hombre, en la que poco queda salvo la nada.

28. Bigott – This Is the Beginning of a Beautiful Friendship (2010)

Bigott ha sido muchas cosas a lo largo de esta década, y casi todas las ha sido de la forma más brillante posible. Pero en ningún caso ha sido tan imprescindible, como en las diez brevísimas canciones de «This is the begining of a beautiful friendship». Un disco que significó muchas cosas, desde su relativo estrellato nacional hasta el culmen (y el desgaste definitivo) de aquel crooner de intenciones amables, pero que ante todo le reservó un hueco más que merecido entre lo más granado de su generación. Un alegato a la simplicidad, al buen humor, al mimo por el detalle y a la originalidad. Un verso suelto genial.

27. Fantasmage – Fantasmage (2012)

Fue todo tan breve que alguien podría pensar que lo soñamos. No hay grupo que mejor represente el espíritu del extinto Discos Humeantes: se hicieron imprescindibles en poco tiempo, con un producto sencillo a la par que efectivo y desaparecieron tal cual. Todo nos parecía una mierda el día que anunciaron su separación. Con su primer y único disco, de título homónimo, los vigueses emergieron con una fuerza arrolladora, directa a nuestras caderas para hacernos bailar sin parar. Riffs machacones y divertidos, canciones casi clónicas pero no menos adictivas por ello. Desde que arranca ‘Vuelta a empezar’ hasta que termina ‘Vaciado’, el disco es toda una fiesta que no te cansas de poner en repeat. Un canto al garage fantasmagórico y a hacer lo mismo una y otra vez. Joder, igual sí fue un sueño.

26. Los Punsetes – Una montaña es una montaña (2012)

Los Punsetes Una montaña es una montaña

El disco que certificó a Los Punsetes como un grupo inapelable, con más canciones que nunca, más maneras de tocarlas (y cantarlas) y más necesidad de crecer. Un disco completo, redondo, que no quiere epatar mediante jitazos (eso ya sabemos que lo hacen BIEN siempre), sino que da forma a un grupo ambicioso. El disco de ‘Alférez provisional’, de ‘Un corte limpio’, de ‘Los glaciares’, de ‘Tráfico de órganos de iglesia’, de ‘Mis amigos’, de ‘155’. Y de la mejor canción de amor hijoputa de la década, de la vida: ‘untitled’.