25. Kase.O – El Círculo (2016)

El Kase.O más maduro. Desde luego que esperábamos que una de las figuras fundamentales del hip-hop español se hiciese adulto brillando, pero no creíamos que en 2016 iba a sacar un disco tan rotundo, tan inmenso, tan capaz de seguir siendo relevante justo en el momento en que la escena parecía reclamar cambios generacionales rupturistas. Comienzo el disco con “Kase O ha vuelto al ejercicio, la primera frase es para los que están desde el inicio” y empieza a saldar cuentas con todo el mundo, incluido con él mismo. Especialmente con él mismo, de hecho, como demuestran ‘Yemen’, ‘Triste’, ‘Viejos Ciegos’ o la colosal ‘Guapo Tarde’, lo más cerca que ha estado el hip-hop español de tener una novela de iniciación y del fin de la adolescencia. ‘Interludio Quieren Copiar’ demuestra que no hay nadie como él, en ‘Esto no para’ crea el single perfecto, en ‘Mitad y mitad’ se acerca al pop sin salir escaldado y, vaya, ‘Basureta (tiempos raros)’ define tan bien lo que es la crisis de la madurez que uno no puede salir ileso de escucharla. Ibarra, eres el puto amo.

24. Cuchillo de Fuego – Triple España (2014)

No necesitábamos una revolución musical, necesitábamos una buena hostia, porque en 2014 no podíamos con el olor a podredumbre. Y de eso sabían bastante en Galicia, donde Cuchillo de Fuego se desmarcaban del noise-pop que cotizaba alto para enfundarse el músculo post-hardcore, para lanzarse a dentalladas como en su día habían hecho Jesus Lizard. Desde Pontevedra, en 2014 fue el debut más brillante del año, un auténtico cañón, con unas guitarras tan cortantes y afiladas elaborando riffs flamígeros y explosivos como el nombre elegido por el grupo. Sin concesiones, con una batería potentísima y la desgarradora voz de Juan Fernández Navazas, Cuchillo de Fuego sacaron pepinazos en forma de canciones como si salieran desde sus mismísimas entrañas. Temas como ‘Electrónica Martínez’ o ‘Bouquet (Fuego y Mierda)’ no se crean, directamente salen de tus visceras.

23. Hazte Lapón – No son tu marido (2015)

«¿Estáis seguros de que es el caos la respuesta a mis plegarias?», cantaban Hazte Lapón en ‘Hushpuppy’, pregunta que reverbera por los cuatro costados de No son tu marido, cuestión que, imagino, sigue atenazando a toda una generación de españoles lo suficientemente desencantados como para abrazar el caos, pero también lo suficientemente acomodados como para temerlo. En ese impás, tan tibio, tan desdibujado, tan sin nada demasiado relevante que decir, Hazte Lapón lograron componer un disco generacional, repleto de dudas, de desencuentros y de canciones brillantes. Ya fuera en el amor, en la rutina de pareja que consume las entrañas poco a poco, en el turismo alienado, en la inestabilidad de una mudanza.

«Ya sé que es lo que pasa siempre, ya sé que siempre me dices que esto es lo que me pasa siempre», entonaban ya casi en su recta final. No son tu marido fue un esbozo de la incertidumbre vital. Una pregunta retórica que no movilizaba y que nos inundaba de tristeza. Una daga en el corazón, aún hoy.

22. Camellos – Embajadores (2017)

Hay dos formas de tomarse el punk: o extremadamente en serio, como hicieron Minor Threat, o extremadamente a la ligera, como hicieron, a su modo, Minutemen. Camellos pertenecen al segundo grupo. Embajadores sigue sonando hoy con la misma livianidad, sorna y frescura del primer día. Aquí hay estribillos aptos para el desgañite, comentario social (esa pequeña joya que es ‘Caja de Pino’), una contundencia rítmica apabullante y recovecos líricos inagotables («tu padre es conde de Romanones, tu padre te esconde las pastillas en cajones», «becaria en una droguería, aquí no venden lo que yo quería», «gracias Instagram, pero Tinder me da más», «corro maratones, corro riesgos, me patrocina Kelme, pero yo soy más de Adidas, son tres filas seguidas»).

En fin. Si no es el disco más divertido de la década se queda muy cerca.

21. Rocío Márquez – Firmamento (2017)

Flamenco y muchas cosas más es lo que aparece recogido en el segundo disco de Rocío Márquez, que sirve de continuación para el fantástico El niño (Universal Music, 2014) a pesar de que sonoramente no tenga demasiado que ver. En Firmamento vuelve a acudir al legado de los grandes, pero esta vez lo pinta de jazz y melodías que recuerdan al intercambio cultural entre ambos lados del Atlántico. Y de paso nos recuerda que en tiempos en los que todo está inventado, la fusión es el único camino para romper las normas escritas.

20. Horn of the Rhino – Weight of Coronation (2014)

Ninguna banda de metal española ha tenido el peso y la energía que estos txapeldunes de Bilbao, que llevaron a una nueva dimensión los reinos del doom metal y el stoner. Aunque quedarse sólo con uno de sus imprescindibles trabajos es complicado, Weight of Coronation los puso definitivamente en el mapa y presentaba la mejor versión posible de su sonido, con un cantante más Chris Cornell que nunca y con un entendimiento impecable del legado de Black Sabbath.

19. Vulk – Ground for Dogs (2018)

El post-punk ofrece dos caminos: el primero habla de un patrón estético, del reciclaje de tendencias añejas y su síntesis en un lenguaje moderno, bello, insípido; el segundo habla de la propia definición originaria de género, un más-allá-del-punk, una amalgama de temas y sonidos que oscilan entre el tenebrismo, la experimentación sintética, el post-hardcore o la no wave. Vulk se mueven con maestría en este último apartado, y son una rara avis, una bendita rara avis, por ello mismo. Ground for Dogs los confirmó como el grupo más afilado, más visceral, más difícil de catalogar y, en suma, más excitante de la península. Influye su despliegue estético, aún no eclosionado, y su rodillo sobre el escenario. Pero también un disco breve, sin fisuras, entregado a composiciones sofisticadas que no pierden un ápice de agresividad y violencia.

En el post-todo, Vulk son un milagro.

18. Rosalía – El Mal Querer (2018)

Globalmente, el disco más importante de la música española de la década. Rosalía saltó de Refree (ni olvido ni perdón) al Guincho y por el camino se encontró con la cara que mejor encajaba en el zeitgeist y que le convertiría en estrella absoluta. Y todo con un disco que no era precisamente el caramelo que la industria esperaba: un concepto que iba muchísimo más lejos que lo que el hit ‘Malamente’ podía aventurar. Pero, claro, la ola de El Mal Querer no había ya quien la parase. Hoy ya es tsunami.

17. Juventud Juché – Quemadero (2013)

Hay suficientes cerillas para quemar la nación en Quemadero, no importa cuántas dejen de prender, y eso basta. Todo un mundo de posibilidades limitado por los requerimientos de un género como el Post-punk lindando el Art Punk: esto es, ninguno. Juventud Juché son ahora un grupo que se deja escuchar con menos facilidad. Sus canciones son menos amistosas y el punto facilón/pop al modo The Feelies que sobrevolaba su EP se ha esfumado. Quemadero supera todo con palabras que son llamaradas y canciones que duran dos veces más. Más todo: más bailables, más largas, más grandes, más Swell Maps, más The Fall, más macarras. Más Punk (y, gracias a eso, menos punk porque ésta era la única vía posible).

16. Los Claveles – Mesetario (2012)

Los Claveles descubrieronn que les engañaba todo el mundo: el que vende una mierda con cables como bien primario; todos los que rubrican eso de que con la vergüenza ni se come ni se almuerza y, por eso mismo, practican una desvergüenza absoluta. Sí, España se llenó de Estafas en 2012 y el debut de Los Claveles, un grupazo que funcionaba TAN magníficamente en los EPs (el posterior ‘Ojos’ es su obra maestra), supo capturar bien aquel momento y llenarlo de himnos. Sonido cien por cien 80s, más frenético que gélido, más a cara de perro, el de un disco de garageo a quemarropa, fiestas y violencia en la meseta y el frenesí de ‘La Pena Negra‘. BUM.

15. Betacam – Mítico (2018)

Las canciones que bailaremos agarrados en la orquesta del pueblo. Porque algún día tendrán que tocarlas, algún día el Mítico de Betacam será justo lo que su nombre indica y todo el mundo será más feliz gracias a canciones como ‘Chacal’, ‘Ave Rapaz’, ‘Canoe’, ‘No más’, ‘Extraterrestre’, ‘Reliquias’. En 2018, cuando Betacam llevaba años aspirando a más nos dio su triple salto, su sorpasso mortal, el animal que llevaba dentro y se empeñaba en negar. Un disco de pop eterno, tecno-pop de reír y llorar, de arreglos y cambios de ritmo inmortales, de historias como la de ‘Otras Chavalas’ (quiero que salga bien, daría la vida por ti aunque a veces me muera de ganas de besar a otras) o ‘La discusión’ (la gran canción de no-divorcio del pop español). Vaya colosal cantidad de hits. Betacam, nuestro petshopboy, haznos un hijo. Lo siento, me arrepiento, sé perfectamente lo que me pasa (Mítico), qué bien que estés en casa.

14. Viaje a 800 – Coñac Oxigenado (2012)

Del desierto de Almería a la Alpujarra Granadina. Los andaluces cogieron el legado de Triana, Alameda o Medina Azahara y lo pasaron por el filtro de Black Sabbath. El resultado es uno de los discos que mejor muestran la enjundia y trascendencia que el Rock Andaluz llegó a alcanzar hace unas cuantas décadas. Lástima que este fuese su último viaje, pero anda que no lo disfrutamos bastante.

13. Niño de Elche – Voces del extremo (2015)

Niño de Elche llamó a Pony Bravo y a los autores de la Poesía de la consciencia para dejar claro que la pureza no es un freno ni pertenece a nadie y también para acabar con ella en el mismo disco. Francisco Contreras logra articular un discurso coherente a pesar de recoger alegatos en una dirección y la contraria. Precisamente gracias a esa ambivalencia entre tradición y transgresión su obra adquiere credibilidad, pues es necesario conocerse la tradición al dedillo para así poder cuestionarla y romper sus normas sin que el resultado se salga del área de actuación que permite que la realidad siga existiendo. Voces del Extremo se sirve de la transgresión para hacer un paralelismo entre el impermeable Flamenco y la tradicional y vasta España, esa en la que todos nos odiamos por no aceptar nuestras diferencias.

12. Los Planetas – Zona temporalmente autónoma (2017)

La resurrección de Los Planetas. Que sí , estuvieron muertos creativamente: primero, por el bajón de la Opera Egipcia, después por cosas tan lamentables como ese concierto en honor a Una semana en el motor de un autobús que en realidad no quiso honrar al disco sino asesinar su recuerdo para ver si luego era capaz de remontar (o eso, o no nos lo explicamos).

Cuando no dábamos un duro por Los Planetas, el mejor grupo en Español de los últimos 30 años nos tapó las bocazas con un disco que es, de principio a fin, una obra maestra. Uno en el que casi todas las canciones podrían optar a entrar en un hipotético top 20 de mejores canciones planeteras. El disco de Islamabad, sí, pero también el de ‘Una cruz a cuestas’, la preciosa ‘Hierro y Niquel’, la gloriosa ‘Porque me lo digas tú’, la reflexiva ‘Amanecer’ o ‘Hay una estrella’. Joder, qué emocionante fue volverlos a tener así, poniéndonos los pelos de punta.

11. John Talabot – ƒIN (2012)

Muerte a los hits. John Talabot nos malacostumbró a que todos sus singles eran tan buenos que nos esperábamos un disco lleno de pepinazos. Y lo que nos entregó era todo lo contrario: uno en el que reflexionaba sobre los problemas del House, le devolvía el alma que el género había ido perdiendo en los últimos lustros y planteaba un viaje calculado al milímetro, con los crescendos bien situados, recorridos sin resultar excesivos, sintetizadores exactos, bases suaves, sin grandes bajos, voces amenas y engarzadas en las melodías sin tampoco llevarse más protagonismo que estas. Acid, pianos, el denominado sonido Mediterráneo, el Krautrock, gusto por el Trance, los sonidos de campo, la percusión, lo tribal, la psicodelia actual, los timbres indios… Si John Talabot no quería que ningún tema sobresaliese no íbamos nosotros a joderle el plan que tan bien le había salido.

10. Hidrogenesse – Un dígito binario dudoso (2012)

El homenaje a Alan Turing fue también el momento en el que todas las almas de Hidrogenesse confluyeron definitivamente. Sabíamos de su capacidad para ser piedras de toque del synth-pop progresivo, plantas con las raíces bien puestas en el show intelectual-pero-accesible, máquinas-máquinas-máquinas de jitazos y animalitos conceptuales. Y aquí reunieron todas las piezas de sus puzzles, en canciones grandísimas, ganchos en cada recoveco y la odisea pop más grande de estos años. No hay nada, aún, como ‘Historia del mundo contada por las computadoras’. Posiblemente no haya nunca un grupo como Hidrogenesse.

9. El Palacio de Linares – Ataque de Amor (2016)

Palacio de linares

Ay. Ay cuando este disco llegó. El mundo estaba lleno de maldad entonces y aún sigue estándolo (los hijosdeputa que no se callan en los conciertos ahora además no se callan tampoco fuera de ellos), pero nos lo hizo más sencillo. Bonito y desasosegante, lo de Ataque de amor de El Palacio de Linares (continuado después por Largos Agotadores, nuestros Murmur y Reckoning) es reencontrarse con la envidia que te da la gente que sabe hacer el POP tan bien: entienden lo sencillo que es, que es justo lo que los demás no sabríamos repetir. Cancionacas pop no sólo por cómo suenan, sino por todo de lo que hablan: “Ay, no sé, que es que he cumplido los 30” y el Football Manager ahí, aún, en vena.

Me da un poco de palo reconocer que un disco flipante, importante, relevante, brillante me produce algo de pena.

Nuestro campanamuertismo, de aquí a la eternidad.

8. La Estrella de David – Consagración (2018)

Consagración y se fotografía sacando la basura. Y se pone a canturrear a Pilar Rahola. Y titular una canción ‘Noches de Blanco Satán’. David tiene el don de que nunca parezca que algo va del todo en serio. O del todo de broma. Y si su primer disco fuera de Beef ya fue la colección de canciones más atípicas venidas del cantautor más especial que podríamos haber imaginado, lo de Consagración es directamente de otro planeta. ¿De dónde vino? Uno de esos pocos discos con los que no hay nada que extractar: te lo escuchas de principio a fin y luego, si le pones alguna pega, nos habrá parecido que estuvo en tu cabeza y que eres gilipollas. Qué letras, qué música, qué puta pasada.

7. Lüger – Concrete Light (2011) / Gran Aparato Eléctrico – Espejo espejito

Porque el espacio puede ser denso, abigarrado y un lugar de puro horror vacui. Y el space-rock también. Lüger lo entendieron a la perfección y sacaron el disco de psicodelia nacional del que los Spacemen 3 estarían orgullosos de llamar hijo. Además, es un disco de space rock que te podrías poner viendo una de los monstruos de la Universal, así que no descartemos un parentesco lejano. Y que eso, menuda animalada de disco.

Y mientras, Cristina Plaza, en una salita de estar, crea el disco más emotivo de pop íntimo. Uno capaz de encadenar frases como “esta casa está asegurada de incendios, me aseguraron que tendría uno cada cierto tiempo. Aún quedan los rescoldos del último y a veces sopla un viento ligero: no consigue reavivarlos, tampoco acabar con ellos ”. Canciones en menos de un minuto y medio, voces desde el más allá, lo-fi bailable (con ‘Escorpiones’ lo harías si no llorases cada vez que suena; “siempre acabo metiendo la mano en un nido de escorpiones”), hogueras emocionales (‘Cuando era invisible’; vaya historiaza pop), y una necesidad absoluta de estar fuera de la escena, de la actualidad, del mundo. ‘Entre los pinos’, el reverso aún más tenebroso del ‘Pinta de Tarao’ de Los Punsetes, es tal cumbre de la música pop que duele muchísimo que hoy, si no estuviste atento a su bandcamp en su momento, ya no se pueda ni escuchar.

6. Espanto – Fruta y verdura (2016)

Lo que me importa de verdad es que te importe el rock’n’roll. Y Espanto nunca han dejado de ser un grupo de rock’n’roll escondido tras una pasión absoluta por el pop más pequeño, por el vodevil y el sainete y por vete a saber qué más. Y en Fruta y Verdura ya no sólo se dejaron producir como un grupo (eso ya había pasado antes), sino que además consiguieron que el sonido de otros no se les comiese. Por eso ‘Morirás’ tiene un uoooh que suena a Jesus & Mary Chain y un mamamama que suena a ya sabes qué; Por eso, ’Un loco en una isla’ es frenética al estilo Spicnic y, de repente, te planta un coro ominoso que acaba en guitarrazo; por eso ‘Atravesado por el Rayo’ es realismo mágico con voces al límite y percusiones que ni idea de dónde han salido; por eso ‘La selva’ parece un musical de Broadway; por eso etc…

Espanto ya era un grupo imprescindible, pero Fruta y Verdura les convirtió en uno absolutamente impredecible en su brillantez. De ‘Morirás’ a ‘El Tigre y yo’ hay una tempestad de talento desbordando cada uno de sus límites. No hablamos de un riachuelo cualquiera: hablamos de la misma sensación que tiene ver a un río como el Ebro (enorme, caudaloso, casi siempre autocontenido) salirse de sus márgenes. Desde lejos, a vista aérea, es alucinante. Desde cerca da miedo que te lleve con él (a ti o a tus cosas) y a la vez es un “ya te lo decía yo”. Ambicioso y arriesgado en lo musical, y punzante en lo lírico, los Espanto de 2017 son responsables de los antihits más grandes de este año. Mirados fríamente, ninguno debería tener oportunidad alguna, pero tu cabeza siempre se queda a tararearlos, a cantarlos y a tratar de encajarlos en los huecos de tu vida. Buenos y salvajes.

5. Kokoshca – Algo real (2016)

Lejos de la perfección, a Kokoshca los discos se les quedan cortos cuando deciden lanzarse al barro de la nocturnidad y el feísmo. Un feísmo rock necesario en tiempos de pulcritud estética por doquier y de minimalismo decorativo. Kokoshca, en Algo real, vuelven a ser un canto a los aspectos más reflexivos de la existencia mundana, pero desde una perspectiva alcoholizada y llena de episodios terrenales, de calles y bares presentes en la memoria y en la realidad de todos. Todo ello, además, sumado a una fabulosa capacidad para crear hits mecánicos y perfectos año tras año. Larga vida.

4. Triángulo de Amor Bizarro – Año Santo (2010) / Salve Discordia (2016)

En 2010 su mejor disco, en 2016 su nuevo mejor disco. En 2010, su disco más pop, en 2016 su disco realmente más pop. En 2010, el disco que mejor recogía el grupo formidable de los directos, imaginativo a los pedales en su noise pop a chorro contagioso. En 2016, el disco que mejor recogía el grupo formidable de los directos, imaginativo a los pedales en su noise pop a chorro contagioso.

¿Esta gente tiene fin? Porque Triángulo de Amor Bizarro parecían mucho más limitados cuando nos enamoramos de ellos por primera vez hace ya casi 20 años y, oigan, que esto no para y cada nuevo paso lo deja clarísimo. Son el mismo grupo y ni siquiera podemos decir que estos discos sean muy diferentes, pero (y he aquí la sorpresa) Año Santo y Salve Discordia son tan poco parecidos entre sí que se merecían estar aquí juntitos. Y ya con esto listón inalcanzable, ¿no? Pues no, joder, en 2020 vuelven y NI SE DUDA DE ELLOS. TAB, el grupo de nuestras vidas.

3. Exquirla – Para quienes aún viven (2017)

Qué década en España, que no se nos acaban los discos inmensos. Que sí, teníamos expectativas a la unión de Toundra con Niño de Elche, pero no nos imaginábamos que iba a ser el mejor disco de cada uno de sus integrantes. Recorriendo los senderos de Omega, pero desde el post-rock, y demostrando que se pueden transitar sin miedo, por mucho que aquel sea ya un disco totémico, imposible de superar e inabarcable, el proyecto Exquirla se atrevió y triunfó. Dios, ‘Europa Muda’, qué jodida barbaridad. Qué disco antológico y cuántas cosas por explorar aquí aún. .

2. Maria Arnal & Marcel Bagés – 45 cerebros y 1 corazón (2017)

Una fosa común perdida en el olvido de la Guerra Civil no es un buen punto de partida para nadie. He aquí, sin embargo, a dos artistas de privilegiada proyección. Maria Arnal y Marcel Bagés agarraron aquel recuerdo aciago de la España negra, lo envolvieron en bailes y ritmos tradicionales del delta del Ebro, de la Castilla interior, de la costa valenciana, le dotaron de un toque de vanguardia y surrealismo sideral, lo arrastraron al alegato político y a un Alan Moore que también podría ser Chtulhu y ¡bum!, cuadraron un debut como no se recordaba en este país desde hacía lustros.

1. Lisabö – Animalia Lotsatuen Putzua (2011)

Lisabö - Animalia Lotsatuen Putzua (2011)

Se puede hablar de los referentes, especialmente del sonido post-hardcore, pero con el disco en la mano y viendo ya toda la discografía de Lisabö… es evidente que su principal referente son ellos mismos. Y que son un grupo ilimitado. En 2011, justo cuando el año terminaba, volvieron también a apostar todo a la potencia, a darle con toda la energía posible a las guitarras para exprimir los altavoces al máximo. A que en la calma no hubiese descanso, sino rabia entrando en punto de ebullición. Crudos y elementales, tal y como refleja a la perfección su estupenda portada. Sobran los artificios cuando hay argumentos suficientes para decirlo todo directamente, tirando de músculo y de un sonido debidamente editado para que tanta energía no acabe convertida en una bola de ruido. Ferocidad en el espíritu, rudeza en las formas, talento en la aplicación y éxito en los resultados. No hay otro que lo supere: el disco que siempre te pasa por encima.