Werner Herzog es una personalidad extraordinaria, además de un grandísimo cineasta. Aunque lo segundo bien puede venir determinado por lo primero, ya que su desmesurada pasión por la naturaleza humana, hasta un punto que en otros podría ser memeable, es lo que le ha llevado a hacer obras de gran entidad. Hoy tocan los documentales, que estrena ahora uno en Apple TV+. Las películas para otro día, que tiene varias increíbles.

El país del silencio y la oscuridad (1971)

Uno de sus primeros trabajos documentales tiene mucho de observacional, de desaparecer de la película para dejar totalmente el protagonismo y el peso emocional de la misma en su fascinante protagonista. El director la aborda con absoluto respeto y admiración, en un film que puede hermanar bien con su También los enanos empezaron pequeños.

Lecciones en la oscuridad (1992)

Herzog explora las consecuencias de la Guerra del Golfo, los panoramas devastados, el impacto en los que se quedaron y la liberación del fuego que se erige sobre el petróleo. En un estilo más próximo a sus documentales anteriores más que a los que se han convertido en su seña de identidad, el germano deja a las imágenes (¡qué imágenes!) hablar la mayor parte de un metraje corto pero efectivo. Quizá por eso esos pocos instantes donde Herzog se expresa con palabras sean tan potentes.

El pequeño Dieter necesita volar (1997)

El cineasta explora una de las figuras más singulares que uno tiene la oportunidad de encontrarse y cuenta su historia con la fascinación de alguien que no puede dejar de oír las batallitas de alguien con mucho que contar. Su historia, además, le permite reflexionar sobre la humanidad en un periodo tan extremo como el de la guerra. Tan interesado estuvo en Dieter Dengler que volvió a contar su historia en forma de film de ficción en Rescate al amanecer, con Christian Bale.

Mi enemigo íntimo (1999)

El retrato de una, cuanto menos, complicada amistad. Herzog explora como nadie la compleja figura de Klaus Kinski, un actor que no ha repetido con ningún director salvo el germano. Momentos donde parece que todo está a punto de estallar tras las cámaras seguidos de momentos de auténtica grandeza delante de ellas. El director encuentra en su más frecuente colaborador un espejo en el que mirarse, además de una oportunidad de reflexionar más profundamente sobre el arte en el que ha decidido fijarse.

Grizzly Man (2005)

Ser devorado por tu pasión, literalmente. Herzog rescató el material que Timothy Treadwell grabó durante sus años conviviendo con los osos grizzly, trazando una directa línea con los múltiples retratos de la obsesión humana que ha realizado en sus films de ficción. Es uno de sus documentales más populares y celebrados, y no por falta de motivos.

Encuentros en el fin del mundo (2006)

En su fascinante (y precioso) viaje por la Antártida, Herzog traza una conexión con el espíritu humano más primario y puro. El documental deja varios puntos de puro Herzoguismo, desde preguntarle a un experto en pingüinos si estos pueden volverse locos a lamentar la perdida de lenguas antiguas que deberían ser preservadas por el maldito academicismo. Aunque el momento más Herzog es cuando muestra su desagrado por el contacto de la luz con el celuloide y con su piel.

La cueva de los sueños olvidados (2010)

Pocos logran poner tan bien en palabras la fascinación por los tesoros del pasado y extrapolarlos al arte moderno. Herzog tiene claro que la humanidad no está en una serie de datos y estadísticas contrastables, sino en cómo se expresa con los elementos que dispone. Esta devoción por los tesoros arquitectónicos y por el hombre primitivo (no tan diferente del actual) hacen de este uno de sus docus de belleza más inesperada.

Happy People: A Year in the Taiga (2010)

Y tras conectar con la belleza del hombre primitivo, el germano busca encontrarlo en vida, en su forma más inalterada y pura. Tiene que encontrarlo en la fría Taiga, de la mano de Dmitry Vasyukov, donde rueda con respeto y fascinación al hombre imposible en el entorno más inhóspito.

Dentro del volcán (2016)

Empezar en un volcán activo y terminar aprovechando el fenómeno para explicar por qué Corea del Norte está como está. Herzog no puede dejar de estar intrigado por la humanidad ni cuando está explorando rocas y lava en movimiento. El poder de la naturaleza es aprovechado por el cineasta para dejar varias de sus imágenes más epatantes.

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