No faltamos a la cita tampoco con los mejores discos de 2019 pero en lo referente a la electrónica. Algunos entraron en la lista internacional, pero otros se quedaron por el camino, siendo incluso mejores que los presentes. Pero así es la democracia en Hipersónica. Un curso más, aquí están los mejores 20 discos que más nos han molado en lo electrónico, una conjugación de la IDM, el ambient, derivaciones techno e incluso algo español. Vamos, una lista marca de la casa (y aquí la spotilista electrónica de mandanga personal con todo). Allá va el temario:

20. Banabila, Machinefabriek – Entropia

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Los holandeses Banabila y Machinefabriek volvieron a juntarse este año para publicar a principios de curso un bello disco para los amantes del ambient, el drone y la erosión ejecutada a pequeñas revoluciones. Un álbum de electroacústica en el que todo avanza lento, pero con cantidad de texturas que disfrutar, coherente con la carrera de sus dos creadores. Accidentalidad sonora bañada en minimalismo, distorsión y pasajes que parecen sacados de una BSO y cuya propuesta colectiva supera sus proyectos individuales.

19. Konx-om-Pax – Ways of Seeing

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El británico sigue dando rienda suelta en Planet Mu a sus elocuentes estructuras, casi siempre distinguidas por la hegemonía de ambientaciones coloridas y vitalistas, una faceta entre otras de las que destacó el capo de su sello, Mike Paradinas. Sin embargo, esta vez el productor asentado en Glasgow no solo se queda en lo melódico, también tira más que nunca por el ambient techno y el dub techno, lo que le otorga al disco un equilibrio hasta ahora inexplorado entre estas dos caras. Y el resultado es notable, con unos cortes más enfocados a la pista, y otros a la escucha. 

18. Plaid – Polymer

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Después de varios trabajos más modestos durante los últimos años, el clásico dúo de IDM inglés ha vuelto por el recto camino. Un disco de texturas, de atmósferas cargadas que fuerzan la maquinaria, pero también de melodías oníricas y esas canciones coloridas a medio tiempo marca de la casa. Un álbum en definitiva completo, con la ambivalencia que se le exige a uno de los proyectos emblemáticos del género de los últimos 30 años.

17. Ricardo Tobar – Continuidad

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En Continuidad, a pesar del nombre, el ex de la santa casa Border Community se aleja de la melodía tan elocuente y pegadiza de su último largo, recuperando un poso más rock que ya tenía su disco debut, Trellis (Desire, 2013), en algunos temas. Sonidos más pesados y contundentes y menos detalles tan coloridos. En cualquier caso, se trata de un trabajo con bastantes aristas, que en lugar de seguir un camino más decidido como el anterior LP, explora varios, lo que le hace un disco muy rico y que necesita de muchas escuchas para captar toda su esencia. Un trabajo bastante completo, en el que ha cruzado ingredientes de trabajos anteriores, aunque el resultado no tiene tanto gancho como el de Collection. Es un sonido más apagado y denso en el que hay matices, pero no tan brillantes como en 2015. Sobre todo al apuntar en diferentes direcciones tiene toda la pinta de tratarse de un disco-puente hacia un futuro trabajo en el que defina más concretamente su estilo; ver por dónde quiere proyectar su camino. 

16. Finlay Shakespeare – Domestic Economy

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Sólo pronunciar la palabra electro en 2019, en plena oleada Trap y con nuevas brechas electrónicas interesantísimas como el Deconstructed Club —con connotaciones políticas, para que luego hablen de botones—, parece un viaje instantáneo a 2005. Hay vida más allá del casi siempre infalible Mr. Oizo. Unos sonidos propiamente electro, aunque con una estructura más progresiva, y que en no pocas ocasiones está en algún punto intermedio colindando con el minimal wave y el synth pop. Un álbum atípico, como atípico que se publique un disco así en Mego, en el que saca jugo a los cánones electro para llevárselo a otros terrenos más abiertos, con una contradictoria aura pop que le otorga la parte vocal.

15. Loraine James – For You And I

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Hastiados de que Hyperdub siga exprimiendo la gallina de los huevos de oro con Burial, el sello continúa emanando en cualquier caso auténticos descubrimientos, como el de la londinense Loraine James. Exhuma talento por todos los poros con un segundo largo que no te suelta por la inteligencia con la que está edificado. Mucha diversidad y elocuencia en un álbum que concentra dosis de IDM, Hip Hop, ritmos desacompasados, footwork… James acapara mucho de lo que ha pasado por la electrónica inglesa en los últimos años con un disco de mucho magnetismo. Por tirar de hip hop, luego romper la melodía, en la siguiente jugar con los graves para después ejecutar bellas piezas casi desnudas de melodía… Experimentación y mucho talento que se desborda y quiere demostrar que puede apuntar hacia muchos lados sin desentonar. Un prometedor debut (serio) en largo.

14. Mecánica Clásica – Filtraciones de Luz/Vientos Eléctricos

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Dentro de la escena española, si bien ha habido un puñado de referencias interesantes, si hay alguna que destacar es la del flamante proyecto Mecánica Clásica del que dimos cuenta. Lo que en el rock se diría un supergrupo. Creado con integrantes de los proyectos electrónicos valencianos más interesantes como Güiro meets Russia y Polígono Hindú Astral, la experimentación inquieta de Negro Mental Signals, la única arista que se sale de lo electrónico. Además, se trata de un trabajo masterizado por José Guerrero (CuelloJupiter LionBetunizerChavalan, Segunda Persona). Beben de la escuela de Berlín/Düsseldorf. Ahí están las progresiones analógicas, las trazas experimentales, el ambient de mirar de forma continuada un punto fijo que te deja sedado como quien se toma un barbitúrico. Después de un debut en el que había también referencias a contemporáneos como Ekoplekz, a finales de año han vuelto con Vientos Eléctricos (Abstrakce Records, 2019), otro álbum con momentos de solemnidad y paisajes secuenciales que quita el hipo.

13. HSXCHCXCXHS – AÅÄ

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El techno ambiental y de experimentación de SHXCXCHCXSH siempre cose una red de sonidos elocuentes y eléctricos de la que es difícil despegarse. La sola noticia de la creación de un nuevo proyecto, en este caso HSXCHCXCXHS creó un hype obvio más allá de cambiar una letra en la secuencia de su nombre. Los suecos han creado otra obra hipnótica, fría como ellos solos, en las que desde el principio empiezan a sonar esas construcciones monolíticas que te dejan en babia. Sus perversos juegos de sonido claustrofóbico cruzados con voces perturbadoras, sin renunciar a ambient sugestivo al final del trabajo, introduciendo unos pequeños halos de luz en una coraza fría como la suya. Seducen una vez más por toda la atmósfera de misterio y sensaciones primarias que evocan. Un proyecto a veces tan ininteligible como irresistible, aunque parezca paradójico.

12. Atariame – Voiceless

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La rusa Natasha Salmina, conocida musicalmente como Atariame, ha debutado este año en Not Not Fun con Voiceless (Not Not Fun, 2019), un seductor disco de ambient que comparte coordenadas sonoras con el pop, fruto de sus dos largos anteriores, eso sí, esta vez despojada de vocales. Una interesantísima propuesta de ambient pop en la que unas veces las capas se entrecruzan, cada una por su lado, con sus propios ritmos y texturas, y otras tira por sintes modulares con loops eléctricos y distorsionados. Un trabajo evocador, delicado, pero con gran elocuencia, demostrando que el ambient puede ofrecer mucho más que cuatro puntos comunes con atmósferas típicas. Si cada año llegan desde Rusia nuevas propuestas electrónicas a las que atender, la productora de San Petersburgo es una de ellas.

11. Floating Points – Crush

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Floating Points se ha convertido en un obligatorio. No solo ahora que publica en largo. Ya lo era en sus lanzamientos de epés y singles. Ahora que se ha pasado a los álbumes, Shepherd sigue facturando piezas realmente bellas gracias a su buen gusto. Siempre jugando con las estructuras o sonidos propios del jazz, sus ambientaciones, sus detalles, sus juegos de percusiones… Todo pequeño detalle aporta para confluir en temas que esta vez tiran mucho más hacia lo eléctrico, con requiebros IDM y capas mucho más ricas en las que encontrar también elementos progresivos y de future garage. En definitiva, se trata de un interesante paso en su carrera: un LP muy ecléctico pero en el que esa sensibilidad y emoción a la hora de componer sigue prácticamente intacta.

10. Dino Spiluttini – Heaven

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Unos cuantos años después de su debut en largo junto a Nils Quak, aquél gran Anxiety, el austríaco ha dejado de ser ya un secreto. Al menos ahora. Y la prueba fehaciente es la de su debut en Editions Mego con Heaven (Mego, 2019). Tras aquél debut ha tenido una trayectoria irregular esta década con algunos traspiés. Pero también algunos buenos discos. Y sin duda, este Heaven es de lo mejor que ha hecho después de aquél ya lejano disco de 2014. Aquí implanta sus dotes como compositor de electrónica progresiva, además de ese ambient inspirado y grueso, que a veces casi roza el ambient, aunque sin los momentos de solemnidad que ha llegado a mostrar. Pero sin duda, ha recuperado y mucho estos años. Sin ir más lejos, en este nuevo trabajo recuerda al Tim Hecker que se echa de menos con sus álbumes de estos dos últimos años. Ahora que ha fichado por Mego, las exigencias van a ser mayores. De momento, Heaven va por ahí, por lo que cabe seguir esperando buenas (y grandes) cosas de él.

9. Nkisi – 7 Directions

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Uno de los trabajos más tempraneros del curso y aún de los más enigmáticos una vez finalizado este. La productora congoleña conjuga un inusual techno de ambientes con el Coupé-Décalé. Una incontestable combinación de música popular de su tierra con un género a veces tan encorsetado y manoseado que da como resultado un trabajo con mucha fuerza, en el que encontrar las diferentes percusiones como el elemento diferenciador que marca las distancias con otros discos de género este año. Corto, vigoroso y empoderador.

8. Shed – Oderbruch

Aunque el alemán no ha conseguido llegar a su máximo nivel, qué duda cabe de que Oderbruch muestra por qué Shed es uno de los bisturís más interesantes del techno teutón. El suyo ha sido un proyecto que siempre ha buscado explorar varias de sus vertientes, desde el ambient techno hasta el dub y los breaks, pasando por los graves a bocajarro. Si bien aquí no hay tanto músculo, hay una buena dosis de matices, detalles y breaks que resultan luminosos, inspiradores y que inyectan en sus capas un aire de esplendor fantástico.

7. Placid Angels – First Blue Sky

Al fin John Beltran ha rescatado un proyecto que llevaba en letargo 22 años. Dentro de su inequívoca y reconocible intención de innovar y experimentar siempre con cantidad de sonidos, buscando aristas y mezclas poco comunes, Placid Angels asume su potencial con un notable regreso en este First Blue Sky. Un reverso de breakbeat, ambient y drum ‘n’ bass que quita el hipo por su belleza. Sin más. Es un álbum que tiene su principal sustento en un drum ‘b’ bass atmosférico. Partiendo de ahí, puede tirar de breaks, de D’n’B más canónica o de secciones vocales femeninos que dan la puntilla a una melodía cuidada y preciosista ante la que queda poco más que claudicar. Si el grado de inspiración hubiera sido unas décimas mayor, hablaríamos de un disco excelente. Eso sí, hay pasajes que son realmente sublimes.

6. Fennesz – Agora

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Verso suelto por antonomasia, la carrera de Fennesz siempre ha discurrido por cauces más propios que ajenos. De ahí que condensar su discografía resulte una tarea tan compleja. No sólo por lo vasto de la misma, sino por lo dispar, por los diversos puntos experimentales a los que siempre se ha aproximado. Y con todo, hay algo reconfortante y familiar en las cuatro pistas de Agora, un disco pensado desde la ambientación pero ejecutado con una rotundidad, un espíritu, incontestable. Una fuerza silente propulsa los desarrollos quietos y espectrales de Agora, un latido inquietante y perturbador. Una fuerza irresistible.

5. Alessandro Cortini – VOLUME MASSIMO

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Que Cortini es uno de los imprescindibles del ambient lo saben aquí y en la Cochinchina. Aunque aún sigue siendo de consumo eminentemente para los parroquianos electrónicos, su tratamiento de las texturas, su creatividad para dibujar líneas melódicas tremendamente emocionales acaban conquistando a los neófitos que pueblan esta casa hipersónica. Y precisamente Volume Massimo si de algo va sobrado es de emoción. El italiano tiene un abanico estilístico muy amplio en el que partiendo de unas bases ambientales muy claras, logra dotar a sus trabajos de un hilo discursivo conceptual claro, y si ya ha demostrado que es un hacha con la experimentación y las atmósferas cargadas, aquí saca a pasear esa emoción, esa fuerza y poderío que transmiten las canciones de cabecera del álbum. Un disco poderoso con pasajes majestuosos y por qué no, bonitos. Jodidamente bonitos.

4. Caterina Barbieri – Ecstatic Computation

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Ecstatic Computation tiene todo lo que necesita un disco de electrónica progresiva. Lejos ya de sus primeros años del drone, Barbieri construye un conjunto de seis canciones que son una perita en dulce para todos los acérrimos de la electrónica modular. Sonidos analógicos de pura cepa que discurren y bailan entre sí en evoluciones elocuentes, que están como mínimo al nivel de Patterns of Consciousness (Important, 2017). La productora italiana parece haber visto los puntos flacos que pueden tener las propuestas de aquellos que elaboran discos en el género: o muy lineales (como su debut, más drone) o demasiado largos. Su último trabajo discurre en un punto intermedio que no sale de los parentescos sonoros habituales, pero que dentro de ellos da mucho juego. Sintes de tonos fríos y oníricos, con evocaciones que domina con maestría. Mucho talento y momentos brillantes de auténtico prodigio. Fichajazo de Mego.

3. Special Request – VORTEX/Bedroom Tapes/Offworld/Zero Fucks

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No contento con tres, Paul Woodford amenazó incluso con haber publicado cuatro discos este año, el último en diciembre. Otro que se raja con el disco de diciembre como ejem, Actress. Y no ha faltado a la cita, porque durante este 2019 ha estado en estado de gracia, valga la redundancia, y había que aprovecharlo. Con el primer lanzamiento, VORTEX (Houndstooth, 2019), uno ya se caía de culo. Un luminoso recorrido por techno melódico con importantes dosis de ácido y breaks, un inevitable recorrido hacia una luminosa y esplendorosa fiesta sin final. No sólo ha construido sublimes píldoras para la pista, sobre todo, y principalmente, elaboradas con una sutileza máxima. Lo suyo es puro gusto. Pero también fiesta, frenesí y espíritu rave UK. Sin duda, el primero de este tridente es el que más hay que rallar. Bedroom Tapes, por contra, representa un disco de ambient techno e IDM, mucho más relajado y evocador. Ideal para el día después de la fiesta de VORTEX, para disfrutar derramado en el sofá.

Por último, Offworld es un gran punto intermedio entre ambos trabajos, con reminiscencias añejas que apuntan sin miramientos al techno detroitiano, incluso a sus devaneos por el electro. Un festival de elegantes capas de agudos que se difuminan en segundo plano junto a vocales señoriales y mucho amor por ese techno luminoso de la vieja escuela. Para finalizar, una publicación gratuita en bandcamp con Zero Fucks que vira hacia un breakbeat más hardcoreta, dedicado plenamente al sudor en el que explota mucho más los breaks del primer LP de este curso. Qué año Woodford. Qué-puto-año.

2. Holly Herndon – PROTO

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Cuatro años después de Platform (4AD, 2015), periodo de efervescencia en todo lo referido a jóvenes propuestas de la PC Music y otros subestilos centrados en la tecnología, las figuras como Herndon que hicieron de impulso o tocaron tangencialmente algunos de sus conceptos son las que siguen hoy en pie. Si en 2015 se centraba en cómo la tecnología había afectado a las relaciones humanas, con Proto (4AD, 2019) explora una segunda parte de esa relación. Un trabajo que vuelve a lo humano, a reivindicar sentimientos y sensaciones humanas. Paradójicamente, junto a Spawn, un software que utiliza el aprendizaje automático para interpretar personajes vocales y técnicas de composición. Conceptualmente lleno de contradicciones, pero un trabajo muy ambicioso, el que más hasta la fecha, y en el que Herndon juega en los límites de la saturación, pero lo hace excepcionalmente bien. A veces trazando bellos adornos ambientales, otras ocasiones creando momentos de solemnidad tan sólo con voces superpuestas. La estadounidense juega con un amplio abanico de esquemas sonoros que hacen de Proto un trabajo fascinante por lo sonoro y por esa exploración tan kraftwerkiana de lo humano y lo superficial. Hoy más cerca que nunca. Y ella lo ha captado como nadie.

1. Bjarki – Happy Earthday

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Hablar de Bjarki Rúnar Sigurðarson hoy es hablar de uno de los principales puntales que tiene la IDM a nivel internacional. No sólo por su interpretación y rescate de los cánones que dieron genios al género, sino por recordar a ellos desde un prisma que intenta alejarse de los puntos comunes, llevando los ejes del estilo a coordenadas sonoras actuales. Happy Earthday exhibe un talento colosal y una ejecución sin fisuras. Se escapa de dibujos más complejos como los que llegó a trazar en 2016, al más puro estilo Autechre, para darle coherencia al conjunto de referencias que maneja, que no es pequeño. De hecho, en este cuarto largo están prácticamente presentes todos los estilos que han dialogado siempre con la IDM, líneas que se difuminan y que impiden catalogar cada tema con un sólo género. Un disco de consumo a fuego lento para sumergirse en las entrañas de la IDM, los breaks, el ambient o el glitch de los últimos 25 años.

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