Hora de cerrar el año. Podríamos dar una parrafada intensa sobre cómo ha sido 2019, pero la verdad es que ya no nos acordamos de nada. Sólo sabemos que os esperamos por aquí otro año más.

Spoiler para vuestra tranquilidad: nuestra lista de mejores discos de 2019 no la encabeza ningún japonés.

51. King Gizzard and the Lizard Wizard – Infest the Rats’ Nest

King Gizzard Infest the Rats’ Nest

El enésimo giro de guión en esa sitcom que es “El sonido de King Gizzard and the Lizard Wizard”. Esta temporada ha tocado el thrash metal. Los australianos suelen tener mucha astucia cuando se acercan al metal, ya que nunca se les queda como un movimiento impostado o artificial. Aquí, logran un disco demoledor, como corresponde al género, y divertido, como les corresponde a ellos. Y bravo por ellos por hacer el tema ecologista más burro y ocurrente con el que contrarrestar el ecologismo cuqui (There is no Planet B!).

50. Billie Eilish – When We All Fall Asleep, Where Do We Go?

Lo de esta chica tiene mucho mérito, os pongáis como os pongáis. Que su debut en largo pueda conciliar a adolescentes en plena fase de auto descubrimiento cultural y a señores ya lo suficientemente mayores como para haber superado la cínica barrera del “cualquier tiempo pasado fue mejor” es algo solo a la altura de muy pocos. Pop oscuro, vibrante, atrevido, que tan pronto te cuela unos efectos ASMR como samples de The Office porque sí, y que merece más atención de la que su fama podría dar a entender.

49. Fury – Failed Entertainment

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Hay más grupos llamados Fury de los que estamos dispuestos a asumir, pero Failed Entertainment eleva a los Fury californianos muy por encima del resto con un brote epiléptico de hardcore punk como no ha habido otro similar este año. Una recuperación de lo que ocurría en el estilo a finales de los 80 que revienta los altavoces y es sólo (nada más ni nada menos) lo que necesitas.

48. Slaughter Beach, Dog – Safe and Also No Fear

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En un momento de la línea temporal de este universo, los amantes de los Pixies decidieron desenchufarse y lanzarse al folk. Y desde las acústicas y la bajona (One day you’ll be good. You won’t know why it scared you. You’ll act just like you should. You’ll fix that awful hairdo… Anyday now”) se han ido construyendo pequeñas joyas de la intimidad pop y de la confesión con gancho. Ni cantautores ni todo lo contrario, ni emos ni todo lo contrario, ni pop ni todo lo contrario. En el mismo lugar en el que nacen las canciones de The Mountain Goats lo hacen también las de Slaughter Beach, Dog, que sirven además de asilo contra el ruido y la furia y de refugio si el resto del mundo te resulta tan indiferente como tú a él.

47. Somn – The All-Devouring

Somn - The All-Devouring

Se puede y se debe abominar de cualquier proyecto auto-adscrito a las repetitivas y casi siempre fraudulentas propuestas del “Blackgaze”, aquel movimiento tan propio de la década que nos deja y que sólo encontró puntos de verdadera inspiración en momentos muy ocasionales. Nada de ello es óbice para reconocer aquí lo evidente: Somn han logrado redondear un género que, por más que suene caduco y gastado, sigue disparando las emociones cuando se interpreta con maestría y a revoluciones tan disparadas. Es su caso. Nada hay que reprochar en The All-Devouring y sí muchísimo que disfrutar. Especialmente en ese “Awe” que, por momentos, parece devorar todo cuanto le rodea.

46. Placid Angels – First Blue Sky

Al fin John Beltran ha rescatado un proyecto que llevaba en letargo 22 años. Dentro de su inequívoca y reconocible intención de innovar y experimentar siempre con cantidad de sonidos, buscando aristas y mezclas poco comunes, Placid Angels asume su potencial con un notable regreso en este First Blue Sky. Un reverso de breakbeat, ambient y drum ‘n’ bass que quita el hipo por su belleza. Sin más. Es un álbum que tiene su principal sustento en un drum ‘b’ bass atmosférico. Partiendo de ahí, puede tirar de breaks, de D’n’B más canónica o de secciones vocales femeninos que dan la puntilla a una melodía cuidada y preciosista ante la que queda poco más que claudicar. Si el grado de inspiración hubiera sido unas décimas mayor, hablaríamos de un disco excelente. Eso sí, hay pasajes que son realmente sublimes.

45. Obsequiae – The Palms of Sorrowed Kings

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Cuando Obsequiae lanzaron en 2015 Aria of Vernal Tombs lo hicieron, en muchos sentidos, a contracorriente. En plena efervescencia extrema del Black Metal, ellos apelaban a las variantes más melódicas y accesibles de mediados de los noventa. También las más desechables, por indigestas, por romas. Cuatro años después aquella propuesta repleta de referencias medievales y secciones de arpa ha tornado en un producto sólido y disfrutable, en un artefacto tan apto para paladares acostumbrados a la vanguardia como a terrenos tradicionalmente ajenos al Metal Extremo. The Palms of Sorrowed Kings recoge las muchas virtudes de su antecesor y lo eleva un peldaño por encima, en un resultado sensacional.

44. Have a Nice Life – Sea of Worry

Have a Nice Life Sea of Worry

Imposible igualar la altura de Deathconcioussnees, Have a Nice Life llegan con su habitual parsimonia al tercer disco y entregan una obra sobre lo jodido que es darte cuenta de que has sido padre y ahora tienes vidas en tus manos. Sobre responsabilidades deseadas que, sin embargo, nunca se te explican bien del todo. No hay muerte, aún, como por desgracia sí encontramos en el disco de Idles del año pasado, sino la constatación de que estar jodido, emocionalmente demasiado expuesto y satisfecho son cosas que pueden llegar a la vez. ‘Science Beat’ (con su bajo saltarín y su rabia implosionando) o ‘Trespassers W’, ‘Lords of Tresserhorn’ y la eclesial ‘Destinos’, 13 minutos de algo parecido a post-goth-rock, redondean otro disco imprescindible. El tercero de un grupo al que es imposible no amar.

43. Shed – Oderbruch

Aunque el alemán no ha conseguido llegar a su máximo nivel, qué duda cabe de que Oderbruch muestra por qué Shed es uno de los bisturís más interesantes del techno teutón. El suyo ha sido un proyecto que siempre ha buscado explorar varias de sus vertientes, desde el ambient techno hasta el dub y los breaks, pasando por los graves a bocajarro. Si bien aquí no hay tanto músculo, hay una buena dosis de matices, detalles y breaks que resultan luminosos, inspiradores y que inyectan en sus capas un aire de esplendor fantástico.

42. Nkisi – 7 Directions

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Uno de los trabajos más tempraneros del curso y aún de los más enigmáticos una vez finalizado este. La productora congoleña conjuga un inusual techno de ambientes con el Coupé-Décalé. Una incontestable combinación de música popular de su tierra con un género a veces tan encorsetado y manoseado que da como resultado un trabajo con mucha fuerza, en el que encontrar las diferentes percusiones como el elemento diferenciador que marca las distancias con otros discos de género este año. Corto, vigoroso y empoderador.

41. clipping. – There Existed an Addiction to Blood

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Al hip hop le faltaba su propio disco que encapsulara el caos y han tenido que ser otros los que cogieran la labor que parecía destinada a Death Grips, más ocupados en perderse en sí mismos y bordear peligrosamente la autoparodia. clipping. por fin dan el salto para ser algo más que una ocurrencia, que aquí había grupo capaz de conjugar las bases más siniestras con el nervio más puro. Alguien capaz de contar algo más allá del ruido. Aquí logran su mejor disco, uno que mantiene su esencia distorsionada pero que aquí se conduce al disco más lleno de ideas y atrevimiento que ha dado el género este año.

40. Weyes Blood – Titanic Rising

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Hay discos sólo explicables desde el talento, el talento puro capaz de aglutinar un pastiche de referencias ochenteras, de producción de tintes AOR, de solipsismo etéreo, de tremendismo narrativo. En manos de cualquier otra compositora menos dotada, Titanic Rising podría haber sido un fracaso descomunal. Y sin embargo no lo es. Porque Weyes Blood logra que todo funcione, que cada pieza tenga la dosis adecuada de onirismo experimental y raigambre pop; que a cada devaneo abstracto le suceda un contrapunto preñado de realidad, tan real como “Everyday”, la bandera de todos los que una vez se enamoraron de todo y de nada al mismo tiempo, en un estado de alteración sensorial diario para el que no hay explicación o necesidad, pura dopamina emocional.

Jamás caben peros al talento. De ningún tipo. Y Natalie Merling es ahora mismo un dechado de talento.

39. Sharon Van Etten – Remind Me Tomorrow

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No, no hay disco menor de Sharon Van Etten a día de hoy. Remind Me Tomorrow es, sí, un recorrido mucho menos lineal por todo lo que Van Etten hace a las mil maravillas: que si el folk íntimo, que si el pop de dormitorio, que si la épica de cámara o, incluso, la canción perfecta de banda sonora de película de John Landis. Y aunque, supuestamente, esa perspectiva más alocada debería abrir fisuras, lo que deja es el disco más divertido de Sharon Van Etten, su montaña rusa particular.

38. Titus Andronicus – An Obelisk

Titus Andronicus An Obelisk
Titus Andronicus An Obelisk

Tras dividirnos con A Productive Cough, Titus Andronicus sabían perfectamente que volver a su base era la opción más inteligente, incluso para unos aparentes cazurros como ellos. Así que An Obelisk es ‘Local Business 2′, un acercamiento directo y con punch a las principales señas de identidad de Titus: el rock tabernero, la épica punk, la desazón mental y lírica y los coros beodos que siempre querrás gritar. Con Patrick en modo sublime en las letras, y la banda atacando las canciones para que siempre haya razón para volver a ellas, An Obelisk es el disco que crece y crece… si es que aún hay quien quiera escucharlo.

37. Abyssal – A Beacon in the Husk

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La mente de Gregg Cowell está acostumbrada a darse paseos por los infiernos (probablemente disfrute viendo Cats), y de sus experiencias compone piezas para danzar en los pasillos del Hades. Todo lo que vuelca en su proyecto Abyssal marca una perfecta comunión entre extremos: entre lo barroco y lo bárbaro, entre las corrientes clásicas y las modernas, entre lo caótico y lo sublime. Su carrera cristaliza aquí, en un disco que lo consolida como alumno avanzado de gente como Portal y muestra más callo compositivo que gente con más bombo, como Blood Incantation.

36. Institute – Readjusting the Locks

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Tres discos como tres soles después, Institute se han posado sobre la cima de su talento. Readjusting the Locks es un recopilatorio de todo lo que ha importado y siempre importará en los ásperos terrenos más-allá-del-rock. ¿El proto-hardcore de Bad Brains? A raudales. ¿La aspereza tétrica de unos jovencitos Joy Division? En cada rincón del disco. ¿El sentido de la inmediatez de The Adverts? Al minutaje me remito. ¿La suciedad de los Cramps? Sí. Siempre sí. Piensa en tu grupos punk/post-punk/hardcore favorito y lo encontrarás aquí. Un disco que se proyecta a través de décadas de conocimiento acumulado. Progresión en la más precisa definición del término.

35. Max Richter & Loren Balfe – Ad Astra

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En una película tan BONITA, persuasiva y de matices como Ad Astra, Richter tenía difícil tirar de su manual de estilo conocido. Así que decide ir a saltos entre todos sus oleajes, y crea un disco fantástico. Incómoda dentro del relato, incomodísima fuera de él, la BSO de Ad Astra es potente en lo emocional, brillante en lo sugestivo, bella en ‘To the stars’, tensa y minimalista en ‘Cosmic Drone Gateway’, ruidista en ‘Encounter’, rítmica en ‘Let There Be Light’ y directamente fabulosa en ‘You Have To Let Me Go’.

34. Ezra Furman – Twelve Nudes

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¿Podemos confiar siempre en Ezra Furman? Teniendo en cuenta cómo llega a su quinto disco (octavo si contamos lo de Ezra & The Harpoons), parece claro que sí. Extático, sus canciones son espamos pop, subidones garageros, transmisiones beodas y sucias de su subidón (y su bajón, que ‘Evening Prayer’ lo tiene todo a la vez). Doce desnudos, 27 minutos, rabia y azúcar. “What can you do but Rock ‘n’ Roll”, titula. Y, claro, es la putísima verdad: ¿qué otra cosa podrías hacer?

33. Mylingar – Döda Själar

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Continuación directa de uno de los discos que más suena a tumba de 2018, así que mejor no acercarse si eres de oídos demasiado sensibles. Lejos de ser una frivolidad, las elecciones sonoras y de producción de los suecos son un elemento más en su enorme capacidad para introducirte en sus propios submundos, plagados de desolación y tinieblas. Su capacidad para hacerte sentir incómodo mientras los escuchas sólo se equipara a su maestría entrelazando vertientes del metal extremo y tramos compositivos.

32. Wilderun – Veil of Imagination

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El tercer disco de los gringos Wilderun es uno de esos desafíos que va dando recompensas en base a la insistencia, conforme se va escarbando en ese Folk Metal que visita tanto a Ensiferum como a Devin Townsend en sus virajes hasta el prog o a Old Man’s Child en sus momentos de máxima zapatilla.

Para que toda esta macedonia sonora tenga empaque, los de Boston han recurrido al legado de Opeth, proponiendo que ahora que los suecos se han ido para Kansas los gringos deben mirar hacia Estocolmo. Y claro, si hablamos de la capital sueca no podemos olvidarnos de Dan Swano, quien aparte de producir el álbum provoca que lo dispuesto tenga cierto aroma a Edge of Sanity, banda que siempre deberíamos reivindicar.

31. Big Thief – U.F.O.F.

Big Thief - UFOF crítica

En el año de los discos de Big Thief, en Hipersónica tenemos clarísimo que somos de UFOF. Nada detiene aquí a Big Thief, donde la voz (y la lírica) de Adrianne Lenker sigue siendo el asidero al que amarrarse cuando parece que el grupo va a perderse en la bruma. UFOF tiene una cantidad abrumadora de cumbres: el brutal inicio de ‘Contact‘, la encantadora ‘UFOF‘ («To my U.F.O. friend, goodbye, goodbye»), la perfecta, y weirdfolkie, ‘Orange‘, las reconstruidas ‘From‘ y ‘Terminal Paradise‘, ya conocidas en el disco en solitario de Lenker; incluso ‘Open Desert‘, casi a lo Galaxie 500, casi a la vez a lo Beach House, gana en segundas y terceras miradas. Todo es posible aquí.

30. Sinmara – Hvísl stjarnanna

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En comparación al resto de compañeros de escena y andaduras, Sinmara es un grupo que se proyecta desde los confines de una producción grandilocuente y ampulosa. Un atributo que les resta naturalidad, pero que les otorga un sonido maravilloso una vez las introducciones y los paisajes más ambientales se han asentado en el oyente. La recta final de Hvísl stjarnanna puede no disfrutar del mismo tino melódico de Svartidauði o Naðra, pero sí despliega una paleta de disonancias y capas sonoras lo suficientemente fascinante y profunda como para eliminar cualquier sombra de la duda.

29. Danny Brown – uknowhatimsayin¿

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Quizá sea fácil desestimarlo por no hacer un disco tan retorcidamente maravilloso y ambicioso como Atrocity Exhibition, pero el modus operandi de Danny Brown nunca ha sido el de ofrecer lo que se esperaba de él. En su lugar, ha puesto todo su talento y sus esfuerzos en hacer un disco “divertido”, con mucho regusto clásico y carácter lúdico. Probablemente no estemos tan brillante como aquel, pero su cabezonería contracultural le ha llevado a encontrar otro tipo de petróleo. No te conviene tomártelo a la ligera, aunque el tono invite a lo contrario.

28. Mdou Moctar – lana: The Creator

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Aunque Mdou Moctar lleva varios años siendo uno de los imprescindibles de ese conocido como blues del desierto; el blues de los tuaregs, que técnicamente es conocido como ‘tishoumaren’, su propuesta va cada vez a más. Si se comparan sus temas de los inicios, con los característicos arpeggios sin púa con un disco como Iana, el cambio es brutal. Su música es hoy mucho mejor: conjuga el habitual guitarheroísmo y bucles que se alargan minutos y minutos con una épica y una producción cada vez mejores. Canciones teñidas de raíces y de himnos; un disco que fácilmente deja la piel gallinácea. Algo que en cualquier caso ya lograba Moctar en sus inicios, por el sentimiento que desprendían sus temas. Ahora todo ello se impregna de una mayor electricidad. A sus pies.

27. Mega Bog – Dolphine

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Dolphine es, ante todo, una relación de tensiones. Las que llevan de lo abstracto a lo tangible, las que unen lo real y lo imaginado. Sus canciones están atravesadas temática e instrumentalmente por la ciencia ficción, en un juego onírico que tan pronto intercala episodios sophisti-pop como pasajes avant-folk, siempre preñados de descargas eléctricas y juegos de guitarras. El resultado es un paseo por lo psicodélico y lo espacial, una propuesta abonada al mismo rarismo que con tanto mimo cultivan Aldous Harding o Cate Le Bon. Un disco de hilos esquivos, recogidos a vuelapluma, y siempre, siempre geniales.

26. Torche – Admission

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Tras el año de la suprema decepción de Baroness y la cada vez mayor mecanización y rutina en el sonido de Mastodon, Torche han encontrado el momento ideal para dar el salto adelante que se esperaba de ellos. Su sludge es demoledor, pero lleno de melodía. Brutal, pero altamente delicioso. Era su momento y no lo han desaprovechado.

25. Oh Sees – Face Stabber

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23. Girl Band – The Talkies

Girl Band The talkies

Girl Band jamás han estado interesados por el lenguaje convencional del post-punk, lo que les convierte, por defecto, en un grupo extremadamente post-punk. Allá donde una vez hubo cierto atisbo de formalismo hoy tan sólo hay destrucción, violencia, ruido, dolor. The Talkies es la lección perfectamente asimilada de los ochenta: la segunda entrega debe ser más oscura, más extrema, más experimental, más absurda. Un grupo tan ensimismado en su propio laberinto que observa con privilegiada lucidez a todos los demás, a nosotros mismos, al conjunto de la sociedad. The Talkies es hacer de la locura la única racionalidad posible. Bendita locura.

22. HSXCHCXCXHS – AÅÄ

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El techno ambiental y de experimentación de SHXCXCHCXSH siempre cose una red de sonidos elocuentes y eléctricos de la que es difícil despegarse. La sola noticia de la creación de un nuevo proyecto, en este caso HSXCHCXCXHS creó un hype obvio más allá de cambiar una letra en la secuencia de su nombre. Los suecos han creado otra obra hipnótica, fría como ellos solos, en las que desde el principio empiezan a sonar esas construcciones monolíticas que te dejan en babia. Sus perversos juegos de sonido claustrofóbico cruzados con voces perturbadoras, sin renunciar a ambient sugestivo al final del trabajo, introduciendo unos pequeños halos de luz en una coraza fría como la suya. Seducen una vez más por toda la atmósfera de misterio y sensaciones primarias que evocan. Un proyecto a veces tan ininteligible como irresistible, aunque parezca paradójico.

21. Alameda 5 – Eurodrome

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Son muchos los defectos atribuibles al colectivo Alameda, pero ninguno de ellos pasa por la ausencia de imaginación. La enésima interacción del grupo, en esta ocasión compuesto por cinco integrantes, arrastra al proyecto a los terrenos del krautrock y la experimentación electrónica. Hay espacio aquí para desarrollos conceptuales sobre las ideas de Europa, ente cultural inequívoca (y de ahí la diseminación de lenguas y discursos a lo largo del disco, al más puro estilo Rome), y también para la desviación psicodélica. Como si para entender Europa fuera necesario abstraerse de lo terrenal, de las limitaciones políticas, y resultara obligatorio sumergirse en una sesión de techno tribal.

¿Qué es ficción, qué es realidad? Alameda siempre tienen respuesta para ambas preguntas. Y por eso mismo son un pequeño milagro año tras año.

20. Lachlan Denton – A Brother

Lachlan Denton & studio Magic A Brother

A Lachlan Denton se le murió su hermano Zachary, también músico, y su manera de afrontar la pérdida fue dedicarle, crearle, un disco. A Brother es esa obra, una que no te mete en un agujero, sino que mira, amable, todas las cosas que tuvieron y también las que ya no tendrán. En medio de esa tragedia íntima y muy, muy personal, Lachlan Denton construye canciones que son a la vez recuerdos, conversaciones íntimas, postales de lo que ya nunca será o incluso medias sonrisas. Canciones que hablan de él, para también de nosotros.Frases inmensas del disco de pérdida más hermoso y dulce de 2020: “I don’t remember the day you were born, but it changed my life all the same (..) I don’t remember the day you were born, but I remember the day you left».

19. Батюшка [Batushka] – Панихида (Panihida)

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Del drama que se montó con el culebrón Batushka, con dos miembros peleándose por quién es el dueño real del grupo y del nombre, obtuvimos dos Batushka. Sólo uno de ellos ha sido bueno de verdad. Krzysztof Drabikowski comprendía de verdad que hizo interesante el proyecto en un primer lugar y lo ha llevado al siguiente nivel, con la perfecta comunión entre el black metal con la música litúrgica ortodoxa. No hay mejor manera de demostrar quién tiene razón que imponerse a base de talento.

18. Bjarki – Happy Earthday

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Hablar de Bjarki Rúnar Sigurðarson hoy es hablar de uno de los principales puntales que tiene la IDM a nivel internacional. No sólo por su interpretación y rescate de los cánones que dieron genios al género, sino por recordar a ellos desde un prisma que intenta alejarse de los puntos comunes, llevando los ejes del estilo a coordenadas sonoras actuales. Happy Earthday exhibe un talento colosal y una ejecución sin fisuras. Se escapa de dibujos más complejos como los que llegó a trazar en 2016, al más puro estilo Autechre, para darle coherencia al conjunto de referencias que maneja, que no es pequeño. De hecho, en este cuarto largo están prácticamente presentes todos los estilos que han dialogado siempre con la IDM, líneas que se difuminan y que impiden catalogar cada tema con un sólo género. Un disco de consumo a fuego lento para sumergirse en las entrañas de la IDM, los breaks, el ambient o el glitch de los últimos 25 años.

17. Swans – leaving meaning.

Swans - leaving meaning

Meaning leaving. es un retorno a aquel neofolk aberrante de Children of God o The Burning World, discos góticos donde lo experimental estaba muy por detrás de la idea de construir mal rollo con sensaciones familiares y músicas “de siempre”. Un regreso a los Swans de los 80 pero tras haber pasado por la trilogía de los Swans de los 2010. Una manera estupenda de retomar el fuelle que el grupo iba perdiendo en The Glowing Man.

16.Alessandro Cortini – VOLUME MASSIMO

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Que Cortini es uno de los imprescindibles del ambient lo saben aquí y en la Cochinchina. Aunque aún sigue siendo de consumo eminentemente para los parroquianos electrónicos, su tratamiento de las texturas, su creatividad para dibujar líneas melódicas tremendamente emocionales acaban conquistando a los neófitos que pueblan esta casa hipersónica. Y precisamente Volume Massimo si de algo va sobrado es de emoción. El italiano tiene un abanico estilístico muy amplio en el que partiendo de unas bases ambientales muy claras, logra dotar a sus trabajos de un hilo discursivo conceptual claro, y si ya ha demostrado que es un hacha con la experimentación y las atmósferas cargadas, aquí saca a pasear esa emoción, esa fuerza y poderío que transmiten las canciones de cabecera del álbum. Un disco poderoso con pasajes majestuosos y por qué no, bonitos. Jodidamente bonitos.

15. Yugen Blakrok – Anima Mysterium

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Mientras muchos parecen contentos con que las tendencias mainstream del hip hop se empeñen en ofrecer el mismo disco con la misma producción y los mismos nombres de colaboración, la sudafricana saltó a la palestra mostrando más hambre y determinación que el 90% de gente trabajando y recibiendo más atención que ella. Blakrok no sólo se come el microfono en cada canción como si no hubiera un mañana, sino que la riqueza de sonidos abstractos cruzados con los clásicos hace de este uno de los discos más singulares del año. Un agradecido soplo de aire fresco.

14. Cult of Luna – A Dawn to Fear

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¿Qué tienen aún que contar Cult of Luna a la altura de 2019, quince años después de Salvation, seis años después de Vertikal? A priori, nada. Y con todo, es encomiable su esfuerzo por recomponer los paisajes ya agotados del post-metal, un género autoconsumido por sus creadores con la notable excepción de ellos, Cult of Luna. En A Dawn to Fear logran revisitar los temas y motivos sonoros que hilaban sus discos de hace década y media con una singular intensidad. Como si la llama de la juventud jamás se hubiera apagado, como si su negociado aún fuera un motivo de excitación y, no como tantas otras veces, de consumado aburrimiento.

13. Fennesz – Agora

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Verso suelto por antonomasia, la carrera de Fennesz siempre ha discurrido por cauces más propios que ajenos. De ahí que condensar su discografía resulte una tarea tan compleja. No sólo por lo vasto de la misma, sino por lo dispar, por los diversos puntos experimentales a los que siempre se ha aproximado. Y con todo, hay algo reconfortante y familiar en las cuatro pistas de Agora, un disco pensado desde la ambientación pero ejecutado con una rotundidad, un espíritu, incontestable. Una fuerza silente propulsa los desarrollos quietos y espectrales de Agora, un latido inquietante y perturbador. Una fuerza irresistible.

12. Tool – Fear Inoculum

(n.e: la portada no la ponemos porque vaya puto horror)

Si nos atenemos a la sabiduría popular, creeremos que nada que haya sido largamente esperado y mitificado podrá estar a la altura de semejantes expectativas. Y sin embargo, ahí llegaron Tool para tirar por tierra todas las concepciones haciendo lo que mejor saben hacer: un disco sin fisuras, impecable en forma y fondo, demostrando que su talento no solo no se ha marchitado con el tiempo, sino que luce hoy mejor que nunca. Disco del año.

11. Kaleikr – Heart of Lead

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Todos los años corremos el riesgo de acabar siendo parodia de nosotros mismos trayendo el disco de black metal islandés de turno, pero es fascinante la creatividad que fluye en un espacio tan reducido. Kaleikr llevan todo un paso más lejos, en un disco que respira metal progresivo pero no renuncia a la fiereza y la energía que marca a bandas como Draugsól o Misþyrming. El resultado es un disco lleno de aristas, de rincones que explorar, de tramos llenos de creatividad necesarios en una vertiente, la del progresivo extremo, que necesitaba sangre nueva que llevase al género a una dirección interesante.

10. Nick Cave and The Bad Seeds – Ghosteen

Nick Cave & The Bad Seeds - Ghosteen

Tras la catarsis sonora de Skeleton Tree, Nick Cave podría no haber sabido cómo continuar. Pero Ghosteen demuestra que Cave, con unos Bad Seeds que aquí ejercen desde las somrbas, puede salir siempre adelante, también creativamente. Esto no es Skeleton Tree 2, sino un disco embrujado por la gente que nos dejó, pero también capaz de mirar adelante y seguir destilando humanismo, posibilidad de vivir más allá del sufrimiento. Lo que, en apariencia, es un disco minimalista acaba siendo uno lleno de detalles, requiebros y con Cave pletórico a la voz. Y también espectacular en la pluma: solemne, salmódico y también terriblemente empático. Bravo.

9. Trent Reznor & Atticus Ross – Watchmen

Con Watchmen ha pasado lo impensable. Era imposible que una secuela para televisión de una obra tan cerrada y monolítica como la de Alan Moore y Dave Gibbons saliese bien. Era imposible que Damon Lindelof, a pesar de la magnífica ‘The Leftovers’, supiese cómo hacer algo que aportase al universo Watchmen. Era imposible que eso no acabase como ‘Before Watchmen’, las precuelas de cómics, por más que (como allá) todos los nombres que participasen fueran estelares. Y lo que llegó fue justo lo inesperado, también en la música, con unos Tren Reznor y Atticus Ross haciendo su mejor disco en mucho tiempo, uno que funciona diegéticamente pero también fuera.

8. Föllakzoid – I

Follakzoid I

El disco frío e hipnótico del año. Puede que Föllakzoid ya dijeran lo más sorprendente de sí mismo hace tres discos, pero su propuesta ha alcanzado en 2019 una cumbre de música espacial y de ciencia ficción, la banda sonora perfecta que no tuvo (del todo) el que fuera uno de los mejores videojuegos de esta década, Prey.

7. Thom Yorke – ANIMA

Thom Yorke Anima

Cuando ya habíamos encasillado cómodamente las aventuras en solitario de Thom Yorke en el “ojotaba pincha botoncicos”, los últimos doce meses pasaron dos asuntos que nos hicieron reflexionar: uno, la banda sonora de la Suspiria de Guadagnino, adictiva y misteriosa. Otro, este ANIMA que se alza desde la sombra helada y electrónica de Radiohead. Influido por el clima Brexit y por la sensación de que nos hemos alejado de las consecuencias de nuestros actos, Thom Yorke encaja aquí su desazón en canciones que no tienen miedo de serlo, justo lo contrario que en sus anteriores discos en solitario. ‘Traffic‘ es una apertura tan obvia como adictiva. ‘Twist‘ eleva su falsete sobre las ruinas heladas de los bucles, aunque puede que no merezca irse hasta los 7 minutos. Y ‘Not The News‘ parece la canción que pondría banda sonora a Years and Years si la serie quisiese ser menos ruidosa y mucho, muchísimo más sutil. O también la canción de un Hotline Miami en el que no das las hostias tú, sino que contemplas cómo otros vienen a dártelas, en bucle.

6. Purple Mountains – Purple Mountains

Purple Mountains

Purple Mountains tenía que haber sido el apasionante proyecto de David Berman (Silver Jews) con Woods, el grupo infalible. Y lo fue hasta que, en medio del verano, Berman decidió quitarse de en emedio y nos dejó tiritando, con un disco que, hasta ese momento, nos apasionaba y nos rompía por dentro mientras nos hacía sonreír (por ejemplo, en ‘All My Happiness Is Gone’) y que, a partir de entonces, es hermosísimo pero dolorosísimo también. Con unos textos brutales, las ya tradicionales ganas de Berman de subvertir el country-rock sin ponerse cubista y unos Woods espléndidos en lo instrumental, Purple Mountains es un disco alucinante, psicódelico, lleno de melancolía.

5. Black Midi – Schlagenheim

Schlagenheim

Con la experimentación por bandera, el conjunto londinense tira por el math-rock, postulados de la corriente no wave, algo de post-punk, noise e incluso post-hardcore. Como si fuese un trabajo electrónico de ritmos rotos, en cada momento cambian el guión con otros tempos y no sabes literalmente cómo puede seguir el desarrollo en los siguientes segundos. Su pegada combinada con la calidad y control de los diferentes palos que tocan suponen uno de los discos más importantes de este año. Una bocanada fresca en una esfera de guitarras independientes en las que cada vez cuesta encontrar discos diferentes con tanta personalidad. Y este debut deja exhausto.

4. Angel Olsen – All Mirrors

A All Mirrors entramos por la puerta grande. Sus dos primeros singles fueron un sopapo brutal, la demostración de que esto no iba a ser, de nuevo, My Wioman, sino un disco ambicioso, diferente, que mostraría las muchas caras de Angel Olsen. Las dos anteriores, ya conocidas: la amante del folk y la dominadora implacable del indie-rock. Y las nuevas: la experimentadora, la que se viste a lo Kate Bush del nuevo milenio, la que ya no compone sino que construye las canciones. Pero había más allá de ‘All Mirrors’ y ‘Lark’. Mucho más. La mejor artista de la década, quizás.

3. Deerhunter – Why Hasn’t Everything Already Disappeared?

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Se pregunta Bradford Cox qué le ha pasado a todo el mundo. Deerhunter sentenciaron una década hace diez años y concluyen la siguiente sumergidos en un océano de interrogantes y dudas. Why Hasn’t Everything Already Disappeared? es el relato de un grupo que, recogiendo un guante generacional, ha desistido de entender las ruinas que le rodean. Sólo queda negociarlas. Como un Ray Davies crepuscular, abatido por el desmorone de lo que un día creyó sólido en el mundo ya líquido de la clase media, Cox firma aquí sus mejores versos, desencantados, tan bellos como desmovilizados.

Nunca Deerhunter sonaron tan reales, tan sucintos. Si algún día pudimos albergar dudas sobre su dirección como grupo y su inevitable madurez, Why Hasn’t Everything Already Disappeared? nos las ha arrebatado de un soplido.

2. Little Simz – Grey Area

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Si hemos hablado antes de Yugen Blakrok como un soplo de aire fresco, Little Simz ha sido directamente un vendaval. Si en su anterior trabajo ya le daba la vuelta a la historia de Alicia en el País de las Maravillas como armazón desde el que hablar de sus inquietudes, aquí se desnuda por completo en una obra más introspectiva, honesta y fascinante. No sólo ofrece una perspectiva interesante, como mujer negra joven con diversas inquietudes con respecto al mundo que le rodea, sino que hace de la producción de su disco parte de su discurso, empleando instrumentos auténticos en el estudio. Lejos de ser un trabajo nostálgico, Simz mira hacia adelante con sus temas y con su sonido, y por eso hablamos de este como uno de los discos más frescos y brillantes de 2019.

1. 잠비나이 [Jambinai] – 온다 (Onda)

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En un año repleto de incertidumbres, pocas certezas se antojan tan rotundas como Onda, el tercer LP de Jambinai, probablemente el grupo que mejor ha entendido el legado de Godspeed You! Black Emperor. Y es importante matizar esto: Jambinai no se regodea en fórmulas ya manidas tras dos décadas de manoseo y repetición, incluida por ellos mismos, sino que encuentra su propio camino. Sí, pese a las voces que, por momentos, rozan lo histriónico. Sí, precisamente gracias a la herencia instrumental del folclore coreano. Es el manejo de los tiempos, de los cambios dinámicos, del conflicto acústico/eléctrico lo que les ha convertido en un grupo capaz de ser delicado y brutal al mismo tiempo.

Atributos carentes hoy en un género, el post-rock, o el rock experimental e instrumental, condenado a vagar por los mismos paisajes sonoros de antaño. Paisajes que en manos de Jambinai se convierten en mundos de fantasía, mundos de terror, mundos abruptos y embelesantes.

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Raskolnikov
Raskolnikov
8 months ago

Enhorabuena, os habéis inventado más nombres que nunca. Vuestro departamento de Inventing debe estar hasta arriba de trabajo.

probertoj
Reply to  Raskolnikov
8 months ago

Y al final no he podido colar el de Craig Finn, al que he estado enganchando gracias a tu recomendación.

Raskolnikov
Raskolnikov
Reply to  probertoj
8 months ago

Qué bueno! Me alegra que al menos lo hayas disfrutado. Ha pasado muy desapercibido.

rombo
rombo
8 months ago

El running gag de fingir que ese truño mastodóntico de Tool merece estar en alguna lista se empieza a agotar. Por lo demás, una selección bastante guay.

probertoj
Reply to  rombo
8 months ago

A ver, aún queda que entre en la lista de «los discos que son los mejores de sus artistas en 15 años»

kindgott
8 months ago

Si no ponéis la portada de Tool por fea, deberíais haber hecho lo mismo por la de Nick Cave. Es un puto horror. Y gracias por unas 20 recomendaciones que no conocía y sobre el papel parecen muy interesantes.

probertoj
Reply to  kindgott
8 months ago

Ok, de acuerdo en que mal también, pero la de Ghosteen no parece sacada de un JPEG de los 90.

nottheonlyone
nottheonlyone
8 months ago

Donde el álbum 24 / Where’s the 24th album?

probertoj
Reply to  nottheonlyone
8 months ago

A ver, el 24 es un hueco que hemos dejado para que metáis vuestro disco favorito que no sale en la lista. Así ya os queda una lista con la que podéis empatizar. El mío en ese puesto es el King’s Mouth de Flaming Lips.

El hyperfluo
El hyperfluo
8 months ago

Inadmisible que no esté Drogel de Fontaines DC.

Ale Saladino
Ale Saladino
8 months ago

Muchas gracias! Como siempre muy fructífera esta lista, me llevo unos cuantos.
Me están faltando solamente el último de Monolord (disco del año para mi) y el de los Cat Empire, que ustedes me los recomendaron… Se nota la ausencia de Gallego XD